Universo Perpendicular |
![]() El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios) |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Yo escucho.... Al final no hubo que engañar a nadie y tuve mi noche de agosto pegajosa en compañía de Javier Colina al contrabajo, Perico Sambeat al saxo y Albert Sanz al piano. Y terminó, sin saber muy bien como, bailando la salsa erótica por excelencia, descalza en un suelo de linóleo. P.S. La foto otra vez hecha con el móvil, Sambeat reflejado en uno de los espejos del central. P.P.S. Sigo con fiebre, pero ahora estoy aburrida. Disculpen los errores. Sé que tengo respuestas pendientes... De momento les mando besos a todos (los virtuales no contagian) La foto es del Play, nosotras en el Palacio de Deportes que tiene forma de ballena brillante. Se nos ve sudadas, felices y borrosas... (fotógrafos borrachos, me temo) El viernes fui a trabajar encontrandome "francamente", que dirían gomaespuma. Y llegué a casa con ganas de tumbarme en el sofá y dormir y dormir hasta el lunes, osea hoy. Sin ninguna gana de ir al Valladolid Latino 08, que además amenazaba agua. Pero el sábado, con las mismas escasas ganas, conduje hacia Pucela con lluvia pertinaz, y a las seis de la tarde, justo cuando me estaba entrando un sueño hipnótico, subí al José Zorrilla con la cara verdosa sin una sola gota de ningún producto cosmético. Sin pendientes siquiera. ¡Cuánto me alegro de haber vencido la pereza y el cansancio! La cola fue la prueba de que ver tanta peli de espías termina sirviendo para algo, porque entramos rápido y con nuestros bocadillos como si fuesen contrabando a pesar del minucioso registro al que sometieron a los bolsos (y también muertos todos de la risa con las técnicas de ocultación usadas). Raul Quijano fue, sin duda, lo peor de las 8 horas de música: una estrellita absurda que pretendía obtener el mismo entusiasmo de un público que había ido allí a ver a otros. Alejandro Fernández, en cambio, que ni me va ni me viene, llegó con sus mariachis y su entusiasmo, encantado de ser el segundo y tocar a plena luz del día. Juanes, que tampoco me apasiona, es brillante en directo y tiene el plus de haber permanecido en la parte descubierta del escenario en los únicos 20 minutos en los que finalmente llovió. Mojándose como todo aquel público. Como las 30.000 personas que saltabamos y cantábamos y bailábamos y disfrutábamos de su guitarra virtuosa y su voz perfecta. Todos cantaron sorprendentemente bien el sábado. Después de Juanes salió Alejandro Sanz, única razón por la que yo fui al estadio. Ya saben que a mi me gusta Alejandro Sanz y no me importa en lo más mínimo reconocerlo abiertamente. Me gusta muchísimo desde hace muchos años. Sus canciones y su forma de cantarlas y sus ojos brillantes. Y no, no me importa que esté gordo, igual que nunca me importó que fuese bajito. Es un tío que me gusta en general. Ni siquiera es exactamente que me caiga bien, ni nunca he sido fan de las de "queremos un hijo tuyo". Sólo que me gusta. Volvimos a escuchar "la fuerza del corazón" que yo cantaba a gritos aquella primavera gloriosa del 95 ante la mirada atenta de unos ojos verdes que me preguntaban siempre "qué querrá decir lo de alguien ha bordado tu cuerpo con hilos de mi ansiedad ?" La fuerza del corazón es R. igual que "Y si fuera ella" es D. Hay muchas que son D. Hay infinitas canciones que son D. y los años de felicidad inmensa. Sin remedio. Vienen a la cabeza flashback de mi vida cuando las escucho. El sábado, además, D. andaba por el estadio con sus auriculares de jefe eficaz, moviéndose enérgico como siempre, sonriendo como siempre y siendo lo que siempre ha sido en mi vida. Me gusta volverlo a ver y seguir comprobando lo que ya predije, lo que los dos sabíamos de antemano: la química no muere, igual que el amor no muere aunque mute, aunque mueran otras cosas tan fundamentales para que el mecanismo funcione. Alejandro Sanz me emocionó, me hizo darme cuenta otra vez de lo rápido que pasa el tiempo, me hizo disfrutar con cada canción y con el brillo de sus ojos a través del monitor, como si no se hubiese acostumbrado a ver 30.000 personas cantando a la vez sus canciones. Me dio pena que llegasen El Canto del Loco, indudables triunfadores de la noche. Otros que ni me van ni me vienen. Pero me caen bien porque muchos los critican. Sí, serán unos niños pijos y lo que ustedes quieran pero se comieron el escenario, cantaron y sonaron perfectos canciones con letras que a mi me parecen pésimas y consiguieron eliminar el cansancio 6 horas después de que Raul Quijano se cogiese un monumental cabreo porque la gente no quería bises suyos. A mi Dani Martín (que me parece la definición de tío bueno, todo sea dicho) me resultó cansino con ese exceso de instrucciones al respetable: subid las manos, más arriba, cantad, cantad más alto... No soy partidaria de jugar al "simón dice" con el público. Pero a la gente parecía gustarle. Y luego Nek, al que me quedé por acompañar al resto del grupo, pero del que no puedo decir demasiado porque yo estaba aterida de frío, cansada y con dolor de todo. El sueño de Morfeo fué demasiado incluso para el resto así que nos marchamos, por fin, a casa. Y yo llevo desde el sábado cantando "dame tu corazón pequeño como un limón" y con muchísimo frío, pero contenta. La foto es de El Norte de Castilla. Hay 71 de la noche del sábado La atmósfera de esa canción es perfecta para una escena de ducha. Pelo empapado. Boca entreabierta. El chorro compitiendo en calor con la piel. El ritmo de la música casi obligando a las manos a deslizarse lentas por la cara, el cuello, el escote. Hasta el ombligo... El ritmo de la música obliga a un número casi pornográfico. Diego Vasalllo es un perfeccionista. Corrige y corrige. Retoca hasta los límites de la cordura. Muchas veces creo que se pasa. Pero esta crudité es perfecta. Con un final instrumental larguísimo donde la guitarra y el bajo y la batería suenan a jazz. La letra parece a mi medida. A la medida de las cosas que encontré rebuscando, que vinieron por casualidad. Parece escrita en Venecia, en una habitación de hotel de 5 estrellas. Mientras una mujer se ducha con la puerta abierta. Una mujer juguetona que ha bebido demasiado vino a conciencia. En una cena deliciosa de cosas a medio decir cuando escucha el camarero. Una mujer que sólo baila lo que él toca desde fuera, con su guitarra oscura. Parece como si él hubiese querido seguir tocando siempre esa canción para que ella hubiese seguido siempre dejándose empapar y envolver por agua hiriviente como sus poros. Una paradoja entre las ganas de seguir tocando y la necesidad de entrar en esa ducha de mampara esmerilada. Es perfecta. Sexy. Pesada. Atmosférica. Deliciosa. Woody Allen, Bill Evans, Chet Baker, Antonioni, Leonard Cohen, Visconti. La luna, piscinas doradas, lluvia, amaneceres sobre Venecia, eclipses de miradas. La canción lo tiene todo. Hasta una mujer con un vestido sin espalda. La misma que yo imagino caminando lenta, desvistiéndose más lenta, descalza hasta la ducha. Dándose la vuelta sólo cuando la mampara hace translúcido lo evidente. Hay mañanas de lunes en las que las duchas no son un trámite. Se alargan con la casa vacía y silenciosa, excepto por una canción sonando bajito. La quinta crudité se repite incansable. Veinte días después, el mundo sigue girando en un sentido absurdo. Pero todo huele bien y el punteo de la guitarra vuelve a hacerme cosquillas y la blusa de seda me hace cosquillas y algo me eriza los pelos de la nuca. Tengo ganas de jazz y Madrid por las noches. Y las noches por Madrid... P.S. Al salir de la ducha. La foto es la terraza del Bauer Hotel, al ladito de San Marcos. No es tan caro. ¿No les dan ganas de amanecer allí? Hablo mucho de Quique González aquí. Posiblemente demasiado. Es la frustración de no conseguir explicar su grandeza como músico. Suena ahora una grabación casera de 3 minutos. "Polvo en el aire". Suficiente para apreciar. Yo no quería que se me oyese. Yo quería una grabación lo más limpia posible. Pero no puedo evitarlo. Se me escucha exclamar a cada paso. Se me oye en la voz eso que no sé explicar. Mientras, él canta perfecto, y claro y limpio. Y mis "ohh" de boca abierta. De disfrutar. Se oyen mis "ohh" y también expresiones muy poco de "señorita". Quique canta cada vez mejor cada una de sus letras que el no quiere llamar poesía. Sus letras cercanas. Contando, colocando o mordisqueando cosas que nos pasan a todos en la vida. Continuamente. Y en su voz todo tiene sentido. Yo cofieso. Me confieso, entiendo. Respiro o lo intento. Porque él canta. Y cómo canta. Vinieron Ro, Iller y cia. Vinieron Iraultza y su amigo sugiriendo posibles indumentarias. Disfrutamos tanto de la música como de las tapas, los nuevos diplomáticos que sellan pactos, la repostería infantil, la reventa y todas esas cosas. Anoche fue "la noche" del día de ayer que fue "el día". Todo es una locura pero a mi me gusta. Se lo digo en serio. Escuchen a Quique González, síganle los pasos coherentes de gigante. De tío grande. Personal --> Salitre 48 --> Pájaros Mojados --> Kamikaces enamorados --> La noche americana --> Ajuste de cuentas --> Avería y Redención. 7 discos en 10 años. 7 discos generosos de hombre que ama lo que hace: música. Luego vayan a uno de sus conciertos. Corran. Vayan ahora que está en un estado de gracia global. Disfruten de las dos horas y media. Es lo único que se puede hacer cuando él se sube a los escenarios.Disfrutar de la buena música, de los buenos músicos, de los hombres que saben lo que quieren y lo luchan con las uñas y con los dientes. Y vencen. Nos vencen. Nos convencen. Nos secuestran la cabeza. Lo de anoche fue impagable. Llenará plazas de toros y yo estaré ahí, para disfrutarlo entre la masa. Porque el ser humano es un animal. Y repite las conductas que le dan placer. Y abandona las que no. Hace 9 años y medio "Cuando éramos reyes" me despertó en un tren. Ayer abrió el concierto del Palacio de Congresos. Entre medias he ido a verle tocar SIEMPRE que he podido. SIEMPRE. Háganme caso, algo tiene el agua cuando la bendicen. Y somos muchos los que nos vamos enganchando sin remedio. P.S. Escrito con una pintura magenta en un papel demasiado satinado. Con letruja de bruja. Han pasado dos días desde el concierto y sigo en ese estado... Y sigo escuchando tres minutos de perfección: polvo en el aire (ahora la armónica y la carne de gallina). La crónica (por si aun no están saturados de mi hablado de quique) donde siempre. La foto, del final del concierto, con Carlos Raya. Tampoco hay palabras para explicar lo que Carlos Raya tocando una guitarra le hace a mis defensas, mi columna vertebral, mi piel y todos mis sentidos. El autor de la foto es "lebowski". Hay más de esa noche, también en el foro. Leticia, una de las bellezas de la portada del disco, me recuerda cuando conoció a Alex Martínez y a mi me viene a la cabeza la primera vez que lo escuché cantar en febrero de 2006. Llevaba una camisa granate a juego con las copas de vino que salían en la canción. Era un concierto de los tigres y yo iba a ver a Paco Cifuentes. Pero empezó Alex Martínez con sus manos sobre el piano y llamó mucho mi atención. Me recuerdo perfectamente en mi mesa favorita del Galileo, con la cabeza apoyada en la mano mientras escuchaba “tarde” mirándole muy fijo. Pero ahora es muchísimo mejor. Hace lo que quiere hacer, le dan igual las etiquetas absurdas que no sirven de nada cuando hablamos de música. En el disco de Alex abundan los juegos y yo soy una mujer juguetona. Hay demasiadas canciones con las que me identifico demasiado. Que me suenan a lugares trillados, revisitados, terminados. Empezaron orgásmicos y terminaron orgásmicos en la gruta de Costello con un exceso de reverv como de telepredicador. Demasiada charla entre el público nos obligó a los fanes/groupies a pegarnos al escenario.. Mi favorita del disco es “Sácame de quicio”. Por ahora es sácame de quicio. Podría cambiar, esas cosas pasan. Podría cansarme de escucharla pero creo que un verso como “tengo un apetito insano y tú ganas de jugar” no va a cansarme nunca. El viernes hice algo que nunca hago: arreglarme escuchando la música del concierto. Ducharme con “sácame de quicio”, vestirme con orgasmos modernos y maquillarme con cruce de cables. Al salir de casa, “gente de bien” nos despedía por el pasillo. Y en Costello gente a la que saludar, a la que felicitar, a la que abrazar, a la que besar, a la que preguntarle “qué tal”. Y un concierto de un “cantautor” empeñado en hacernos bailar. En sacarnos el lado canalla de abandonada-acompañada.Un cantautor que quiere hacer rock and roll. Que me pone a bailar un ocho básico de tango, un trocito de chotis, que me hace apoyarme los nardos en la cadera, con la falda “arremangá”. Agitar la melena de león, la melena felina. Todo en un mismo concierto, muchas cosas en una misma canción...La técnica... dice algo de la técnica con lo que no estoy de acuerdo. Yo creo que la técnica es buena porque permite al arte y al talento encontrar más fácil el camino. Eso creo yo, que soy una bailarina que nunca llegará a estrella, sin apenas técnica, pero que disfruto tantísimo bailando casi cualquier cosa. Que disfruta tantísimo bailando esa música que ellos tocan con técnica y talento. Las dos. Hacen falta las dos cosas para el éxito. Es una cuestión de “té” (técnica, talento, trabajo, tiempo... y claro, un poco de suerte) Alex y su banda (qué bien suena eso de “su banda”) nos hicieron bailar y divertirnos. Manzanero demostró lo que ya sabíamos cuando cantó bruja en el segundo aniversario tigrés: tiene carisma, talento, ganas... y cuando se ríe mucho los ojos se le achinana y le brillan. Manzanero canta, toca la guitarra, produce, luce unas gafas de sol que generan “polémica” y está ahí, un paso detrás pero al lado. Orgasmos modernos. No sé, nunca me he curado las resacas con ibuprofeno. Y hay resacas, como la del viernes. Resacas de música y letras, que no me quiero curar de ninguna manera. P.S. La foto es de David Grau está hecha en la presentación de Bcn y la he sacado del blog de Alex porque yo no me llevé la cámara a Costello La segunda fue "Tristeza". La "nuestra". Esa que, pase lo que pase, ya siempre me recordará una tormenta, un apagón de luz y sus ojos brillantes. La segunda fue "Tristeza" y ahí el dolor era aun una latencia soportable. Luego no, luego se me caían lágrimas como puños. Lágrimas involuntarias, como reacción incontrolable al dolor agudo. Un poco después aprendimos que si descargaba todo el peso de mi brazo izquierdo todo iba mejor. Mi hermana, a la derecha, iluminada como sólo se ilumina con los grandes. Yo enamorada, cansada, dolorida, emocionada por Ferreiro. El chico raro que no necesita cantar en La Riviera, porque el público ya se encarga. El cuarentón que parece adolescente. El que canta desde los lados de la garganta. Como si el aire no pasase por el centro. Yo respirando, él cantando. Canciones eróticas como pocas. Canciones húmedas y lubricantes. Él desgañitándose para hacerse oír por encima de fieles gritones. Un estar sola y tan bien acompañada. Un programa largo de centrifugado. Aclarar ropa limpia. Me asusta cuando Ferreiro es tan exacto, cuando encuentra soluciones a problemas que dejan de serlo escuchándole cantar. Él solo es mejor que toda su banda. Su guitarrista solo es es peor que cualquier otro. Su guitarrista me desagrada profundamente con su forma bestia de tocar. Su forma bestia en el peor sentido. Su forma bestia e imprecisa de confundir la fuerza y la energía con salvajismo. Su incapacidad para jugar con los volúmenes. Su falta de tacto para la caricia. Es joven. Podría llegar a ser bueno (quizá ya lo sea aunque a mi me parezca pésimo). Quizá llegue a ser buenísimo, pero nunca llegará a gustarme. Jamás me gustará, porque hacía mucho que un músico no me molestaba tanto. Ivan Ferreiro solo es mejor que toda su banda. Su voz era lo único nítido la noche del viernes. Ni Coque Malla ni Adela Peraita consiguieron hacerse oír y sólo Suso Saiz y César Pop estuvieron a la altura de Ivan Ferreiro. De ese mentiroso redundante que suena tan visceralmente sincero. Que no da puntada sin hilo. Magia. Hace magia. Con todo en contra. Con el dolor, un sonido poco claro, un guitarrista que no soporto y un público demasiado dado a cantar todo a gritos, tapando sistemáticamente al artista, consigue sacarme de allí sabiendo que es muy bueno. Dándole vueltas en la cabeza a sus palabras y su forma teatral y lateral de cantarlas. Pero es que la segunda fue Tristeza... me tenía desde la segunda, como Richard Gere a Julia Roberts, me tenía desde el principio. Y me rindió con Jet Lag y me entregué con Turnedó. En el viaje de Chihiro ya sólo estaba él, y no había (casi) nada más. A lo mejor por eso que dice Iraultza... Nombre y adjetivo. Un juego de palabras que titula el nuevo de Ivan Ferreiro y como siempre con Ferreiro el disco ya tiene historia en mi vida. Historias. La primera canción me la puso mi hermana con un pasillo de por medio. Un pedazo, apenas un poco, de ruido electrónico. Yo barría el parqué y no hice demasiado caso. Luego, un amigo me mandó por mail un adelanto del disco como regalo de cumpleaños. Una canción completa ("Toda la verdad") y pistas por SMS. Y más tarde, poco más tarde, la "canción húmeda" compuesta a medias con Leyva. Toda esa electrónica inquietante como un líquido denso. Y él alrededor. Él y sus trampas que no son tramposas, en las que caigo a sabiendas. Jet Lag podría ser una broma para dos pero es una broma sólo para mi. Me río con la exactitud de la teoría de la atención selectiva. Jet Lag es una determinada forma absurda de hacer las cosas y una receta infalible para que nada importe nada. En su punto justo. Ivan Ferreiro es un tipo raro, parece un tipo raro. Hace música inquietante e importante. Importante en el sentido más personal de la palabra. Importante para cada uno de sus "fieles". Guiños a Quique González. Atmósferas. Lo de siempre: esa voz que no sé qué tiene, esa forma de cantar. Tan rara. Kilos de insatisfacción. Rocco Sigfredi es una canción clásica. O pura modernidad. No sé qué dirán los críticos. Yo sólo soy público. Público de todos o nadas. Rocco Sigfredi es TODO. Es una canción que lo dice todo. Es poesía de andar por casa. Es el lado no obvio de lo obvio. Hay también en este disco una especie de vals, una visión de eso que cuenta "vestida de domingo" pero con un bolígrafo deslizándose por papeles mientras alguien, no sé, por ejemplo, duerme una siesta al lado. Juegos de palabras que nombran la realidad haciéndola más de verdad. O más tangible, puede que más presente o tal vez solo evidente... Me han regalado una entrada para uno de sus dos días de triunfo en La Riviera. No lo intenten, están agotadas. Pero se lo contaré. Es una promesa. Una que vale algo. Y como blogia tiene estas cosillas... por si no funciona el reproductor: tenemos plan B (pincha, no seas tímido) BARCELONA - 14 DE MARZO - LUZ DE GAS (BARNASANTS 2008) Es el segundo (y último día) que estoy en un ordenata con sonido. Así que estas dos jornadas de trabajo están siendo bastante seda. Sin presiones. A mi ritmo. Y nunca mejor dicho. Así trabajo bien, rindo. O como sea. Me enchufo a Central Musical y revivo conciertos históricos e inolvidables, o escucho esos que me perdí por causas ajenas a mi voluntad. Venía en el coche pensando que no sabía si volver a insistir en mis temas recurrentes (ya saben, cielos de bellos colores, amaneceres salvajes, lunas que se encogen hsta ser un trozo blanco de uña, el toque cursi...), o incumplir mi promesa y lanzarme a la yugular de Rajoy, Elorriaga, alabar a Almudena Grandes por sus juiciosas (en mi nunca modesta opinión) palabras en El País... y entrar en la harina de la campaña ahora que ya está (casi) todo el pescado vendido. Pero al llegar se me han juntado el hambre con las ganas de comer: los "orgasmos modernos" de Alex Martinez que empiezan su paseo por los blogs del mundo en el de Victor Alfaro , con un concierto de Leo Minax en el Buho Real en el que canta "Huellas Borradas" de Diego Vasallo. Y aquí estoy: con mis chismes ortopédicos en las manos, tecleando a paso de burra, los cascos puestos. Pensando a ratos en la ironía de la "canción que da título al segundo álbum del cantautor catalán afincado en Madrid". Pensando en los tópicos, típicos, en las diferencias entre ironía, sarcasmo, incredulidad, cinismo y hartura. Riéndome supongo, disfrutando de la letra de Alex. Para un segundo después empezar a escuchar "Huellas Borradas" con ese aire que tiene siempre Vasallo de soledad urbana, pasada por el tamiz del cine negro y la novela negra, y el negro de la brea. Revestido de la "saudade" y el ritmo de Minax. Su elegancia. Una canción tan melancólica que me hace sentir bien. Viva. De verdad. Vagabundeando por la tristeza con mis pies pequeños y la sonrisa a pesar de los dolores. Taxistas que se parecen a Tom Waits. Y yo subida en ese taxi. Viajando por la ciudad de noche, una ciudad quizá desconocida y gigantesca, una de paso. Días a ras de suelo y huellas que se borran. El embrujo de la música. Este sábado Quique González viaja a Pucela para hacerme el primer regalo de cumpleaños. Con cuatro días de adelanto. Él no lo sabe, claro. No tiene ni idea. Sus últimos discos salieron en Marzo y ya empezaba a echar de menos su paquete con lazo. Hablando de regalos musicales: insisto. Vayan a donde Alfaro, empiecen el paseo que les propone Alejandro Martínez, a ver si dentro de 13 días llegan al final con ganas de comprarse el disco. Escuchen "orgasmos modernos" y luego ténganlos clásicos. Ya saben que es tendencia juntar lo clásico con lo moderno. Se llama vintage (que lo he leído en el vogue) Disfruten! Me he hecho “pseudo experta” (como manda la ley básica del periodismo: no saber casi nada de algo pero que parezca que sí) en manga porno japonés animado, osea en “hentai”, que es como parece ser que se llama. Para mi, el género prueba que la represión conduce directamente a la perversión. Una legislación que prohibe mostrar vello púbico termina conduciendo a que los personajes no tengan vello púbico. Y así sucesivamente. Mi primera experiencia fue heavy metal: una minisereie de 4 capítulos de una familia que si la pilla un asistente social no deja títere con cabeza (o pide la baja por depresión). No me tengo por fácil de alarmar, pero oigan, escuchar ciertas frases dichas por una niña a su padre consigue revolverme las tripas. Después descubrí que está el hentai fantástico con diablesas a las que venderle el alma a cambio de un placer casi infinito, y colas/rabos multiusos.Internados con disciplina sado-maso dirigidos por ninfómanas irredentas... Pero mis favoritas son esas con la estética de Benji y Oliver, de chicos guapos y chicas guapas e inocentes a las que les da vergüenza (siempre dicen “me da mucha vergüenza”) y se sonrojan, aunque todo parece pura pose porque dura un suspiro (literalmente). Todo divertidísimo, como están comprobando. Una puede terminar un concierto de Cifuentes teorizando sobre manga-porno con dos desconocidas. ¡Con lo que hubiera vestido una conversación sobre la sandía transgénica sin pepitas y si es publicidad engañosa que en los tico-tico ponga sabor sandía o eso favorece a la fruta en cuestión...! El otro estreno hablaba de 9 velas, yo creo recordar que velas, aunque ILSA opina que eran puertas, pero las puertas no se encienden sin avisar...En fin, lenguas que resucitan saboreando canela, enredaderas de menta. Aire flamenco producto de la escucha insistente de Camarón, de la vuelta a las raíces. Quiero volverla a escuchar, por supuesto. Esa de las velas/puertas que se encienden/abren sin avisar y que parece que no pero saben donde van... Es una canción de Chiqui Calderón que soy capaz de escuchar una y otra vez, y otra, y otra más. Sin límite. Me pasa con muy pocas esto de no tener punto de saturación. Me la regaló Ro, allá por febrero del año pasado. Y desde entonces me dan ataques frecuentes de ansias desmedidas y suena y suena a todo volumen por mi casa o en mis orejas. Ayer fueron más de veinte veces consecutivas. Me emocionó todas. Cada vez una reacción física. No me suena triste. Siempre me pone una sonrisa. Y me huele a atardeceres al borde del mar. No consigo comprender qué área de mi cerebro estimula pero es una canción triste que me pone contentísima. Otra vez desandando mis pasos: “yo matando el tiempo y tú tirando dados”. Es casi primavera. Es casi verano. Y cuando suena “Interrumpiéndote” desaparece el “casi”. Me siento como si ya estuviéramos allí. Como si mis pies estuviesen descalzos. Como si yo volviese del agua salada escurriéndome el pelo. Como me siento cuando se recogen las hamacas con ruido de cadenas gruesas, se vacía la playa y yo me empeño como una niña caprichosa logrando una prórroga eterna. Bañándome aun un par de veces más. A esa paz me suena esta canción. Aunque diga otras cosas. Y es un viaje muy barato. Son las 12.07, el cielo está gris. Sigo en la oficina y acabo de despertar. Sí, esta canción es hipnótica. Escúchenla. A lo mejor les lleva en otros viajes... P.S. Un día de la semana pasada. La foto es de Rub. Una de su pequeña colección de atardeceres. La podéis encontrar aquí NO se lo digan a nadie pero me gusta Mónica Naranjo. Vamos a ver, nunca la pongo en casa (ahora que lo pienso ni siquiera la tengo). Nunca decido voluntariamente escucharla y nunca me acuerdo de ella o de alguna de sus canciones de forma espontánea. Pero me trae muy buenos recuerdos y sus gritos potentes, descontrolados y sin sentimiento me ponen de buen humor. De un delicioso buen humor. Del buen humor de los buenos recuerdos y la juventud divinotesoro y esas cosas. Creo que cualquier canción de Mónica Naranjo me recuerda a los años felices: del 99 al 2001 cuando nada empañaba el estado efervescente y las obligaciones eran llevaderas (además de escasas) las semanas laborales duraban 3 días y medio y los fines de semana todo el resto del tiempo. Pero sobre todo me recuerda nuestras segundas vacaciones “de chicas”. Nosotras tenemos una tendencia a armarla en los hoteles, una tendencia muy acusada que empezó el verano de 2000 en La Manga del mar "Menó". Destino elitista donde los haya al que llegamos cual elefante a una cacharrería en aquel glorioso mes de septiembre. El viaje que nos llevó hasta allí cuando ninguna teníamos coche fue épico y tuvo de banda sonora a Mónica Naranjo (“la naranjas” para nosotras) y a Raul (hace tanto que sueño su boca etc). Nivelazo. Todo empezó un viernes a las 22.00, hora zulú. Momento en el que dejamos nuestras maletas en la consigna de la estación de tren y nos lanzamos a la noche pucelana como condenadas a muerte. Yo iba entera de blanco. Lino blanco, para más señas. Y él se reía pensando en nuestro viaje borrachas y en el peligro que suponíamos para la población murciana. Fuimos donde siempre: a “nuestro bar” aquel en el que cuando entrábamos por la puerta I. paraba la música y ponía “completamente loca” de Alejandro Sanz. Luego iban cayendo las canciones para bailar como un rosario de peticiones telepáticas, la sidra se adornaba con otros licores y las copas se rellenaban sin pedir, sin pagar, sin parar. Aquel sitio era la gloria. Nuestro momento cumbre llegaba en la coreografía de Mónica Naranjo. Esa que decía “paraíso extraño, donde no estás tú, y aunque muera quiero libertaaaaaaad”. A las 5:00, hora zulú, volvimos a la estación y nos subimos en un tren nocturno con destino a Madrid. Borrachas de alcohol y de tontería. Simpáticas y a la vez insoportables. El asunto era tan grave que el revisor nos invitó a viajar en un compartimento de primera clase, a nosotras solas. El tren llegaba a las 8:00, hora zulú, en un alarde de nulavelocidad, por algo muy inconexo sobre que Madrid abría a las 8. Hicimos bromas durante muchos años sobre el horario de apertura de las ciudades. Otro tren nos llevó a Murcia, un autobús a Cartagena y otro a La Manga pasando por todos los pueblos, andurriales, hoteluchos, casuchas y similares que hay en medio. Estrené la piscina, deshice la maleta, bajamos a cenar, bebimos mucho vino, nos pasamos a las copas quizá demasiado pronto. Reventamos una actuación a un pobre hombre apellidado Salamanca que no tenía ninguna culpa de nuestra suprema y etílica idotez. Luego fueron 5 días de vacaciones locas. Loquísimas. Como para escribir una novela. O dos. Y durante todo aquel tiempo sonaba “Sobreviviré” a grito pelao. Hoy, en el camino al trabajo, la han puesto en la radio. Y no he podido evitar reírme mucho. Muchísimo. En mi cabeza nuestros “numerazos”, las luces fluorescentes, el lino blanco… y tantas cosas… El último numerazo con la Naranjas fue en nochevieja… no hace tanto. Es una especie de ritual que nos recuerda todos los buenos momentos juntas y nos hace pensar que dentro de 9 años habrá recuerdos nuevos cuando suene esa canción, o cualquier otra. A lo mejor me pasa sólo a mi, quizá porque tengo el “síndrome merengue”, porque él está en el Pirineo, y yo en la meseta. O a lo mejor cantar bien es otra cosa. A lo mejor ese susurro rasposo emite en la frecuencia de los escalofríos. Sí, a lo mejor cantar bien es otra cosa: basta con no chirriar, pero necesita a cambio transmitir, sentir o hacer sentir. Disfrazar, jugar, interpretar. Ponerle algo. A lo mejor lo que me engancha me engancha porque siempre me hace querer saber más y lo que me desengancha es eso que empieza a sonar acartonado. Sin alma, como él diría. Sin alma aunque sea de mentira. Heny J sabe añejo, huele añejo. Como el whisky bueno. Escúchenlo . A mi me gusta. P.S. No tiene nada que ver su llamada a George, conste. Mis excesos no se venden. Son o no son. Y esta vez son. P.P.S. Lo escribí en el puente de diciembre, pero faltaba algo: la foto. Hice un encargo, pero ayer, alguien, sabiendo de mi falta de tiempo, sabiendo de mi impaciencia y sabiendo en definitiva cómo soy, vino con esta foto, que está sacada de aquí. Es un regalo de esos que me gustan tanto... (está dentro de la novedosa campaña 12 días, 12 cosas, que ha llenado de sorpresas estas Navidades en Madrid.) Así que no queda más que darle a publicar. Hoy he tenido algunos regalos que me gustan mucho... Actualización: Web nueva. .. con dos canciones para descargar. Desde septiembre la agenda de conciertos se nos había torcido con saña. Entre pitos y flautas nos perdimos (a algunos incluso varias veces) a Luis Ramiro, Marwan, Menso, Paco Cifuentes, José Luis Manzanero, Alejandro Martínez, una mini gira andaluza con Quique González, a Ruibal en Galileo, a Deluxe en La Riviera y con Pol. Xoel López me gusta muchísimo más en directo. Me parece un artista completo, entregado a la causa, con pinta de disfrutar en el escenario. Anoche, “Alternativas en concierto” lo emparejó con Garret Wall en Clamores, esa sala mítica e incómoda donde los artistas pueden pasar lista de las veces que cada una de las personas va al baño, a poco que se fijen (la chica morena que le gustó al trompetista sólo fue una vez, lástima). Clamores lleno es una locura insoportable, no teníamos mesa (técnicamente, claro, porque luego, tirando de encanto y cierto morro, nos sentamos en tercera fila, de frente al escenario, probablemente mi mesa favorita de toda la sala Clamores) y yo había trabajado de 8 a 8, lo que me obligó a ir directa y ojerosa a buscar aparcamiento por el centro, en diciembre. Pero ni me lo pensé: hace 5 años mi hermana escuchó cantar a Garret Wall en la radio. Y anotó su nombre en una libreta. Es irlandés. Los irlandeses, contra lo que podría parecer, tienen una especie de carácter mediterráneo, un hedonismo implícito en el código genético, un sentido del humor irónico, pero no británico. Los hombres se emborrachan en el pub, las mujeres en la mesa de la cocina y todos se ríen mucho de ellos mismos. Esto es una generalización, obviamente. Pero Garret Wall subido a un escenario cumple todos los puntos: hace chistes de irlandeses, habla un español con acento delicioso trufado de “de puta madre”, “guay” o “mola” y es capaz de llevar con estoicismo algo tan insoportable como tener que tocar en una sala abarrotada de gente que habla a gritos y parece no tener ni el más mínimo interés o respeto por lo que pasa en el escenario.Los que gritaban se perdieron a un buen músico, con canciones buenas y sobre todo una voz espectacular. Ayer era el día de las voces. Porque Xoel se subió, con esos ojos enormes que tiene, su chaqueta negra, y empezó a cantar, aparentemente frío o distante. Me gusta ver a los músicos buenos entrar en calor, ir subiendo la temperatura y aumentando el vínculo con el público. Cuando la cosa funciona es una especie de comunión religiosa. Ahí arriba todos son dioses, por lo menos a priori, luego, al acabar, algunos se han caído del pedestal y otros han ascendido en el olimpo. Xoel es dios mayor. La guitarra desenchufada fue la chispa que inició el incendio.Salió Juan de Dios a tocar el piano, luego se cambiaron los instrumentos. Un poco después entró la sección de viento: trompeta y saxo (siento no recordar sus nombres porque estuvieron inmensos también)Una banda compenetrada, como debe ser en un concierto de fin de gira, músicos excelentes, Xoel delicioso mezclando perfectamente todos los ingredientes, sin artificios, con sencillez, entregado.Sí, creo que es eso, Xoel es dios mayor porque se entrega, porque disfruta ahí arriba. Disfruta tanto que es imposible no disfrutar escuchándolo. Toca canciones y canciones y canciones. Generoso. Nos estremece, nos hace reír, nos hace cantar. Quiere ser como Caetano Veloso, y a veces, cuando hace percusiones, (porque también hace percusiones) lleva el ritmo a la samba, y lo vuelve a traer aquí al lado, lo ralentiza, lo acelera, lo agita. Nos agita. Se salta a la torera el puñetero “set list” que ha convertido el arte en una lista de la compra. Y eso no quiere decir que improvise. Se ve el trabajo, el ensayo, el interés por sorprender, darnos algo nuevo cada vez. No repetirse. Pero el arte es improvisación, idea feliz y momento. Algo que en muchos directos se está perdiendo (hay artistas de los que podría escribir el repertorio y el orden: tienen 3 plantillas y las van intercambiando)Me recuerda, arriba de los escenarios, a Luis Ramiro. Y puede que abajo también: tomó la decisión arriesgada de pasarse al español, sin que le temblase el pulso, solo porque quería contarnos más cosas.“Fin de un viaje infinito” es un disco escrito en un mal momento personal, saliendo de un agujero. En la portada Xoel lleva un paraguas que le protege de las tormentas. Con cuidado. Ayer, Gigante me estremeció. Hacía mucho que no la escuchaba. Dice algo como “Será que no quiero ver este gigante caer Tendré cuidado. Anoche todo acabó siendo perfecto, y con cada canción Deluxe eran más lujo y más gigantes. El “staccato” de Juan De Dios, la digitación vertiginosa de Xoel arrodillado (literalmente arrodillado en el escenario, como una rock star) las improvisaciones gloriosas del saxo y la trompeta, el encaje entre todo eso y la voz potente y elegante. Perfecta. No sé a cuantas clases de canto de las de OT habrá ido Xoel, no lo sé, pero canta técnicamente bien y encima con alma. Preocupado por el público de la zona de fumadores desenchufó la guitarra logrando una especie de silencio de iglesia en la sala clamores que nunca estuvo tan callada (ahora que lo pienso el público hace honor al nombre de la sala). Y tocó “Colillas”, con los coros susurrados del público.Desde la tercera fila se oía su guitarra acústica, y su garganta, pero no se le veía, a duras penas se distinguía el mástil (así que el saxofonista fue a por el espejo del camerino, y nos lo colocó de retrovisor). Un fin de gira perfecto. Eso es, en pocas palabras, lo que vivimos anoche en Clamores. Perfecto. Benditas “Alternativas en concierto” que nos regalan joyas como esta.Y bendita sea mi hermana sonriente, sonrojada, feliz y mágicamente sin cansancio. Porque anoche, por primera vez, no se acordó de la talasemia, la falta de sueño, las discusiones acaloradas y los jaleos laborales. Era como una niña la mañana de reyes. Como ella misma la noche de reyes, porque mi hermana siempre prefirió, en el fondo, la noche de reyes. Poner el zapato, acostarse temprano y agarrar con sus manitas muy fuerte el edredón, hasta taparse la nariz. Y preguntarme con la luz apagada un rato después, susurrando: “oyee, tú crees que nos traerán todas las cosas los reyes?” porque a ella le dijeron que no era una niña buena... Y yo, que siempre fui una optimista le decía “claro, pero a ver qué nos traen de lo de fuera de la lista”. Porque nuestra carta a los reyes sólo podía tener 3 cosas (hay muchos niños en el mundo y no se puede ser avaricioso) pero luego, bajo el árbol, siempre había muchísimos regalos. El speaker de Clamores nos deseó una “generosa epifanía”. Un mes después del desastre-suspenso me da miedo pensar que la vida se está portando demasiado bien conmigo. Pero “tendré cuidado”, porque vendrán mal dadas. Eso seguro. Aunque este año los reyes nos hayan traído hasta regalos por adelantado. Regalos Deluxe. P.S. La foto, como todas las del último disco, es de Beatriz Basanta. Está en la web oficial Recuerdo perfectamente aquella conversación. La mantuvimos hace unos 4 años. J es filósofo, brillante intelectualmente, barroco en el hablar cuando le da la gana, pausado y calmo cuando brilla el sol. Por la noche se convierte en el mejor relaciones públicas de Madrid (o uno de los mejores). Siempre hay un hueco en sus infinitas listas, siempre tiene un plan bueno que ofrecer. Trabajábamos juntos. Éramos compañeros y disfrutábamos muchísimo con todo aquello y creo que con la mutua compañía, con ese clic que hicimos mágicamente y contra todo pronóstico. Él es el autor de esa frase que yo repito tanto de cachondeo “cómo es de fuerte el tema”. Eso gritaba entre carcajadas por teléfono. Olía a salitre, era verano y a mi me hizo gracia. El caso es que, un jueves por la mañana, me preguntó qué escuchaba por los cascos. Le respondí “Mikel Erentxun”. Puso cara de haberse comido un limón entero y yo le expliqué que me parecía una de las mejores voces que teníamos en en el pop nacional. Entonces me miró como si yo estuviese completamente trastornada, y me dijo: “nunca hubiera adivinado que te gustasen esas voces, yo te veía más dada a los vozarrones graves”.Y yo le respondí que lo cortés nunca quita lo caliente/valiente. Que yo aprecio las voces buenas, las elegantes, las potentes en un sentido no físico. Las que me transmiten algo. Y cuando canta Erentxun muy frecuentemente me encuentro con la carne de gallina y cambios vertiginosos en mi estado de ánimo (o en la percepción de las sensaciones). Me gustaba Duncan Dhu y me gusta él. Me gusta su forma de cantar con tantísimas intenciones, matices y volúmenes juntos. Aquel disco en el que ya estaban separados: la mitad del disco de Vasallo, la mitad de Erentxun. Una portada preciosa, un cd con “crudités” que merecen por sí solas pagar el precio del disco completo y sus canciones fundidas en un compacto de color naranja, entrelazadas: una de Mikel otra de Diego, la mayoría firmadas por los dos. Como una trenza. Con canciones simples como de adolescente, canciones certeras e inofensivas como dardos romos, dando en la diana sin hacer sangre. Canciones rabiosas, pastelosas, surrealistas, oníricas, cinematográficas. Para mi, Crepúsculo es un disco que tiene de casi todo. Hasta una sección de metales que posa las canciones suavemente. Una casi puede sentir las notas planeando hasta rozar las puntas de los pies. Y el rumor de unos pasos que se alejan... Y la imagen la portada, claro Mark Ronson es sobre todo productor. Hace versiones y remixes. La mayoría de las veces no se molesta ni en componer ni en cantar ni en tocar. Y maldita la falta que le hace. Produjo entero el “Back to black” de Amy Winheouse, de la que ya he hablado aquí antes y acaparó titulares cuando hizo aquel remix de "Most Likely You'll Go Your Way (And I'll Go Mine)". Quizá los adoradores de Dylan me cuelguen del palo mayor por esto, pero lo cierto es que a mi me gusta el remix. No más que la original... pero sí mucho para determinadas ocasiones. Lo que hace Ronson tiene siempre ese toque entre festivo y espeso que me interesa tanto. Suena a club, a escaleras que se bajan y se suben sin otro objetivo que ver y ser visto. Suena a tintineo de hielos en el whisky. Ahora que se acerca una fiesta infinita, una de esas que terminan con el sol entrando por la ventana a la misma vez que nosotros entramos por la puerta con las pieles oliendo a una mezcla de tabaco, sudor, perfume y alcohol, el pelo alborotado y un cansancio feliz que hace pesadas las piernas y ligera la sonrisa, pienso pasarme el tiempo libre escuchando sus versiones. En su nuevo single canta Lily Allen, pero yo prefiero cuando Amy Winehouse reinterpreta Valerie de The Zutons, y tintinean campanillas y suena una sección de vientos que podría ser de orquesta “clásica” de club de baile. Prefiero Valerie, porque me parece un villancico moderno. Uno que no habla de ningún Dios que nace en ningún pajar. Un villancico pagano. Para un solsticio. Para caminar por las aceras de las ciudades bajo las luces de colores, con el vaho en el aliento, los guantes puestos, el cuello del abrigo subido y un montón de bolsas con regalos. Sí, creo que voy a nombrar Valerie mi villancico favorito (pa papapa canturreo por todas partes). Feliz Solsticio de Invierno. Feliz Navidad. Se lo digo bailando al ritmo de Mark Ronson. Otro que trajo mi hermana, como directora del departamento internacional... P.S. La chica que sale en el video de Valerie NO es Amy Winehouse, aunque alguien le ha pintado la raya del ojo igual de exagerada. En cambio la voz es la suya. Y Vero... si pasas por aquí, pincha en el video de Lily Allen, sale una versión de sí misma, pero creo que también te gustará este! Entra lento el disco de Alicia Keys. Se va colando poco a poco por los rincones esa voz oscura que tiene. No pasa como antes, como las otras veces, donde todo era automático. No me ha pasado como con el desenchufado de la MTV donde la impresionante versión de “Diary” me puso toda la carne de gallina desde la primera nota hasta el final apoteósico. No me ha pasado como con el “You don´t know my name” que escuché incesantemente durante una semana, antes y después de Horizons de Antonio Vega (donde la guitarra prodigiosa de Raya decía tantísimas palabras), una semana entera retrocediendo y avanzando de la Keys a Raya y de Raya a la Keys en eternos viajes por la línea 12 de metro, por autobuses que paraban en incontables urbanizaciones, hasta un pinar perdido en una carretera de doble sentido y pésimamente iluminada.... No ha pasado tampoco como cuando mi hermana nos hizo escuchar a mi padre y a mi a aquella niña y nos advirtió de lo lejos que iba a llegar. Mi hermana tiene mucho ojo clínico para estas cosas y mi padre sigue recordando su tino apostando por la Keys, que es probablemente lo único “moderno” que él lleva en el coche. Se llama “As I am” y entre sus 14 canciones hay una en la que suena por debajo la voz deliciosa de relamerse de John Mayer, que es capaz de estar en un tercer plano absoluto, detrás de la voz y el piano de Alicia y aun así sonar fundamental, darle ese aire, ese toque que él le da a todo lo que canta. Es “lesson learned” y habla de cuantas veces tenemos que pasar por lo mismo hasta aprender la lección. Y dice también que lo que importa es que un día la gota colma el vaso y uno es capaz de dejar atrás lo que no tiene arreglo. Entra lento pero ya se ha filtrado hasta mis últimas capas. Ya me encuentro parada en medio de mi vida, mordiéndome el labio con los ojos cerrados, agitando la cabeza, balanceándome, trazando espirales...Ya está. Ya no puedo determinar cuál es mi favorita... Alicia parece pensar, como yo, que a lo mejor mañana es la hora de las lágrimas y la depresión, pero hoy, ahora mismo, nos toca brillar. Y parece entender la ironía, cuando se parodia a sí misma como una adolescente tonta poniendo nombres y corazones en las pastas de los libros de texto y escribiendo cartitas de amor.Y me ha recordado eso que dijo la zapatilla del disco de Conchita (disco que no me gusta demasiado, la verdad) dice que todo es muy teenager, como a los 15 años, pero que los aterrizajes y despegues del corazón son siempre como si tuviésemos 15 años.Pues eso, tenemos historias de amor adolescente y discos que le cantan al presente absoluto y a esa certeza de que nada es eterno y que a veces nos toca reír y otras llorar, que la suerte va por barrios.Pero siempre nos quedará la buena música para acompañarnos en los vuelos, en los aterrizajes forzosos y en las averías de motores. Hasta que llegue la hora de volver a brillar, a surcar los cielos, a tener 15 años... P.S. Lo escribí el miércoles |