Universo Perpendicular |
![]() El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios) |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Yo escucho.... Gracias a todos los que me habéis enviado el link maravilloso. Gracias de verdad, por acercarme la copa de daiquiri a mi borde de esta barra de bar que es la vida. Escribo mientras suena el disco. Sola. Escribo en un txt cosas absurdas. Sé que ahora no voy a apreciar demasiado los matices. O eso creo porque de pronto un sonido se cuela. Vuelve a colarse. Vuelve a hacer eso. Ah, la música. Y de pronto "un arma precisa" podrìa convertirse en la canción favorita de cualquiera. No es mi disco favorito de Quique González. Era complicado que lo fuese despuès de deslumbrarme así con Avería y Redención. Pero es mi disco favorito de los últimos tiempos. Pero tiene canciones que ahora mismo ya coloco entre las imprescindibles. Daiquiri Blues, La luna debajo del brazo, Riesgo y Altura, Un arma precisa. No es mi favorito pero pienso que "Restos de stock" tiene tanto espacio para crecer y yo tanto tiempo para verla crecer que me emociona el experimento. No es mi favorito pero me pregunto cuál de esas canciones que ahora me pasan desapercibidas va a agarrárseme desde dentro un día cualquiera, un concierto cualquiera. El día exacto en que quique saque lo mejor de sí mismo encima de un escenario y vuelva a cerrarme esta bocaza que tengo, de mujer apasionada-desmesurada. Vuelva a cerrarme esta bocaza o a abrírmela como a una niña sorprendida, deleitándose. Una niña sorprendida y encantada con su suerte de fan de los buenos "cancionistas". Es difícil conseguir eso. Llaman a la puerta. Es mi daiquiri. De limón. Acabo de darle al play por segunda vez. Mientras bebo el primer trago todo vuelve a empezar. Suena el teléfono. No lo cojo. "Tengo que pensarlo con el corazón" P.S. El don de este hombre para hacer musica. El talento inmenso para las letras. La capacidad sorprendente para reinventarse y seguir siendo el mismo genio... Ahora sí que sí. Hoy a estas horas, si el mundo no se me hubiese vuelto loco en febrero, estaría escuchando el disco en el portatil de la oficina después de un escaqueo nada sutil para comprarlo lo antes posible. Muerta de ganas. A pesar de no tener el disco en mi poder estoy contenta porque el foro vuelve a tener un enlace desde la web, porque no tenemos que registrarnos de nuevo y no hemos perdido todos esos mensajes que son años de música, conciertos y recuerdos. Estoy contenta porque las noticias de google me achicharran el correo con artículos repetitivos que se basan en los mismos tres conceptos y los revuelven en diferentes ensaladas. Resumiendo: Me muero de las ganas de escuchar cada una de las canciones de Daiquiri Blues y espero que algún alma caritativa me envíe un link de megaupload como adelanto. Lo que sé de este disco (que es poco) me hace intuir que va a encantarme. Lo que sé de mi es que soy una fanática irredenta. Que tengo ganas de la voz de Quique sonando con versos nuevos de fondo en mi vida. Brindo por la buena música, los buenos músicos, los daiquiris azules, las estratégicas exactas mezclas entre la alegría y la melancolía. Por los que consideran triste a Quique González, que escuchan cosas diferentes a las que yo oigo en sus canciones. Salud. Y que el daiquiri blues nos siente tan bien como un buen whisky americano. O mejor. Disfruten de su música y de todo lo demás que les ofrece quique, ustedes que pueden. P.S. Me vuelvo a la cama que ya me estoy mareando. Tengo un malestar global inexplicable por los médicos que les lleva a determinar que es un virus estomacal. Y pienso batir mi propio record de horas dormida en un solo día... La web de Quique sigue sin gustarme por los mismos motivos que no me gustaba ayer, pero no es cierto que hayan eliminado el foro, así que rectifico. (Gracias Iller por la info) La luna debajo del brazo sigue pareciéndome maravillosa Sigo teniendo ganas de tener el disco y de ir a los conciertos. Empieza la cuenta atrás, desde el otro lado del charco... El texto de abajo es casi el mismo que el de ayer, pero corrigiendo los errores... ------------------------------------- "La luna debajo del brazo" es y será siempre una canción maravillosa. La verdad es que el foro solo ha cambiado de URL (algo en secreto, bien es cierto). Estaría bien que hubiesen informado y que hubiesen puesto un enlace desde la web, pero ahora que Iller me ha contado que la nueva dirección es http://www.quique-gonzalez.com/foro la pongo aquí por si alguien la andaba buscando "La luna debajo del brazo" es el primer single de "Daiquiri Blues", el nuevo album de Quique González. "La luna debajo del brazo" es y será siempre una canción maravillosa. "La luna debajo del brazo" es el primer single de "Daiquiri Blues", el nuevo album de Quique González. Dice Mikel Erentxun que el disco nuevo de Quique González es una obra maestra. Dice Quique que lo va a sacar en octubre. Si puede mantener las fechas será el primer disco suyo desde Pájaros Mojados que no compre, como un ritual, en cuanto está a la venta. Kamikazes enamorados se vendió por primera vez en la Sala Galileo Galilei, de madrugada. Daiquiri blues tiene pedal steel tocado por un mito (que mi amplia incultura me impide conocer). No sé nada de este disco, no intuyo siquiera qué canciones pueden sonar ni cómo. Escucho a quique explicar que le parece un título que suena bien, que tiene textura, color, sabor. Una se imagina una coctelera agitándose con un líquido azuloso, oloroso y cítrico. Puede que curaçao. Que suena parecido a coraçao. Un trago largo que beberse a sorbos cortos brindando por las canciones buenas. Esta vez no voy a hacer avances idiotas. Total qué más da si este hombre tiene la capacidad de sorprenderme. Siempre. Incluso cuando me espero la sorpresa. Puede que lo adore, puede que no me guste, puede que me deje fría. Y estoy aquí, en Sao Paulo, lejos de todo, pero leo lo que dice la Efe Eme y empieza el hormigueo. Sí, ese hormigueo de fan con tantas ganas. En diciembre pasado, junto al resto de la aristocracia del barrio, me estrenó este 2009 con una nochevieja anticipada en la Joy Eslava. Desde entonces el silencio de sus merecidas vacaciones que luego no son vacaciones porque menos de un año después tiene un disco nuevecito, intuyo que generoso en muchas cosas. Una nueva joya o maravilla o tesoro que poner en el rincón de las cosas importantes, una excusa que es más que una excusa para empezar una gira que es más que una gira. Una de la que espero disfrutar ampliamente. Aunque no celebremos 10 años de nada. Porque de todas formas llevo muchos años viviendo así: celebrando sin motivo aparente la suerte. Y es una suerte que todavía queden músicos como quique gonzález. P.S. Prepárense que empieza el fanatismo desmedido. Les aviso. La foto es de la Efe Eme y me encanta. Y he dejado el destacado de abajo porque también me gusta. Nacho Aldeguer es también Capman. A sus 23 años ya es actor (Luis Miguel Dominguín en manolete), actor de doblaje (el niño del sexto sentido, entre otros muchos papeles),MC, freestyler, cantante con buen gusto y buena voz. Percusionista sorprendente (toca el hang). Por si éramos pocos es muy guapo. Y no se lo digan a nadie pero baila de puta madre. Parece puro instinto. A él le gusta más rapear. A mi me gusta más cuando hace acid o música más negra. Leer en su myspace las influencias ya parece una declaración de principios. Le gustan muchas cosas muy distintas. Todas me parecen buenas. Calidad. A Nacho Aldeguer te lo crees. Y aunque sea todo mentira... que más da. Mantengamos el misterio de mirarlo desde abajo del escenario. Ser la chica que sonríe para que él meta en su improvisación una frase como "arrancar una sonrisa entre el público" mientras te señala. Saber que él te ve y no tiene necesidad de fingir que no te está viendo. Porque el escenario es un juego. Y a mi me gusta jugar desde abajo, desde la platea. Hacer mi papel. Y a él le gusta jugar ahí arriba. Siendo el mejor. En una de sus canciones dice "no aprendieron que el público distingue verdad de mentira". Su lucidez, su rapidez mental y su talento dan vértigo. Y muchísimo placer... Escúchenlo. Y sobre todo vayan a verlo en directo. Es demasiado bueno para perdérselo. La foto es de un cartel viejo, la he sacado de su myspace. Disfruten Madrid olía el viernes como aquel 14 de mayo de 2006. Yo llevaba sandalias por primera vez en ese "verano", se me mojaron los pies inaugurando una tradición gloriosa de aquel año que continuaron hasta octubre Quique González, Paco Cifuentes y los 5 Tristes Tigres. Qué tiempos! Cruzo los dedos para que siga viniendo a visitarnos trayendo aire de la bahía directamente a nuestros pulmones ávidos de su música. P.S. La foto la hice yo, desde detrás de la mesa de sonido, con la cámara titular y mi inutilidad habitual. Ruibal Jr. estaba especialmente guapo y yo pensé que a Nata le habría gustado verlo... Luis Ramiro me gusta. No hace falta que se lo explique a los habituales, porque ya lo he dicho muchas veces. Me da ternura, además. No me digan por qué. Sólo he cruzado un par de palabras con él. Un aniversario tigrés en el que Marwan y él ejercían de borrachines transportando una botella de vino bastante más que medio vacía de un lado para otro de la Sala Galileo. Actualización (27/04/09) He subdio algunos vídeos: (de momento me guardo "Excusas") ---------------------- Roja llevaba dos días afónica y Ezpeleta llevaba una semana disfrutando de los ligerísimos platos que Fernando Maes cocinó para él (cocido, por ejemplo). Una podría haberse preocupado por el resultado del concierto del miércoles. Hay canciones para el hombre que la quiere, canciones para los que convierten todo en una guerra cruenta, canciones sobre tardes invertidas escribiendo en lugar de estudiando. Es precioso lo que hace Alex Martínez con los poemas de Jaime Gil de Biedma. Ese es el resumen de lo del viernes y no creo que todo lo que viene ahora resulte tan claro como la primera frase de este post. Aviso Ya saben que a mi me gustan mucho Marienbad. Y que eso no tiene nada que ver con el hecho innegable de que Guille Hoardings toque la guitarra en el grupo. Son canciones sin artificios de gente normal y corriente con la que me identifico todo el tiempo. Canciones de cosas sencillas y puede que minúsculas como una noche de tormenta y lectura con alguien llamándote desde la cama. No es desde luego el mejor disco de Ricardo Arjona que sigue escribiendo sobre el divorcio pero esta vez desde la distancia calculada. Se paro el reloj cuando te vi pasar Me los puso mi hermana, claro. Lo bueno de mi hermana, ese entusiasmo para la música y los hombres guapos, es también lo malo de mi hermana. La enésima vez que te dice "me encanta esta canción" terminas por no hacer caso. Lucía Caramés es "La niña de la teta", una especia de heroína de comic, que es la versión moderna de las diosas mitológicas. Soy una mujer puntual quizá porque mi padre me enseñó de pequeña que el retraso es una forma de egoismo y yo odio el egoismo. La injusticia de minimizar a Vasallo en su brillante canción que es mi villancico 2008 debe ser reparada. En episodios anteriores ya les informé de que a mi me gustan las navidades. La fiesta del solsticio de Invierno, ya saben. Pagana, por supuesto, sin dioses. Bacana también. P.S. la foto, lo han adivinado, es la iluminación navideña del Lincoln Center de NY. Si dan al play ahí arriba sonará "mi villancico 2008" El vídeo lo grabé yo desde mi movil plurimultidisciplinar. Como pueden imaginar y podrán comprobar se ve fatal, pero se oye muy bien. Yo creo que Quique no tendría nada que objetarle a esta versión de "A cara de perro". Denle al play y disfruten ------------------------------------------------------------------------------------ En el Savor tienen la fantástica costumbre de grabar los recitales y conciertos y darle el resultado a los artistas. Si hacen clic ahí arriba, en el globito morado, escucharán exactamente lo que nosotros oímos la otra noche. --------------------------------------------------------------------------------------- El adelanto de Salamanca (19/12/08) p. 5 "quedó ante el público ella, que se hace llamar Roja, nacida de una filología clásica y un espía casi internacional en mitad de un día de granizo. Y ella, ahí dentro del ambiente, como una Mata-Hari habitándonos el eco de la noche, en los alrededores del eco en la habitación de nuestra casa, fue alejándome de las pastillas antidepresivas o haciéndome caer a ellas. Eso dice Joan Gonper. Ya no soy sólo yo la que la llama fierecilla y espíritu libre... "Prepárense, porque las llamas son rojas y con ella empieza el incendio". Eso dijo el hombre qué, como una amenaza deliciosa o un pronóstico, con su camisa negra y su corbata roja, a juego con los labios y las uñas de las manos y los pies y los zapatos y el trozo de raso divino que ella llevaba puesto. Roja iba de rojo y se subió con su cara de ángel a contarnos que no es ningún ángel, versionando a Quique González. Lo tengo grabado. A mi me parece muy complicado versionar dignamente a quique. Me parece muy arriesgado y ella lo ha logrado. Las mesas tenían marcos con fotos de cuando eran niños, y velas dentro de botellas vacías de coronita y en el escenario había un perchero, y un hilo conductor le daba sentido a las idas y venidas de músicos, cantantes, poetas que se relevaban o se acompañaban. Estábamos en casa. Una casa con habitaciones y superficies sobre las que follar, construir, destruir, soñar o vivir. Mudarse o quedarse. Roja estaba rodeada de artistas: un poeta QUE juega a las aliteraciones y los cambios de ritmo, dos músicos como las copas de dos pinos: Javier Delgado y Javier Ezpeleta encargados de vestir esas canciones que Roja tocaba con su guitarra furiosa y sus manos pequeñas desde la sala de conciertos más pequeña de Salamanca y las han convertido en algo todavía mejor para el estreno en la sala de referencia en Salamanca. Un escenario enorme, un sonido potente, luces bonitas que les hacían a todos aun más guapos. Me sigue sorprendiendo cómo una mujer de 20 años que lleva uno escribiendo música sea capaz de hacer lo que hace y como lo hace. Me sigue admirando ese don que ella tiene para hacerlo todo bien, esa forma de contar las cosas como si disparase a quemarropa. Una cosa enorme que tiene Roja es su capacidad para escuchar consejos. Sentarse con un músico y dejar que toquetee sus canciones y recomiende y juegue y pruebe. Incorporar eso. Crecer. Mejorar. Mejorar tantísimo que la primera canción que compuso, donde ya estaba todo lo que es ella, sonaba anoche amateur en comparación con el resto. Hay artistas que tardan años en dar el paso que ella ha dado en unos pocos meses. Dije y mantengo que llegará donde quiera llegar. Trato de hablar de música, de quitar de todo esto de arriba que la quiero. Trato y creo que lo consigo. Porque ahora empezaré a contar que me hizo llorar: ella, la mujer, no la artista. Me hizo llorar cuando, desde ahí arriba dijo, y cito textualmente "cuando invitas a alguien a tu vida no es porque sobre una cama ni tampoco para, al fin, ponerle un nombre a la habitación de invitados. Porque ya sabemos que ese tipo de habitaciones no son más que tierra de nadie con restos de todos y puedes así aniquilar una a una todas las arrugas que adornan las sábanas, barrer el suelo como quien chupa un plato y poner en la almohada un bombón de chocolate blanco, pero sabes perfectamente que todo será inutil porque la invitada de tu vida lo único que hará en la habitación de invitados es dejar la maleta para comerse a trozos la ciudad y hacerte escupir textos como este". Luego leyó "Ferozmente" que es la mitad de un diálogo bloguístico que tenía su parte en este trozo de blogosfera desde el que escribo. Y la invitada con bombón sobre la almohada era yo. Esa yo que lloraba desde la primera fila junto a Jose, su compañero de piso, ese tío delicioso que decía "es maravilloso, es maravilloso y parezco la madre de la pantoja". Jose es como Roja o como Ezpeleta, uno de esos seres a los que es imposible no querer automáticamente con ese cariño como calor templado que sale de dentro y da ganas de abrazar muy fuerte. Me han prometido los dos habitantes de esa casa donde tengo cama reservada que vendrán a comprar trajes de diseño como excusa perfecta para tapas por latina, mojitos por chueca, cenas en ópera y jazz en el central. O lo que sea. Pero antes, tengo que ir yo a la ciudad del Tormes, sin prisas pero llena de ganas de tirar la maleta en el cuarto de invitados y tumbarme en la cama para ver entre risas como Roja viene y me abraza y Jose y el hombre que saltan sobre nosotras. Sabía que iba a merecer mucho la pena el viaje relámpago. Pero honestamente no podía imaginar que tanto, que tantísimo en menos de 12 horas. Y esto ya no tiene nada que ver con el chocolate ni con las infusiones de fresas con nata ni con la poesía ni con la música. Aunque tenga a la vez tantísimo que ver con la poesía y con la música porque el recital de anoche fue impresionante. Por eso todos estábamos impresionados, incluso el hombre del Savor que le ofreció a Roja tocar porque "canta muy bien". P.S. Tengo un par de fotos y algún que otro vídeo de pésima calidad (efectivamente, con el móvil) de imagen pero decente calidad de sonido -se me oye a mi reirme y decir tonterías, me temo, pero intentaremos arreglarlo. En cuanto tenga el cable y la capacidad de cortarlos los pondré por aquí. Y ese será mi primer vídeo embebido en este blog. Ya sabía yo que resistirme al embebido tenía que tener algún sentido tarde o temprano... P.P.S Javier Delgado se muda a Madrid y acaba de claudicar haciéndose un myspace según nos contó anoche, pero no lo he encontrado. Ya me informaré... Yo a Roja nunca la llamo Roja. Tiene un nombre precioso y doscientas maneras cariñosas. Es la fierecilla, puck, el espíritu libre, la indomable. Es una mujer deliciosa. Lo que ella hace, y no me refiero sólo a la música, está al alcance de muy pocos. Si pinchan en la imagen de abajo podrán leer sus biografías ligerísimamente noveladas... No se puede ser tan militante de algo, decían dos chicas en la sala Círculo del Arte de Toledo. Todavía no había empezado la música y las dos chicas no se referían en absoluto a mi, pero yo le dije a mi hermana "si esto les parece militancia cuando empiece el concierto y yo burbujee van a flipar". P.S. La foto es desastrosa, como pueden observar. Está hecha con el movil, por supuesto, desde la fila 15 o así. Luego conseguimos avanzar pero yo ya estaba revolcándome cual cochino en el barro y no andaba para fotos. Las luces y el escenario eran preciosas. En febrero hará diez años del día en que "Cuando éramos reyes" me despertó en un tren regional. Desde entonces han pasado muchos encuentros y desencuentros, muchos juegos tontos del destino y las discográficas. En febrero del 99 google no existía (o estaba en pañales) el P2P era ciencia ficción y una web con imágenes tardaba 15 minutos en cargarse. Era mucho más difícil que ahora seguir la pista de la buena música. Ayer lo pasamos en grande en la orgíaorgasmicomoderna que organizaron Alex y cia. en Costello. La clave para saber si alguien es bueno en directo pasa por comprobar la reacción de mi hermana, esa mujer aparentemente dulce y modosita que se vuelve literalmente "loca de atar" que diría Alex cuando suena buena música en directo. Guillermo Hoardings es uno de esos conocidos-desconocidos a los que les tengo mucho cariño. Es raro, pero no por eso menos real. P.S. Una semana después. Nunca es tarde y me hacía gracia esperar justo 7 días. El cartel, como pueden observar, es de un concierto pasado de fecha, pero es mi favorito! Disfruten del finde! Al final no hubo que engañar a nadie y tuve mi noche de agosto pegajosa en compañía de Javier Colina al contrabajo, Perico Sambeat al saxo y Albert Sanz al piano. Y terminó, sin saber muy bien como, bailando la salsa erótica por excelencia, descalza en un suelo de linóleo. P.S. La foto otra vez hecha con el móvil, Sambeat reflejado en uno de los espejos del central. P.P.S. Sigo con fiebre, pero ahora estoy aburrida. Disculpen los errores. Sé que tengo respuestas pendientes... De momento les mando besos a todos (los virtuales no contagian) La foto es del Play, nosotras en el Palacio de Deportes que tiene forma de ballena brillante. Se nos ve sudadas, felices y borrosas... (fotógrafos borrachos, me temo) El viernes fui a trabajar encontrandome "francamente", que dirían gomaespuma. Y llegué a casa con ganas de tumbarme en el sofá y dormir y dormir hasta el lunes, osea hoy. Sin ninguna gana de ir al Valladolid Latino 08, que además amenazaba agua. Pero el sábado, con las mismas escasas ganas, conduje hacia Pucela con lluvia pertinaz, y a las seis de la tarde, justo cuando me estaba entrando un sueño hipnótico, subí al José Zorrilla con la cara verdosa sin una sola gota de ningún producto cosmético. Sin pendientes siquiera. ¡Cuánto me alegro de haber vencido la pereza y el cansancio! La cola fue la prueba de que ver tanta peli de espías termina sirviendo para algo, porque entramos rápido y con nuestros bocadillos como si fuesen contrabando a pesar del minucioso registro al que sometieron a los bolsos (y también muertos todos de la risa con las técnicas de ocultación usadas). Raul Quijano fue, sin duda, lo peor de las 8 horas de música: una estrellita absurda que pretendía obtener el mismo entusiasmo de un público que había ido allí a ver a otros. Alejandro Fernández, en cambio, que ni me va ni me viene, llegó con sus mariachis y su entusiasmo, encantado de ser el segundo y tocar a plena luz del día. Juanes, que tampoco me apasiona, es brillante en directo y tiene el plus de haber permanecido en la parte descubierta del escenario en los únicos 20 minutos en los que finalmente llovió. Mojándose como todo aquel público. Como las 30.000 personas que saltabamos y cantábamos y bailábamos y disfrutábamos de su guitarra virtuosa y su voz perfecta. Todos cantaron sorprendentemente bien el sábado. Después de Juanes salió Alejandro Sanz, única razón por la que yo fui al estadio. Ya saben que a mi me gusta Alejandro Sanz y no me importa en lo más mínimo reconocerlo abiertamente. Me gusta muchísimo desde hace muchos años. Sus canciones y su forma de cantarlas y sus ojos brillantes. Y no, no me importa que esté gordo, igual que nunca me importó que fuese bajito. Es un tío que me gusta en general. Ni siquiera es exactamente que me caiga bien, ni nunca he sido fan de las de "queremos un hijo tuyo". Sólo que me gusta. Volvimos a escuchar "la fuerza del corazón" que yo cantaba a gritos aquella primavera gloriosa del 95 ante la mirada atenta de unos ojos verdes que me preguntaban siempre "qué querrá decir lo de alguien ha bordado tu cuerpo con hilos de mi ansiedad ?" La fuerza del corazón es R. igual que "Y si fuera ella" es D. Hay muchas que son D. Hay infinitas canciones que son D. y los años de felicidad inmensa. Sin remedio. Vienen a la cabeza flashback de mi vida cuando las escucho. El sábado, además, D. andaba por el estadio con sus auriculares de jefe eficaz, moviéndose enérgico como siempre, sonriendo como siempre y siendo lo que siempre ha sido en mi vida. Me gusta volverlo a ver y seguir comprobando lo que ya predije, lo que los dos sabíamos de antemano: la química no muere, igual que el amor no muere aunque mute, aunque mueran otras cosas tan fundamentales para que el mecanismo funcione. Alejandro Sanz me emocionó, me hizo darme cuenta otra vez de lo rápido que pasa el tiempo, me hizo disfrutar con cada canción y con el brillo de sus ojos a través del monitor, como si no se hubiese acostumbrado a ver 30.000 personas cantando a la vez sus canciones. Me dio pena que llegasen El Canto del Loco, indudables triunfadores de la noche. Otros que ni me van ni me vienen. Pero me caen bien porque muchos los critican. Sí, serán unos niños pijos y lo que ustedes quieran pero se comieron el escenario, cantaron y sonaron perfectos canciones con letras que a mi me parecen pésimas y consiguieron eliminar el cansancio 6 horas después de que Raul Quijano se cogiese un monumental cabreo porque la gente no quería bises suyos. A mi Dani Martín (que me parece la definición de tío bueno, todo sea dicho) me resultó cansino con ese exceso de instrucciones al respetable: subid las manos, más arriba, cantad, cantad más alto... No soy partidaria de jugar al "simón dice" con el público. Pero a la gente parecía gustarle. Y luego Nek, al que me quedé por acompañar al resto del grupo, pero del que no puedo decir demasiado porque yo estaba aterida de frío, cansada y con dolor de todo. El sueño de Morfeo fué demasiado incluso para el resto así que nos marchamos, por fin, a casa. Y yo llevo desde el sábado cantando "dame tu corazón pequeño como un limón" y con muchísimo frío, pero contenta. La foto es de El Norte de Castilla. Hay 71 de la noche del sábado La atmósfera de esa canción es perfecta para una escena de ducha. Pelo empapado. Boca entreabierta. El chorro compitiendo en calor con la piel. El ritmo de la música casi obligando a las manos a deslizarse lentas por la cara, el cuello, el escote. Hasta el ombligo... El ritmo de la música obliga a un número casi pornográfico. Diego Vasalllo es un perfeccionista. Corrige y corrige. Retoca hasta los límites de la cordura. Muchas veces creo que se pasa. Pero esta crudité es perfecta. Con un final instrumental larguísimo donde la guitarra y el bajo y la batería suenan a jazz. La letra parece a mi medida. A la medida de las cosas que encontré rebuscando, que vinieron por casualidad. Parece escrita en Venecia, en una habitación de hotel de 5 estrellas. Mientras una mujer se ducha con la puerta abierta. Una mujer juguetona que ha bebido demasiado vino a conciencia. En una cena deliciosa de cosas a medio decir cuando escucha el camarero. Una mujer que sólo baila lo que él toca desde fuera, con su guitarra oscura. Parece como si él hubiese querido seguir tocando siempre esa canción para que ella hubiese seguido siempre dejándose empapar y envolver por agua hiriviente como sus poros. Una paradoja entre las ganas de seguir tocando y la necesidad de entrar en esa ducha de mampara esmerilada. Es perfecta. Sexy. Pesada. Atmosférica. Deliciosa. Woody Allen, Bill Evans, Chet Baker, Antonioni, Leonard Cohen, Visconti. La luna, piscinas doradas, lluvia, amaneceres sobre Venecia, eclipses de miradas. La canción lo tiene todo. Hasta una mujer con un vestido sin espalda. La misma que yo imagino caminando lenta, desvistiéndose más lenta, descalza hasta la ducha. Dándose la vuelta sólo cuando la mampara hace translúcido lo evidente. Hay mañanas de lunes en las que las duchas no son un trámite. Se alargan con la casa vacía y silenciosa, excepto por una canción sonando bajito. La quinta crudité se repite incansable. Veinte días después, el mundo sigue girando en un sentido absurdo. Pero todo huele bien y el punteo de la guitarra vuelve a hacerme cosquillas y la blusa de seda me hace cosquillas y algo me eriza los pelos de la nuca. Tengo ganas de jazz y Madrid por las noches. Y las noches por Madrid... P.S. Al salir de la ducha. La foto es la terraza del Bauer Hotel, al ladito de San Marcos. No es tan caro. ¿No les dan ganas de amanecer allí? Hablo mucho de Quique González aquí. Posiblemente demasiado. Es la frustración de no conseguir explicar su grandeza como músico. Suena ahora una grabación casera de 3 minutos. "Polvo en el aire". Suficiente para apreciar. Yo no quería que se me oyese. Yo quería una grabación lo más limpia posible. Pero no puedo evitarlo. Se me escucha exclamar a cada paso. Se me oye en la voz eso que no sé explicar. Mientras, él canta perfecto, y claro y limpio. Y mis "ohh" de boca abierta. De disfrutar. Se oyen mis "ohh" y también expresiones muy poco de "señorita". Quique canta cada vez mejor cada una de sus letras que el no quiere llamar poesía. Sus letras cercanas. Contando, colocando o mordisqueando cosas que nos pasan a todos en la vida. Continuamente. Y en su voz todo tiene sentido. Yo cofieso. Me confieso, entiendo. Respiro o lo intento. Porque él canta. Y cómo canta. Vinieron Ro, Iller y cia. Vinieron Iraultza y su amigo sugiriendo posibles indumentarias. Disfrutamos tanto de la música como de las tapas, los nuevos diplomáticos que sellan pactos, la repostería infantil, la reventa y todas esas cosas. Anoche fue "la noche" del día de ayer que fue "el día". Todo es una locura pero a mi me gusta. Se lo digo en serio. Escuchen a Quique González, síganle los pasos coherentes de gigante. De tío grande. Personal --> Salitre 48 --> Pájaros Mojados --> Kamikaces enamorados --> La noche americana --> Ajuste de cuentas --> Avería y Redención. 7 discos en 10 años. 7 discos generosos de hombre que ama lo que hace: música. Luego vayan a uno de sus conciertos. Corran. Vayan ahora que está en un estado de gracia global. Disfruten de las dos horas y media. Es lo único que se puede hacer cuando él se sube a los escenarios.Disfrutar de la buena música, de los buenos músicos, de los hombres que saben lo que quieren y lo luchan con las uñas y con los dientes. Y vencen. Nos vencen. Nos convencen. Nos secuestran la cabeza. Lo de anoche fue impagable. Llenará plazas de toros y yo estaré ahí, para disfrutarlo entre la masa. Porque el ser humano es un animal. Y repite las conductas que le dan placer. Y abandona las que no. Hace 9 años y medio "Cuando éramos reyes" me despertó en un tren. Ayer abrió el concierto del Palacio de Congresos. Entre medias he ido a verle tocar SIEMPRE que he podido. SIEMPRE. Háganme caso, algo tiene el agua cuando la bendicen. Y somos muchos los que nos vamos enganchando sin remedio. P.S. Escrito con una pintura magenta en un papel demasiado satinado. Con letruja de bruja. Han pasado dos días desde el concierto y sigo en ese estado... Y sigo escuchando tres minutos de perfección: polvo en el aire (ahora la armónica y la carne de gallina). La crónica (por si aun no están saturados de mi hablado de quique) donde siempre. La foto, del final del concierto, con Carlos Raya. Tampoco hay palabras para explicar lo que Carlos Raya tocando una guitarra le hace a mis defensas, mi columna vertebral, mi piel y todos mis sentidos. El autor de la foto es "lebowski". Hay más de esa noche, también en el foro. Leticia, una de las bellezas de la portada del disco, me recuerda cuando conoció a Alex Martínez y a mi me viene a la cabeza la primera vez que lo escuché cantar en febrero de 2006. Llevaba una camisa granate a juego con las copas de vino que salían en la canción. Era un concierto de los tigres y yo iba a ver a Paco Cifuentes. Pero empezó Alex Martínez con sus manos sobre el piano y llamó mucho mi atención. Me recuerdo perfectamente en mi mesa favorita del Galileo, con la cabeza apoyada en la mano mientras escuchaba “tarde” mirándole muy fijo. Pero ahora es muchísimo mejor. Hace lo que quiere hacer, le dan igual las etiquetas absurdas que no sirven de nada cuando hablamos de música. En el disco de Alex abundan los juegos y yo soy una mujer juguetona. Hay demasiadas canciones con las que me identifico demasiado. Que me suenan a lugares trillados, revisitados, terminados. Empezaron orgásmicos y terminaron orgásmicos en la gruta de Costello con un exceso de reverv como de telepredicador. Demasiada charla entre el público nos obligó a los fanes/groupies a pegarnos al escenario.. Mi favorita del disco es “Sácame de quicio”. Por ahora es sácame de quicio. Podría cambiar, esas cosas pasan. Podría cansarme de escucharla pero creo que un verso como “tengo un apetito insano y tú ganas de jugar” no va a cansarme nunca. El viernes hice algo que nunca hago: arreglarme escuchando la música del concierto. Ducharme con “sácame de quicio”, vestirme con orgasmos modernos y maquillarme con cruce de cables. Al salir de casa, “gente de bien” nos despedía por el pasillo. Y en Costello gente a la que saludar, a la que felicitar, a la que abrazar, a la que besar, a la que preguntarle “qué tal”. Y un concierto de un “cantautor” empeñado en hacernos bailar. En sacarnos el lado canalla de abandonada-acompañada.Un cantautor que quiere hacer rock and roll. Que me pone a bailar un ocho básico de tango, un trocito de chotis, que me hace apoyarme los nardos en la cadera, con la falda “arremangá”. Agitar la melena de león, la melena felina. Todo en un mismo concierto, muchas cosas en una misma canción...La técnica... dice algo de la técnica con lo que no estoy de acuerdo. Yo creo que la técnica es buena porque permite al arte y al talento encontrar más fácil el camino. Eso creo yo, que soy una bailarina que nunca llegará a estrella, sin apenas técnica, pero que disfruto tantísimo bailando casi cualquier cosa. Que disfruta tantísimo bailando esa música que ellos tocan con técnica y talento. Las dos. Hacen falta las dos cosas para el éxito. Es una cuestión de “té” (técnica, talento, trabajo, tiempo... y claro, un poco de suerte) Alex y su banda (qué bien suena eso de “su banda”) nos hicieron bailar y divertirnos. Manzanero demostró lo que ya sabíamos cuando cantó bruja en el segundo aniversario tigrés: tiene carisma, talento, ganas... y cuando se ríe mucho los ojos se le achinana y le brillan. Manzanero canta, toca la guitarra, produce, luce unas gafas de sol que generan “polémica” y está ahí, un paso detrás pero al lado. Orgasmos modernos. No sé, nunca me he curado las resacas con ibuprofeno. Y hay resacas, como la del viernes. Resacas de música y letras, que no me quiero curar de ninguna manera. P.S. La foto es de David Grau está hecha en la presentación de Bcn y la he sacado del blog de Alex porque yo no me llevé la cámara a Costello La segunda fue "Tristeza". La "nuestra". Esa que, pase lo que pase, ya siempre me recordará una tormenta, un apagón de luz y sus ojos brillantes. La segunda fue "Tristeza" y ahí el dolor era aun una latencia soportable. Luego no, luego se me caían lágrimas como puños. Lágrimas involuntarias, como reacción incontrolable al dolor agudo. Un poco después aprendimos que si descargaba todo el peso de mi brazo izquierdo todo iba mejor. Mi hermana, a la derecha, iluminada como sólo se ilumina con los grandes. Yo enamorada, cansada, dolorida, emocionada por Ferreiro. El chico raro que no necesita cantar en La Riviera, porque el público ya se encarga. El cuarentón que parece adolescente. El que canta desde los lados de la garganta. Como si el aire no pasase por el centro. Yo respirando, él cantando. Canciones eróticas como pocas. Canciones húmedas y lubricantes. Él desgañitándose para hacerse oír por encima de fieles gritones. Un estar sola y tan bien acompañada. Un programa largo de centrifugado. Aclarar ropa limpia. Me asusta cuando Ferreiro es tan exacto, cuando encuentra soluciones a problemas que dejan de serlo escuchándole cantar. Él solo es mejor que toda su banda. Su guitarrista solo es es peor que cualquier otro. Su guitarrista me desagrada profundamente con su forma bestia de tocar. Su forma bestia en el peor sentido. Su forma bestia e imprecisa de confundir la fuerza y la energía con salvajismo. Su incapacidad para jugar con los volúmenes. Su falta de tacto para la caricia. Es joven. Podría llegar a ser bueno (quizá ya lo sea aunque a mi me parezca pésimo). Quizá llegue a ser buenísimo, pero nunca llegará a gustarme. Jamás me gustará, porque hacía mucho que un músico no me molestaba tanto. Ivan Ferreiro solo es mejor que toda su banda. Su voz era lo único nítido la noche del viernes. Ni Coque Malla ni Adela Peraita consiguieron hacerse oír y sólo Suso Saiz y César Pop estuvieron a la altura de Ivan Ferreiro. De ese mentiroso redundante que suena tan visceralmente sincero. Que no da puntada sin hilo. Magia. Hace magia. Con todo en contra. Con el dolor, un sonido poco claro, un guitarrista que no soporto y un público demasiado dado a cantar todo a gritos, tapando sistemáticamente al artista, consigue sacarme de allí sabiendo que es muy bueno. Dándole vueltas en la cabeza a sus palabras y su forma teatral y lateral de cantarlas. Pero es que la segunda fue Tristeza... me tenía desde la segunda, como Richard Gere a Julia Roberts, me tenía desde el principio. Y me rindió con Jet Lag y me entregué con Turnedó. En el viaje de Chihiro ya sólo estaba él, y no había (casi) nada más. A lo mejor por eso que dice Iraultza... Nombre y adjetivo. Un juego de palabras que titula el nuevo de Ivan Ferreiro y como siempre con Ferreiro el disco ya tiene historia en mi vida. Historias. La primera canción me la puso mi hermana con un pasillo de por medio. Un pedazo, apenas un poco, de ruido electrónico. Yo barría el parqué y no hice demasiado caso. Luego, un amigo me mandó por mail un adelanto del disco como regalo de cumpleaños. Una canción completa ("Toda la verdad") y pistas por SMS. Y más tarde, poco más tarde, la "canción húmeda" compuesta a medias con Leyva. Toda esa electrónica inquietante como un líquido denso. Y él alrededor. Él y sus trampas que no son tramposas, en las que caigo a sabiendas. Jet Lag podría ser una broma para dos pero es una broma sólo para mi. Me río con la exactitud de la teoría de la atención selectiva. Jet Lag es una determinada forma absurda de hacer las cosas y una receta infalible para que nada importe nada. En su punto justo. Ivan Ferreiro es un tipo raro, parece un tipo raro. Hace música inquietante e importante. Importante en el sentido más personal de la palabra. Importante para cada uno de sus "fieles". Guiños a Quique González. Atmósferas. Lo de siempre: esa voz que no sé qué tiene, esa forma de cantar. Tan rara. Kilos de insatisfacción. Rocco Sigfredi es una canción clásica. O pura modernidad. No sé qué dirán los críticos. Yo sólo soy público. Público de todos o nadas. Rocco Sigfredi es TODO. Es una canción que lo dice todo. Es poesía de andar por casa. Es el lado no obvio de lo obvio. Hay también en este disco una especie de vals, una visión de eso que cuenta "vestida de domingo" pero con un bolígrafo deslizándose por papeles mientras alguien, no sé, por ejemplo, duerme una siesta al lado. Juegos de palabras que nombran la realidad haciéndola más de verdad. O más tangible, puede que más presente o tal vez solo evidente... Me han regalado una entrada para uno de sus dos días de triunfo en La Riviera. No lo intenten, están agotadas. Pero se lo contaré. Es una promesa. Una que vale algo. Y como blogia tiene estas cosillas... por si no funciona el reproductor: tenemos plan B (pincha, no seas tímido) BARCELONA - 14 DE MARZO - LUZ DE GAS (BARNASANTS 2008) Es el segundo (y último día) que estoy en un ordenata con sonido. Así que estas dos jornadas de trabajo están siendo bastante seda. Sin presiones. A mi ritmo. Y nunca mejor dicho. Así trabajo bien, rindo. O como sea. Me enchufo a Central Musical y revivo conciertos históricos e inolvidables, o escucho esos que me perdí por causas ajenas a mi voluntad. Venía en el coche pensando que no sabía si volver a insistir en mis temas recurrentes (ya saben, cielos de bellos colores, amaneceres salvajes, lunas que se encogen hsta ser un trozo blanco de uña, el toque cursi...), o incumplir mi promesa y lanzarme a la yugular de Rajoy, Elorriaga, alabar a Almudena Grandes por sus juiciosas (en mi nunca modesta opinión) palabras en El País... y entrar en la harina de la campaña ahora que ya está (casi) todo el pescado vendido. Pero al llegar se me han juntado el hambre con las ganas de comer: los "orgasmos modernos" de Alex Martinez que empiezan su paseo por los blogs del mundo en el de Victor Alfaro , con un concierto de Leo Minax en el Buho Real en el que canta "Huellas Borradas" de Diego Vasallo. Y aquí estoy: con mis chismes ortopédicos en las manos, tecleando a paso de burra, los cascos puestos. Pensando a ratos en la ironía de la "canción que da título al segundo álbum del cantautor catalán afincado en Madrid". Pensando en los tópicos, típicos, en las diferencias entre ironía, sarcasmo, incredulidad, cinismo y hartura. Riéndome supongo, disfrutando de la letra de Alex. Para un segundo después empezar a escuchar "Huellas Borradas" con ese aire que tiene siempre Vasallo de soledad urbana, pasada por el tamiz del cine negro y la novela negra, y el negro de la brea. Revestido de la "saudade" y el ritmo de Minax. Su elegancia. Una canción tan melancólica que me hace sentir bien. Viva. De verdad. Vagabundeando por la tristeza con mis pies pequeños y la sonrisa a pesar de los dolores. Taxistas que se parecen a Tom Waits. Y yo subida en ese taxi. Viajando por la ciudad de noche, una ciudad quizá desconocida y gigantesca, una de paso. Días a ras de suelo y huellas que se borran. El embrujo de la música. Este sábado Quique González viaja a Pucela para hacerme el primer regalo de cumpleaños. Con cuatro días de adelanto. Él no lo sabe, claro. No tiene ni idea. Sus últimos discos salieron en Marzo y ya empezaba a echar de menos su paquete con lazo. Hablando de regalos musicales: insisto. Vayan a donde Alfaro, empiecen el paseo que les propone Alejandro Martínez, a ver si dentro de 13 días llegan al final con ganas de comprarse el disco. Escuchen "orgasmos modernos" y luego ténganlos clásicos. Ya saben que es tendencia juntar lo clásico con lo moderno. Se llama vintage (que lo he leído en el vogue) Disfruten! Me he hecho “pseudo experta” (como manda la ley básica del periodismo: no saber casi nada de algo pero que parezca que sí) en manga porno japonés animado, osea en “hentai”, que es como parece ser que se llama. Para mi, el género prueba que la represión conduce directamente a la perversión. Una legislación que prohibe mostrar vello púbico termina conduciendo a que los personajes no tengan vello púbico. Y así sucesivamente. Mi primera experiencia fue heavy metal: una minisereie de 4 capítulos de una familia que si la pilla un asistente social no deja títere con cabeza (o pide la baja por depresión). No me tengo por fácil de alarmar, pero oigan, escuchar ciertas frases dichas por una niña a su padre consigue revolverme las tripas. Después descubrí que está el hentai fantástico con diablesas a las que venderle el alma a cambio de un placer casi infinito, y colas/rabos multiusos.Internados con disciplina sado-maso dirigidos por ninfómanas irredentas... Pero mis favoritas son esas con la estética de Benji y Oliver, de chicos guapos y chicas guapas e inocentes a las que les da vergüenza (siempre dicen “me da mucha vergüenza”) y se sonrojan, aunque todo parece pura pose porque dura un suspiro (literalmente). Todo divertidísimo, como están comprobando. Una puede terminar un concierto de Cifuentes teorizando sobre manga-porno con dos desconocidas. ¡Con lo que hubiera vestido una conversación sobre la sandía transgénica sin pepitas y si es publicidad engañosa que en los tico-tico ponga sabor sandía o eso favorece a la fruta en cuestión...! El otro estreno hablaba de 9 velas, yo creo recordar que velas, aunque ILSA opina que eran puertas, pero las puertas no se encienden sin avisar...En fin, lenguas que resucitan saboreando canela, enredaderas de menta. Aire flamenco producto de la escucha insistente de Camarón, de la vuelta a las raíces. Quiero volverla a escuchar, por supuesto. Esa de las velas/puertas que se encienden/abren sin avisar y que parece que no pero saben donde van... Es una canción de Chiqui Calderón que soy capaz de escuchar una y otra vez, y otra, y otra más. Sin límite. Me pasa con muy pocas esto de no tener punto de saturación. Me la regaló Ro, allá por febrero del año pasado. Y desde entonces me dan ataques frecuentes de ansias desmedidas y suena y suena a todo volumen por mi casa o en mis orejas. Ayer fueron más de veinte veces consecutivas. Me emocionó todas. Cada vez una reacción física. No me suena triste. Siempre me pone una sonrisa. Y me huele a atardeceres al borde del mar. No consigo comprender qué área de mi cerebro estimula pero es una canción triste que me pone contentísima. Otra vez desandando mis pasos: “yo matando el tiempo y tú tirando dados”. Es casi primavera. Es casi verano. Y cuando suena “Interrumpiéndote” desaparece el “casi”. Me siento como si ya estuviéramos allí. Como si mis pies estuviesen descalzos. Como si yo volviese del agua salada escurriéndome el pelo. Como me siento cuando se recogen las hamacas con ruido de cadenas gruesas, se vacía la playa y yo me empeño como una niña caprichosa logrando una prórroga eterna. Bañándome aun un par de veces más. A esa paz me suena esta canción. Aunque diga otras cosas. Y es un viaje muy barato. Son las 12.07, el cielo está gris. Sigo en la oficina y acabo de despertar. Sí, esta canción es hipnótica. Escúchenla. A lo mejor les lleva en otros viajes... P.S. Un día de la semana pasada. La foto es de Rub. Una de su pequeña colección de atardeceres. La podéis encontrar aquí NO se lo digan a nadie pero me gusta Mónica Naranjo. Vamos a ver, nunca la pongo en casa (ahora que lo pienso ni siquiera la tengo). Nunca decido voluntariamente escucharla y nunca me acuerdo de ella o de alguna de sus canciones de forma espontánea. Pero me trae muy buenos recuerdos y sus gritos potentes, descontrolados y sin sentimiento me ponen de buen humor. De un delicioso buen humor. Del buen humor de los buenos recuerdos y la juventud divinotesoro y esas cosas. Creo que cualquier canción de Mónica Naranjo me recuerda a los años felices: del 99 al 2001 cuando nada empañaba el estado efervescente y las obligaciones eran llevaderas (además de escasas) las semanas laborales duraban 3 días y medio y los fines de semana todo el resto del tiempo. Pero sobre todo me recuerda nuestras segundas vacaciones “de chicas”. Nosotras tenemos una tendencia a armarla en los hoteles, una tendencia muy acusada que empezó el verano de 2000 en La Manga del mar "Menó". Destino elitista donde los haya al que llegamos cual elefante a una cacharrería en aquel glorioso mes de septiembre. El viaje que nos llevó hasta allí cuando ninguna teníamos coche fue épico y tuvo de banda sonora a Mónica Naranjo (“la naranjas” para nosotras) y a Raul (hace tanto que sueño su boca etc). Nivelazo. Todo empezó un viernes a las 22.00, hora zulú. Momento en el que dejamos nuestras maletas en la consigna de la estación de tren y nos lanzamos a la noche pucelana como condenadas a muerte. Yo iba entera de blanco. Lino blanco, para más señas. Y él se reía pensando en nuestro viaje borrachas y en el peligro que suponíamos para la población murciana. Fuimos donde siempre: a “nuestro bar” aquel en el que cuando entrábamos por la puerta I. paraba la música y ponía “completamente loca” de Alejandro Sanz. Luego iban cayendo las canciones para bailar como un rosario de peticiones telepáticas, la sidra se adornaba con otros licores y las copas se rellenaban sin pedir, sin pagar, sin parar. Aquel sitio era la gloria. Nuestro momento cumbre llegaba en la coreografía de Mónica Naranjo. Esa que decía “paraíso extraño, donde no estás tú, y aunque muera quiero libertaaaaaaad”. A las 5:00, hora zulú, volvimos a la estación y nos subimos en un tren nocturno con destino a Madrid. Borrachas de alcohol y de tontería. Simpáticas y a la vez insoportables. El asunto era tan grave que el revisor nos invitó a viajar en un compartimento de primera clase, a nosotras solas. El tren llegaba a las 8:00, hora zulú, en un alarde de nulavelocidad, por algo muy inconexo sobre que Madrid abría a las 8. Hicimos bromas durante muchos años sobre el horario de apertura de las ciudades. Otro tren nos llevó a Murcia, un autobús a Cartagena y otro a La Manga pasando por todos los pueblos, andurriales, hoteluchos, casuchas y similares que hay en medio. Estrené la piscina, deshice la maleta, bajamos a cenar, bebimos mucho vino, nos pasamos a las copas quizá demasiado pronto. Reventamos una actuación a un pobre hombre apellidado Salamanca que no tenía ninguna culpa de nuestra suprema y etílica idotez. Luego fueron 5 días de vacaciones locas. Loquísimas. Como para escribir una novela. O dos. Y durante todo aquel tiempo sonaba “Sobreviviré” a grito pelao. Hoy, en el camino al trabajo, la han puesto en la radio. Y no he podido evitar reírme mucho. Muchísimo. En mi cabeza nuestros “numerazos”, las luces fluorescentes, el lino blanco… y tantas cosas… El último numerazo con la Naranjas fue en nochevieja… no hace tanto. Es una especie de ritual que nos recuerda todos los buenos momentos juntas y nos hace pensar que dentro de 9 años habrá recuerdos nuevos cuando suene esa canción, o cualquier otra. A lo mejor me pasa sólo a mi, quizá porque tengo el “síndrome merengue”, porque él está en el Pirineo, y yo en la meseta. O a lo mejor cantar bien es otra cosa. A lo mejor ese susurro rasposo emite en la frecuencia de los escalofríos. Sí, a lo mejor cantar bien es otra cosa: basta con no chirriar, pero necesita a cambio transmitir, sentir o hacer sentir. Disfrazar, jugar, interpretar. Ponerle algo. A lo mejor lo que me engancha me engancha porque siempre me hace querer saber más y lo que me desengancha es eso que empieza a sonar acartonado. Sin alma, como él diría. Sin alma aunque sea de mentira. Heny J sabe añejo, huele añejo. Como el whisky bueno. Escúchenlo . A mi me gusta. P.S. No tiene nada que ver su llamada a George, conste. Mis excesos no se venden. Son o no son. Y esta vez son. P.P.S. Lo escribí en el puente de diciembre, pero faltaba algo: la foto. Hice un encargo, pero ayer, alguien, sabiendo de mi falta de tiempo, sabiendo de mi impaciencia y sabiendo en definitiva cómo soy, vino con esta foto, que está sacada de aquí. Es un regalo de esos que me gustan tanto... (está dentro de la novedosa campaña 12 días, 12 cosas, que ha llenado de sorpresas estas Navidades en Madrid.) Así que no queda más que darle a publicar. Hoy he tenido algunos regalos que me gustan mucho... Actualización: Web nueva. .. con dos canciones para descargar. Desde septiembre la agenda de conciertos se nos había torcido con saña. Entre pitos y flautas nos perdimos (a algunos incluso varias veces) a Luis Ramiro, Marwan, Menso, Paco Cifuentes, José Luis Manzanero, Alejandro Martínez, una mini gira andaluza con Quique González, a Ruibal en Galileo, a Deluxe en La Riviera y con Pol. Xoel López me gusta muchísimo más en directo. Me parece un artista completo, entregado a la causa, con pinta de disfrutar en el escenario. Anoche, “Alternativas en concierto” lo emparejó con Garret Wall en Clamores, esa sala mítica e incómoda donde los artistas pueden pasar lista de las veces que cada una de las personas va al baño, a poco que se fijen (la chica morena que le gustó al trompetista sólo fue una vez, lástima). Clamores lleno es una locura insoportable, no teníamos mesa (técnicamente, claro, porque luego, tirando de encanto y cierto morro, nos sentamos en tercera fila, de frente al escenario, probablemente mi mesa favorita de toda la sala Clamores) y yo había trabajado de 8 a 8, lo que me obligó a ir directa y ojerosa a buscar aparcamiento por el centro, en diciembre. Pero ni me lo pensé: hace 5 años mi hermana escuchó cantar a Garret Wall en la radio. Y anotó su nombre en una libreta. Es irlandés. Los irlandeses, contra lo que podría parecer, tienen una especie de carácter mediterráneo, un hedonismo implícito en el código genético, un sentido del humor irónico, pero no británico. Los hombres se emborrachan en el pub, las mujeres en la mesa de la cocina y todos se ríen mucho de ellos mismos. Esto es una generalización, obviamente. Pero Garret Wall subido a un escenario cumple todos los puntos: hace chistes de irlandeses, habla un español con acento delicioso trufado de “de puta madre”, “guay” o “mola” y es capaz de llevar con estoicismo algo tan insoportable como tener que tocar en una sala abarrotada de gente que habla a gritos y parece no tener ni el más mínimo interés o respeto por lo que pasa en el escenario.Los que gritaban se perdieron a un buen músico, con canciones buenas y sobre todo una voz espectacular. Ayer era el día de las voces. Porque Xoel se subió, con esos ojos enormes que tiene, su chaqueta negra, y empezó a cantar, aparentemente frío o distante. Me gusta ver a los músicos buenos entrar en calor, ir subiendo la temperatura y aumentando el vínculo con el público. Cuando la cosa funciona es una especie de comunión religiosa. Ahí arriba todos son dioses, por lo menos a priori, luego, al acabar, algunos se han caído del pedestal y otros han ascendido en el olimpo. Xoel es dios mayor. La guitarra desenchufada fue la chispa que inició el incendio.Salió Juan de Dios a tocar el piano, luego se cambiaron los instrumentos. Un poco después entró la sección de viento: trompeta y saxo (siento no recordar sus nombres porque estuvieron inmensos también)Una banda compenetrada, como debe ser en un concierto de fin de gira, músicos excelentes, Xoel delicioso mezclando perfectamente todos los ingredientes, sin artificios, con sencillez, entregado.Sí, creo que es eso, Xoel es dios mayor porque se entrega, porque disfruta ahí arriba. Disfruta tanto que es imposible no disfrutar escuchándolo. Toca canciones y canciones y canciones. Generoso. Nos estremece, nos hace reír, nos hace cantar. Quiere ser como Caetano Veloso, y a veces, cuando hace percusiones, (porque también hace percusiones) lleva el ritmo a la samba, y lo vuelve a traer aquí al lado, lo ralentiza, lo acelera, lo agita. Nos agita. Se salta a la torera el puñetero “set list” que ha convertido el arte en una lista de la compra. Y eso no quiere decir que improvise. Se ve el trabajo, el ensayo, el interés por sorprender, darnos algo nuevo cada vez. No repetirse. Pero el arte es improvisación, idea feliz y momento. Algo que en muchos directos se está perdiendo (hay artistas de los que podría escribir el repertorio y el orden: tienen 3 plantillas y las van intercambiando)Me recuerda, arriba de los escenarios, a Luis Ramiro. Y puede que abajo también: tomó la decisión arriesgada de pasarse al español, sin que le temblase el pulso, solo porque quería contarnos más cosas.“Fin de un viaje infinito” es un disco escrito en un mal momento personal, saliendo de un agujero. En la portada Xoel lleva un paraguas que le protege de las tormentas. Con cuidado. Ayer, Gigante me estremeció. Hacía mucho que no la escuchaba. Dice algo como “Será que no quiero ver este gigante caer Tendré cuidado. Anoche todo acabó siendo perfecto, y con cada canción Deluxe eran más lujo y más gigantes. El “staccato” de Juan De Dios, la digitación vertiginosa de Xoel arrodillado (literalmente arrodillado en el escenario, como una rock star) las improvisaciones gloriosas del saxo y la trompeta, el encaje entre todo eso y la voz potente y elegante. Perfecta. No sé a cuantas clases de canto de las de OT habrá ido Xoel, no lo sé, pero canta técnicamente bien y encima con alma. Preocupado por el público de la zona de fumadores desenchufó la guitarra logrando una especie de silencio de iglesia en la sala clamores que nunca estuvo tan callada (ahora que lo pienso el público hace honor al nombre de la sala). Y tocó “Colillas”, con los coros susurrados del público.Desde la tercera fila se oía su guitarra acústica, y su garganta, pero no se le veía, a duras penas se distinguía el mástil (así que el saxofonista fue a por el espejo del camerino, y nos lo colocó de retrovisor). Un fin de gira perfecto. Eso es, en pocas palabras, lo que vivimos anoche en Clamores. Perfecto. Benditas “Alternativas en concierto” que nos regalan joyas como esta.Y bendita sea mi hermana sonriente, sonrojada, feliz y mágicamente sin cansancio. Porque anoche, por primera vez, no se acordó de la talasemia, la falta de sueño, las discusiones acaloradas y los jaleos laborales. Era como una niña la mañana de reyes. Como ella misma la noche de reyes, porque mi hermana siempre prefirió, en el fondo, la noche de reyes. Poner el zapato, acostarse temprano y agarrar con sus manitas muy fuerte el edredón, hasta taparse la nariz. Y preguntarme con la luz apagada un rato después, susurrando: “oyee, tú crees que nos traerán todas las cosas los reyes?” porque a ella le dijeron que no era una niña buena... Y yo, que siempre fui una optimista le decía “claro, pero a ver qué nos traen de lo de fuera de la lista”. Porque nuestra carta a los reyes sólo podía tener 3 cosas (hay muchos niños en el mundo y no se puede ser avaricioso) pero luego, bajo el árbol, siempre había muchísimos regalos. El speaker de Clamores nos deseó una “generosa epifanía”. Un mes después del desastre-suspenso me da miedo pensar que la vida se está portando demasiado bien conmigo. Pero “tendré cuidado”, porque vendrán mal dadas. Eso seguro. Aunque este año los reyes nos hayan traído hasta regalos por adelantado. Regalos Deluxe. P.S. La foto, como todas las del último disco, es de Beatriz Basanta. Está en la web oficial Recuerdo perfectamente aquella conversación. La mantuvimos hace unos 4 años. J es filósofo, brillante intelectualmente, barroco en el hablar cuando le da la gana, pausado y calmo cuando brilla el sol. Por la noche se convierte en el mejor relaciones públicas de Madrid (o uno de los mejores). Siempre hay un hueco en sus infinitas listas, siempre tiene un plan bueno que ofrecer. Trabajábamos juntos. Éramos compañeros y disfrutábamos muchísimo con todo aquello y creo que con la mutua compañía, con ese clic que hicimos mágicamente y contra todo pronóstico. Él es el autor de esa frase que yo repito tanto de cachondeo “cómo es de fuerte el tema”. Eso gritaba entre carcajadas por teléfono. Olía a salitre, era verano y a mi me hizo gracia. El caso es que, un jueves por la mañana, me preguntó qué escuchaba por los cascos. Le respondí “Mikel Erentxun”. Puso cara de haberse comido un limón entero y yo le expliqué que me parecía una de las mejores voces que teníamos en en el pop nacional. Entonces me miró como si yo estuviese completamente trastornada, y me dijo: “nunca hubiera adivinado que te gustasen esas voces, yo te veía más dada a los vozarrones graves”.Y yo le respondí que lo cortés nunca quita lo caliente/valiente. Que yo aprecio las voces buenas, las elegantes, las potentes en un sentido no físico. Las que me transmiten algo. Y cuando canta Erentxun muy frecuentemente me encuentro con la carne de gallina y cambios vertiginosos en mi estado de ánimo (o en la percepción de las sensaciones). Me gustaba Duncan Dhu y me gusta él. Me gusta su forma de cantar con tantísimas intenciones, matices y volúmenes juntos. Aquel disco en el que ya estaban separados: la mitad del disco de Vasallo, la mitad de Erentxun. Una portada preciosa, un cd con “crudités” que merecen por sí solas pagar el precio del disco completo y sus canciones fundidas en un compacto de color naranja, entrelazadas: una de Mikel otra de Diego, la mayoría firmadas por los dos. Como una trenza. Con canciones simples como de adolescente, canciones certeras e inofensivas como dardos romos, dando en la diana sin hacer sangre. Canciones rabiosas, pastelosas, surrealistas, oníricas, cinematográficas. Para mi, Crepúsculo es un disco que tiene de casi todo. Hasta una sección de metales que posa las canciones suavemente. Una casi puede sentir las notas planeando hasta rozar las puntas de los pies. Y el rumor de unos pasos que se alejan... Y la imagen la portada, claro Mark Ronson es sobre todo productor. Hace versiones y remixes. La mayoría de las veces no se molesta ni en componer ni en cantar ni en tocar. Y maldita la falta que le hace. Produjo entero el “Back to black” de Amy Winheouse, de la que ya he hablado aquí antes y acaparó titulares cuando hizo aquel remix de "Most Likely You'll Go Your Way (And I'll Go Mine)". Quizá los adoradores de Dylan me cuelguen del palo mayor por esto, pero lo cierto es que a mi me gusta el remix. No más que la original... pero sí mucho para determinadas ocasiones. Lo que hace Ronson tiene siempre ese toque entre festivo y espeso que me interesa tanto. Suena a club, a escaleras que se bajan y se suben sin otro objetivo que ver y ser visto. Suena a tintineo de hielos en el whisky. Ahora que se acerca una fiesta infinita, una de esas que terminan con el sol entrando por la ventana a la misma vez que nosotros entramos por la puerta con las pieles oliendo a una mezcla de tabaco, sudor, perfume y alcohol, el pelo alborotado y un cansancio feliz que hace pesadas las piernas y ligera la sonrisa, pienso pasarme el tiempo libre escuchando sus versiones. En su nuevo single canta Lily Allen, pero yo prefiero cuando Amy Winehouse reinterpreta Valerie de The Zutons, y tintinean campanillas y suena una sección de vientos que podría ser de orquesta “clásica” de club de baile. Prefiero Valerie, porque me parece un villancico moderno. Uno que no habla de ningún Dios que nace en ningún pajar. Un villancico pagano. Para un solsticio. Para caminar por las aceras de las ciudades bajo las luces de colores, con el vaho en el aliento, los guantes puestos, el cuello del abrigo subido y un montón de bolsas con regalos. Sí, creo que voy a nombrar Valerie mi villancico favorito (pa papapa canturreo por todas partes). Feliz Solsticio de Invierno. Feliz Navidad. Se lo digo bailando al ritmo de Mark Ronson. Otro que trajo mi hermana, como directora del departamento internacional... P.S. La chica que sale en el video de Valerie NO es Amy Winehouse, aunque alguien le ha pintado la raya del ojo igual de exagerada. En cambio la voz es la suya. Y Vero... si pasas por aquí, pincha en el video de Lily Allen, sale una versión de sí misma, pero creo que también te gustará este! Entra lento el disco de Alicia Keys. Se va colando poco a poco por los rincones esa voz oscura que tiene. No pasa como antes, como las otras veces, donde todo era automático. No me ha pasado como con el desenchufado de la MTV donde la impresionante versión de “Diary” me puso toda la carne de gallina desde la primera nota hasta el final apoteósico. No me ha pasado como con el “You don´t know my name” que escuché incesantemente durante una semana, antes y después de Horizons de Antonio Vega (donde la guitarra prodigiosa de Raya decía tantísimas palabras), una semana entera retrocediendo y avanzando de la Keys a Raya y de Raya a la Keys en eternos viajes por la línea 12 de metro, por autobuses que paraban en incontables urbanizaciones, hasta un pinar perdido en una carretera de doble sentido y pésimamente iluminada.... No ha pasado tampoco como cuando mi hermana nos hizo escuchar a mi padre y a mi a aquella niña y nos advirtió de lo lejos que iba a llegar. Mi hermana tiene mucho ojo clínico para estas cosas y mi padre sigue recordando su tino apostando por la Keys, que es probablemente lo único “moderno” que él lleva en el coche. Se llama “As I am” y entre sus 14 canciones hay una en la que suena por debajo la voz deliciosa de relamerse de John Mayer, que es capaz de estar en un tercer plano absoluto, detrás de la voz y el piano de Alicia y aun así sonar fundamental, darle ese aire, ese toque que él le da a todo lo que canta. Es “lesson learned” y habla de cuantas veces tenemos que pasar por lo mismo hasta aprender la lección. Y dice también que lo que importa es que un día la gota colma el vaso y uno es capaz de dejar atrás lo que no tiene arreglo. Entra lento pero ya se ha filtrado hasta mis últimas capas. Ya me encuentro parada en medio de mi vida, mordiéndome el labio con los ojos cerrados, agitando la cabeza, balanceándome, trazando espirales...Ya está. Ya no puedo determinar cuál es mi favorita... Alicia parece pensar, como yo, que a lo mejor mañana es la hora de las lágrimas y la depresión, pero hoy, ahora mismo, nos toca brillar. Y parece entender la ironía, cuando se parodia a sí misma como una adolescente tonta poniendo nombres y corazones en las pastas de los libros de texto y escribiendo cartitas de amor.Y me ha recordado eso que dijo la zapatilla del disco de Conchita (disco que no me gusta demasiado, la verdad) dice que todo es muy teenager, como a los 15 años, pero que los aterrizajes y despegues del corazón son siempre como si tuviésemos 15 años.Pues eso, tenemos historias de amor adolescente y discos que le cantan al presente absoluto y a esa certeza de que nada es eterno y que a veces nos toca reír y otras llorar, que la suerte va por barrios.Pero siempre nos quedará la buena música para acompañarnos en los vuelos, en los aterrizajes forzosos y en las averías de motores. Hasta que llegue la hora de volver a brillar, a surcar los cielos, a tener 15 años... P.S. Lo escribí el miércoles por la noche, después de un día entero sonando por la casa. Ayer he vuelto a bailar “la quiero a morir” esa de Francis Cabrel que Sergio Vargas hizo en merengue y DLG luego, convirtieron en salsa. Hacía muchos años que me negaba a bailar precisamente esa salsa. Es demasiado bonita como para andar entre sonrisas absurdas, comentarios tontos (¿vienes mucho por aquí? etc.) esquivando pies y fallando en giros, por falta de conexión o costumbre o química. Ni siquiera con F. Ni siquiera cuando F. y yo ya nos habíamos declarado la guerra en la vida real pero a cambio habíamos hecho las paces en la pista bailando compenetrados y perfectos, demostrando otra vez que las apariencias a veces engañan. Ni siquiera con F. con el que habría quedado impecable. Porque él conocía la canción, y bailaba muy bien salsa, mucho mejor que yo, con sus pies enormes y su cuerpo de 1,90. Y me conocía a mi. Habría sabido pararme justo en el momento preciso. Pararme y mirarme fijo y agachado, como si fuese cubano de pura cepa y no gallego. Pararme justo en ese “yo” en el que pasa una eternidad que son sólo milésimas de segundo, antes del agudo desgarrado y perfecto. Pero yo siempre prefería otras canciones. Ayer en cambio no prefería otras. Hacía muchísimo que no nos veíamos: él se mudó de ciudad para estar con su hijo y yo le perdí la pista. Aunque pregunté a veces cómo le iba y me llegaron recuerdos suyos de ciento en viento. El sábado ni me lo esperaba. El sitio donde me enseñó a bailar es ahora un bar normal donde ponen a Bisbal y esas cosas. Ayer era otro decorado e incluso otra música, las modas se imponen, y lo que hace 13 años se llamaba “playero” y era sexo en vertical en una pista de baile, reservado para las 6 de la mañana, 3 canciones y a la cama, se llama ahora “reggaeton” o como se escriba. Y ya no se baila igual: ahora es más teatro y mucho menos sexy. No le vi. Bajé las escaleras girándome para sonreírle al hombre de la puerta que siempre dice algo agradable y totalmente falso a todas las chicas que la cruzan. Entré directa, yo delante, escoltando a la protagonista de la noche, hacia “nuestra barra”. Ese hueco perfecto desde donde se domina la cabina del pincha, se ve llegar al relaciones que le gusta a una de mis amigas, y hay siempre un sitio para sentarse cuando los pies palpitan. Empezó a sonar un merengue larguísimo y lentísimo, de esos que nunca se bailan con desconocidos, agarré a P. y nos fuimos al centro de la pista a engrasar los giros. Suelo hacer de chico con ella, así que estoy concentrada en volver de las vueltas y encontrar la mano que es, dando indicaciones leves y pensando en la siguiente. Es divertido. No le vi. Cuando volví a por mi bourbon, muerta de sed, me tapó los ojos por la espalda. Supe que era él porque seguía oliendo igual que entonces. Y me giré como una niña chica corriendo hacia los regalos la mañana de reyes. Estaba como siempre. Guapísimo, mulatísimo, un poco más bajo que yo. Impecable. Me contó que estaba de paso. Que su hijo sigue bien, que la madre de su hijo y él siguen viviendo juntos pero no revueltos (al menos no habitualmente revueltos). Me piropeó como siempre, más como una costumbre que como otra cosa. Me contó que sigue con sus percusiones divinas. Y le hizo un gesto al pincha. Empezó a sonar “la quiero a morir”. Como entonces. Cuando esperaba que entrásemos por la puerta para ponerla, para sacarme a bailar. Para enseñarme. Yo en aquel momento me limitaba a hacer el paso base, pero con él siempre parecía una buena bailarina. Eso me lo enseñó también: “nunca te fíes de un hombre que te saca a bailar para lucirse él sin importarle si tú le sigues”. Y en eso también tenía razón. Así que no dije nada, cogí la mano que me tendía, le seguí de cerca hasta el centro de la pista. Hizo alguna broma sobre la necesidad o no de seguir cantándome el pie con el que tenía que volver de cada giro. Le dije que no me cantase nada, pero que me obligase en las vueltas a derechas, porque tiendo a irme a izquierdas entre la zurdez y el hacer frecuentemente de chico. Y ya solo cantábamos esa letra preciosa. Y ya solo girábamos, sudábamos, sonreíamos. El universo se comprimía alrededor y no veía nada que no fuesen sus ojos brillantes, y no notaba nada que no fuese su mano derecha, ortodoxa a veces, entre mis omóplatos, sujetándome en las figuras, y relajada otras, bajando hasta mi cintura, rozándome solo un poco, indicando el sentido del movimiento, haciéndome volver sutil al punto exacto, inventándose pasos, encajando mi cadera en su codo cuando estaba a punto de marcharme, intuyendo cuando llego corta, solventando mis errores que no son errores porque bailamos, no resolvemos ecuaciones... Y parándome con maestría en ese “yo”, poniéndose tan cerca en el agudo en el que la voz de Huey Dunbar. brilla inconfundible. Haciéndolo perfecto. Porque él siempre lo hacía perfecto y sigue haciéndolo perfecto: te saca a bailar la salsa con la letra más bonita del mundo y no necesita llenarte los oídos con absurdeces, ni contarte historias de indios y vaqueros. Sencillo, brillante. Preciso e inteligente. Con los pies veloces y la calma suficiente como para pararlos si hace falta. Baila muy bien. Siempre bailó muy bien. Y hoy intuyo que quizá nunca volvamos a encontrarnos por casualidad, que jamás voy a volver a bailar esa salsa con él. Y me da pena... El disco va sonando amplificado por trozos en distintas partes de mi cuerpo. Es un proceso raro. Primero en los pulmones, que acelera la producción de oxígeno al ritmo de las imágenes potentes y los ralentiza y vuelve a acelerarlos hasta que en el final me encuentro conteniendo el aliento, como esperando que me resuciten otra vez. Pero ya ha terminado “Pequeñas monedas y grandes mentiras”. “Dobe fila” es algo que se deshace entre los dedos, algo que se desmiga durante mucho rato, hasta provocar pinchazos en las yemas de los dedos y dolores en los tendones de las muñecas. “Avería y redención” me recorre la columna vertebral, el rosario de mis vértebras entrechocando y separándose, haciendo “eses” de forma incomprensible. Nunca pensé que esta canción pudiese gustarme tanto. Habría perdido todas las apuestas... “Betty” es una vieja amiga: la chica de ojos grandes que bebe whisky como agua. La pin up con pinta de llamarse Carmen. Los personajes de Quique González cobrando vida en mi mente: Kid, Margaret, Betty, recorriendo mis aceras. Betty me recuerda a “Polvo en el aire”, algo en lo decadente del ritmo me recuerda a esa canción, a la famosa noche en la Zac, a la cámara de vacío que él hace con su música a mi alrededor. “Hay partida” en la boca del estómago, claro, donde se dan los puñetazos eficaces. Donde golpean a los boxeadores de pies lentos y guardia baja. A los boxeadores rendidos, entregados. Como yo con este disco. Y el dolor agudísimo que corta la respiración da paso al alivio de notar como va desapareciendo, igual de lento, desde los bordes hasta el extremo, que el vaho en los cristales. En backliners me encuentro de pronto con la mano izquierda justo debajo de las clavículas. Parada en medio del pasillo, olvidando a dónde demonios iba o para qué. Y Ladydrama me baja por la cintura y me da ganas de reír y de bailar. Y los dedos vertiginosos, puro rock and roll. La cajita de música suena en el bulbo raquídeo. En ese punto exacto donde un alfilerazo podría matarte. En el sitio delicado donde se une el cerebro con la espina dorsal. Es una joya cantada en un susurro agudo, de una forma extraña y a la vez obvia. Como mirar dentro de la cajita, acercar mucho el ojo a la rendija minúscula y ver a la bailarina doblada y quietecita, e ir abriendo poco a poco la tapa para verla levantarse, empezar a girar, empezar a sonar. La cajita de música por sí sola es suficiente para sacar un disco a la venta, para darle a alguien un premio, para quitarse el sombrero ante “la aristocracia del barrio”. Para aplaudir con las orejas a Jacob y a Pedreira (al que le cambio frecuentemente el apellido) y a Karlos, al que aun no he visto con la banda. “La casa está vacía” se amplifica en mi mandíbula, me endurece las encías, me hace apretar los dientes y llega a veces a la garganta, rozándola como una ola muriendo mansa en cualquier orilla. “Nos invaden los rusos” en los pies, primero poco a poco, como si brotase algo en el suelo, luego como si ese algo fuese hinchándose poco a poco, llenándose de aire, hasta que de pronto el globo que me sostiene se pincha y desaparece y pierdo pie, y vuelo sin caerme, sostenida por las notas... “Trabajan en escenas de acción” se amplifica detrás de los ojos, en las cuencas, en los lugares de las jaquecas y las preocupaciones rumiadas, masticadas insistentemente, pasándose la mano por el pelo, colocando el monte de venus de la mano izquierda encajado en los párpados, apretando fuerte, conteniendo los latidos. “Número siete” en los hombros, que no se relajan, que me acortan el cuello. En los hombros que sujetan el peso, que reparten el peso, que equilibran o desequilibran. Donde empieza la espalda a retorcerse. Donde hacen falta las manos del quiropráctico. “Trucos fáciles para días duros” en el hígado, o donde creo tener el hígado, donde se produce la bilis, donde se almacena la bilis para que no se extienda invadiéndolo todo. Los trucos fáciles suena en el almacén de las miserias, donde damos dos vueltas a la llave en la cerradura para poder seguir sonriendo, seguir caminando. Seguir. Avanzando hasta las gafas de Mike, canción para ir conduciendo un coche clásico americano, un coche de los de recorrer la ruta 66 a toda la velocidad que permiten las carreteras sin curvas, diseñadas para los aterrizajes forzosos o para huir hacia ningún lado, pisando el acelerador hasta clavar el tacón y la puntera casi en el asfalto. “Los desperfectos” se desliza como una gota por mi frente, mi nariz, el centro de mis labios, la barbilla, el cuello echado hacia atrás. Recorre el eje central de mi cuerpo, y la piel se eriza con el roce. Y tengo a la vez ganas de llorar y de no llorar. Y la grandeza me sorprende y me golpea casi al final. El minuto de muestra no le hacía justicia a “los desperfectos”, a la maravilla, a la delicia sin azúcar ni sacarina. Y cuando aun intento tragar y dejar de estremecerme, y secar la gota o las gotas. Cuando estoy intentando digerir la belleza, empieza a sonar la música inquietante de “vete con cuidado” ese sonido electrónico como un trino enlatado, ese ciclo, ese círculo vicioso al que van entrando los instrumentos, ese latido por todas partes que se transforma y marca el ritmo de los pasos, la cadencia de las caderas moviéndose desafiantes y femeninas. Es una canción para que las mujeres caminen mientras se marchan. Caminen decididas sin mirar atrás, hasta estar lo suficientemente lejos y entonces girar solo un poco el cuello y sonreír, mientras el ciclo vuelve a empezar. Y alguien se queda en la habitación, intentando terminar, pero sin querer terminar. Es un final apoteósico para un disco apoteósico que me parece tan brillante que me da un miedo horroroso haberme equivocado, estar borracha de otoño delicioso, estar empachada de ganas... Pero todos mis órganos vitales, todo mi cuerpo, toda la inmensa superficie de mi piel no pueden estar equivocadas. P.S. Fin del día Quique. Yo seguiré escuchando el disco y sólo el disco por lo menos una semana. Por lo menos. Después ya veremos que quedó en el proceso de decantación. Cuales empiezo a saltar. Ahora mismo creo que sólo las gafas de Mike... Y ya les dejo en paz con Quique González. Las crónicas de los conciertos de esta gira como todas las crónicas de los conciertos de Quique, en su foro. P.P.S. La foto está en la galería de Avería y Redención de su web. Supongo que será de Maquieira... Hoy hace el día perfecto para ir a comprar el disco nuevo de Quique Gozález. El cielo le hace juego a la portada. Es un día cántabro, norteño, delicioso. Sigo en sandalias y manga corta. He mantenido mi vieja tradición: he caminado obligándome a la calma hasta la FNAC de Callao, he subido en las escaleras mecánicas sin saltarme ni una, como si no estuviese ansiosa. Me he cruzado con los que ya habían comprado el disco y rasgaban el celofán. He sonreído con la sensación de pertenecer a un grupo de locos, un grupo maravilloso. He bajado con mi disco y el ticket de compra a por el CD de regalo y he cerrado los ojos riendo hacia dentro al comprobar que una de las dos es “la cajita de música”. La canción que me hizo recuperar la fe nunca perdida del todo. Después he vuelto andando hasta Atocha, ojeando las fotos de Maquieira. Esta vez no nos lleva de viaje. Esta vez nos quedamos en casa, en su casa. Sus paisajes. Las aceras, los cielos grises, los barcos varados, los discos, la ropa, las luces, las sombras... He leído el texto final. Ese en el que Quique cuenta que esto no es lo previsto y que bendita imprevisión. O como se diga. Y me han dado ganas de besar y abrazar a Mac. Por darle la razón, la excusa, las ganas, la canción, el piano, las púas o lo que sea. Y por registrarlo para nosotros... Hoy hace el día perfecto para comprar y disfrutar el nuevo de Quique González. Y hoy es su día en el Universo Perpendicular. Enterito para él. Ahora voy a ver “las gafas de Mike” luego se lo contaré. Después oiré el disco de fondo en mi vida, y se lo contaré también. Si los planes salen como está previsto hoy tres post. Los tres sobre “Avería y redención 7”... Me va a matar. Este hombre me va a matar, por su culpa al final no me acosté. Ronda rápida por los foros del mundo y noticia bomba: que está el adelanto, la web nueva, todo!! En lugar de dormir oigo el adelanto mientras bebo un vaso de leche (si él llegase a enterarse... debería estar bebiendo whisky, al menos) y fijo la mirada en una botella de agua de plástico azul oscuro, sin verla. Fijo la mirada perdida mientras escucho un minuto, 60 segundos de cada una de las 17 canciones. Quique es quique, Quique no quiere ser como nadie. Quique es honesto como músico (como persona no lo sé, no tengo el gusto). Quique tiene un genio vivo e indomable. Lo he visto cabreado, mucho, casirabioso o rabioso entero. Viví el puñetazo en la mesa, que significaba algo como: “ahí te quedas, Universal” y se equivocó y acertó en muchas cosas y yo me alegré de que fuese tan poco humilde como para dar ese puñetazo en la mesa sabiéndose tan grande. Y me alegró que volviese a ser capaz de decir: vuelvo a las multinacionales: Dro, fichaje, un amigo, la vida más fácil... Porque a mi me da igual lo que ponga en la contraportada del disco siempre que el disco lo haga Quique, con su equipo, su banda, su diseñador, su fotógrafo de cabecera. Esos que convierten cada disco (y van 7) en un viaje, en un todo. En una joya. Esos mismos. A mi me da igual lo que ponga en la etiqueta porque sé que las canciones las escribe él, las arregla él, las viste, las disfraza, las adorna él. Un músico. Y quiero que tenga tiempo para hacer canciones, y grabar discos como este, y me da igual “la industria” porque sé que él hará lo que quiera hacer. Confío en que podría dar otro puñetazo en otra mesa si fuese necesario, y supongo que no será necesario golpear más mesas. En el disco que menos me gusta está una de las canciones que más me gustan. Con eso lo digo todo. Y sigue sonando, y sigue la carne de gallina. Y los 60 segundos multiplicados por 17 me saben tan a poco... Lo práctico: Quique, siempre atento a las necesidades (o digamos mejor compulsiones) de los seguidores, adelanta un día el lanzamiento del disco. Uno de octubre. Hoy quedan dos días menos que ayer!! Y siempre atento a los seguidores que vienen de lejos toca también el 20 en Leganés (que vaya mierda de monstruo y vaya mierda de lago, ya...), en el teatro de la Charlie, donde tanta buena música escuché en mis tiempos universitarios. El 20 es sábado. Y si los burócratas pelmas se deciden y la suerte acompaña... podremos organizar un sábado interesante. Largo, perfecto, inmejorable. Y Nata, por si pasas en tu locura de horario: ya sé lo que estás pensando (aparte de “qué mono, quique”). No hace falta ni que lo digas y si puedo, la respuesta es SÍ: DE CABEZA. Y la operación “Sobredosis” sigue en marcha!! Cruza los dedos, haz el favor. El videoclip de “Hay partida” aquí (a mi no me gusta demasiado, la verdad) . Y el trailer del disco/dvd, y el adelanto en su web oficial. Y para las descargas de las canciones completas que han estrenado Santi Alcanda en Tresfusión, y Arancha Moreno en Popes 80, vayan al foro oficial. Allí está todo (esto lo digo, y lo digo así, porque hay mucha gente que está llegando aquí desde hace unos 15 días buscando descargas de las distintas canciones, y claro, como suele pasar en estos casos, llegando al sitio erróneo) Tictactictactictac Clic clic. Y así va pasando el tiempo. Tontamente. Dulcemente. Y se acercan las fechas clave. Las infinitas fechas clave que aparecen marcadas en mi agenda. Se acerca el primer examen, peligrosamente. Se acerca el segundo, mansamente. Y el tercero, histéricamente. Y el dos de octubre está más y más cerca. El disco de Quique González en mis manos... quizá para entonces algo parecido a un descanso. Una tregua rara. O quizá no. Y Santi Alcanda sigue con su cruzada de fan-periodista (si es que eso es posible, aunque yo lo veo complicado). Estrenando con cuentagotas el disco en Tresfusión. Y yo sigo sin escuchar “Tresfusión” y la gente del foro sigue colgando las canciones para que yo pueda seguir disfrutando de los estrenos y sintiendo que el disco ya está aquí. Y poco a poco, voy completando el puzzle. Hay partida, doble fila, nos invaden los rusos. Y dios: esa subida en "Nos invaden los rusos". Ese final brillante y sobrecogedor. Esa guitarra de Pedreiro que hace que me sienta una mujer infiel al brillante y excitante Carlos Raya... Siempre hay algo. En todas las canciones de Quique González siempre hay, al menos una cosa, que me descoloca. Literalmente. Tictactictactictac. Clic clic. “cómo voy a olvidar todo tan deprisa” Y sube hasta las nubes. Todo menos su voz medioafónica. Como en aquel Kamikaces donde grabó nasal y acatarrado algunas canciones. Y ladraba un perro. Y crujía una silla. Y yo hacía mi proyecto de fin de carrera. Era otoño. Escribía sobre la depresión y escuchaba “Te lo dije” una y otra vez y otra y otra más y luego esa “Nana” y esa “Siesta en la frontera”, con los cascos y el volumen a tope. Nada más que esas tres. Quién me iba a decir a mi que una noche en Barcelona “Polvo en el aire” se convertiría como por milagro en otra cosa. Quién me iba a decir a mi que "Kamikaces Enamorados" iba a pasar a ser una canción rabiosa y rockera y perfecta... A Quique siempre hay que darle tiempo para la mejora. Y a veces una se pregunta cómo podría mejorarse lo inmejorable. Y se sienta a esperar. Tictactictactictac. P.S. El título es un verso de “Nos invaden los rusos” ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ ACTUALIZACIÓN: Que dice Quique González que el 18 de Octubre (jueves) en Rivas. En el teatro. Tictactictac. Cómo lo vemos?? Me aprendí aquel texto de "Salitre 48" sin darme cuenta. Tenía un ritmo maravilloso, una enumeración de recuerdos como un viaje o un álbum de fotos viejas y nuevas, ordenadas siguiendo no necesariamente la cronología y sí (quién sabe) quizá otros criterios. Y siempre que leo a Margaret Atwood me acuerdo de él. Siempre. Aunque quizá él no haya leído nunca nada suyo, aunque cabe la posibilidad de que no le guste, aunque nunca haya dicho nada de esta escritora canadiense. Pero yo la leo y me acuerdo de él como si fuese un viejo amigo, y sonrío así, estirando solo la comisura derecha en una mueca apenas perceptible, con los ojos como chocolate líquido. Hoy he encontrado ese texto por casualidad, en un blog de alguien a quien “conozco” gracias a quique gonzalez. Javi Marlon es de la vieja guardia, no sé si andaba ya por ahí cuando Universal despedía y recontrataba a Quique y le permitía sacar a la venta ese Salitre glorioso (hace casi 10 años de aquel "Personal" oh dios). Ayer encontré el blog de Javi Marlon por casualidad, no sé como, no sé qué buscaba. Era julio de 2005 cuando él reprodujo este texto. Han pasado dos años y leo que se ha licenciado y que ha perdido a alguien que quería. No le conozco. No le pongo cara. No sé quién es. Pero hubo un tiempo en que nos cruzábamos cada mes por las aceras de Madrid, hacíamos cola en el mismo garito, para sentarnos en mesas cercanas a escuchar las mismas canciones. Y todo me parece un poco raro. El azar, internet, los blogs, google. Que se junten algunas palabras en la cabeza, de pronto, que ahora me sienta parecido a como me sentí al terminar de ver “En la ciudad”. Tú me entiendes? Dime que me entiendes, anda. P.S. Por si no hubiese suficiente con todo esto: Javi Marlon ha colgado ya el primer single de "Avería y Redención nº7" que llegó ayer a las radios, y saben cómo se llama la canción? "Hay partida". Y claro, me encanta. Y me aumenta las ganas. Un mes largo. Un mes que podría ser clave en mi vida, además. Alguna tienda de buena suerte con género en stock?? P.P.S. El single en descarga aquí para ir abriendo boca (en todos los sentidos jiji). Ayer todo el mundo estaba muy guapo. Qué quieren que les diga: las vacaciones, la luna creciente, las lluvias torrenciales y los vientos de bochorno favorecen. Miguel Dantart rejuvenecido y aun más divino que nunca. Alejandro Martínez guapísimo con su pelo al cero (y dejándose sobetear el cráneo con paciencia, lo que hay que aguantar a las fanes locas como yo). Lucía Caramés y sus ojos negros y sus rizos prietos. Un concierto. Galileo Galilei. Un verano hablando del tiempo (atmosférico). Dantart acompañado de Anguela al bajo, Jorge “el canario” a la batería y Alejandro Martínez y sus diez “deos” encima del piano (Paco Cifuentes dixit). Qué ganas teníamos. Todas. Las tres. Qué ganitas, frotándonos las manos. Yo no había dormido, había pasado la noche en vela, la tarde estudiando, y estaba muy cansada, pero muertita de ganas... Una renovada “Cuando todo esto era campo” con ritmo diferente y modificaciones en la letra que dejan a “Rosarito sumergida en el caos de la Gran Vía” y la sacan de un pueblo “tranquilo, con dos bares y un casino”.Mejor todavía. Nervioso pero sereno. Atreviéndose con todo. Hasta con una versión arriesgada y exitosa del “Corazón Partío” de Alejandro Sanz. A mi me gusta Alejandro Sanz. Yo es que soy una simple, ya saben, pero me parece bueno. Y aunque no es de mis canciones favoritas, me gustó verles a Alejandro Martínez y a él tan convincentes después de haber bordado ese “Humo y vinagre” que Alejandro cantó mejor que nunca con una especie de suavidad desconocida, aterciopelada (sigo abducida, observen). “Esto no es Hollywood” Ni puñetera falta que nos hacen los finales con violines. Esto es Madrizz, así con zeta. Agosto-a gusto con Miguel Dantart y sus juegos de palabras, sin amores de telefilm, con partidas tontas de cartas, palabras de colores y miradas más transparentes de lo que nos gustaría algunas veces. Esto es Madriz, y el artista creciéndose como se crece siempre que no tiene tigres detrás de los que esconderse. Dicen que no se extinguen. Las fans tigresas esperamos que sobrevivan y repueblen nuestras vidas de su mezcla de voces, chistes, sonidos y puntos de vista. Esto es Madriz, este es Miguel Dantart enfrentándose a un Galileo Galilei mucho más repleto de lo previsto, arropado por un sonido potente, buscando y encontrando un camino por el que quiere ir. Los pájaros saben mundo. Y él es un pájaro (como dice mi padre con admiración cuando alguien le busca las vueltas) que nos lleva a Salvador de Bahía siempre que quiere, nos transporta y nos cura los dolores. El año pasado pulverizó mi depresión otoñal con este texto sobre Brasil. Léanlo, es de una sencillez abrumadora y preciosa. Vayan a escucharlo cantar y tocar sus canciones: las nuevas como si fuesen viejas y las viejas como si las descubriese ahora mismo, como si le diese nuevos sentidos a los versos añejos, le sacase sabores nuevos al vino. A veces pasa. A todos nos pasa. Rejuvenecido. Ya lo he dicho. Rejuveneciendo, como si empezase ahora. Con las mismas ganas locas. Y yo quiero verle recomenzar todas las noches. Como esta. P.S. Este agosto ha sido anémico en conciertos. Sólo dos. Pero ah... calidad. Septiembre también se presenta obligándome a renunciar a más de lo que me gustaría. Pero a lo mejor, con un poco de suerte, en octubre me empacho. Me harto, me lleno los oídos y todo lo demás de tigres en conservación, juntos o separados, cantautores en general, jazz del bueno, Quique González. Rock and roll. Blues, ska... Hasta que no me quede hueco para más música. Si los planes salen bien será entonces (también) el momento de leer y leer y leer y leer todo lo que no estoy leyendo ahora. Literatura, quiero decir, sin apellidos, no como la “literatura gris” que frecuento tanto últimamente. (La literatura gris son documentos que no siguen los canales habituales de publicación) Y claro, será el momento también, de ese fin de semana que te debo... Paciencia. Ya queda menos. P.P.S. La imagen es una captura de su web vieja. La nueva la ha diseñado MoMe. Estará colgada pronto!! Impaciencia. Aquí Miss Heterogénea escuchando “club music”, house, o como se llame. O mejor escuchando a Roger Sánchez en particular. Roger Sánchez me encanta. Así, sin más. Me encanta. Es productor y DJ. Hace música para bailar en las discotecas pero también mientras una friega los platos o se quita la ropa para entrar en la ducha o se ducha para salir a la calle, a comérsela a mordiscos, a pasearla serena. A lo que sea. Buena música. Creo. Me lo descubrió mi hermana. Ya saben que ella es la encargada de la sección internacional. Lo primero que escuché fue “Another Chance”. Durante mucho tiempo esa canción era la forma perfecta de subirme a las plataformas y sacarme de la zona vip de algunas discotecas. Nunca sé que es Roger Sánchez hasta después. Primero escucho una canción house y me encanta y la bailo. Luego investigo o espero o pregunto y Roger Sánchez suele tener algo que ver. Haciendo un numerito. Con escaleras y claraboya transparente. Roger Sánchez tiene un programa los sábados en máxima FM que es la única razón por la que esa emisora está grabada en una de las memorias de mi radio. Porque a veces, mientras planeo sábados de luces fluorescentes y whisky americano necesito al dios menor, al dios del siglo XXI (god is a D.J.) señalándome el destino, agrandando el agujero de las ganas de salir a bailar y bailar y bailar hasta que me duelan los pies y entonces quitarme los zapatos y seguir bailando descalza. Al ritmo de una música que, a medida que avanza la noche, se acompasa al de los corazones (o viceversa) y lo vuelve todo sencillo y evidente. Lo convierte todo en perfecto y provisional, hasta que al salir a la calle se ha hecho de día, y hay hombres recién duchados camino del trabajo que miran el rimel corrido, los ojos enrojecidos y las sonrisas exultantes y sonríen ellos también, benévolos o contagiados. Hasta que al bajar del autobús o salir del metro nos cruzamos con esa mujer que va a misa y nos pregunta si vamos a comer al centro, porque no se ha dado cuenta de que no hemos dormido, llevamos más de 24 horas sin parar y lo que queremos es un café con leche y meternos en la cama a repasar como un rosario la noche mágica, mientras en la cabeza y en el fondo del pecho sigue sonando ese remix de Roger Sánchez que dice “last nigh a D.J. saved my life” P.S. La imagen es la portada de un single de Pink que se titula “God is a DJ” como el clásico de Faithless. Faithless son otros de esos que hacen buena música para discotecas, una mezcla entre hip hop y dance. Y la canción de Pink no tiene nada que ver con la de Faithless nada más que porque ella dice: "si dios es un dj, entonces la vida es una pista de baile, el amor es el ritmo y tú eres la música..." Los que me conocen ya saben que mi favorita de Pink es “Just like a pill” otro día les cuento por qué. Frase de película. El ultimátum Bourne. La dice el director de la CIA, y es bastante ajustada a mi “filosofía de vida” si es que yo tengo una filosofía de vida. Digamos mejor que es mi forma de verlo. Soy una optimista irreductible, pero no soy una ilusa insufrible: seguramente salga mal pero ¿y si sale bien?. Estoy rodeada de anticipadores de catástrofes, de gente a la que quiero muchísimo, muchísimo que siempre se pone en lo peor como si lo peor no fuese solo una más de las opciones, y no la única posible. Gente que sufre por anticipación. Y yo siempre les digo: vale, podría pasar. Y si pasa sabrás resolverlo, porque ya lo has previsto. Generalmente las inundaciones catastróficas se limitan a un chaparrón que solo empapa pero no destroza nada... Y cuando yo digo “tengo un presentimiento: va a ser un desastre” siempre hay alguien que me recuerda mi propia “doctrinita” y siempre hay alguien también que se pone a temblar. Porque mis presentimientos no son exactamente presentimientos, pálpitos paranormales. Es una mezcla de instinto y observación extraña: la mayoría de las veces no me entero de nada. Pero en alguna ocasión distingo una mirada o un gesto, una palabra me chirría en una frase... Algo. Y presiento lo peor. O no lo peor, pero algo malo. Y acierto. El nuevo disco de Quique González me da bastante miedito. No sé por qué intuyo que no va a gustarme excesivamente. Y deseo con todas mis fuerzas equivocarme. Quiero que pase lo que pasa casi siempre: quiero comprar ese disco el mismo día de su lanzamiento (alguna que otra vez lo compré la misma noche...) Llevármelo a casa en el bolso como un tesoro explosivo y valiosísimo, ponerlo de fondo en mi vida y quedarme ahí, anclada al parqué, con la boca abierta y los ojos muy brillantes. Pero escucho Ford Capri, escucho la que canta a medias con uno de los chicos de Pereza, escucho las gafas de Mike como las cantaron en directo durante los últimos meses y... algo falla. Es como si el poeta urbano se hubiese pasado de rosca, de poeta urbano a poeta de decorado. Demasiada pátina de cine en blanco y negro, como si todo quedase un poco demasiado lejos, al otro lado de las pantallas, sin tocar las fibras de mi vida nodepelícula. Mi vida tan normal y tan de rutina. Y justo cuando empezaba a echar de menos esas frases suyas, increíblemente exactas, potentes con la sencillez que me interesa tanto... Justo entonces descubro en You Tube una joya que dice “el poeta acaricia cicatrices, con un tacto de puta de lujo, las camareras sueñan con llenar los cines, los chicos de mi barrio con poner un turbo, yo sueño con la chica de los ojos tristes, mientras escucho cantar a los gitanos (...) como un jugador desesperado” Y me quedo parada. En el centro del salón, camino de la cocina, con una botella de agua en la mano, una que iba a meter en el congelador a medio llenar, como hago siempre y que de pronto me parece absurda ahí, en mi mano. Y recupero instantáneamente el optimismo casi incorruptible y vuelvo a confiar en Quique González y su grandeza y su talento y su forma de cantar entre dientes que deja escapar el aire justo para insuflárnoslo a nosotros y hacernos respirar de otra manera... acariciando nuestras cicatrices con su tacto de puta de lujo. Y ahora solo quiero que llegue el dos de octubre, para ver qué canciones están en el disco, cómo las han arreglado él y su aristocracia del barrio, cómo suena la nueva producción sin Carlos Raya, el maestro de los maestros de los dedos precisos y veloces y mágicos. Cómo suenan los dedos eléctricos de Javi Pedreiro y el bajo imprescindible de Jacob sin el que las cosas son siempre un poco menos consistentes... Ahora sólo quiero que llegue el dos de octubre, esperando lo mejor, pero preparada también para que pase lo peor. P.S. La imagen es una captura de la web de quique Summertime es una nana para adultos. Una nana para adultos insomnes como yo. Para adultos que no pueden dormir y no quieren hacerlo cuando Ella Fitzgerald empieza a cantar así esta canción. Hoy me ha cogido por sorpresa al final de la clase de funky, ha empezado a sonar y me he visto en el espejo de la clase como una gata negra desperezándose después de una siesta a la sombra, con movimientos espesos y suaves y grumosos. Circulares. Trazando signos de infinito con las caderas. Cadenciosa, con la calma que da el calor para estas cosas. Y la trompeta de Louis Armstrong marcando los momentos de la transformación, el pelo deshaciéndose del nudo que lo ata, acariciándome la espalda. Esa magia que nos convierte en elegantes y nos estira las extremidades y nos vuelve juguetonas y a la vez nos borra la sonrisa de la boca y vela los ojos de eso que no se puede explicar. La cabeza va cayendo sola, sin que nadie de la orden, hacia atrás, y la respiración se vuelve pausada y pesada y el cuello alargando su superficie, mientras los pies apenas se han movido y siguen muy juntos, el derecho un poco adelantado, un poco en punta. Un poco Esto no es bailar o es justamente bailar. Dejarse arrastrar por las notas y la voz de esa mujer, y la trompeta. Y cuando el último sonido se apaga volver a la realidad, como quien sale de un sueño. Summertime es una nana para adultos... P.S. Iba a sacar algo de la nevera. Pero esta canción, Ella Fitzgerald y el numerito bien merecen un cambio de planes! P.P.S La imagen es de Mónica Stewart “Clarity” es una canción PER FEC TA. O eso me parece ahora mismo. Esa y casi todas que he tenido q escuchar quietecita, sin hacer nada. Parada en medio del pasillo intentando huir de la voz rasgada de John Mayer que me acaricia desde los altavoces de una forma casi física y me recuerda música de hace tiempo. Pero no sé qué y no sé si quiero averiguarlo o prefiero seguir aquí, disfrutando. Chapoteando en “come back to bed” ahora mismo. No sé que tiene. De verdad que no lo sé. La música buena. Que lo pone todo patasarriba y lo coloca a la vez. Estoy interpretando todas las pequeñas señales, desbrozando las señales de la casualidad y la casualidad de la trampa. Y todo vuelve a ser asquerosamente sencillo como esta nana que le pide a alguien que vuelva a la cama. Y todo es tan claro como la canción que me enamoró ayer por la tarde. El poder de las revelaciones. Y de pronto estar por encima de las tonterías. No huía de nada cuando corrí hacia ti. Y me doy cuenta de que eso justamente dice una de las dos canciones. Eso, desde la cama. Dicho desde la cama que es un buen sitio para hablar de las cosas importantes y de las banales. Y me pregunto si me habrían gustado tanto si dijesen otra cosa. Si ninguna de las dos pudiese servirme en este presente absoluto, delicioso, vertiginoso, donde todo parece ir un poco demasiado rápido. Donde todo se estropea, se coloca, se arregla, se barniza, se apaga o se enciende a la velocidad de la luz. Y sé que me habrían gustado igual de mucho. Aunque hubiesen hablado de la vida en una charca. Pero es mejor así, cuando escuchas las palabras y las colocas alrededor y todo encaja, como esos puzzles que no me gusta hacer pero sí vivir. Y veo el paisaje. Y no es lo que pensaba, pero mira el horizonte. Ahí está el límite. Y me pasé una condena de paciencia infinita, de interpretar señales absurdas, de no querer entender. Ahora ya no. Ahora sé. Entiendo. Te equivocas pero es tu error y no me importa. De verdad que no me importa. Yo vuelvo a acertar saliendo de la charca. De la no vida en una charca. Cazando moscas con la lengua. Mañana prometo dejar de recurrir a la nevera. Lo que no garantizo es que sea un buen cambio... Por si alguien se ha quedado con ganas de más aquí puede verse un concierto suyo. Back to you también es deliciosa. A veces los buenos jugadores meten un triple sobre la sirena. A veces los buenos jugadores hacen un partido que "ni fu ni fa", muy por debajo de sus posibilidades pero rematan el partido con un triple en el último segundo. El problema de los triples es que no siempre se meten. Y cuando el gran jugador falla a los aficionados se nos tuerce el gesto, porque pensamos que el talento no se debe desperdiciar. Ayer Paco Cifuentes metió un pedazo de triple en el último momento. Cuando parecía que no iba a pasar. Cuando estaba a punto de dejar de mirar a la canasta. Pero entonces salió la voz del fondo de ese sitio y salieron las maneras que me han abierto la boca tantas veces antes. Que están ahí y quiero ver siempre. Porque soy así: exigente, exagerada, excesiva. Pon todas las ex que se te ocurran. O también borde, insoportable, susceptible. O una loca (sin diagnosticar, insisto). O a lo mejor lo que pasa simplemente es que tengo un gusto exquisito. Y yo sólo como Beluga o si no prefiero quedarme sin cenar. Me da igual lo que sea. Anoche una cucharadita de Beluga fue suficiente, una al final, inesperada, deliciosa, de relamerse, saborear, chuparse los dedos. Hacer que dure. El artista venía con el síndrome post vacacional en lo más alto y la tensión al nivel del mar. Lento. Pero no lento de suave, de controlando las intensidades. Lento. Previsible. Y yo solo tenía ganas de subirme al escenario y zarandearlo. No hizo falta. Porque subió Iratxo, con su medida de las intensidades de la que ya he hablado varias veces. Con esa exactitud con la que marca los puntos álgidos, con la que vuelve atrás, y nos calma para luego llevarnos justo, exactamente, ni más ni menos que donde quiere que vayamos. Y Paco Cifuentes volvió a subir tras la pausa a demostrar empíricamente que las casualidades no existen: porque si Freud y sus lapsus no le hubiesen atacado en “Gravedad”, si no hubiese decidido entonces parar y leernos otro poema titulado “Advertencia”, como aquel de Benítez Reyes a finales de Abril. Si no nos hubiese leído el poema con la voz perfecta, la entonación perfecta y la perfección perfecta con la que lo hizo, quizá su ola no hubiese remontado desde el Cabo de Gata hasta la meseta. No hubiese sido capaz de superar la orografía. Después empezó a bordarlo. Entonces sí, empezó a bordarlo, suspendiéndonos en ese vértigo de montaña rusa. En ese vértigo controlado. Para seguir subiendo. Sin mirar abajo. Hasta bien arriba. Hasta ese “Tendido al sol” magistral, que parecía seguir los dictados de mis tripas. Obedecer mis órdenes. O tal vez era al revés. Buena música, en cualquier caso. Me da igual quien diese las órdenes. A veces entra el triple, y te dan de cenar Beluga, aunque sea una cucharadita. Pero de plata eso sí. De plata. El poema, curiosamente, hablaba de la perfección del espacio. De un viaje espacial con compañía inadecuada (los burlones los llama ella. Y ella es Wislawa Szymborska) La advertencia está en la página 80 de este libro en pdf que es la versión digital del que Cifuentes tenía entre sus manos anoche. por si a alguien le interesa. (Encontrar este libro computa como práctica para mi examen del sábado y el domingo) Y luego viene el momento “camarote de los hermanos marx” cuando digo que me voy doscientas veces, y me quedo 199, porque alguien está haciendo un esfuerzo por ser sincero (cómo puede ser tan complicado algo que en el fondo facilita tanto la vida). Y luego alguien me confunde con una señorita. Y otro alguien me acusa de no respetar el secreto sumarial. A mi, que guardo los secretos con eficacia, y no confieso ni aunque me claven palillos bajo las uñas, ni para colgarme la medalla, ni suelo jugar al “sé algo que tu no sabes”. A mi. Y luego me llaman susceptible. Y claro, me sienta fatal, es lo que tenemos los susceptibles... Y después (o antes, yo que sé) le digo a alguien que me alegra no ser la única que saca la hoja de reclamaciones de vez en cuando. Y alguien viene morena de playa a provocarme la envidia más grande y a decirme que ya me mandará el dichoso título del libro. Hay que ver, cuando me empeño en algo revuelvo Roma con Santiago, como dice mi madre... La parte contratante de la primera parte. Etc. Arabian Biuti Centerr aumenta sus tratamientos escandalosamente. Sonia hace el agosto con la terapia al bipolar, al que está de bajón, el desanimado que luego cuando se anima se pone a diagnosticar enfermedades mentales pasadas de moda. Pero como siempre, al final Sonia se olvida de pasar la factura y entregar una tarjeta. En Atocha otra vez comprobamos que hay mucha gente loca. Pero loca de verdad. No como nosotras, que solo hacemos el tonto, que bailamos, nos abanicamos, nos enfadamos, presumimos de aura. Nos ponemos chulas, o lo somos siempre. Nos aceleramos. Sacamos de quicio con el torbellino imparable. Pero en el fondo somos encantadoras. Que le vamos a hacer. Mira que intentamos que no se nos note, pero no hay manera. Alejandro Martínez está inmenso o yo he sufrido un raro proceso de abducción que me lleva al babeo: directamente. La boca abierta. Va a ser la opción a) Alejandro Martínez está inmenso. Con Chueca llenito de arco iris, barras en la calle, disfraces, darbukas, ruido y fiesta nosotras fuimos a Libertad 8: ese remanso de paz y ventiladores de palas donde Alejandro Martínez y José Luis Manzanero nos hicieron la noche deliciosa. QUIERO ESE DISCO. YA. Es una necesidad imperiosa de volver a oír todas esas canciones. Es un ohhhh muy largo, un ohhh redondo de boca de piñón que a veces es bocaza. De “boca loca”, que no se calla. Que no se quiere callar, que quiere seguir diciendo lo que se le pasa por la cabeza o por donde sea y quiere que lo que le pase sea eso que hizo Alex anoche ayudado por Manzanero. La ley del deseo. Sí va a ser eso. Ponernos almodovarianos. Otra vez el átame, vas a hacer lo que yo diga: yo pongo las normas. Y tú de rodillas. Y esas cosas, esos juegos. (mañana lo hacemos al revés) Sácame de quicio y Obsesión probablemente sean las máximas responsables de mis ansias de anoche. Son dos joyas. Pero es que todas son joyas. Ya verás, pensaba: ahora vendrá una que no me guste, que corte el ritmo, que me cierre la boca. Mi yo agorero funcionando y equivocándose y mi yo de decir ohhhh alegrándose de no cambiar el gesto cuando empieza cruce de cables, alegrándose de seguir embobada cuando termina, querer que suene otra vez. Tener ganas de levantarme y encontrar el play que Alex tiene en algún sitio. Hacer que vuelva a empezar, que todo vuelva a sonar. Desde el principio. Desde la ley del deseo. El segundo disco se llamará Primero. Por eso de cambiar el orden y las prioridades, supongo. Es raro. Primero, otra que ya conozco, ya he oído, ya he disfrutado. Otro ritmo que ha dejado rastro por aquí dentro, donde sea que la música deja los rastros. Luego otra sorpresa. Me están obligando a leer a Cortázar de a poquitos. Es un buen sistema. Hay alguien muy listo o que me conoce muy bien. Hay alguien que sabe que insistirme con que es muy bueno, que es muy grande, que va a gustarme, que empecé Rayuela demasiado pronto, que todo tiene su momento, que si me gustan tanto esos 3 poemas tiene que gustarme mucho el resto, puede conseguir el efecto contrario... Alguien que sabe todo eso, que me conoce, que me lee por debajo, que conoce mis reacciones, me manda trocitos de Cortázar, sorbitos de Cortázar inventándose excusas. Un día yo dije algo de meterme en todos los charcos y recibí un enlace a “el niño bueno”. Este enlace (porque dice “pobre amante, incapaz de meterse en una fuente para traerte un pescadito rojo”. Una excusa tonta, como otra cualquiera. Una manera de rodear en vez de saltar mis barreras. Me gusta que me hagan trampas así, diciéndome “te voy a hacer trampas, ya verás”. Como los magos, los prestidigitadores. Ayer David me mandaba otro trozo de Cortázar, de Rayuela esta vez intentando explicarme algo que ya entiendo. Un trozo que ya había recibido por mail a cuenta de mi folletín italiano y que alguien me leyó una vez con el tono bajo muy cerquita del oído. Todo esto para decir que Alejandro Martínez le ha puesto música como de nana a “El niño bueno” y que a mi me hizo gracia que fuese justo ese poema. Humo y vinagre fue amor a primera vista, ya lo dije en su momento y confirmo el flechazo: ahora que la conozco un poco más, que la veo venir, que me la espero sigue pareciéndome muy buena Gustándome mucho. Hay una rumba pensada o escrita para Alba Molina y Vicky Luna, esas mujeres que se van antes de que las echen. Así contado me recordó un poco a Groucho Marx. Pero entendí: el orgullo y la chulería. Y las ganas de bailar. Cuando creo que ya no puedo babear más, estar más atontada, decir el oh más grande. Cuando creo que ya está que esto se acaba: los bises y a las calles llenas de bares y terrazas.... canta “Debería ir a buscarte”. Y lo mejora todo. Una canción con referencias que me hacen sonreír. La canción de un pianista de hotel que debería ir a buscarla, pero se queda y sigue cantando. Y yo niego con la cabeza cuando Alex sugiere “bajar de los escenarios”. Primero (osea el segundo) es un disco grande aunque todavía no sea un disco físico. Lo quiero ya. Pero ya. Ya es ya. Impaciencia. Lo quiero dando vueltas aquí. Sonando al volumen correcto por la casa repitiéndose una y otra vez y otra, y luego otra. Hasta que me canse, hasta que reconozca cada mínimo detalle... Hasta que consiga creerme la ilusión de que es como verles en directo... Quiero ese disco ya. Ese primero que es infinitamente mejor que el primero. Que demuestra el estado de gracia, la forma de componer a chorro. Otro que ha encontrado un manantial con agua. Quizá no haya necesitado ayuda de un zahorí: puede que supiese de antemano donde ir a buscarla. Que ponga un pozo, por favor. Quiero seguir bebiendo, bañándome en esa agua. P.S. José Luis Manzanero se va a poner un teleférico. Nos lo dijo anoche en un estreno absoluto de esos que me gustan tanto. Otro que visto lo visto no hay que perder de vista (disculpen el trabalenguas, es que es sábado y “me sacan” a comer a un sitio nuevo y se me hace tarde) Feliz Fin de Semana. P.P.S. Por si miras por el agujerito entre tu periplo de vacaciones... suerte con el timón! P.P.P.S Ah y llamé a mi fierecilla para que oyese cantar a Alex, aunque sea desde lejos. Hacía mucho que no llamaba a nadie desde un concierto!!! Besos de todos los colores Ahora que sospecho que la felicidad no tiene buena prensa, no es tendencia, voy a poner esta canción mañana tarde y noche como terapia de choque para recordarme a mi misma que esto que provoca no puede ser malo, por sencillo que parezca. Y para recordarme también que no es habitual, por sencillo que parezca. NOTA: Este post es de hace meses. Hablé de el, creo en el blog de Kika, incluso. No sé por qué no lo puse, pero lo saco ahora de la nevera. Sigo disfrutando la canción! Luis Ramiro llena Libertad 8 como si fuese una prueba de “Qué apostamos”. Hasta los límites de las paredes, del ingenio de encontrar huecos donde no los hay, de la paciencia de las camareras que van y vienen. Luis Ramiro llena Libertad 8 y Galileo Galilei y decide su agenda sin consultarme, así que sus conciertos suelen venirme fatal y suelo quedarme con las ganas. Pero ayer todo encajó por fin, y conseguimos dos sillas de milagro, y él llegó pronto, probó sonido en una sala ya más llena que para muchos conciertos en los que he estado. ¿Cuál es el secreto? A lo mejor que no parece un trámite, un trabajo, una excusa para tomarse unas copas. A lo mejor que se sube ahí a tocar hasta que no quede tiempo, como los grandes, a contarnos sus historias, haciéndonos reír, a cantarnos sus historias (sus story y sus history, las de verdad y las de ficción, las que son verdad pero parecen ficción y viceversa) Se sube ahí, con el flequillo y los cuadernos (conté 3 pero como acaban de enseñarme a contar quizá me equivoque) y la guitarra y su voz característica. Nos regala canciones recién salidas del horno y lo que es mejor, la maravillosa sensación de que no está calculando nada, no ha hecho ninguna lista, no tiene un bis preparado. Va a Libertad 8 a tocar canciones y sin querer nos hace un show, con monólogos hilarantes. Siempre pregunta, ya saben que siempre pregunta cómo estamos, qué tal se oye, y yo le creo siempre. Se sube ahí y me parece de verdad. Cuela. Será teatro pero no lo parece. Parece él. Gustándose mucho más de lo que reconoce. Y gustándonos mucho al resto. No soy fan de Luis Ramiro. O no sé qué significa esa palabra. Es solo que me gusta ir a verle tocar. Que disfruto. Que no quiero que acabe, que quiero robarle sus cuadernos, meter las narices en lo que escribe, en sus juegos de palabras. La última vez que lo vi en Libertad 8 era octubre, y yo decía que la noche había empezado hacía muchos años pero que no sabía cuando terminaría. Puede que ayer. Quizá ayer. Porque volvieron a sonar las melodías de un ventilador, porque vi ese poquito muy poquito casi nada de Quique González. Esa uñita, esa motita. Y pasó lo de siempre: que lo escuché cantar, lo miré cantar, lo disfruté, me reí con sus bromas, fruncí un poco el ceño cuando no me hacía gracia, no supe nunca que hora era y odié a cada persona que tropezó con mi silla, me golpeó la cabeza, se enganchó con mi sandalia, me tiró de uno de los rizos, pasó por el medio, volvió a pasar por el medio. Porque me sacaban de la nube, del sitio exacto en el que quería estar, del refugio que se inventaba. Pasamos demasiado tiempo en messenger, y no vamos a conciertos. Eso dice. Será eso, que no voy lo suficiente a verlo a él, a que me cuente las verdades para que yo me ría, a que me cuente las mentiras con el tono de contar mentiras, para que no me engañe. Es Mr. Cantautor. Por aclamación popular. Porque no es el más guapo, quizá no sea el que mejor cuerpo tiene, puede que no tenga el pelo más bonito, y quizá no sea el más simpático. Pero nos juntamos a votar (irónicamente vía messenger) y ganó él, que lo tiene todo, que es de esos hombres que nos encanta sin necesidad de engatusarnos. Y diga lo que diga quien lo diga el mérito de sus antebrazos no era la luz. Y saben otra cosa??? Huele tan bien... Pero lo mejor es que durante las dos horas de concierto se me olvidó por completo que huele bien, que la espalda, que los antebrazos, que mr. cantautor. Porque solo podía escucharlo, muy atenta, concentrada en no perderle entre las cabezas y la gente. Javier Ruibal es experto en encantar serpientes. Por lo menos las mías. Anoche volvió a ser como el flautista de Hamelin, como el amansador de fieras. El que deja sin palabras con su timbre de voz prodigioso, su forma de cantar prodigiosa. El prodigio de sus músicos. Qué maravilla de bajo, que mandolina (o similar) tan preciosa, que guitarra maestra de digitación vertiginosa de arriba abajo y de abajo arriba del mástil. Pasando por todos los trastes. Por todas las partes. Y la percusión otra vez con la genética a favor. Así no vale. Así cualquiera. Con esa voz, esas canciones, esos músicos cualquiera no encanta las serpientes. Pero solo él. Sólo el puede así. De esa manera tan progresiva, tan sutil. Tan Ruibal. Tan lo que sea. Me da igual. En la tercera canción la serpiente ya estaba tiesa como una vela. Bailando al son que le tocaban, con la boca tan abierta... Con los ojos como platos, con la piel de serpiente: escamosa pero extrañamente suave. Y la lengua bífida. Y sonando a cascabeles. La música de Ruibal da ganas de quitarse la ropa: tan untosa, tan resbalosa, tan con tantas texturas. Tan maravillosa. No lo sé. No conozco los epítetos suficientes, las razones, las maneras de explicar la maestría del maestro que consigue incluso que olvide la incomodidad de una silla que resulta un potro de tortura para alguien tan inquieto y tan incapaz de estarse quieto y tan desquiciante como yo. Hay un niño del Serengueti que me mira con sus ojos desde anoche, hay un niño travieso que derrama agua, que deja correr agua, el bien precioso, hay un niño malcriado que me mira con sus ojos. Hay muchas maneras de hacer música. Hay muchos timbres de voz. Hay muchos métodos de trabajo. Hay veces en que Ruibal me parece gruñón. Anoche nada de eso. Decía que no estaba muy dicharachero pero que eso era lo de menos. Y tenía razón. Dimos palmas a descompás, destrozamos las canciones desafinando escandalosamente, alguien gritaba cualquier cosa en cualquier momento. Pedían canciones como si fuese un karaoke. No pasaba nada. Una vez un suspiro. Y seguir cantando, encantando a la serpiente que deja de pensar que ya es junio. Que se acabó lo que se daba. Que ahora encerrarse y aburrirse más de la cuenta. Cantando y encantando a la serpiente que quiere mudar de piel, quitarse la ropa, que baila sentada en una silla y comprende hasta que punto la danza del vientre cambia los ejes y los movimientos del cuerpo, por dentro y por fuera y eso sin darnos cuenta. Sin pensarlo. Sin saber aun lo suficiente. La serpiente que quiere mudar de piel y baila y se agita notando como se desliza el hombro izquierdo de su camiseta, preguntándose que pasa si Ruibal sigue tocando, obligando al movimiento, preguntándose si la piel podría caer entera... Sabiendo que no, pero deseando que sí. Porque las canciones de Ruibal dan ganas de quitarse la ropa. Y me acordé de Olga Guillot y las comparativas en “Cuando un ángel se desnuda” Y me hizo gracia que yo enviase “la bella impaciente” y luego “pa´ mi corazón” y anoche sonasen juntas pero al revés. Justo antes de “tu nombre”, de esa joya. Y un poco antes de “lo que me dice tu boca” que me salvó del tedio tantas tardes sugiriéndome historias basadas en detalles minúsculos. Y tantos puntos suspensivos... Los maestros son maestros por algo. Y se rodean de músicos que tocan las canciones como si les fuese la vida en ello, como si las estuviesen descubriendo para nosotros esa noche y no fuese un día más, una vez más. Como si no hubiese rutina. Como si no fuesen siempre las mismas notas. Hay algo en los buenos músicos que transforma una partitura en otra cosa. Que encanta las serpientes. “si cambia el corazón como cambia el aire” Siguen sorprendiéndome los ritmos y las velocidades. No dormí más que dos horas del viernes al sábado. Pero daba igual. No notaba el cansancio. Quizá fue la siesta esperando al bus. Al salir de la ducha vi en el espejo los ojos microscópicos y las ojeras gigantescas... Íbamos al Barbieri, sitio que no conocía, pero del que Kika ha hablado muchísimas veces en sus Realidades Paralelas como un lugar mágico y maravilloso. Quizá fue eso. El lugar. Al principio pensaba que el fantasma del Barbieri (que no duende) tenía algo en contra de Alejandro Martínez, quería boicotearlo porque le desenchufaba el micro continuamente. Pero luego comprendí que era al contrario. Que el fantasma sabía que Alejandro no necesitaba el micro para llegar a los rincones, para impresionarnos. Y era verdad. Y nos impresionó. Y “es bueno”. Su segundo disco es una promesa golosa que quiero en casa, porque soy una niña caprichosa e impaciente. Porque lo que escuché anoche me dio ganas de secuestrarlo y traérmelo a casa y obligarlo a cantar y cantar. Impresionante. “Sácame de quicio” es una canción que explica el amor masoquista que supuestamente nos encanta. A mi no. A mi que nadie me saque de quicio, por lo menos no en ese sentido. Pero como las canciones significan cosas diferentes para cada persona cuando decía “sácame de quicio, amor y muérdeme la piel” yo no pensaba en ningún tipo, ni ningún punto de sufrimiento. “Lo que habla es tu miedo y yo nunca pierdo el antifaz” y yo sonrío. Porque alguien que nunca se quita el antifaz tiene muchísimo más miedo que ese que dice “tengo miedo” porque ese tiene al menos la valentía suficiente para reconocer su miedo a cara descubierta y no esconderlo. Los antifaces esconden. Yo sonrío. Con la sonrisa de tonta, porque estoy ahí, dentro de esa historia, inmersa en ella pero a la vez lejísimos de todo eso. Boca loca. Otra que tal baila. Otra canción de estreno. Otra canción de disco nuevo y éxito. Otra de esas de: a veces me encantas y a veces me sacas de quicio. A lo mejor es ella, la de antes, la que no lleva antifaz y se enfrenta a los superhéroes diciendo “te tengo miedo” A lo mejor es ella, que harta de los antifaces a veces no se muerde la lengua y estalla, y dice “contenta me tienes” y luego decide que total que más da: la gente no cambia y algunos hombres no son capaces de quitarse el antifaz, los disfraces, las corazas y el atrezzo de golfo. Porque el atrezzo de golfo es muy cómodo y justifica lo injustificable: ya te dije que era un golfo no? Soy un golfo pero sincero. Pues no. A ti lo que te pasa es que tienes miedo del equilibrio, del igual a igual. Porque podrías volver a perder la partida. Y a ti solo te importas tú. Y sabes que ella es mejor. Y tanto antifaz, tanta norma, tanta frase hecha, tanta fingida y calculada indiferencia para acabar igual de enganchado pero en otra espiral: en una de “a veces quiero que me hables toda la vida y otras te cosería esa boca loca”. Mi cabeza reinterpretando los versos, sonriendo en los versos, porque el hombre del antifaz y la boca loca que le aguanta son solo personajes de una historia, y no me reconozco, aunque a veces haya ido a algún que otro casting para interpretarla, aunque conozca casos reales que no son leyendas urbanas. Aunque haya habido cenas de chicas con vino muy frío y manjares deliciosos en las que nos hemos reído de nosotras mismas y nuestras tonterías y los superheterosexuales como dice Menso (que también estaba, que me debe un concierto noenlunes, aunque no lo sepa) los superheterosexuales que ensayan tonterías de “teleflin” de antena 3. Aunque hayamos respondido tópicos típicos a las frases hechas y sigamos haciendo tonterías. Y lo que te rondaré morena. Pero vamos mejorando. Aunque sigamos cayendo a veces en la “obsesión”. (nosotras lo llamamos orsesión). Pero tenemos de nuestra parte una maldición que alguien se inventó en el año 98: tanta barrera y al final te recuerdo cada día por cada tontería, saltas al primer plano, apareces sin que te llame y no puedo borrarte, no puedo sacarte de aquí. Tanta barrera, tanta trinchera, tanta guerra semifría y mírame, confesando para conjurarte. Y yo era el listillo, el tipo duro de la chupa de cuero. Quiero el disco de Alejandro. Para seguir disfrutando de las canciones e inventando, o encajando las historias alrededor de las notas de su piano y sus dedos elegantes. Quiero seguir viéndolo crecer, subir, llegar a las nubes. Disfrutar como anoche. P.S Manzanero también estaba y fue brillante como siempre. Y estaba muy guapo (es guapo hasta romperse, escucho a mi lado) Y tocó la guitarra como siempre. Y me puso del buen humor (del mejor humor aun) que me pone siempre. Y se merecía muchas palabras, muchas cosas, pero ayer Alejandro me absorbió, me abdujo, me ganó para la causa. Y me siento sólo un poquitín culpable, porque sé que la próxima vez quizá sea al contrario. Cuando se trenzan dos cables buenos... P.P.S. Este post está en clave, pero poco. Es un guiño de ojo con sabor a batido de chocolate extra grande. Y sin remordimientos. Para seguir riéndonos después de confesar. Ya he dicho muchas veces que tenemos muchísima suerte. Hay una red invisible tejida y secreta que nos para las caídas al infierno. Y yo quiero ser un hilito muy pequeño, muy fino, pero resistente, como el nylon. Porque alguien paró los golpes para mi hace unos meses y creo en el karma. En eso que dice Drexler: “cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da”. Y ahora canturreo una de Chaouen “y pasea Madrid, al ritmo de mis pasos...” La foto es de David, esta vez ni Turner se le adelantó. El viernes retrasamos el comienzo del puente y mostramos (a nadie) que también hay abanicos musicales. Fuimos a la Sala Caracol a escuchar a Iratxo. Había otros dos grupos. De “Los vecinos del callejón” me acordaba porque me sonaban. De Raza Guaya solo me quedé con el raza (y con que el nombre me pareció ingenioso). Y cuando sonó en directo desde Central Musical andaba yo con la cabeza metida en un aburridísimo artículo sobre información/comunicación/conocimiento. Y de pronto la voz de Chaouen me sacó del infierno para demostrarme que las canciones también se descondicionan. Porque no recordé ninguna de las cosas a las que siempre me llevaba. Y de pronto entraba más luz (o mis ojos estaban más abiertos). Y la canción era diferente. Como si no la hubiese escuchado nunca pero a la vez la hubiese soñado alguna noche... algo sordo al fondo del cerebro. O concatenación de acontecimientos desafortunados en un corto periodo de tiempo. Así, con este título alternativo, llamó Joaquín Calderón a su concierto del viernes en la sala Clamores. Algo pasa con Clamores. Siempre es en esa sala donde se concentran las catástrofes. A pesar de todas las concatenaciones Joaquín Calderón es un músico increíble. Aunque no sea su día: bajista de repuesto que se aprende las canciones a contrarreloj, un teclista que no se sabe los horarios de los trenes y se baja de un taxi diez minutos después de la hora oficial de comienzo del concierto con una calma exterior digna de admiración... y lo que no sabemos, y lo que no nos contaron, lo que no vimos, lo que ni imaginamos. No sé a que hora empezó todo (no llevo reloj) pero muy tarde. Era viernes así que no excesivas prisas: retrasar el plan es suficiente. Sí sé que todo empezó invocando a Ana. Y jugando a las construcciones. Joaquín Calderón con la maquinita de grabar pistas es como un niño hiperactivo jugando al lego: rebuscando piezas, con los ojos entrecerrados y arrugas en la frente. Buscando. Mirando, poniendo la pieza, comprobando (escuchando) añadiendo fichas, sonidos, armonías, percusiones casi milagrosas con instrumentos de cuerdas... retumbares de cosas. Un concierto como jugar al lego. Con una banda que también juega al lego. Decía el reverso de la camiseta de Joaquín Calderón que en Japón es famoso. Aquí lo será. Anda ahora, parece andar ahora, preocupado por si gusta o no gusta lo que él compone. Dice que es cosa de azar, de que coincidan cosas imposibles de calcular. Estoy de acuerdo y no estoy de acuerdo. Pero no debería preocuparse: que escriba lo que le de la gana. Llevaba desde que la estrenaron preguntándome qué necesidad tenía el mundo de una película como “La pasión de cristo”. Ahora lo sé: que Joaquín Calderón compusiese “verde”. Sólo eso ya justifica la dichosa película. Estaba muy cansada el viernes. Muchísimo. Cansancio físico y del otro. Hace mucho que no hablo de mi insomnio, no porque se me haya curado, sino porque es primavera, hay mucha luz, y me cuesta menos, me llevo bien con él. Vive conmigo desde que recuerdo. Desde mis primeros recuerdos literalmente. No tengo ningún problema en confesar que no descanso, que duermo muy pocas horas, que cuando consigo dormir la siesta es que estoy enferma o al borde de la muerte por vigilia... Así que me sorprende escuchar a Calderón decir que hay gente que no descansa igual que hay gente que va al psicólogo y no lo dicen. No sé. También dice que no tiene nada de malo ir al psicólogo y yo pienso que sí: significa que uno está enfermo. No me gusta ir al médico. A ningún médico, para nada. Me llevo mal con los médicos cuando llevan bata blanca. Y justo después recostada en el sofá rojo escuchando desvelo con los ojos cerrados, y un descenso en mi tensión y las ganas de quedarme así hasta el final del concierto. Volviéndome a sorprender dos canciones después reviviendo milagrosamente al ritmo de una orquesta que suena con fuerza y la voz de Joaquín llegando casi al grito, a un grito musical y armónico que alcanza el punto más alto cantando “anudados” diciéndole a su hijo: “rompe los juguetes y juega conmigo” Juega conmigo a poner y quitar piezas a un lego sonoro. Amy Winehouse canta como si no le costase nada. La voz sale potente, grave, oscura. Quizá no sepan de quién les hablo, pero puede que recuerden también su maravillosa versión del “Will you still love me tomorrow” para la banda sonora de Bridget Jones 2. Siempre me pareció una canción de lo más cursi, pero cantada por ella... todo matices y ni una gota de merengue. Más bien la tristeza de saber la respuesta mezclada con el “qué diablos: hoy es hoy”. Tiene 23 años y una biografía cargadita de perlas: bulímica, anoréxica, alcohólica, agresiva y nosecuantas cosas más. A lo mejor es la mezcla entre la voz atmosférica y la biografía tormentosa la que hace que me recuerde a Billie Holliday. Y he oído también decir que parece hija de Tom Waits. Da igual. Ha publicado dos discos de los de humo, ventiladores de palas, ambientes cargados y cabezas que dan más vueltas que las aspas. Y suena por todas partes. Acaba de ganar un Brit Award a la mejor artista británica del año. No sé si es la mejor, no confío mucho en los premios de “la industria” aunque los Brit... Qué más da!. Amy Winehouse, que tiene un apellido muy acorde con sus gustos, es buena. Muy buena. (me parece buena, muy buena) Ahora suena “Me and mr Jones”. Canción de bajar escaleras (no escalones) haciendo poses, o... bueno: escúchenla seguro que se les ocurren otros escenarios para bailarla. Mientras, por la ventana abierta, se cuela el sol... Millonario de luz fue la canción amuleto de mis primeros exámenes universitarios. Es de Ricardo Arjona, un guatemalteco que me “presentó” Sarita allá por el año 97. Llegué a su tercer disco y pronto investigué hacia atrás. Como hago siempre que alguien me gusta mucho. Me gustan las comprometidas, las intrascendentes, las de amor, las de desamor, las que cuentan historias. Me gustan casi todas. Las de bailar y las que te estrujan las vísceras cuando menos te lo esperas. Me gustan sus enumeraciones salvajes, las formas sencillas de decir lo complicado. La aparente claridad. Otro de los de las capas de barniz y las vetas por debajo... Ahora la gente le conoce en España por el del dueto con Chenoa: “Pingüinos en la cama” creo que se titula. Hace un par de años Bertín Osborne demostró como se puede destrozar una canción reinterpretando “El problema” de su disco “Santo Pecado”, exorcismo de un divorcio enconado. Yo no sé por qué exactamente me gusta tanto ni qué fue lo que me hizo quedarme aquella primavera, ni por qué hay canciones suyas de las que no me canso nunca, ni entiendo tampoco muy bien por qué llevo cantando por dentro algunos versos de su nuevo disco con recurrencia durante los últimos meses. Pero lo que es evidente es que las cosas importantes empezaron en febrero del 99, cuando yo daba saltos en un colchón pegado a la pared cantando “Millonario de luz” con el mismo optimismo inocente e infantil que ahora, hace unas horas, mientras cantaba a gritos eso de “y mientras la bolsa se derrumba en wallstreet tu me haces un estriptis tan personal como un lunar, yo no puedo ser rico sin ti ni pobre cuando estás conmigo”. Aunque mi favorita sigue siendo “millonario de luz” les recomiendo Adentro, su último disco. Hay algunos versos demasiado exactos, sorprendentemente exactos, como algunos poemas de Hierro. Pero de eso mejor hablo otro día. P.S. Querría haberles puesto otros enlaces además de estos, pero no los he encontrado (millonario de luz sin ir más lejos...) Leo Minax me enamoró en agosto. Una tarde de domingo en agosto, con un Madrid casi vacío, un calor sofocante, y el Buho Real lleno. Ya conté entonces que había ido acompañando a mi hermana. Era una novedad interesante. Ella lleva más bien la división internacional en lo que a música se refiere y suelo ser yo la que le presenta a los músicos del panorama nacional. Aunque ahora que lo pienso, Minax es brasileño. Mi favorita de “aulanalua”, su último disco, es “Tempo de samba”. Ayer empezó el concierto con “Tiempo de samba”, la versión en español de esa canción. Como si supiese algo de mi teoría de los buenos principios. Sin saber lo muchísimo que me gusta esa canción, lo bien que me hace sentir. Y yo pensaba en el parquet de mi salón, mi pista de baile privada, en su disco sonando a todo volumen por mi casa, en mi bailando por el pasillo con esa sonrisa que hace brotar. La sonrisa que la voz de Minax produce es una dulce, tranquila y apacible. De tiempo detenido. Y ventiladores de palas girando. La sala llena en un día en que en Madrid había competencia estelar: Ruibal en Clamores. Esta vez no tuve duda. No tuvimos duda. A veces el público puede ser maravilloso: canta, baila, hace coros y entra a todos los trapos. Viendo las diferencias creo haber encontrado la clave. Es la masa. Cuando la sala está llena nos sentimos protegidos: nadie nota lo mal que cantas, nadie nota que te confundes en la entrada al estribillo... nadie lo nota. Fue un concierto interactivo (pienso interativo, que es como probablemente Leo Minax pronunciaría esta palabra) con el “cacharrillo” como él lo llama (no sé como se llama en realidad) para hacer loops y grabar pistas y repetirlas mientras por encima suenan otras cosas. Y claro, el anuncio de la baba de caracol, el inglés en mil palabras, la alineación de Frade para que el Madrid salga de la crisis... Y una música de macrodiscoteca sobre la que acabamos gritando “Es un sabotaje” con gran convicción. Fue un concierto muy divertido, y la versión de “oídos sórdidos” quedó fantástica con la ayuda de Tony (el lagarto educado y simpático que le cae bien a todo el mundo y nos daba la entrada para cantar a nosotros, los gatitos de escayola) y sin la ayuda de Mariano Do (el lagarto que suelta fuego por la boca). Y tuve todo el rato la sensación de estar en un paraíso tranquilo, un paréntesis maravilloso y en mi cabeza todas esas cosas que la música de Minax hace aparecer, todas las imágenes, las promesas de felicidad, los hilos de sedal tensos pero resistentes... En “labios de sal”, la última, un verso de Luis Pastor, uno que ya había oído, pero quizá nunca escuchado hasta ahora, disparó el botón: robando papel y boli para escribir algo. Esa necesidad imperiosa, el ahogo, escribir algo. La urgencia. Salir de allí, del paraíso, del paréntesis que Leo crea siempre, meterme en la cueva pero queriendo volver pronto a la superficie porque el paraíso se acababa, era la última canción. Minax me baja la tensión y me deja en una especie de duermevela. Hay muchos estados alterados de conciencia o a lo mejor todos son el mismo... P.S. Muy interesante el pre-concierto con Kika, su madre y una amiga de su madre. Hablando de política, de cuotas, de relaciones internacionales, de huelgas, manifestaciones, películas y libros que te cambian la vida y te rompen los esquemas. Kika ya lo contará en condiciones para Central Musical. Yo voy a contar lo que me de la gana “quieren patos, quieren patos” y “no te pega nada un bluetooth” son cosas que no deben decirse a un duende. Háganme caso. Luego el duende piensa que eres tonta... Pero casi todo tiene arreglo, y más si el cumpleaños del duende es el 8 de noviembre (dato q me pasa mi hermana, desde la optimización de su memoria). La mía es un desastre así que me tengo que apuntar mails, fechas y teléfonos. Pero en cambio no olvido las diversas borderías que voy soltando a diestro y siniestro, casi sin darme cuenta. Defectillos que tiene una... Ayer era un día muy bueno para hacerme confesar. No necesitaba ni foco, ni a Harry el Sucio pisándome con su bota, ni siquiera que me metiesen en un cuartucho de falsos espejos. Por no hacer falta, ni hacía falta preguntarme nada. Sólo pararse a mi lado más de 15 segundos y habría confesado casi cualquier cosa... No estaba borracha. Estaba feliz. Que es diferente. Es marzo, segundo aniversario. Y salen los tigrecitos-hologramas a dar su versión de los hechos: no me queda muy claro si la especialidad de Cifuentes es el pollo con arroz o el pollo al chilindrón. NO es asunto baladí. Porque yo hago un pollo con arroz de puta madre, pero en cambio no tengo muy clara la receta del pollo al chilindrón... Conceptos claros de los orígenes: calle Granada y Raul Martín aguantando marea de los vecinos. Iba de vecinos la cosa: la apasionada pareja que comparte tabique con Kiko Tovar no le deja dormir de tanto golpeteo del cabecero y tanto gemido. Se queja... es muchísimo peor mi vecina: un bebé llorón y ella que en cuanto suena un muelle más tarde de las 12 llama a la policía o aporrea las paredes, en función de su nivel depresivo... Me comentan que hay gestores de vecinos muy buenos, que incluso podrían llegar a la optimización. En fin... no estoy siendo muy ordenada en la ... ejem... narración?? Del concierto aniversario. Empecemos por el principio Había diseñado mi preparación para el Segundo Aniversario de los Tigres como la entrega de los oscares para las actrices, aunque no opten a ningún premio: con una sesión de relax acuático pero sin rotura de cremallera de vestido de alta costura. El plan original era salir de la clase de jazz (el baile, que no tiene nada q ver con la música), meterme 15 minutitos en el jacuzzi de mi gimnasio-spa de barrio, volver caminando/flotando tranquilamente a mi casa, darme una ducha de 20 minutos oyendo buena música (nada de los protagonistas de la noche, para no saturarme), vestirme tranquilamente y salir serena, zen y bella de casa hacia la sala galileo-galilei. Pero la cosa se empezó a torcer desde primera hora de la mañana. Imposible imprimir las puñeteras entradas en el cajero correcto lo que me obliga a ir a la hora de comer tres paradas de metro más allá buscando una sucursal en la que la impresión de entradas funcionase. A las 3 por fin las tuve impresas y en mi poder. Justo entonces me di cuenta de que hacía una tarde de primavera preciosa: me sobraba el abrigo. Calculé muy rápido y decidí que prefería tardar más en llegar pero ir paseando. Eso hizo que comiese a la hora de la merienda, pero mereció la pena... perderme jazz y el jacuzzi y todo. Fregar los platos con el Black Coffee de Billie Holliday y la sensación del sol en la cara todavía reciente. Llegar a la sala y colarme. Directamente. Saltar el cordoncito como si llevase haciéndolo toda la vida: saludar a gente que no conocía de nada con pinta de saber a donde iba. Ver el final de la prueba de sonido y tener la sensación de que el aniversario es este año, también un poquito nuestro: que hemos sido fieles a los tigres mes a mes, como si nos diesen comisión. Pero no nos dan comisión, sólo un show mensual de cantahumor. Ni más ni menos que un show mensual de cantahumor. Esperaba muchísimo de este aniversario y ya se sabe lo que pasa cuando se espera mucho... fue un conciertazo pero me supo a poco. Me divertí, me reí, bailé, me reí más, me divertí más, bailé más, canté (o cantuve, o lo intenté) Abrí la boca con ese vestida de domingo espectacular. Con la espectacular voz de siempre: dice Raul Melgar que se nos ve el plumero cifuentista: y yo le respondo que yo voy con el plumero por delante, enseñándolo. Hay cosas que son imposibles de esconder, y yo no pierdo el tiempo en imposibles... Chaouen volvió a salir a cantar corazonada como si no la fuese a cantar en realidad pero acabando por bordarla de un modo extraño, con la desgana de los buenos... no sé como explicarlo. Luis Ramiro poco brillante en Poltergueist. Él puede hacerlo mejor y nosotros lo sabemos, así que no nos vale... Kiko con un bozal comprado para la ocasión siendo un cruce perfecto entre Hanibal y nuestro loco de atocha (ya buscaré el enlace). Me encanta el “quién ha dicho eso, quien ha dicho eso”. Y claro: lo importante: el 5º tigre definitivo, el fichaje: José Luis Manzanero, que el año pasado vino como pegado a Diego Cantero y este año era el prota del aniversario. Nos gusta el fichaje, nos gusta mucho, lo llevamos diciendo mucho tiempo. Lucía Caramés con su voz de llenar espacios grandes llenando espacios grandes. Y haciendo nuevas “fanes”. Mesa compartida con Ro y Marta directitas desde Sevilla (la ciudad, no la parada de metro) a una mesa en Galileo Galilei y con un regalo: la primera maqueta de Joaquín Calderón para mi uso y disfrute. Así da gusto que le hagan a una visitas!! Tecleo esto sin haber escuchado nada pero intuyendo que me va a encantar. Y veo y es tan largo y quedan tantas cosas en el tintero y se supone que dentro de 6 horas tenemos que estar en La Latina... Menos mal que la encargada de la crónica es Kika... Besos felinos a los que habéis llegado hasta aquí. Si sabéis como es un concierto tigrés habréis entendido algo... Si no, deberías ir y disfrutarlo. Me agarró por la cintura como si fuésemos a empezar a bailar un tango en aquel pasillo. Uno porteño y arrabalero. Uno arrastrado por el suelo, no uno de salón. La primera vez que vi bailar tango tenía 12 años. Y no se me ha olvidado... Era una exhibición: argentinos de pura cepa, bailarines profesionales y de renombre. Vestidos rojos con aberturas vertiginosas. Me pareció dificilísimo y precioso. Y me gustó aquélla música. Luego descubrí que podía ser aun mejor: como el tango que se baila en las calles, sin vestidos con 10% de lycra pero con tacones vertiginosos y abandono. No me gustan los bailes de salón. De nunca, y no sólo ahora que tantos “famosos”fingen que bailan. No me gustan los bailes de salón por mecánicos, por rígidos y por estar poco atentos a la música y a la persona con la que se baila y más pendientes de la floritura. Prefiero la salsa, la bachata, el merengue, la samba, el tango, el vals y todos los bailes como los hace la “gente normal”. El tango nació en los burdeles a principios del XX. Con letras explícitas y movimientos explícitos. Pero se fue transformando en algo más espeso y más sutil. Más interesante y más bonito también. Empezó entonces la “nueva guardia”. Ahora aparece el tango fusión con gente como Gotan Project, por ejemplo (Gotan es un sinónimo de tango en lunfardo). Él me cogió por la cintura como si fuésemos a bailar un tango en una “milonga” argentina. En uno de esos locales de mediados del siglo XX que ya no eran prostíbulos pero tampoco los clubs a los que iba la alta sociedad. Una de esas milongas donde se bailaba como a mi me gusta. Arrabalero y porteño. Donde los pasos se hacían casi por instinto o por química. Y todas esas idas y venidas que son sólo, ni más ni menos que un poco de teatro (un poco nada más). Parecía que íbamos a bailar un tango no solo porque me cogía así por la cintura y me apretaba contra él, sino porque me olfateaba el pelo y yo ponía cara de tanguera y me venía a la cabeza la letra de “Así se baila el tango” y esa versión de Adriana Varela. P.S. Hablando de Adriana Varela y de Tango fusión: Les recomiendo mucho mucho pero mucho “Perfume” de Bajofondo Tango Club, con la colaboración de la Varela. El disquito donde está esta canción ganó un Grammy Latino (ya, ya sé que Bisbal también, pero dárselo a Bisbal no tiene gracia que vende millones de discos). Es tango electrónico (o como se llame) a mi me parece brutal y la letra, es de Drexler. Nota para Hoardings: a lo mejor hasta te gusta y todo fíjate lo que te digo... Yo no soy nada partidaria de la objetividad periodística, ya lo saben, mi escuela, en la que me enseñaron, es la de la honestidad (no necesariamente brutal) quiero decir: si uno fuese objetivo tendría que no tomar partido por las víctimas en caso de atentado terrorista, por ejemplo. Bueno que me voy. Que no soy objetiva, es evidente, y que anoche no tenía nada de periodista: iba al concierto en modo “fan muertita de las ganas”. El de enero no pudo ser por cuestiones de agenda. El de febrero tampoco iba a haber podido ser, pero ahí estaba yo, pidiendo permiso al gurú del baile a menos de un mes de la actuación con público. La causa era Lucía Caramés. Valía la pena el esfuerzo. Lucía tiene nombre de prota de canción, es una mujer menuda de ojos oscuros y brillantes. Muy expresivos. De voz dulce. Me cae bien, que le vamos a hacer, no la conozco de nada, pero me cae bien. Y tenía un poco de miedo: "a ver si va a ser que voy vendida de antemano y haga lo que haga me va a parecer estupendo y se me está yendo el poquito juicio que me quedaba..." etc pero cuando alguien empieza a cantar y se me pone la carne de gallina, literalmente y me da la sensación de que le sobra voz para un sitio tan pequeño, entonces sé que no depende de mi buen juicio, que simplemente la voz de Lucía llega a los sitios de las reacciones involuntarias con mucha potencia. Muchísima potencia. Me hace gracia eso de “si quieres pierdo la razón, pero seguro que a mala gano yo”. Porque he oído muchas veces a muchas mujeres decir cosas parecidas. Cuando ya no pueden más. Suele ser el grado máximo de peligro, el siguiente paso es dejar de jugar al frontón y coger la raqueta. Yo creo que mi grado máximo de peligro es “él sabrá”. Lucía dice muchas cosas de esas de “fiesta de pijamas” de esas que se hablan entre amigas, quitándoles hierro, dándoles el toque de humor a cosas que muchas veces no tienen ninguna gracia. Canta por ejemplo “que me acusen de cobarde, yo no pienso destrozarme” y casi inmediatamente después “Vivo al límite” una canción que me huele a veranos adolescentes, a playa, a baños nocturnos, a risas resonando en la noche. A esos momentos en los que no nos dábamos cuenta de los riesgos o a lo mejor no había riesgos... Y algo que dice luego me trae a la mente los ojos verde virgen extra. Los ojos más verdes y más oscuros que he visto en mi vida. Y que ya miraban así hace tanto tiempo. Ojos de gitano de los de Lorca. Mi madre siempre dice que ella quería ser un hombre, que le gustaba más el otro papel en la obra de teatro. A mi no me pasa nada de eso. Porque yo no creo que seamos unas brujas entre nosotras, porque yo no creo que nos mintamos diciendo “que mona estás” ni ninguna de esas gilipolleces y porque me encanta que pasen cosas como las que pasaron anoche y Lucía Caramés se suba a un escenario, llene a reventar la sala un lunes, salude con voz dulce y tímida , nos cuente cosas del fantasma que hace fotocopias en el edificio de correos, nos presente a un Carlos Aguado impecable tocando la guitarra con precisión de maestro, convirtiendo el “blues de la soleá” en un blues de los de toda la vida, mientras Lucía canta maravillosa, poniendo los acentos donde hay que ponerlos, siendo suave cuando hay que serlo y nada de eso importe porque yo sólo pueda pensar en que entiendo, que la entiendo... Como esas mujeres de Mongolia que se inventaron un lenguaje nuevo porque los hombres no las dejaban hablar, nos está diciendo muchas cosas, y las estamos entendiendo tan bien en ese nuevo código encriptado que se nos pone la carne de gallina. Y salgo de allí con la sensación de que tenemos muchísima suerte, pero muchísima. Dicen los que saben que Ludovic Navarre murió de éxito con Tourist. El mejor disco de electro-jazz (o como se llame) de la historia, según algunos crítcos (a ver si encuentro los enlaces). Navarre es el líder de Saint Germain. O Saint Germain es su pseudónimo. Es de 2000 este disco. Salió en abril, lo compré en junio. Eso quiere decir que llevo casi 7 años disfrutándolo. Y que me supo a poco, así que luego di marcha atrás, investigando, hasta conseguir toda la música que hizo desde el 93 (cuando yo no había escuchado ni siquiera jazz o no sabía aun que eso que escuchaba algunas veces en algunos sitios, nunca en casa, se llamaba jazz). Me enganché con “Sure thing” los graves me resuenan en la caja torácica todas las veces, como si no hubiese escuchado tantísimo esa canción. Pero no importa. Siempre se me agarra igual. Y lo pongo muchas veces de fondo. Cuatro o 5 canciones en una lista de reproducción aleatoria de esas que me gustan a mi, que mezclan cosas imposibles para mi uso y disfrute. Me da pena pensar que no habrá más. Que esto es todo lo que hay de Saint Germain. Y a la vez pienso que hay músicos que nunca logran hacer una canción como “Sure thing” o “Pont des arts” de esas que uno no se cansa de escuchar, y que sin decir ni una sola palabra provocan tantas sensaciones. Como si proyectasen luces de colores sobre una pantalla gigantesca, como si cayesen gotas de líquidos con extrañas densidades formando dibujos imposibles. O como si esas dos cosas pasasen a la vez y uno no supiese bien dónde mirar. Eso pasa con los instrumentos y las máquinas que Saint Germain mezclan con maestría en este Tourist delicioso que sigue aquí, que seguirá tanto tiempo. Aunque me lo robaran, junto a la discografía completa de quique gonzalez, la de Chaouen, la de Jamiroquai la de Drexler y un par de discos de Morcheeba, hace casi dos años, cuando me los mandaron por correo porque me los dejé olvidados y pensaba que no podía vivir sin ellos dos meses... Irónico eh?, por no esperar dos meses los perdí para siempre... No he conseguido recuperar todo lo robado, pero una de las primeras cosas que repuse fue Sure Thing. Porque hay días en que necesito esta canción. Simplemente. Y no sé por qué. Y otra vez las razones no me importan... P.S. No he encontrado el enlace. Hace siglos que leí aquello de que había muerto de éxito. Me da rabia no poder ponerlo aquí porque estaba muy bien escrito y contaba que todo el mundo pensaba que nada podría superar al Tourist, incluso el propio Navarre...Que lo compuso a los 30 años en un estado de gracia tan grande que probablemente ni el mismo pueda superarse. Yo espero que el tiempo no les dé la razón. Y me admiro de que no haya aprovechado el éxito sacando cualquier disco de calidad inferior. Pero os dejo a cambio un enlace donde podréis encontrar varios vídeos suyos. Y el de Sure Thing está aquí No me quedaban demasiadas fuerzas para sonreír el domingo por la noche. Cansada y atrasada en el plan maestro. Harta de pasarme un domingo con las narices metidas entre cosas que no me interesan en vez de estar en ARCO o tapeando por la latina o tomándome un café... Además el Barça había vuelto a perder... Y llegó una canción. P.S. La imagen, lo han adivinado, es uno de los besos más famosos de la historia del cine. Un fotograma de "De aquí a la eternidad" que dió bastante que hablar en 1953 (año en que según google se estrenó esta peli). Los actores Burt Lancaster y Deborah Kerr... El tandem Cifuentes/Martínez se llevó a un amigo el jueves a Libertad 8 (Leo Minax, creo que se llamaba el amigo) . Llenito de gente. Nuestra mesa esta vez (bien), compartida con unas chicas que me tomaban el pelo por mi conocimiento de las canciones, incluidas las de “este” (“este” era Leo Minax). Yo con esa aceptación de lo evidente tan cómoda... Sonia y yo estábamos en la semana de la “tematización” que visto lo visto va a durar igual q dura aun la semana de la tronchez y el biplacismo y todas las tonterías q nos inventamos. La semana de la tematización empezó con dormitorios tematizados: primero teníamos uno egipcio con dátiles y todo. Es un paso más en el "Pornonova: diseña tu propia fantasía". Luego pasamos a los hoteles banqueta con todas las habitaciones tematizadas. Vemos el negocio clarísimo. Nos falta un fuerte inversor. El caso es que fue un concierto tematizado también (obsérvese como al leer muchas veces la palabra dan ganas de usarla): Alejandro Martínez quería que Libertad 8 fuese un gran estadio y convertimos libertad 8 en un gran estadio. No sé que opinará el vecino de arriba de esto de las tematizaciones. “La abandonada tiene digamos 30 o 40 años” dice Alex ante mi estupefacción. Coño, que casi tenemos 30 nosotros, no disimules, y a los 30 nada de dignidades desmaquilladas. A los 40 sólo a veces, pero a los 30 en ningún caso, por muy mala vida que uno quiera llevar. Y se te descuadra lo del hijo imbecil. Yo a la abandonada que la veía más bien decrépita... luego me creo que entiendo las canciones pero es evidente que no me entero de nada. Es la primavera que se aproxima, es el aniversario, es lo que sea, pero ese estado de gracia... Esa perfección... Ese salirse por las costuras... Otro concierto de los de no olvidar nunca. Dos estrenos interesantísimos. Algo sobre un cuadro de Klimt y versos que se graban. Cambiando el orden: belle de jour al principio. Va a ser verdad q se liaron con el repertorio. Porque belle de jour tan pronto solo es mala señal y el jueves no parecía nada de eso (hoy ya no es jueves, ahora que lo pienso). “Faro de mar” con Alex a la guitarra. Mucho mejor que hace un mes. Los buenos principios... y los no tan buenos finales. Una petición del público un poco fuera de sitio (en mi opinión, claro, seguro que el peticionario estaba encantado) hizo que terminásemos con un Through the light que simplemente no pegaba. Leo Minax insistió en que le ayudásemos a destrozar su preciosidad de canción con los coros y Cifuentes se unió al club de los cantantes que disfrutan escuchando al público desafinar... pero el público ha visto las galas de año nuevo y sabe hasta hacer playback y de todo... Me gusta “Primero” de Alejandro Martínez. Es la segunda vez que la escucho. Los versos me van haciendo sonreír, necesitaría apuntarlos para recordarlos y que no me sorprendiesen cada vez, aunque también está bien que te sorprendan... La nueva de Alex decía algo de buscar una constelación. Por lo visto Leo Minax pone música a las canciones y cocina y sirve vino. Bien. Que sigan empachándose y emborrachándose. Que el tandem se convierta en trío (mira esta de los tríos era otra tematización de hotel. Habíamos pensado en una cama triangular.) En fin: lo de siempre: impresionante la voz de Cifuentes, preciosos los pianos de Alex. Que duren mucho algunas de esas cosas a las que tan rápido me acostumbro (hay otras a las que no me acostumbro nunca, en cambio). Buenas canciones bien cantadas. Nuestro rinconcito, martini blanco con mucho hielo. Risas. Tonterías. Conversaciones banales. Lo de siempre. Nosotras yendo a escuchar buena música, con todo lo que nosotras somos. Y ellos haciendo buena música. Como debe ser. P.S. La imagen es, claro, un cuadro de Klimt. En realidad un fragmento de uno de ellos. Del tercero de su serie “serpientes marinas”. Casi todo el mundo conoce a Klimt como “el de el beso”. Pero pintó muchas mujeres mórbidas. Sólo he escuchado esa canción una vez, pero decía también algo de domingos de resaca... por eso la elección. Andrés Suárez me suena de vista. Desde hace quizá 2 años. Tengo muy mala memoria para los nombres, las fechas y los números pero se me graban caras y maneras de andar y algunos gestos. A Andrés Suárez lo he visto muchas veces de público de Quique González. O por lo menos estoy casi segura de que era él. Y lo he visto muchos días de los de café sin más (sin concierto, quiero decir) en Libertad 8. Pululando. Estoy casi segura de que era él. De lo que no tengo ninguna duda es de la primera vez que lo escuché cantar: un domingo del último verano y Miguel Dantart llenando el escenario. Haciendo hueco para una voz que se escucha en la caja torácica en vez de en los oídos. Estoy viendo su concierto (el de Andrés) del 29 de enero en diferido (hay un complot internacional y programan los conciertos que me interesan el lunes). Ha vuelto la fiebre y el mareo, se agudizan los dolores y los ojos pesados. Central Musical me libra de los programas de mañana que me aburren mortalmente. El concierto en cambio no me aburre. Suena bien. Conocía sólo dos canciones suyas hasta la fecha. Una de ellas es la que empieza el concierto. Supongo que fue su forma de mitigar los nervios: elegir para empezar una que ha tocado muchas veces ante públicos que no son el suyo. O a lo mejor la razón es otra. Me da igual. Es un buen principio. Y a Tontxu es para darle como a un niño chico. Cuando alguien no puede dar más de sí no se le puede exigir nada. Pero cuando alguien SABE hacer las cosas, y las sabe hacer bien... Para darle unos azotes... Menos mal que Tontxu tiene amigos que le permiten redimirse. Amigos como Andrés Suárez que le invita a subir al microescenario de Libertad 8 y demostrar que SABE aunque a veces no quiera. Una pena que todas aquellas personas que abarrotaban Clamores se lo perdieran. Hablábamos el otro día de como han aumentado enormemente las búsquedas en google de los que lo bordaron aquella noche de homenaje... Paciencia, así se llama la canción que más me gusta este mediodía. Quizá la fiebre influya porque es como una nana con ese saxo. Y la lengua de decir cosas dulces, tan dulces como la miel en la garganta. El lunes llegué a casa antes de lo que suelo, por la misma razón por la que ahora escucho la voz de Andrés Suárez en vez de hacer lo que tengo que hacer. Por la misma razón por la que estoy acurrucada en un sofá. Llegué a tiempo para escuchar el final. Sólo la última canción. Un trocito de la última canción, mejor dicho. Otra vez será... P.S.: Dice el termómetro que tengo 39º ahora mismo. Pero creo que no deliro. P.P.S.: La foto es un recorte de una que se publicó en el Diario de Burgos. Me ha costado encontrar una que me convenciese... me gusta “La carretera II” de Julio Iglesias. Fue la banda sonora de todos esos viajes en autobús con los auriculares puestos y una peli muy mala en la pantalla. Iba a verle a él. Volvía de verle a él, de respirarle encima. De vivir. Porque lo que no era con él simplemente no era. Uno de esos viajes de vuelta se me acabaron las pilas (bueno, no a mi) yo iba en el asiento más cercano al conductor, así que me conformé con su radio. Y sonó esta canción. Fui consciente del efecto que provocaba en mi cuando escuché “los semáforos me aturden, de frenar y acelerar y esa angustia que me mata, que me va a descerebrar...” M30 a la altura del Vicente Calderón, domingo a la salida del fútbol. Atasco. “y la rabia de quererte de manera irracional” llovía, era de noche, hacía frío y yo ya descontaba el tiempo hasta el próximo viaje... Siempre digo que las cosas que nos llaman la atención, que se quedan con nosotros a lo mejor no nos producirían el mismo efecto en cualquier otro momento... Hace mucho. Hace el tiempo suficiente para que ahora pueda escribir de ello sonriendo. El mismo día que lo conocí sentí que había llegado a casa. Luego aprendí que me equivocaba. Después comprendí la suerte que tenía. Hay errores que merece la pena cometer. Hacía mucho que no la escuchaba. Pero el otro día la zapatilla dijo que la versión de Careless Whisper de Iglesias era mejor que la original. Careless Whisper ha sido banda sonora de bastantes baños de espuma. Así que la descargué para comprobarlo. Prefiero la original sin ninguna duda. Pero eso me hizo volver a “la carretera II” siglos después. Me sigue gustando, aunque ya nunca viaje en autobús. A veces el quinteto de Román Filiú suena como si una cortina de agua le cayese a una por encima. Lentamente primero, luego aumentando la presión, cuando una ya está totalmente empapada, con el pelo bien pegado a la cara, para después relajar esa presión cuando los músculos empiezan a doler de puro alivio. Algo así, pero en jazz. Otras suenan como una de esas largas noches de verano al lado del mar. Una de esas noches con cielos estrellados y cenas en terraza y vino blanco en cubiteras, y condensación en los vasos, infinitas copas, arena de playa, ruido de olas, mareas subiendo, rumores de cosas. Pies descalzos. Pueden ser también como un oasis en un desierto caluroso, y una bandeja de dátiles jugosos y agua helada, para beber de un trago. A veces el quinteto de Román Filiú son solo uno, y otras son 5 músicos tocando por su lado y confluyendo de un modo extraño. Eso es jazz. Supongo. Jazz sin apellido, aunque el contrabajo tienda a apellidarse más “latin” que ninguno y a bailar con su instrumento con un perfecto y salsero juego de hombros y la sonrisa perenne. Aunque el percusionista a veces parezca el principio de una saeta, mordiéndose los labios con saña. El piano limpio y fuerte. Festivo esta vez. La trompeta como un torbellino. Los juegos de espejos, el humo. Copas en vaso ancho. El invierno en Lisboa. Un invierno cerniéndose sobre Madrid, o eso dicen. El jazz me parece pura atmósfera. Me agita por dentro, provoca microondas dentro de mi. Me deja hirviendo, aunque por fuera parezca ni siquiera quemar. Sólo los ojos febriles dan una pista. La mente se me va de viaje. No sé a donde, no sé como. Mientras viajo miro como una falsa experta la compleja partitura, tan indescifrable para mis nociones básicas de solfeo, tan bonita no sé si por indescifrable. Sigo viajando. No sé explicarlo. Hay a quien le aburre el jazz, hay a quien le cansa, hay quien no lo entiende, quien dice que no tiene melodía. Yo no sé. Pero me encanta, nunca me cansa, nunca me aburre, quizá no lo entienda tampoco... Qué más da. Román Filiú Quintet llevaban una semana en el Café Central de Madrid. De lunes a domingo. Anoche fue la última ocasión, de momento. Y Pablo Milanés no se lo perdió. Pero volverán. Al central y a otros sitios (a partir del 24 en el New Club, en cuarteto). Interpretaban su primer disco grabado en España. “blowing reflections”. Juegos de espejos, fotos de viajes... Escúchenlo. Luego decidan. Supe que Basilio Martín era Basilio Martín gracias a Quique González. Otra de las cosas que hace tan grande a Quique González es que da mucha importancia a su banda, importancia de la de verdad. Los pianos de Basilio ya me habían encantado con Antonio Vega. Pero no recordaba su nombre. Soy muy mala para los nombres. Después lo vimos con los Greenwich Village. La primera vez fue aquella noche en la que González nos dejó con ganas de más a las eternas insaciables y fuimos a verlos a ellos al Honky Tonk (recuerdo aquel trozo de seda que llevaba puesto yo). Le debo a Basi mucha buena música, muchísima. A él y a sus manos prodigiosas y a su elegancia. Quique aun no ha conseguido encontrarle un sustituto a ese prodigio. Anoche era el homenaje benéfico a Antonio Vega en Clamores. Nata, mi hermana y yo íbamos sobre todo por Basi. Yo no voy a verle con Antonio Vega porque ver a Antonio Vega me hace sufrir. Íbamos sobre todo a ver a Basi que no nos decepcionó en absoluto que siguió siendo tan elegante, tan sencillo, tan brillante, tan inteligente con sus manos como siempre. Dibujando. Pero entonces se subió Santi Ibarretxe con su saxo alto. El saxo ha sido desde siempre mi instrumento favorito. Estéticamente y por sonido. Un día me dijeron que es el que más se parece a la voz del hombre. Será por eso. Una línea de saxo mejora casi cualquier canción en mi opinión simplista. Me gustan el jazz y la música negra y la latina y las secciones de viento. Y Santi Ibarretexe es un musicazo. Además el saxofón es un instrumento muy bonito, tan brillante y tan extraño, tan sugerente y tan inaccesible... Así que todo iba bien. Kika llevaba un vestido de princesa y Juan estaba un poco sorprendido con nuestras reacciones desmesuradas. Nos divertimos mucho. El público no quería bis (sólo nuestra mesa, parece ser) así que no hubo bis. Lo malo de los bises planeados es que llega un punto en que el público se olvida de pedirlos, porque ya no son bises, son otra cosa. Y quizá tenían miedo de que se subiesen los que habían literalmente destrozado las canciones. Los mejores: Cristina Narea, Nacho Béjar, todos los integrantes de los 5 tristes tigres (mención especial al tandem Cifuentes/Martínez que bordaron lucha de gigantes), María Berasarte, Lucía Caramés, un impecable Chaouen. Los peores: Antihéroe, unos canarios de cuyo nombre no logro acordarme que destrozaron a capella “El sitio de mi recreo” y Tontxu que después de una larga presentación reflexionando sobre los dueños de las canciones decidió limitarse a tocarla con la guitarra mientras el público desconcertado intentaba cantarla sin excesiva convicción ni éxito. Pero el sábado fue muy largo. Empezó pronto y acabó tarde. Fuimos a sumergirnos en las rebajas desde primera hora de la mañana, aprovechamos el momento en el que todo el mundo come para saltarnos las eternas colas en cajas y probadores. Tuvimos éxito absoluto con nuestras adquisiciones que esperan el momento preciso para su estreno... Pudimos comprobar in situ la masiva participación de la manifestación a la que se sumaron casi todos. Vimos gente y gente y más gente con pancartas y pancartas y más pancartas. Pero no podíamos quedarnos. Me hubiese gustado. Llevo toda la semana mordiéndome la lengua virtual para no ponerme a lanzar dardos envenenados desde aquí, con la bilis subiéndome a la garganta cuando escucho ciertas cosas. Pensando que está ocurriendo como con el 11-m y otra vez se están pasando de rosca, cegados por objetivos electorales. La mejor metáfora que se me ocurre es la de la sanguijuela, que chupa sangre y está bien cuando hay un edema y la sangre no circula y lo inflama todo. Entonces, algunos médicos, usan sanguijuelas y te las ponen en la piel para que limpien la zona de la sangre mala. Son necesarias. El problema de las sanguijuelas es que no saben parar de chupar y chupar sangre mientras se hinchan hasta casi reventar. No saben parar, por eso alguien tiene que arrancar sus ventosas de la piel. Eso ha pasado aquí. Si hubiesen sabido parar cuando todavía podía parecer que chupaban sangre estancada... Se han pasado de rosca, como demuestran los elevados índices de audiencia del informativo de Gabilondo toda esta semana. Y después del concierto Kika y yo pareciendo (que no estando) borrachas en el magazine de Tovar para Central Musical. Ambicioso proyecto de Raúl Martín y cia. Raúl es de los que sabe transmitir el entusiasmo y vender los proyectos. Central Musical tiene que ir bien. Libertad 8 y Honky por los viejos y buenos tiempos en los que Quique González no llenaba ese sótano con columna en medio. Y el recuerdo del primer Greenwhich y “nuestro” recoge vasos, y avanzadilla-man gestionando, y mi sister adjudicando, y los comentarios vulgares, las cosas que nunca diría y nunca haría una señorita. Pero nosotras no somos eso exactamente, por lo menos no todo el rato. Bailar. Sentarse a descansar. Aguantar los tacones hasta el amanecer sin sufrir. Y ese pacto final con tintes divinos. El cuarteto de la muerte empezando 2007 con objetivos experimentales. Kika es el caballo mejor situado para provocar un terremoto y sacudir a alguien que se arrepentirá de haberse equivocado a sabiendas, sólo tiene que coger número y esperar su turno, y no dejarse intercambiar luego como si fuese un cromo. Isi en el vagón de cola por sus pocas ganas de enfrentarse al reto, aunque el reto se viene a la capital, acercándose irremediablemente, obligando casi al encuentro. Nata tiene la pequeña pega de la lejanía física, pero tenemos casa al norte al norte de las dudas. Tiene de su parte, en cambio, ser el momento preciso, todo lo que hay detrás... Y yo. Que me he quedado con lo más crujiente, para comérmelo enterito y a mordiscos como un hojaldre bien hecho y saborearlo y recordarlo y nada más. La prueba del éxito está en algunos versos de Sabina. Quién de las 4 tendrá su premio cuando empiece 2008?? Se admiten apuestas! P.S. Y si esto fuese simplemente demasiado largo?? La casa está en silencio y yo, para variar, no puedo dormir más. Pero no quiero hacer mucho ruido. He tecleado todo esto con silenciador y quietecita... Voy a intentar terminar ese relato que tengo a medias... Encontrarme a C. por las aceras de Madrid del modo imprevisto en que C. y yo nos cruzamos siempre, hizo que la posibilidad de no tener entradas para Ruibal y Calderón dejase de tener importancia. De pronto me daba igual el concierto. Y la vida me parecía curiosamente divertida. Afortunadamente el destino permitió que me diese cuenta de lo equivocada que estaba. La vida aun podía ser mejor. Mi hermana estaba enfadada con Ruibal desde Junio. Fue un concierto horrible en La Sala. Ruibal suele ser gruñón, si se me permite decir esto de un maestro. Se queja de la temperatura, del sonido, de lo mal que damos palmas, de que desafinamos... Pero aquel día de verano era mucho peor. Resacoso y cabreado, sin ninguna gana de tocar y olvidando que los que estábamos allí habíamos pagado 20 euros por el privilegio. A cambio de los 20 euros sólo una bronca inmisericorde. Tan inmisericorde que nosotras 4 acabamos aplaudiendo como los sordomudos, porque cualquier otra cosa molestaba. No dije nada de aquel concierto. Ni una sola palabra. Igual que no dije nada de Kamikazes Enamorados en su momento... Hay más ejemplos. Si no doy mi opinión de un artista que me gusta mucho es porque no tengo nada bueno que decir. Y soy brutalmente bruta para decir las cosas malas. Así que la primera vez opto por el silencio administrativo. No dije nada porque había estado en conciertos brillantes de Ruibal, porque ha puesto banda sonora a días perfectos, porque me gusta demasiado su música como para darle con el hacha y ser igual de inmisericorde (pero mucho más justa) que él durante el concierto... Isa-bella decidió que no volvería a pagar por oírle tocar. Pero como los seres humanos estamos continuamente incumpliendo nuestras propias reglas y haciéndonos trampas, acabó cediendo esta vez con la excusa de que sus 6 euros iban íntegros para Calderón. Una cola con temperatura de invierno y riesgos de quedarnos sin entrada, una chica vendiéndolas con cuentagotas. Todo muy divertido. Tratados sobre como hacer el imbecil siendo adulto, conversaciones con desconocidos e incluso guiños de ojos entre risas cómplices. Ponga a dos personas a sufrir lo mismo y la empatía será automática. O no.... Cuando entramos ya no quedaban huecos. Nos convertimos en ficha de tetris y conseguimos encajar entre una columna y dos chicas. Bien. Suficiente para ver el escenario. Pronto empieza Calderón y se me olvidan todas las cosas. Se me olvida que estoy en una postura forzadísima que se oye más ruido que en un bar de pueblo el día del campeonato de mus, que alguien se empeña en llegar al fondo cuando es evidente que no es físicamente posible. Por más que empujes. Mientras toca Calderón salen al menos 3 personas mareadas. Apenas se le oye hablar. Y es de Sevilla, así que se siente en la obligación de hacer chistes. O eso dice. Me pierdo al menos 3 de esos chistes. Da a entender que nosotros estamos allí por Ruibal. Se equivoca en nuestro caso... Canta “No change, understanding” y la explica. Dice que trata de no intentar cambiar a los que te rodean sino entenderlos. Y que eso a veces funciona y a veces no. Mientras me sumerjo en estas absurdas (o no) reflexiones Calderón y sus sonidos originales y sus palabras que a veces siguen infinitos meandros para llegar finalmente a darte una bofetada sonora me sacan del fondo de mi mente acuosa, me reflotan, me levantan, me llevan en la cresta de la ola. Me dejo hacer. Otro de esos que parecen mirarte solo a ti, cantar sólo para ti. Algo absolutamente imposible dado que a mi no se me ve, pero él consigue la ilusión... Se pasa todo el concierto amenazando con marcharse y yo no quiero que se marche, dos chicas delante de mi que han venido solamente a ver a Ruibal van cayendo poco a poco en la trampa. Se dejan enlodazar, encharcar hasta las entrañas por el anfibiótico que canta “manejas los hilos y ahora vuelves a tirar los dados” y me hace sonreír con esa sonrisa de saber las cosas desde el fondo, con la sonrisa de la autobroma y las ganas de compartirla. La sonrisa del “yo podría contarte...” Sube Ruibal a cantar con él “Ve y dile” como en el disco. Ve y dile es estremecedora. Es de alguien que se hace daño a sí mismo dejando a otra persona que lo lastime, volviendo a por más golpes... Es estremecedoramente bonita en cualquier caso y la garganta prodigiosa de Ruibal... Cambio de guardia en la boca del lobo. Al maestro le molesta el aire acondicionado, luego accede a que lo vuelvan a poner ante la asfixia del público y después el asfixiado es él. Está de muy buen humor, o por lo menos lo parece y yo suspiro tranquila porque sé que mi hermana saldrá contenta esta vez. Disfrutará del buen Ruibal. Cómo me gusta tener razón... Y que grande es este hombre y que letras de canciones y que canciones y que manera de cantarlas. Y que banda... Y qué todo madre mía. Qué tablas. Aunque ahora tenga un hombre altísimo delante que me obligue a una incómoda torsión de cuello y a ponerme en puntas de pie, como una bailarina, apoyada en la columna que hace las veces de barrra. Suenan mis favoritas. Las que habitualmente llevo en el mp3, las que me han acompañado en tantos momentos perfectos. Otra vez los recuerdos. Los buenos recuerdos: “que tenía aquel cuartito que albergaba un universo y a nosotros dentro”. “y pongo puntos suspensivos...”. He sido muchas veces la “bella impaciente” no por bella sino por impaciente. Es una letra brillante, perfecta. Ya he escrito muchas veces sobre las canciones de Ruibal, sobre Ruibal. Yo no preguntaría por su hijo en ningún camerino. Yo no preguntaría por nadie. Eso pienso. Pero acabo desmintiéndome a mi misma. P.S. Cierta distracción en mi zona porque en el último tercio del concierto tenemos a tiro de cámara (vamos en la línea de visión y sin obstáculos) al hombre más guapo que ha osado entrar en la boca del lobo... A la izquierda un irresistible Alberto San Juan ejerciendo de guapo que sabe que lo es. De pillo, de chulito con el punto justo. A una le hace pensar que a lo mejor luego no es un cabrón. Por comparación con esos que parecen inofensivos y luego lo son. Es la categoría que mi hermana denomina “cabrón en cuerpo de buena persona”. Pues eso. Encima con hombres arrebatadoramente guapos a nuestro lado... Se puede pedir más?? Hay que meterse en la boca del lobo, hasta la campanilla, y disfrutar del arte. Una tarde lluviosa. Estoy contenta. No me deprimen estos días. Acabo de tomarme un café. Suena “Tristeza”. Es la mejor canción con diferencia del mini-lp de Iván Ferreiro. Es otra de esas que se escucha por todo el cuerpo. Que afectan sutilmente al humor. Hay muchas frases que añadiré a mi cuadernito solo en esta canción. Bueno, hay dos. Dos frases en la misma canción es mucha tela. La he repetido muchas veces. Tristeza ha sonado muchas veces seguidas. Ivan Ferreiro tiene la increíble capacidad de crear atmósferas en las canciones. Suele conseguir transportarme. Logra también que asocie su música a momentos concretos de mi vida. Escucho “Fecha Caducada” y vuelve a mi aquella noche de invierno, también lluviosa, pero fría, muy fría, la escasez de luz en aquella sala tan pequeña. Él dándome la espalda, yo dándole la espalda a él, no se bien, disimulando. Pegaba mi nariz a una ventana muy pequeña, casi un ojo de buey, en una puerta metálica por la que se colaba el viento. Estábamos en un piso muy alto. La moqueta era azul. Nadie podía enterarse de nada, así que no nos mirábamos mucho a los ojos allí dentro. Aquel día estaba triste, ya no recuerdo por qué, pero no tenía que ver con él. (...) Duró muy poco. Tenía fecha desde el principio. Febrero. No hubo despedidas difíciles, no hubo dramas, nunca hubo dramas. Era algo poco importante “llegar a nada...”. Los dos necesitábamos cosas sencillas y sin peligro (sin peligro del interno). Pero cuando suena “fecha caducada” recuerdo aquel día con absoluta exactitud, aquel y muchos otros con él. Nunca se propuso dejarme huellas imborrables... Lo mismo pasa con “te echaré de menos” con “años 80” con “promesas que no valen nada” con “M”. Todas me llevan al pasado, a buenos momentos en el pasado, con personas diferentes, me ayudan a conservarlos en formol, con todas las cosas que intervienen en los recuerdos, todas esas cosas absurdas, los sabores en las bocas, los olores, el color de la ropa, la carne de gallina... Ivan Ferreiro me permite darme cuenta de lo que a veces se me olvida: de la suerte que tengo, de lo inmensamente feliz que he sido a veces, de que hubo quien hizo muchas cosas para conseguirlo, cosas pequeñitas, pero bien hechas. Aunque luego acabase, aunque se marchasen o me marchase. Aunque las rectas que se cortaron se prolongasen hasta alejarnos. Ivan Ferreiro también me permite confiar en el futuro. Sigue haciendo canciones, para que yo pueda rellenarlas con recuerdos. A mi no me parece triste Ferreiro, ni siquiera cuando canta “tristeza” De algún modo pone banda sonora a las cosas buenas y eso implica que no es triste. Es invierno y ya casi nada me parece triste. Un pronóstico, una sugerencia, una petición??: “Tristeza” es una canción para bailar pegada. Muy pegada. Muy despacio. A oscuras. Girando. Respetando la norma no escrita de que bailar es bailar, luego ya veremos. Luego, eso luego. Girando y girando lentos. Como si todo fuese perfecto, aunque todo vaya mal. Como si esto no fuese otra cosa totalmente diferente. “La noche es mágica también...” Y esta noche me apetece bailar contigo así. P.S. Esto forma parte de un texto muy largo, demasiado largo y demasiado personal. La parte que falta cuenta un recuerdo. En los recuerdos hay detalles absurdos y sin importancia pero que no podemos evitar que se queden grabados como el menú del día de la cafetería de abajo.... o cosas así. Empecé esto escuchando a Ivan Ferreiro, luego me pasé a Piratas. Se me fue la mano y la cabeza. Siempre me pasa esto con él. Traté de arreglarlo luego, de escribir algo más ortodoxo, pero todo me parece peor... Así que he quitado lo accesorio para el resto, tratando de que nadie diga cosas como “y a mi que me importa” y deje de leer. Aunque claro, todo esto tampoco importa en realidad. Alguien llegó hasta aquí?? El texto original es del 4 de noviembre. No se como está la cuestión “Alejandro Sanz” ahora mismo. No se si es autor reputado, músico reputado, producto, antiproducto, si está en las últimas... No lo se. A mi el primer disco de Alejandro Sanz no me gusta nada. Aunque aquel “completamente loca” fue años después la señal de que habíamos entrado en ese bar... El primero no me gusta nada, el segundo algo... En el tercero había una canción que me daba la vuelta. Que me ponía los pelos de punta. Luego llegó el corazón partío. Acabé hartándome de tanto que se repitió. Me han contado la teoría que cada vez me parece más razonable, de que Alejandro Sanz hace las canciones tan raras para ver si sigue habiendo gente con ganas de imitarlo. Como Diego Martín. Que se pasa de burdo, que imita no solo su estilo musical sino incluso los gestos. Hasta el punto de que mi madre, observadora poco atenta de estos asuntos, se ha dado cuenta entre sudoku y sudoku... Las imitaciones siempre son peores, siempre, siempre siempre. NO hay manera de cambiar esta norma, de ser una excepción. En cada disco hay al menos una canción de Alejandro Sanz que justifica la inversión. Para mi en este caso es “en la planta de tus pies”. Aunque hay otras. Vuelve a tener mucho que decir. Muchas ganas de sacar demonios fuera. De desnudarse. Se desnuda y parece que se está vistiendo. No está mal. En torno a las diversas infidelidades, a cosas que están acabadas y uno se empeña en fingir que no. A la manía que tenemos de seguir pegando el jarrón chino que se rompió en pedazos en algún punto. Hay cosas que no tienen arreglo, solo prórrogas, duren esa prórrogas lo que duren. En la planta de tus pies... “antes roto que doblarme, antes muero que dejarte” “yo no bailo con princesas, pero te haré reina del baile” “estoy a punto de romperme porque me gustas con coraje” “mira que te lo advertí que te metes con quién no sabes” “yo te invito a ese lugar donde el amor no se equivoca”. Todo cantado desde el fondo de ese pecho, con ese estilo tan personal. Con la seguridad en uno mismo. Él sabe que cuando se trata de hacer canciones tiene la varita. Aunque a veces nos cueste reconocérselo solo porque tiene unos ojos que hablan, que brillan, porque algunas quinceañeras llevan camisetas con su cara, porque vive en Miami y habla un poco “Spanglish gaditano” diciendo “este...” todo el rato... Porque ha triunfado haciendo lo que le da la gana... y eso molesta. El primer single en cambio no me gusta nada. Por compensar lo mucho que me gusta “en la planta de tus pies” Vi este cuestionario en el blog de Mia, al que llegué por casualidad. Mía cumple años el mismo día que yo. Otra casualidad. Ella lo respondió con los Beatles. Es más fácil así. Pero quise probar si conseguía darle sentido con los títulos de Quique González. Porque de antemano parecía imposible. Algunas respuestas (como la primera, sin ir más lejos) están traídas por los pelos, pero otras encajan realmente bien. Me parece curioso. 1 . ¿ Eres hombre o mujer?: Miss camiseta mojada 2 . Descríbete: Personal 3. ¿Qué sienten las personas cerca de ti?: día de feria 4. ¿Cómo te sientes?: avión en tierra 5. Donde quisieras estar ahora: Fiesta de la luna llena 6. ¿Cómo eres respecto al amor?: Kamikaces enamorados 7. ¿Cómo es tu vida?: 8. ¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?: Todo lo demás 9. Escribe una cita o una frase famosa: 10. Cómo eres respecto a la soledad: A veces se me olvida 11. Tu recuerdo más latente: 12. Tu sueño más recurrente: con vistas al mar 13. Una imagen triste: ayer quemé mi casa 14. Una imagen del futuro: suave es la noche 15. Ahora despídete: permiso para aterrizar Lo respondí hace tiempo, pero lo cuelgo ahora, con la resaca de un conciertazo (la crónica está donde siempre) en el que sonaron algunas de éstas. Es un verso de Luis Ramiro que explica el concierto de anoche. Empecemos por el principio. Pero, cual es el principio?? El principio es la pulsera de regalo?? El café con canela?? Los dos meses que llevamos intentando ver a Luis Ramiro en directo sin éxito?? O el principio está mucho antes... años que parecen siglos antes. Quizá el principio estaba en la final de aquel concurso de debate de mi época de instituto. Andrés Sudón. Aquel chico de Salamanca que llevaba una guitarra en la maleta. Y cantaba un estribillo pegadizo. En un corro, el corro de los huidos, de los fugados, de los que burlamos el control de seguridad y la prohibición infinita. El principio fue el fin de semana en el que jugamos a todos los juegos del mundo. De todas las maneras posibles. En el que aprendimos trucos que nunca hemos olvidado. Y con banda sonora: aquel estribillo pegadizo que sigo recordando: “ Melocotóooon en un camioooon quiso viviiiir una historia de amor” Parece una tontería. Pero era una cosa sin intenciones. Y nos gustó a todos. Esa era la banda sonora. Y aquello de “camarero una de mero”. No era un campamento de verano. Fue el principio y el fin de muchas cosas. Fue por ejemplo el principio de anoche. Y por aquel entonces solo parecía un fin de semana sin ponernos límites. Sí, ese fue el principio. Andrés Sudón ya no canta a melocotones con inquietudes, y ha superado también esa fase de tomarse demasiado en serio a sí mismo. Andrés Sudón es mejor ahora que no se disfraza de nada. Como todo el mundo. Pero el protagonista era Luis Ramiro. Entre la larga lista de “pseudoteorías” absurdas que mantengo está la teoría de los escalones. Hay gente que crece o avanza en una pendiente suave. Hay otros que lo hacen en escalones. Y uno nota los saltos. Luis Ramiro crece a saltos. A saltos muy grandes. Es carisma puro, aunque quizá eso ya lo era desde el principio. Es un tío que cae bien. Otro de los que no parecen posar. Pero encima sus canciones cada vez son mejores. Y el cada vez las canta mejor (diga lo que diga aquel vecino). Llega con su cuaderno. Un martes cualquiera. Después de haber tocado en fin de semana en Galileo. Y parece que está encantado. Y tiene el valor de empezar con una canción recién terminada. Y dejarnos con la boca abierta. Y tiene el valor de subir a alguien al azar Johnny, era su nombre, a cantar una canción y tiene el valor de dejarle su guitarra. Cantar y contar. Como a mi me gusta. Ponernos de pie. Hacernos bailar. Hacernos sonreír. Hacernos sentir que canta exclusivamente para cada uno de nosotros. Que captamos toda su atención. Es muy bueno en un escenario. Consigue ponerme la cara indefinible. Esa que yo nunca he visto. Pero que me han descrito. Se cuando la pongo, aunque no sepa en que consiste exactamente. Ayer tuve la cara indefinible muchas veces. Ayer me reí a carcajadas pero también sonreí solo un poquito. Ayer recordé momentos. Ayer no estuve de acuerdo con algunos versos. Sigo creyendo que el amor no es un mal necesario. Que no es un mal. Que cuando es un mal es que ya no es amor, es otra cosa. Pero también entendí. O creí entender. También supe un poco más y un poco menos. Anoche empezó hace casi 10 años. Anoche empezó hace casi 3 meses, anoche empezó antes de atardecer, con una pulsera de hilo y un café con canela y conversaciones sobre reencuentros. Irónicamente luego hubo reencuentros. La vida tiene una forma muy curiosa de hacer las cosas. Y todo parece cobrar sentido en algún momento. Luis Ramiro empieza a ser más que una promesa. Empieza a dominar todos los códigos y todos los lenguajes de esta historia. Escucho “cine” de El Menso (Menso es el hermano de mi guitarrista favorito, ese que me hipnotiza...). Escucho todas las canciones que el menso tiene en su web a libre disposición. Estoy sola. Porque quiero. Porque me hacía falta. La lentilla derecha me molesta muchísimo y apenas veo. Me gusta el estado en el que me pone su música. Me recuerda otras cosas interesantes. Me suena en la boca del estómago. Eso es bueno. Hace viento fuera. Dentro de media hora estaré bailando. Hoy ha sido un día soso. Sin sorpresas. Hasta ahora. Tengo que ir a verlo en directo. Ya le he visto tocando la guitarra con Luis Ramiro. Pero no es lo mismo. Hace mucho que no veo tocar en directo a su hermano también. Mucho es mucho. Mucho es desde aquel agosto en Segovia. También tengo que poner a cero ese marcador. No pude resistirme, compré el disco en una tienda de las de antes. De vacaciones. Me paré a leer el libreto. Es algo que no suelo hacer. Ahora se por qué no lo hago. Todas las letras me parecen preciosas. Sencillísimas, directas. Todas las letras se entienden perfectamente. Por lo menos la capa externa. Los que damos capas y capas de barniz entendemos que debajo de lo obvio hay otros códigos no tan evidentes. Me gustaron todas las letras. Me dijeron algo. Horas después oí el disco: volví a mi costumbre inicial, a dejarlo estar, a vivir con él de fondo. Me vestía para salir. Me ponía rimel en las pestañas. Y no pasaba nada. Ninguno de esos versos entraba más allá... La decepción. Dicen que estos discos hay que escucharlos muchas veces, dicen que hay que escucharlos más alto o más bajo. Tonterías. La primera vez que oí “La luna de los espejos” tuve que volverla a poner. Me agarró desde dentro, se colgó en alguna parte, se quedó conmigo. Aquí sigue desde entonces. Es la canción de este mes de agosto y esperas. Su autor es Leo Minax. Un brasileño al que fui a ver a petición de mi hermana. Se le pusieron las orejas de punta y se le abrieron como platos sus ojos verde gato, cuando escuchó la voz de Ivan Ferreiro cantar una canción que no conocía. Ivan Ferreiro es suficiente aval para cualquier músico en su criterio (y puede que en el mío también). Así que después de verlo en directo se compró el disco. Pero hasta ahora lo he disfrutado más yo. Tempo de samba... está cantada en portugués-brasileiro. La musicalidad de ese idioma siempre me recuerda a Venus, la madre de una de mis mejores amigas, y sus conversaciones en la cocina, los chicles de canela y las fantas de uva. Me gusta mucho escuchar hablar a Venus y su eterno acento, su mezcla de palabras de los dos idiomas. Lleva más de 30 años en España y hace más de 10 que la conozco, pero sigue hablando exactamente igual que el primer día, como si hubiese llegado hace unos meses. No entiendo el portugués a no ser que me hablen muy muy muy despacio, con palabras muy muy sencillas. Muchos falsos amigos. El caso es que no entiendo la letra. Ni falta que me hace. Me da la sensación de que no es una canción alegre precisamente. Pero a mi me pone de buen humor. La escucho varias veces seguidas y en cuanto suenan los primeros acordes... Es muy evocadora. Creo que es eso. La mente se me llena de olores, sabores, colores, sensaciones. La escucho mientras friego los platos y tardo una eternidad porque bailo con el estropajo en la mano y la sonrisa en los labios y en los ojos, y en todas partes. |