Universo Perpendicular



El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios)

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De espejos

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Es tu juego de espejos, tu juego raro de espejos cortados. De siluetas reflejadas en superficies casi planas. De aristas invisibles que hieren la piel sensible.
Es tu juego de espejos y yo una ganadora acostumbrada a perder(te)(me) en cada ronda. En cada esquina.
Es tu juego de espejos, tu juego raro de espejos mal colocados que me reflejan en fragmentos inexactos.
Me desdibujan, me difuminan, me transforman, me marginan. De pura inexactitud.
Es tu juego raro de espejos deformados que esconde mis ojos del foco, que saca mis pies del plano, los tuyos del tiesto. Es tu juego raro de espejos deformados que quita los hombros de la ecuación mágica, que deja apenas una visión lateral de mis manos, un trozo demasiado pequeño de mi piel a la vista. Un codo. MI codo.
Es tu juego de espejos. Tu juego raro de espejos amurallados. Yo, mientras tanto, desnuda sobre la cama, incumpliendo normas no escritas del arte de la fotografía.
Es tu juego raro, y yo soy solo parte del decorado.

P.S. Esto iba ayer, pero me olvidé la foto... Está hecha con el móvil en el pasillo de los servicios de un restaurante increible de Salamanca. En el único fin de semana de abril en el que hizo de verano. La que sale reflejada soy yo, la que hizo la foto soy yo. La que pensó que aquel pasillo tenía algo de juego macabro también soy yo. Distintos trozos de la misma yo. Un poco Alicia sacàndole la lengua a Carroll.

Multiple choice

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Hay unos polvos comestibles, que se aplican con plumero y saben a fresas con cava. Hay también pintura de chocolate y antifaces y esposas de peluche y extraños aceites que hacen subir la temperatura si soplas sobre la piel untada.
Hay porno que nos gusta a las chicas y hay tíos (tiene que ser tíos) que esconden pelis asquerosas bajo el inocente nombre de títulos de Willy Toledo.
Hay toda esa cantidad de cosas, de promesas, de fantasías, de maneras.
Y entre medias, o fuera de cada una de ellas siempre tú y tu cama de guardia que a lo mejor es como los polvos de fresas y cava. Un capricho.
Pero cuando el plan A sale rana, el B no es ningún juego (con los órganos vitales no se juega), todas tus "ces" son siempre la respuesta correcta.

P.S. Escrito dos días antes de que Vicky propusiese "el erotismo" como tema talleril. Me lo guardé entonces por esa razón, lo recupero hoy, que tengo un día de locos.

06/08/2008 08:49 Autor: universoperpendicular. Enlace permanente. Tema: Puntos Suspensivos No hay comentarios. Comentar.

Wild thing

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Animal. Puro instinto, automatismo.
Inmediatez.
Capacidad cerebral desbordante de entender.
Entender si pensar. Comprender todo de repente.
Prever, ver, predecir, decir.
Sentidos felinos en día de caza.
Reflexión exacta en milésimas de segundo,
Reflexión irreflexiva.
Cada sentido una patada,
Cada sinsentido un sentido.
Otra patada.
La calma,
La guerra.
El estado alterado de la efedrina en vena
Estrategia. Juego,
hambre de presa.
De captura de pantalla.
Cuánto es cavilar
Cuánto vacilar
¿Cuánta ciencia infusa?
Tanta cienciainfusa,
tanta clarividencia de mago,
Tanto poder invisible, evidente.
Tanto intangible de piel dura,
Tanto éxito...
que asusta

Recuerdo al óleo

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Yo tenía 17. Él muchos más. Ya entonces adoraba a Miró casi tanto como él adoraba a las mujeres mórbidas. Había borrado con sus manos morenas declaraciones de amor para otros, escritas con lapiz blando en mi pupitre de adolescente.
Pero un día me hice mayor y él me dio casi todas las ventajas.
Me hizo creer en algo que emanaba, en la presencia de una energía blanca, radiante, imposible de obviar. Me enseñó el complejo mecanismo del deseo más simple. Aprendí a amar la pintura y la arquitectura. Supe que el aire en una estancia puede volverse pesado e irrespirable. Comprendí que Benedetti tenía razón, que sin complicidad las cosas pierden parte de su gracia.
Construimos un lenguaje común, un espacio privado, un código secreto, unas rutinas espesas, un calendario de visitas.
Aprendí a tocarle en público como si nada. Él aprendió a ponerse nervioso cuando yo lo tocaba como si nada.
Supe como apreciar a Ucello a Miguel Ángel, el tenebrismo, Goya, Velázquez, Pollock, Kandinsky, la Bauhaus. Klee. Tapies. El arte povera.
Me mostró cuadros que no puedo olvidar. Me enseñó a buscar la belleza en los sitios más inesperados.
Aprendimos, los dos, el hedonismo del ahora.
Sin su pasión, su confianza, su forma de hablar de los grises, su manera de darme toda aquella ventaja, no habría podido escribir el texto del Bremen de ayer ni muchos otros.
Y ahora, quizá, tendría ampollas en los pies.
Pero memoricé cada anécdota, disfruté cada estilo, aprendí cada detalle. Y supe de carrerilla la mejor lección de todas "quien bien te quiere nunca te hace llorar, aunque llores" También tuvo que explicarme con infinita dulzura que no podemos vivir con miedo paralizante.
Supo quererme, apreciarme, comprenderme, desearme como una obra de arte única e irreemplazable.
Y fue capaz de tener cuidado con mis órganos vitales, prepararme una despedida con olor a hierba y madera.
Luego me fui de la ciudad.
Y él me dejó ir sin agarrarme.

P.S. La venus del espejo, uno de los Velázquez que no mencionaba el texto de anoche. Dicen los que saben que sólo hay dos venus morenas en la historia de la pintura: ésta de arriba y la de Giorgione. No me digan que no es curioso. Podría ser la de cualquier otro pero tiene que ser la de Giorgione...

Destrabalenguas de cuando nada

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Cuando no sé lo que me quieres decir y no te digo nada. Porque nada de nada es nada. Siempre nada, yo nado, en tu nada de nada. Que a veces, si me fijo, parece algo.
Tu nada de mirarme a los ojos, de buscarme el alma, de captar mi atención de retenerla, de confundirme en el barro. De camuflarte las ganas.
Me dices la nada disfrazada de algos, me engañas, lo retuerces, me convences. O eso crees. Yo ya no me creo nada. Osea no te creo, porque tú, después de todo, eres nada. El cinismo invadió los agujeros, el mundo, tu mundo. La nada, vamos, terminó pareciendo nada.
Nunca quise todo. No tu todo. Siempre diste nada. Toda tu nada inmensa disfrazada. Yo pedí un algo. Un algo minúsculo de verdades desnudas. Un algo como "no puedo, no sé o no quiero".
Y sigues revolviendo la nada contra nada. Empujando mi todo hacia el agujero. No cuelo. Todo nunca cuela, no cabe, no puede ser tragado por nada.
No te esfuerces más.

P.S. Escritura totalmente automática en torno a nada. O a la nada. Que no es lo mismo. De la nevera. Estos días son de locos y todo lo escribo en libretas, mucho además. Sorprendéntemente fértil para la escasez de tiempo, pero a lo que no llego es a mecanografiarlo todo...
Respondo mañana (espero)
Ahora les mando besos

16/07/2008 11:44 Autor: universoperpendicular. Enlace permanente. Tema: Puntos Suspensivos No hay comentarios. Comentar.

Vértigo

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Siempre estamos escribiendo sobre el vértigo, hablando sobe el vértigo o callándonos el vértigo. Viviéndo en el vértigo de las alturas, de comprender nuestra minúscula porción de nada, nuestro minúsculo ombligo, el punto de guía en el mapa.
Usted está aquí. Yo estoy aquí. Yo. Tú. Dónde estás tú. El momento preciso en el que el punto del mapa de tu ombligo encaja en el punto del mapa de mi ombligo.
Levantarse de la cama, mirar por la ventana de ese enésimo piso sin ascensor. Sentir el agujero en el estómago. El miedo.
Es miedo. El vértigo es una forma de miedo: a caer.
Bajar todas esas escaleras, corriendo, como buscando oxígeno hasta llegar a una calle plagada de gente con sus propios ombligos. Usted está aquí. Rodeado de otros ustedes, otros aquí diferentes con su propio vértigo aprendido. Y el innato.
En el nivel más bajo de las escaleras sigue existiendo ese vértigo invertido de mirar arriba, el crujido del cuello. El cielo. Tan lejos. Tú ombligo allí, en el piso más alto, el mío aquí. Tan abajo.
Y la necesidad de subir, corriendo otra vez, subir corriendo hasta llegar jadeante a tocar el timbre de tu puerta. Y besarte el ombligo. Usted está aquí. Otra vez. Y más abajo...
Arriba. Abajo.
Vértigo a que el mundo pare, a que siga girando lento, a que acelere la rotación sobre su eje. A girar yo sobre tu eje, a girar sobre mi propio eje. A que coincidan milimétricamente. A que no coincidan en un solo punto.
Es miedo. El vértigo inverso es una forma de miedo: a no poder subir. No saber subir.

Acotación al margen

El vértigo inverso: Vega, una vega que no era la quinta estrella de ningún firmamento y que sólo tenía que ver conmigo en su interés por el jazz, llegó a NY y al mirar arriba sintió vértigo inverso. Yo dije entonces que lo robaba. Lo robo ahora.

El vértigo y las escaleras
: la foto de MensO que es el vértigo en todas sus variantes: el vértigo del que fotografía, el del que mira desde el otro lado del espejo. Ver venir los obstáculos, a veces demasiado rápido para esquivarlos.

El vértigo a que el mundo pare
: Ismael Serrano.

Hala vegaladrona (intertexto Martín Casariego) haciendo de las suyas. Y confesando sus crímenes.

Definiciones

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Lo que no sabes de mí cuando ya crees saberlo todo, conocerme todos los rincones, los trucos y los botones. Lo que ni imaginas de mí cuando me imaginas desnuda, descuidada frente a la ventana.
Lo que nunca me cuentas pero te vela la mirada a pesar de la risa, eso espeso, ese secreto vicio al que tratas de encontrar una manera de arrastrarme.
Lo que esconde y medioenseña la cortina.
Ese trozo de mi piel que ya conoces con los cinco sentidos pero que te parece otro cuando lo ves a través del tejido transparente de la tela.
El fragmento de piel blanca que deja el bikini en el culo. Esa parcela única de la que eres entero el dueño. De la que sólo tú disfrutas, por lo menos esta tarde de verano.
El masaje con aceite que no tiene nada de curativo ni terapéutico. Cuando cocinas para mi y me das de comer y las yemas de tus dedos en mis labios.
La sed, el sudor y la saliva. Algunas palabras dichas casuales, cayendo suaves sobre los poros, abriendo los poros, llenándome de ganas.
Tu forma de beber vino.
Cuando me escoltas por los pasillos y me guardas la espalda y los sentidos se me vuelven felinos olfateándote, escuchándote respirar, tratando de averiguar cuánto vas a tardar en abrazarme.
Esas horas intempestivas en las que tu llave no acierta a entrar en la cerradura y yo respiro con la nariz pegada a tu nuca y te manoseo retrasando un poco más el momento del portazo y el peso desplomándose contra la pared maestra del recibidor.
El sonido amortiguado de una ducha contigo dentro. O Marvin Gaye sonando demasiado alto.
Cuando me miras a través de los espejos.
Tus manos morenas.
Colgarme de tu quicio, lamerte la oreja, reirnos a carcajadas en la cama.
Que me cuentes entre susurros cosas con dobles sentidos.
La caricia de la seda.
Balancearme sobre ti, abrazarme a tu cuello, desplomarme en ti
Abrazarte desde dentro.
Escribir esta lista a intervalos calmos de anochecer a cuarenta grados. (contigo a ese lado)

A veces...

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... la felicidad consiste simplemente en que te besen en secreto y a escondidas en un rincón de la cocina, mientras el agua hierve y se rebosa, indiferente a los cambios en las leyes más elementales de la física.

 

P.S. De una de mis libretillas para bolso. Fue Sonia, hace tiempo (no recuerdo cuanto y no puse fecha), hablando conmigo la que dijo "kisses in the kitchen" (tampoco sabemos por qué...) Pero yo anoté la frase y salió esto. Como aquella vez de la cordura en el frasco. Siempre "plagio" o utilizo lo que dice Sonia cuando habla de cocinas...

Y la foto

Cartas de amor (cuando no hay amor)

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12 de Mayo,

Te dejé por él pero no para estar con él. Eso es lo que no entiendes. Que no estoy tan loca, no soy tan impulsiva, aunque parezca que hago las cosas sin pensar.
Te dejé por él. Porque él existía. Porque él estaba. Porque me apetecía verle, porque quería seguir quedando con él, seguir hablando con él, que siguiese mirándome así, que me tocase casual. Que tontease. Eso pasaba. Y pasaba también que yo quería lanzarme a su cuello moreno. Besarlo. Esconderme en su espalda. Y pasaba también que tenía ganas de contarle a él en lugar de a ti. Eso también pasaba. A mi no me pasan esas cosas. Y si me pasan hay un problema. Y, como diría Aznar, si hay un problema se soluciona.
Podría, claro, haberme callado, haber seguido contigo, haber esperado a que me enfriase. Ya sabes que yo opino que lo inteligente en estos casos es esperar. Pero sé que en estos casos la inteligencia no es la primera cosa a tener en cuenta de la lista.
Y si hubiese esperado, ahora seguiríamos juntos, como si nada. Tú no te habrías enterado de nada. Habrías pensado que era tu culpa entera, que mi apatía era culpa tuya, habrías rebajado la presión, habrías claudicado en un par de cosas y yo viviría mejor. O más cómoda.
Y tu piel pegada a la mía seguiría provocándome lo de siempre. Pero yo ya no tendría que contenerme. Y si hubiese hecho eso te habría engañado a ti y me habría engañado a mi y habría condenado a lo nuestro a morirse de asco. Nuestra historia podría haber derivado hacia una hipoteca y comidas en casa de los suegros. Podría haberme agobiado entonces y haberlo terminado demasiado tarde. Con mucho más dolor y muchas más lágrimas y mucho más rencor y un odio frío, y reproches sucios. Mierda.
Podría. Habría habido incluso vacaciones idílicas, sexo salvaje, cenas en restaurantes perfectos. Una historia de mentira.
Podría, pero me importas demasiado. Y eso no se le hace a alguien a quien has querido. Y eso no se le hace a una misma. Lo justo es hacer las cosas lo mejor posible. Aunque sea mal.
Aunque lo ideal hubiese sido que él no existiese embarrándolo todo. Que yo hubiese seguido enamorada o inconsciente. Pero eso no depende de mi. Es irracional e incontrolable. Esto de aquí arriba es todo lo contrario.
Y ya no sé cómo explicarte que te dejé por él pero no para estar con él. Sino porque existía alguien que me hacía sentir eso.
Y ya no eras tú.

P.S. El título se lo he copiado a Mikel Erentxun. La letra de esta canción dice algo como "Las cartas que no envías sólo son cartas marcadas, te regalan una mano pero nunca un corazón."
Y la foto

El mate del loco

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Rodando por la pendiente. Suave. Césped. Como aquella de mi infancia: los jardines del obispo que inauguraron la primavera del 87. Yo rodaba blanda y la ropa se teñía de verde, ropa de rodar por pendientes, de anunciar detergentes.

El frotar se va a acabar. Y yo sigo rodando blanda. Haciendo con mi cuerpo una bola, protegiéndome los órganos vitales. Preparando la sonrisa de repuesto. Cargando baterías, comprando pilas extra, poniendo a punto un generador eficaz que permita a mi luz seguir brillando a pesar de las tormentas, los huracanes, los planes malvados de los bobos que tratan a las personas como fichitas de ajedrez. No soy una torre en un enroque, tampoco fui un peón de rey el año pasado. No tienes ni idea de la apertura clásica. No sabes jugar al ajedrez con blancas ni con negras: avanzar ni esperar, proteger ni atacar. Solo sabes destruir. O intentarlo. Y yo soy experta en cambiar de plano. Imagina por un momento que el peón muta en Karpov de los buenos tiempos, en jugadora de república ex soviética. En reina de la estrategia. Y no lo parece. Porque sonríe y rueda por el césped, porque se hace una bolita y parece blanda e inofensiva, ni siquiera con los pinchos de un erizo.

Imagina eso por un momento. Imagina que haces tu jugada maestra y te dan jaque mate. Imagínate perdiendo la partida malévola contra ti mismo: por creer que los estrategas son peones.
No voy a dejarme, me oyes?? No te lo voy a consentir. Te lo advierto ahora. En silencio. Shh sin que se entere nadie. NO te lo voy a consentir: saldré de tu tablero, pero no como tú quieres... no te empeñes. Soy mejor que tú jugando a este juego. Aunque no quiera sentarme en la silla, parar el reloj, presionarte, obligarte al error. Aunque te deje tanto espacio y tanto margen y parezca tan apacible y ruede por la pendiente... puedo dejar de rodar, sentarme en la silla, mover la reina blanca un par de casillas por el tablero, dar jaque mate. Estrecharte la mano, sonreírte. Salir de la sala caminando segura, cerrar la puerta suave. Y desaparecer. No me obligues. Prefiero jugar a las serpientes y las escaleras, en una partida eterna donde nadie gana ni pierde nada, una partida eterna de esas en las que los jugadores se ríen y disfrutan. Prefiero Snakes and ladders, pero puedo sacar las pesadas piezas de alabastro de su caja, colocarlas sobre el tablero gigantesco y darte  jaque mate con la reina blanca. Ganar a lo grande. Puedo hacerlo. No me pongas a prueba.

 

P.S. De la nevera, claro. O más bien del congelador. Hace muchísimo que termnió la partida absuda y cruel. Pero este post estaba en los borradores. Listo para darle a publicar, hoy es un día de locos y probablemente no me de tiempo a nada. Y mañana quién sabe... Así que... Del congelador directamente al presente. ´Les mando, eso sí, besos frescos!

El título es el mate más rápido que se puede dar en ajedrez. Lo da la dama, claro. 

17/06/2008 08:10 Autor: universoperpendicular. Enlace permanente. Tema: Puntos Suspensivos No hay comentarios. Comentar.

Malinterprétame

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Dice Aroa que no cavile, que deje que fluya. Pero suena Amy Winehouse con insistencia y llevo dos semanas sin dormir (no es insomnio es falta de tiempo) y tengo doscientas lesiones pero sigo bailando (el tobillo derecho hinchado y la rodilla izquierda desencajándose periódicamente), y la conjuntivitis me seca los ojos.

La falta de sueño me convierte, como a los bebés, en un ser irritable. Relativamente irritable. Hipersensible. También en la piel. Hiperestésica.

Insoportable.

He retrasado media hora el despertador, he aparcado en cualquier lado. Me estiro en la silla de oficina como una niña pequeña. Haciendo mucho ruido.

Dice Aroa que no cavile pero yo siempre cavilo mientras dejo que todo fluya. Hay cosas inevitables, hay cosas incontrolables (como que suene un disco 8 veces en una tarde) pero hay otras que no. Y yo cavilo. Y todo fluye sin atascarse.

Back to black no me recuerda ni a ti ni a él ni a nadie. Y nunca lo hará.

Back to black es un polvo lento y profundo a la hora de la siesta y es también un adiós con maletas en la puerta.

Como todas las buenas canciones lo es todo, lo resume todo, lo explica todo.

Las cosas fluyen cavile yo o no. La diferencia es saber qué río te arrastra y aproximadamente a donde. Para comprender si merece la pena luchar contra la corriente, si hay que intentar remontar el río, salir del río o dejar que desemboque donde sea. Dejarse hacer.

Saberlo puede ser mi única ventaja.

Entender... que yo no hago magia, que no soy especial ni diferente, ni más inteligente que los que fracasaron tantas veces. Y que hay cosas contra las que no puedo ni quiero luchar. Agujeros por los que no volver a mirar, caminos que no merece la pena desandar.

Pronósticos que terminan siempre por cumplirse. Asquerosamente exactos como Amy cantando con el alma torturada y la lengua vulgar de barriobajera.

Certezas inciertas.

 

P.S. El título porque una de las cosas que me han hecho ver el blog y algún texto del taller es que, mis palabras, que para mi son excesivamente transparentes, acaban llevadas a otro sitio. Y eso es a la vez motivo de frustración (no conseguir contar exactamente lo que quieres), de sorpresa, de regocijo (qué palabra más tonta) y a veces incluso de risa. Así que... malinterprétame como haces siempre (parafraseando la canción). Llévate esta tontería a tu terreno, igual que yo me he llevado Back to black a todos esos sitios donde Amy ni siquiera imagina que puede estar... O a lo mejor esta vez lo consigo... quién sabe.

La imagen

Memoria olfativa

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Por las mañanas uso otro perfume. Uno carísimo (más incluso que el de las noches) que no parece carísimo. Es persistente pero sutil, con la mezcla justa de todas las cosas y ese toque sintético que me gusta.

Ese toque ligerísimamente plástico. No sé explicarles. Es difícil explicar olores. Mezclas de olores. El perfume de las mañanas tiene notas de limón, jenjibre, bergamota, pomelo, hojas de violeta, rosa, flor de loto, muguet, vainilla bourbon, musc y maderas.

Todo eso. Como casi todos. Esa mezcla en una fórmula secreta y exacta (casi nada de jengibre, mucho musc), esa mezcla precisa y preciosa da un resultado delicioso.

La persistencia, los juegos de distancias.

Todos los perfumes que termino repitiendo huelen diferente en las distancias cortas que en las largas.

La vida es un juego muy serio. Los seres humanos somos eternos niños a tiempo parcial. Los niños jugamos con cualquier cosa. Los hedonistas con los sentidos.

Por eso no soy capaz de cambiar mi perfume nocturno (nocturno quiere decir para cualquier cosa que no sea trabajo o gimnasio independientemente de la hora del día).

La mayoría de "fragancias" tienen una pirámide olfativa. Unas fases en las que predominan unos olores sobre otros. Una mera cuestión de tiempo de evaporación sobre la piel. Hay algunos, ya hablé de ellos antes, que no tienen notas: son una mezcla compacta y moderna que no se modifica con la evaporación. Interesantes.

Y luego está el que yo uso. Funciona con facetas. Dicen los expertos que la gracia de mi perfume es que interactúa con la química de la piel más que el resto. No es que modifique el olor concreto de las notas de entrada, medias y de salida, es que en cada mujer esas notas son sutilmente diferentes. Bailan entre ellas, se combinan y se modifican dependiendo de muchas cosas. De la hora del día, de la estación del año. De si sales de la ducha o te perfumas después de haber corrido por la casa buscando con prisas unos pendientes que de todos modos no conseguiste encontrar. Nenúfar, madera, ese toque entalcado y decadente, mandarinas, vetiver (el punto masculino). Todo mezclándose. Han pasado casi 10 años y sigo oliéndome a mi misma. No me he acostumbrado.

Ese es el perfume que me resisto a cambiar, porque cambia conmigo, se adapta a mis momentos a mis estados de ánimo, mis cortes de pelo. Y huele diferente de cerca que de lejos.

A lo mejor es que quiero que te acerques más a mi cuando me hablas en los bares canallas.
A lo mejor es que necesito que te acerques más a mi aunque no seas capaz de distinguir el olor de la bergamota del del loto. Aunque no aprecies lo sutil de la diferencia de milímetros. Aunque creas ser incapaz de distinguir mi perfume del del resto.

Algo en la pituitaria se conecta directamente con esa región del cerebro y dentro de muchos años, cuando ya no recuerdes ni mi cara, ni mi nombre, ni los gestos que hago, ni ninguna cosa mía, tendrás almacenado en el lugar más primitivo un resto de ese olor. Persistente e inutil. Y será como si te acordases de mi, aunque ya me hayas olvidado. 

No sé de donde saqué la imagen...

06/06/2008 08:57 Autor: universoperpendicular. Enlace permanente. Tema: Puntos Suspensivos No hay comentarios. Comentar.

Decidiendo a quién creer

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Termino de leer y David menciona a Medem. Tiene razón. Se parece. Y yo ni siquiera he pensado en Medem durante ningún momento del proceso.

Estoy entre la autocensura, la repetición y el plagio involuntario. Con algo que se anuda justo debajo de mi tráquea. Aprieta sin doler. Incomoda. Asusta.

He dormido menos de 40 minutos esta noche. Hoy está nublado pero da igual, ya no pienso quitarme las sandalias.
Esta tarde firmo mi nuevo contrato.

Debería pensar en el absurdo. Como concepto.

Aroa dice cuando entran dos: "ese tío estaba en el ciber esta mañana haciendo sexo virtual". Voy al baño. En la puerta de chicas hay dibujado un zapato de tacón, en la de chicos una pipa.

Alguien aporrea mi puerta cerrada y yo pienso que, o hay un incendio, o la chica que espera debe estar borrachísima. Pero la respuesta correcta es la c:

Al salir uno de los del sexo virtual tapona la puerta y casi entra en el cubículo obligándome a mi a pegarme a la pared para conservar mi espacio. Me ha mirado cuando entraba. Quizá nos ha oído cuchichear.

- Tu baño es el otro

- Es que no tengo muy clara mi sexualidad, ¿sabes?

- A mi eso me da igual, el caso es que no llevas zapatos de tacón.

Estoy preparada para que responda que tampoco lleva pipa pero me pilla con el pie cambiado (observese el chiste) cuando responde "bueno, tú tampoco" Improviso una idiotez:

- Pues mira, mira bien porque sí los llevo

- Ya he mirado bien. Y no los llevas. Eso responde con lentitud mientras mantiene sus ojos quietos en los míos.

 

Joder con el del cibersexo, pienso mientras salgo. Pero parece que "el culpable" era el amigo.

Algo absurdo... no sé, ahora mismo no caigo.

Hice una regresión porque cuando le conté a ella lo que me pasó por el cuerpo cuando lo conocí me respondió que así describen los budistas el encuentro con las almas gemelas. Idénticamente así, como yo. Me pasó un libro. Tenía razón.

Hice una regresión y no funcionó. No vi nada. Sigo siendo atea conversa. Pero sigue gustándome la idea. Sigue pesándome la idea. (la de las almas gemelas).

Y sigue aquí el nudo apretándose. La sensación del segundo plano. De estar procesando algo. Importante e inconsciente. Puramente cerebral. De intuir que aparecerá pronto una respuesta. Cerrar el caso preguntándome si tiene sentido. Pensando en ese verso de Erentxun que continúa el título de este post.

A cambio he escrito muchísimo. Lo he guardado en un sobre. He cerrado el sobre. No quiero leerlo cuando llegue a casa. Quiero abrir el sobre dentro de unos meses, cuando haya olvidado cada una de las palabras.

Tengo resaca de fumar demasiado. La boca pastosa. He bebido zumo de naranja para desayunar y nada de café. Son más de las 10 y aun no he hecho nada. No tengo prisa. Ni ganas.

Dice P que me favorece el morado y que sonría por favor. Pero yo solo quiero dormir. De algún sitio saco fuerzas para responderle que a lo mejor lo que me favorece es no sonreir. Sostiene que es el morado, que la ausencia de sonrisa inquieta, me hace los ojos más oscuros. Me río a carcajadas: eso son los restos de rimmel de anoche difuminados, no me he desmaquillado y el agua de la ducha no elimina con eficacia suficiente los restos. Ah vale. Estás de resaca. Y se tranquiliza. Y me recuerda que hoy, de postre, pacharán con hielo.

Algo absurdo: no se me ocurre... ¿Yo?

05/06/2008 10:11 Autor: universoperpendicular. Enlace permanente. Tema: Puntos Suspensivos No hay comentarios. Comentar.

Lo que le dice mi nombre

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Acabo de despedirme de la mujer del puestecito. Estaba explicándole algo a su sustituta porque mañana coge la baja. Está embarazada.y se enteró casi nada más llegar yo a la empresa. Tiene que hacer reposo hasta el parto, en  la ecografía del lunes le dijeron que es una niña y cuando le he contado que ya no estaré el día que vuelva al trabajo me ha dicho que su hija se va a llamar como yo, por mi.

Será la segunda niña en el mundo que tendrá ese nombre por mi culpa, del mismo modo en que yo lo tengo gracias a aquella mujer navarra.

Es un nombre precioso, con un significado aun más bonito, así que me parece una buena cadena. Y me emociona la chica del puesto. No sé su nombre y ella sabe el mío sólo porque cuando le compro la ensalada césar me la guarda en una bolsa hasta la hora de comer y escribe cómo me llamo con rotulador.

No sé su nombre pero sí cómo y cuándo conoció a su marido. Sí que nunca se ha llevado bien con su madre pero en cambio adora a su suegra. Sí que odia los martes aun más que los lunes, que le gusta la pasta carbonara, que se pasa la vida a dieta estricta, que es incapaz de dejar de fumar, que tiene miedo a que su hijo se convierta en un hombre agresivo y cuando le ve pelearse con otros niños se asusta mucho. Sé todas esas cosas pero no sé cómo se llama ella.

Y su hija llevará mi nombre.

Le pregunto por qué.

Me cuenta que un día, en marzo, hablando con una chica de sistemas, yo dije algo que le gustó mucho. Repite mi frase y yo no puedo recordarla, ni siquiera me parece mía. Pero en cambio recuerdo muchas de las cosas que ella dijo  sobre el amor y las miserias.

Cosas que quizá ella no sea consciente de haber dicho.

Hace una lista de virtudes mías, virtudes que seguramente no sean ciertas, pero que me gusta creerme una mañana de oficina. Una de mis últimas mañanas en esta oficina.

La vida es rara. Subo en el ascensor con un nudo tonto en la garganta preguntándome si algún día, esa niña que ahora le provoca a su madre náuseas y otros malestares tendrá algo en común conmigo, alguna cosa, por minúscula que sea, que la vincule a mi. Un hilo fino e imperceptible, una señal microscópica como la que me une a mi a la mujer que me regaló este nombre que escondo aquí detrás del nombre de una estrella (otro regalo valioso). 

Y pienso en las perpendiculares. Las vidas que se cruzan, se modifican, se influyen, se transforman, se trenzan y destrenzan sin que nos demos demasiada cuenta.

Es bonito. Es bonita esta vida loca, a pesar de todo...

( )

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Un instrumento de cuerda haciendo virguerías. El cielo gris de primavera recién estrenada. La maleta.

Estoy de bajada de montaña rusa. Sabía. También sabía que iba a llegar la bajada. Entran la flauta y el yembé. Una voz de hombre canta con mucho aire. En árabe y francés. Toques de jazz. Eva me enseñó a bailar esto. Es una balada triste. Las baladas tristes hay que bailarlas con cara de llorar. Y yo tengo cara de llorar. Pero no exactamente ganas de llorar. No ganas reales de llorar.

Ya vendrán. Vendrán y sé que vendrán pero todavía la prepotencia absurda de creerme capaz. De todo.

Me cuesta no hacer círculos lentos con el pecho. Me cuesta seguir sentada con mi cara de llorar y mis manos apretando suaves las teclas.

Me cuesta no sonreír imaginándote hacer virguerías, como las de ese instrumento de cuerda.
Me cuesta enterrar la evidencia. Las dos evidencias.

Y contar sin contar nada.

El flautista, ahora, casi se queda sin aliento.

Hay una palabra. La clave de este código indescifrable. Una sola palabra que convertiría todo en algo obvio.

Una que no pienso teclear. Pero que tal vez mencione de pasada un día de estos. Como si nada. Porque me gusta verte mirarte las manos y negar con la cabeza. Negar insistentemente con la cabeza. Como si pudieses convencerte.

Necesito verte negar para convencerme yo. Supongo que es solo eso. Convencerme de que no cuando todo el cuerpo me grita sí.

Porque sigue aquí, en el fondo, el instinto martilleando, la certeza, el pensamiento mágico. Cualquier estupidez que me permite creer que a veces todo funciona de un modo absurdo y extraño y erróneo, y ridículo. Pero funciona. Bien. Mejor que esos relojes tan perfectos que terminan siempre atrasándose un segundo por año.

La imprecisión gigantesca haciendo que todo encaje. Es otra forma de verlo.

Como aquellos cubos de EVA que montábamos de pequeños. El morado se podía hacer de dos maneras, al menos. Y era el más difícil. La forma más bonita de resolverlo era la menos obvia.

El hombre empieza otra balada. Como un lamento de dolor. Y ya no sé poner cara de llorar. Pero sin darme cuenta estoy, por debajo de la mesa, haciendo círculos hacia dentro con la pierna. Y el ocho maya anunciándose en mis caderas. Mientras el yembé... se acelera.

Es magia. Otra vez. El lamento ha dejado de ser un lamento. Y la canción suena alegre y sale el sol, y entra el sol por la ventana.

Y ahora, definitivamente, las caderas piden "vuelta africana"

 

P.S. Eva (la mujer, no el material) sigue de baja. Estamos preocupadas por ella y la echamos mucho de menos con su dulzura. Consiguió enseñarnos, incluso a nosotras, los pasos básicos de la danza oriental. Y seguimos acordándonos. Y nos siguen saliendo sin querer cuando suena una "tabla" o una balada triste, o folcklore egipcio... Tiene mérito. El texto no existiría sin ella, bien mirado...

P.P.S Los dibujos no sé de quién son, los he ido encontrando por ahí. Lo siento por sus autores (si casualmente alguno pasase que se identifique)

Desde todos los portales de la luna...

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Una luna de scooby doo y una avenida vacía con semáforos que cambian incesantes de verde a rojo para coches que no terminan de pasar.
Una luna de scooby doo, amarilla, mordida por una esquina, escondiendo la herida entre nubes negras silueteadas en el cielo de noche.
Una luna de peligros de juguete y una ciudad falsamente fantasma, dormida, paralizada.
Una avenida de infinitos carriles sin coches que la rellenen. Farolas malgastando energía para iluminar a nadie. Los semáforos en perspectiva cambiando al unísono: verde. rojo. Sin ambar. Sin lugares intermedios.
Verde. Rojo. Un punto de fuga al final, tan lejos como llega mi mirada miope.
Verde. Rojo. Nadie que pase o pare. Ni un solo coche moviéndose, deslizándose o frenando. Sólo los semáforos cambiando mientras la luna baila con las nubes empeñadas en desnudarla, en mostrarme su herida, su mordisco de dientes hambrientos de mantequilla.
Una luna baja, cercana, casi al alcance de mi mano pequeña.
Una que no puedo dejar de mirar, como si tuviese algún mensaje que enviarme.
Mensaje cifrado que no entiendo. Que no sé si quiero entender. Que no sé si debo entender...

P.S. El título, ya saben, verso de Quique González. La foto de la luna no es mía, está aquí

Saldremos a la lluvia

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Hoy iba una recomendación de un libro, pero se cae el cielo y lo veo en primer plano

Hoy iba una recomendación pero parece un recado y no nació como un recado, así que me la guardo.

Hoy iba un recado pero se cae el cielo y yo lo veo en primera fila.

Hoy había doscientos post posibles y ninguno era este.

Este en el que estoy frente a la ventana gigantesca viendo la nube gris, bajísima, pesada de lluvia, deshacerse en agua casi sobre nuestras cabezas. Quiero creer, aunque no sea así, que es la misma que me bañó ayer por la tarde justo al salir del trabajo.
A la que le dejé empaparme, con mis bailarinas y mi camiseta de manga corta y una salsa sonando insistente en la cabeza.

Los conductores de los coches del aparcamiento me miraban como si estuviese loca, ahí sola, sin paraguas, medio desnuda, con la cara mirando al cielo y los ojos bien abiertos. Pero yo sé que todos hemos hecho eso alguna vez. O hemos deseado hacerlo y no nos hemos atrevido.
No todo el mundo es capaz de meter los pies en los charcos, después de todo.

Quiero creer que es la misma nube que me empapó anoche, a las once y sin  mi permiso. Esa que olía a tormenta de verano.

Sé que esta es otra nube. Pero parece siempre la misma.

La de los veranos cántabros e irlandeses. La de amanecer y no ponerse el bikini y marcharse a Santillana. A nada.

Me sé Santillana de memoria, podría enseñártela con los ojos cerrados si quisieses, podría llevarte justo a los dos sitios que más iban a gustarte. Podría contarte un par de curiosidades de las que no vienen en los folletos de la oficina de información turística.

Santillana es un parque temático que a mi me huele auténtico.

Hoy hace día de comprar artesanía en esa tienda carísima.

De mojarse menos de lo previsto y empaparse enteras las ganas de pelea. De embarrarse la piel con fines terapéuticos. De ver llover con la sonrisa, de atenderte como quien oye llover.

De dejarme ganar y entender que dejarse ganar nunca es una derrota aunque lo parezca.

De repetirme en la cabeza "oído barra" mientras espero un relámpago que cruce el cielo.

Hoy hace un día de salir a bailar con la lluvia la misma canción de tantas veces o esa canción recién descubierta. De condenarme a la felicidad efímera del no saber lo de mañana. Lo de luego.

Hoy ETA ha vuelto a asesinar, sin avisos. Hoy suben los muertos en Myanmar, en China. Las catástrofes artificiales y las naturales podrían alcanzarnos fulminantes mientras nosotros aquí, nos miramos el ombligo por diversos procedimientos. Cada uno el nuestro. (nuestro ombligo y nuestro procedimiento).

No se puede vivir con tanto miedo. Me niego a vivir con toda esa rabia. No estoy dispuesta a enfadarme por casi nada.

Cerrar la puerta. Bajar a la lluvia. Saldremos a la lluvia, dice Manolo García.

Un disco cretense. Los cretenses pintaban delfines en las paredes de sus palacios y escribían unos signos aun no descifrados (dicen que silábicos). La civilización minoica disfrutaba del Mediterráneo, del vino, de la vida efímera, de las lluvias que podrían matarnos pero en mañanas como hoy nos acarician.
Del olor a ozono. De las dos o tres cosas inesperadas que aun, gracias a Dios, pueden cambiarnos el rumbo de una mañana. (nosotros tenemos velas no motores...)

Saldremos a la lluvia. Yo, por lo menos, ahora mismo. Con dos lágrimas redondas embalsadas en mis conjuntivas y la canción 9 sonando.

La preciosa letra de la canción 9 martilleando.

 Sadremos a la lluvia.

A la lluvia voy.

Vuelvo, empapada, en un rato.

Espérenme, no llevo paraguas.

P.S. Ella, la del cuadro, sí lleva paraguas. Pero me encanta. Imaginen que soy yo, que se moja lluvia de colores. Se llama "rain princess" y es de Leonid Afremov

The end

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Hace ya lo suficiente del "the end" que empezó siendo un "to be continued". Pero a veces no hay nada que continuar.

A veces la vida, esa cachonada, te da un sartenazo en las narices (no necesariamente un rayo partiendo nada), para que te enteres.

A veces te pone la certeza delante de esas mismas narices de forma inesperada.

Y lo que antes estaba bien de pronto pasa a ser mentira.

Y tú, que eres de todoso o nadas, dejas algo por nada. Y estás feliz. Y te sientes mal por estarlo. Y sabes que has subido en una montaña rusa que ya conoces. Que corres riesgos, que tienes las de perder, pero estás viva. En ebullición.

Aterrizajes forzosos. Despegues candorosos.
Si lo importante es el viaje, viajemos.

Arriesguemos, hagamos las cosas lo mejor posible, aunque sea mal. Controlemos lo controlable, dejemos que nos pase lo incontrolable (pero por favor que no nos arrastre... al desastre)

No nos arrepintamos aunque la química siga existiendo, aunque nada haya cambiado en el otro lado de la ecuación, porque todo ha cambiado en este lado. Y eso, ya sabemos, determina el resultado.

"en días como ayer pienso que podría salir bien, después de todo y a pesar de todo" (25/01/08)

Dicen los que me conocen que debería leerme mejor a mi misma, que se veía venir.

Pero yo creo que las cosas inesperadas, a veces, lo transforman todo.

 

El cuadro

Fragmento sin número

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(...)

Hay segundos en los que un rayo lo destroza todo. Hace sol, y una nube veloz cubre el cielo.

Se prepara una tormenta eléctrica sin avisar. Y un rayo parte en dos el tronco de la secuoya. De un arbol centenario, gigantesco y fuerte.

Lo destroza. Punto.

La vida tiene esas cosas. Y por eso los "de momento".

Sólo por eso. Podría saltar todo por los aires. Por cosas que ni imaginamos o por las obvias. Podría pasar.

(...)

 

La imagen

Las mismas

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Las mismas locas que se toman dos susana bombón seguidos, encendidos, ardientes, descongestionantes
Las mismas locas que montan un número pornográfico con el "back to black", que retrasan un cierre a base de uñas de "ron miel"
Las mismas locas que beben cócteles auténticos en el bar secreto
Las mismas locas que roban banquetas porque no quieren irse a casa aunque los pies les duelan de bailar tanto, de pasarse el día andando...

Esas mismas debaten en la parada de taxis sobre lo humano y lo divino. Sobre él, que se ha dado cuenta, años después, de que las mujeres que le interesan nunca jamás se fijarían en alguien así. Él, que lleva 10 años siendo el rey del mambo local. Repartiendo juego. Decidiendo. Eligiendo. Y ahora no.
Ahora no y nos ofrece a las mujeres normales, las que no se han operado las tetas, las que nunca soñaron con ser actrices, las que jamás hicieron caso a ningún consejo de la Cosmopolitan. Las que se negaron a llevar ropa interior amarilla por mucho que ese fetiche abriese puertas de habitaciones con camas. Esas. Osea nosotras. Las normales y corrientes. Nos ofrece a nosotras el oro y el moro.
Su oro, su camisa blanca sus ojos verdes, sus manos casi perfectas, su cuerpo fibroso, su cuenta corriente. Eso que se siguen rifando las de siempre...
Y nosotras sentimos pena pero nos vamos. A coger un taxi, a debatir de la vida.
R. tiene 40 y nos da carné de madurez, y nos dice que ella ya ha sufrido en la vida todo lo posible. Lo dice porque se divorció. Porque fracasó, porque algo le importaba y salió mal. Y nosotras, las mismas locas rozando los 30 le quitamos la razón. Ojalá la vida no le reserve nada peor que un divorcio.
Y él, el hombre GQ, quiere chicas como nosotras. Nos da pena. Nos gustaría, en el fondo, poder dejarnos besar, dejarnos hacer, dejarnos rescatar por el rey del mambo reconvertido en príncipe azul, en hombre perfecto dispuesto a todo. Pero... las nosotras nunca creímos en principitos reconvertidos.
Y las nosotras somos, seguimos siendo, queremos ser, las mismas locas. Tan cuerdas. Las mismas a las que algunos definen como "tan coherentes" otros como "tan sensatas" otros como "tan adolescentes", algunos como "tan maduras" y otros como "tan infantiles".
Somos todas esas cosas. Las mismas locas que llevan muchos años taconeando por las pistas de baile, disfrutando de la vida, fingiendo que no había dramas.
Las mismas que recorrimos los poblados más peligrosos buscándolo, rescatándolo de su mierda. Las mismas que caminamos bajo la lluvia donde no llegaban los taxis, donde no querían llegar los taxis, que fuimos a hospitales, que nos hicimos responsables de cadáveres andantes a nuestros 19,a nuestros 20 de niñas tontas. Que recogimos una a una las piezas de un teléfono móvil estrellado contra una acera, como símbolo de las piezas destrozadas de una vida desmontada.
Las mismas que estuvimos ahí cuando hacía falta, salvando vidas que no tenían arreglo. Preguntándonos por qué siempre a nosotras. Haciendo lo que había que hacer, aunque no fuese lo que más nos apetecía en sábados en los que deberíamos haber estado rozando comas etílicos.
Las mismas que parecemos tan tontas, tan simples, tan niñas bien, tan remilgadas. Que nos sabemos de memoria algunos recovecos y seguimos mirando el mundo como si no supiésemos que existen.
Las mismas chulas que no se creen mejor que nadie pero se saben buenas, se venden caras, o no se venden. Se regalan.
Los hay que no lo entienden.
Las mismas locas, las mismas niñas tontas, las mismas eternas adolescentes haciendo los eternos números que funcionan. Las que nos pasamos dos años completos, 730 días tirando de unos brazos que se hundían en el infierno. Que colaboramos en algunas vueltas a la tierra y no fuimos capaces de salvar a otros. No encontramos el resorte, si lo había.
No supimos, no pudimos. Y aprendimos a perdonarnos el fracaso. A seguir mirando el mundo como si lo estuviésemos descubriendo. Como si no hubiesen pasado 10 años.
Las mismas locas que no sabemos por dónde nos da el aire, a las que tantos hombres intentan enseñarnos tantas cosas, y algunos hombres, sin querer, nos enseñaron tantas cosas.
Las mismas locas, las mismas chulas que responden "en tus sueños" cuando él dice "¿tú y yo no hemos hecho algo juntos?" y se van porque están muy cansadas pero se pasan una hora de pie en medio de la calle arreglándose los mundos.
Eso me enorgullece, aunque sea pura suerte. Y me voy a casa compartiendo taxi con una mujer que parece una niña y que dice que yo, en mi nueva foto del DNI, estoy como "una cría". Compartiendo un taxi veloz. Riéndome. Cantando a danza invisible. Con todo esto por debajo. Al separarnos en el semáforo me vuelve a pedir esa carta de amor que guardo en casa. Una que me escribió cuando era una adolescente, un hombre mayor que nunca escribía cartas de amor. Y yo volví a decirle que no. Porque hay cosas que no le contaría ni siquiera a ella, hay cosas que no le enseñaría ni siquiera a ella. Hay cosas que lleva 12 años pidiéndome, que llevo 12 años guardándome. Que lleva 12 años respetándome, aunque la curiosidad...
Y ese es también parte del secreto.
Y me gusta que ella presuma de ser mi amiga. Porque yo presumo de ser la suya. Hemos vivido mucho juntas y se aproximan malos tiempos. Nos estamos preparando para el drama. Para sobrevivir, salir heridas pero sanas, fuertes, juntas, del desastre ineludible, las enfermedades, las ausencias...
Las 3, juntas. Después de todo lo que llovió. De psicólogos recomendando portazos, de portazos, de mudanzas, de huidas, de vueltas. De heridas, enfados, daños, juzgados, acusados no suficientemente condenados. Las 3 juntas. Contra los vientos y las mareas. Pareciendo tan locas, siendo tan diferentes, aparentemente tan separadas. Pero tan unidas...

 

La imagen

Tormenta de arena

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El satélite pasa con su cadencia de faro gigantesco dando luz y taquígrafos a lo que ocurre en nuestro mundo, y se topa de pronto, quiero creer que por azar, con una lujuriosa tormenta de arena que envía, en remolinos como embudos gigantescos, el Sahara pulverizado contra el Atlántico pulverizado.

Gotas de agua contra granos microscópicos de arena. La imagen me resulta preciosa. La foto y lo que no es la foto. Las infinitas imágenes.

La arena nutre al océano de plancton que a su vez nutrirá a la diezmada población del océano, permitiéndola engordar, crecer, reproducirse, si nosotros dejamos tiempo.
Una tormenta de arena alimentando el mar. Un poco de arena nutre, mucha seca.

Un poco de agua hidrata, mucha inunda.
Y volvemos otra vez a las medidas exactas, el efecto mariposa. El aleteo, el parpadeo, lo provisional, lo mutable, lo azaroso, lo incontrolable...

Amanecer (otra vez)

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La oficina está aun en un silencio de iglesia. El atasco de hoy retrasa a los más madrugadores. Yo he pagado 1.65 de peaje. El dinero sirve para eso. 1.65 euros de paz infinita y 140 km/h. Después del amanecer más bonito que recuerdo.

Merece la pena madrugar tantísimo para ver el cielo incendiarse así. Parada en una carretera de circunvalación mirando al este. Al este exacto marcado por las brújulas. Kilómetro 11, un poco antes de la curva que vuelve a orientarnos hacia el norte.

El cielo parecía primero pintado por Tintoretto: todo azules y rosas. Después, el sol redondo, perfecto, naranja, empezó a levantarse y convertirlo todo en un incendio controlado. Ahora juega al escondite detrás de una nube de mentira. Y la oficina de grandes ventanales de mi edificio inteligente tiene todas las luces apagadas.
Dice el hombre del tiempo que empieza la primavera. Yo, que soy una optimista llevo unas bailarinas con volantes, manga corta, mi perfume de por las mañanas y sorbo café de máquina como si fuese un espresso auténtico. Capuccino de avellana, para más señas, lo único bebible y disponible en este momento.

Y tengo ganas de sandalias, tapas por la latina y camisetas de tirantes. Tengo ganas de pecas en la nariz. De sol y crema hidratante.

La foto, claro, es de David. Una pena no tener la cámara esta mañana. Aunque conociéndome habría fotografiado cualquier desastre...

Viernes

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Yo no tuve cuentos de hadas en la infancia. En eso puede que fuese una niña rara. Lo más parecido a un cuento de hadas que tuve fue "Robinson Crusoe" razón por la cual nunca he buscado príncipes azules, a lo mejor quería un viernes. Luego vino Almudena Grandes a terminar el cuento.
Defoe me parece tan moderno... tan avanzado a su época. Tan lúcido en muchas cosas... Pero de pequeña sólo me admiraba la fuerza de aquel náufrago. Me admiraban sus ganas de vivir. Su forma de rescatar restos del naufragio y convertirlos en una vida.

Ese era mi cuento de hadas. Después empecé con la colección rojiza y dorada de Julio Verne. Supongo que esas cosas marcan.

Esas cosas y una madre que sólo me regalaba libros. Muchos libros. Pero que nunca me contaba cuentos, aunque en su memoria tramposa se recuerda relatando a pie de cama.

Su madre, mi abuela, hacía refritos de cuentos malísimos por pura envidia a mi abuelo. Y siempre en un hueco entre la partida y cierto programa de la tele. Era teleadicta, jugadora, y disfrutaba de la vida exprimiéndola con una pasión sorprendente. Nosotras la distraíamos Esas cosas marcan.

Mi abuelo hacía literatura infantil sin saberlo. Historias apasionantes de niños aventureros que viajaban por todo el mundo. Él nunca tenía prisa. Y era capaz de incorporar a dos niñas a su único hobbie: la quiniela.

La quiniela le gustaba casi tanto como estar con nosotras. Así que los domingos eran un rumor de transistor y cruces en papel de calco.

Hacíamos una columna cada una. Mi hermana siempre acertaba más.

El resto de los días Txiringuin se enfrentaba a osos polares, pero a nosotras nos gustaban los osos polares, así que Txiringuín se hacía amigo de los osos polares que le contaban secretos en el idioma de los osos.

Las historias continuaban tarde a tarde. Y siempre empezaban con un "¿dónde dejamos ayer a Txiringuin?". Y había un acuerdo silencioso entre las partes: nosotras nos emocionábamos con la literatura y dábamos respingos en la alfombra, y nos abrazábamos mucho a él. Como si nos lo creyésemos.

Fuimos aprendiendo a distinguir la literatura de la realidad. A entender que a veces las cosas se entrecruzan. Y a sumergirnos. Fuimos aprendiendo la complicidad con el que cuenta.
Supongo que esas cosas marcan.

O que yo elegí preferir indígenas de buen corazón a príncipes afectados, contadores de historias a regaladores de cosas, los juegos inofensivos y los excesos al egoísmo frío, el hedonismo al cristianismo. La complicidad sobre casi todas las otras cosas...

Lo bueno. Me quedé con lo bueno. Tuve la suerte, la oportunidad y las ganas de quedarme con una mezcla de eso que, ahora, mucho tiempo después, me sigue haciendo feliz.

Y la primera conversación que tuve en castellano fue con un perro. Dicen los testigos que parecía entenderme. El día anterior le había hablado al mismo perro en mi propio idioma. Supongo que pensé que ese era el problema...

P.S. La foto es de Moonysun

Relato-patata

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Todo se volvió loco con el dichoso 11-M. Entonces empezaron los fondos reservados para cuerpos de élite. La Interpol creó un grupo de espías especializados en terrorismo islámico. Espías como los del telón de acero. Y yo entré después de superar todas las absurdas pruebas sacadas de algún capítulo de Misión Imposible.

Llevo 14 meses infiltrado en una madrasa paquístaní. Estudiando el Corán de una forma tan salvaje que estoy a punto de hacerme suicida de verdad.

Hace dos semanas que nos trajeron al suburbio parisino de Clichy. Hoy es el gran día y tengo miedo. He manipulado ya un par de detonadores. Mis bombas, desde luego, no van a estallar, pero no sé si voy a poder asegurarme de que las otras fallen.

Su plan dice que luego iremos a la Torre Eiffel. Donde hacen cola los turistas para subir a la cima. Se supone que todo tendría que saltar por los aires, se supone que será una masacre. Pero el plan (el mío, el nuestro) dice que alguien llegará antes a rescatarme y a detenerlos en el sentido más literal de la palabra.

No sé, hace 3 días que no establezco contacto y pienso que si muriese ahora nadie se enteraría. Yo no existo, así que nadie me condecoraría, ni saldría en los periódicos, ni sería un héroe, ni habría muerto en acto de servicio. Quizá, con suerte, un titular neutro "hallado el cadaver de un español en un piso de París, la gendarmería cree que fue un ajuste de cuentas".

Dice el manual que no debería pensar estas cosas, pero el manual nunca ha estado en un piso lleno de explosivos manejados por fanáticos.

Llaman al timbre. Oigo de lejos que alguien dice en árabe "yo también he traído patatas" y suspiro aliviado. Han llegado.

(299 palabras)

P.S. El tema del taller era la primera frase dicha por Aroa después del saludo. Ella no sabía nada de la historia. La frase en cuestión resultó "yo también he traído patatas". David tuvo la idea de los espías. Xavie dijo: "lo jodido es hacerlo en menos de 300 palabras. Y yo pensé justo en aquel momento que iba a escribir un relato con la frase de Aroa, la idea de David y las normas de Xavie. Para colgarlo el jueves temprano.

Aquí está. Recuerden que la frase es de Aroa, la idea de usarla como contraseña entre espías de David, las normas sobre la extensión de Xavie. El resto es mío.

El relato que leí ayer era largo, naïf (por usar un eufemismo) y no tenía nada que ver con este. Bueno, sí. Alguien decía "yo también he traído patatas". El relato que leyó David era de espías también, tenía 305 palabras (creo recordar) y molaba.

La foto es Mr. Potato, por supuesto...

Besos con sabor a ruffles al jamón!

Helado de cactus

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Probamos helado de cactus. No tenía pinchos, pero era verde. Nos gustó a las 3. Sabía refrescante. Entre ácido y dulce. Sabores interesantes.

Al derretirse dejaba una especie de grumos extraños, como trozos de hojas de aloe vera. Ahora todo tiene aloe vera y té verde (hasta esos chicles que ofrece mi hermana con tantísima sorna)

Pero de Japón traen además helados de cactus. Y nosotras los pedimos.

Y seguimos viéndonos cada poco tiempo. Y seguimos tomando más vino de la cuenta. Y seguimos dejándonos bailar el agua por camareros "gafapastas" y seguimos probando tapas raras.

Y seguimos hablando así. A lo bestia  de lo accesorio, con cuidado de lo importante.

Dicen ellas que no puedo sentirme culpable. Que no debería preocuparme tanto. Ellas se ponen casi siempre de mi parte. Ese es el trato. Y cuando es imposible estar de mi parte nunca se ponen en mi contra. Ese también es el trato. Llevamos mucho tiempo cumpliéndolo.

En "El aire" ya no hay cocteleras, pero sigue habiendo ángeles que cumplen deseos, así que lanzamos nuestros papelajos por la ranura de metacrilato.

Y seis horas después del primer blanco, cuando nos hemos pasado al tequila dorado, como nuestras pieles en verano, por fin ella cuenta su parte. Esa que nosotras sabíamos de sobra, desde hace casi un año. Por fin, seis horas después, de la espita empieza a salir vapor a una presión no demasiado preocupante en cualquiera que no sea ella.

Pero es ella y contar siempre es superar la anteúltima barrera.

Le decimos que le cuesta contar, que le cuesta tanto contar... Y responde "pues hay algunos que en 5 años no se han enterado". Y ya no queda casi ningún resto útil de ninguna barrera.

Al despedirnos, en la esquina de las calles, en el semáforo. Dice "tienes razón: si no funciona al principio no funciona nunca". Me anima a no equivocarme como ella, tragando saliva. Me empuja por la pendiente por la que de todas formas ya siento estar rodando...

Semi-automática

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Hemos despertado en invierno. Eliminados pero resacosos de fiesta sinsentido. De sombrerero loco. Tengo dos maletas atestando el maletero, el coche mal aparcado, sueño, hambre, y el revoloteo del aleteo del punteo de los dedos leyendo en braille y los códigos en clave. Y entender las señales.

Hemos despertado en invierno. Eliminados pero resacosos, con la ciudad llena de restos de un naufragio que no lo parece.

Todo me resulta extraño esta mañana. Hay días en los que me quedo sin referentes. Y el lastre no es lo que me mantiene en tierra firme si no eso que me impide volar bien alto.

Esto no es más que una tontería porque no puedo decir lo que quiero. No sé decir lo que quiero. No sé siquiera si sé completamente a ciencia cierta lo que quiero.

O sí.

Trileros

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Cuando llegué a Madrid, hace diez años, me gustaba coger el autobús hasta Atocha y ver jugar a los trileros en la esquina donde ahora se venden mazorcas de maiz. (que rima con Madrizzz)

Ponían sus cajas de cartón y sus trozos de patata. Formábamos un corrillo, movían las manos veloces y yo me quedaba mucho tiempo mirándolos sonriente.

Como si aquello no fuese una estafa. Como si fuese sólo una demostración de habilidad. Los miraba embobada. Fijos mis ojos en sus manos, tratando de ver los trucos, la trampa. A veces era posible. Algunas veces la uña larguísima del pulgar...

Me gustaba bajar sola hacia Atocha y caminar la cuesta Moyano con la cadencia lenta que tan difícil me resulta. Con la lentitud de no ir a ninguna parte. No sé andar lento. Soy incapaz de caminar lento si voy sola y me cuesta horrores, muchas veces, también acompañada.

Ese tomarse la ciudad como una carrera de obstáculos. Ese sortear gente siendo la más rápida en recorrer Fuencarral. Cruzando de acera más veces de la cuenta. Inventándome una carrera.

Con el taconeo de mis botas planas que resuenan en los adoquines. Mis botas como las bolas de los trileros: mis botas tramposas que parecen de tacón y no. Que resuenan como unos estiletos. Que hacen gruñir a mi madre sugiriendo que les ponga una tapa.

Hay algo que me excita en el sonido de un taconeo. En el sonido desmesurado, cadencioso y rítmico de un taconeo aunque sea de mentira. En la obligación de bailar con las caderas lo caminado. En el círculo vicioso de no saber donde empieza y donde termina todo. El eco en calles vacías, el eco en calles de agua, bulliciosas. El eco diferente de los mismos zapatos.

Taconear por Moyano y clavar la punta como una bailarina frente a cualquier puesto. Revolver en relevé.

A veces él me acompañaba. Con su reflex analógica que tanto le costó abandonar. Y su manía de apuntar y disparar fragmentos. De deconstruirnos cuando no sabíamos nada aún de la tortilla de Adriá. De describirnos en fragmentos infinitesimales pero representativos de nosotros mismos.

Él y sus "me encanta". A él le encantaban de mi hasta mis cosas malas. Y eso es siempre una ventaja. Pero más cuando tienes 18 años, y empiezas a comprender que hay efectos en los demás que ni controlas ni intuyes.  Me gustaba ir a ver a los trileros que desaparecieron después de algunos reportajes televisivos, y caminar la ciudad taconenado, tratando de ser lenta. Cruzándome con ojos que me miraban. Me veían, me recorrían. Siguen haciéndolo. Me gusta eso también de andar sola por Madrid: las miradas que me cruzo, que me cruzan.

El otro día caminaba bailando Garufa. Adaptando el tango al paso. O el paso al tango. Canturreando ese diccionario de lunfardo que es la letra del tango festivo. lguien se paró, se quedó allí quieto, viéndome venir recta por una calle larga.

Han pasado 10 años, no hay trileros, sigo teniendo tacones bajos que hacen ruidos escandalosos, no hay reflex, y he aprendido a intuir algunos efectos. Y tengo también tacones altos con suela de goma para robar apartamentos en la Riviera francesa, junto a "el gato". O para salir despacio sin que te enteres. Porque, aunque no te lo creas, me gustaba mirar a los trileros esconder la bola de la vista y algo se me quedó de todo eso.

Un poso tramposo. Juega conmigo a lo que quieras. Juega todo lo sucio que puedas... sé de sobra dónde tienes la bolita... aunque a veces señale. Han pasado 10 años y ya no estoy de visita... Y deberías haberte dado cuenta de que algunos días elijo un cubilete sin apostar nunca nada... porqué ya te he dicho que sé de sobra donde tienes la bolita. Y hay zapatos planos que parecen de tacón y hay tacones que suenan menos que unos calcetines acolchados.  

P.S. Este post no existiría sin Iraultza y el paseo y el "te acompaño" alrededor de la glorieta de Atocha, que me recordó mis días de observadora de trileros.

Y él es un jugador pero no un trilero, que quede claro!

Ah, la foto es la Cuesta Moyano antes de la reforma!

Infinit (ivos)

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Arañar

Desnudar. Morder y chupar.

Besar. Mojar y abrasar. Centrifugar,

Volver a por más.

Girar

Rodar. Gemir. Gritar.

Sudar. Oler y probar.

Volver a por más.

Crónica detallada de una jornada "laboral"

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Y aquí estoy, como cuando era pequeñita e iba a clase, sentada en la silla como una niña buena, con las piernas juntas en ángulo de 90 grados. Aquí estoy, descontando las horas (de momento las horas) que quedan para salir de aquí.
Salir corriendo y sin abrigo bajo el sol primaveral que parece empeñado en darle la razón a mi cuerpo en flor. Salir corriendo hacia el coche y conducir como una suicida kamikace, con las ventanillas bajadas, respirando atasco, contaminación y polen. Conducir hacia ti. Hacia la libertad de tus ojos achinados por la risa y la felicidad.

Hay días plácidos y bulliciosos como este. Quedan menos de tres horas y media... Menos de 3 horas y media. Ya está hecho. Es fin de semana. Y te tengo tantas ganas...

Ahora quedan menos de tres horas. Me he comido unos fresones dulcísimos, partidos por la mitad, macerados en su propio jugo durante una noche entera. Me los he comido delante del ordenador, con la mano izquierda. Chupándome los dedos mientras la mano derecha toqueteaba y reajustaba y comprobaba píxeles, atenta al ratón y el puntero y la pantalla, pero con una parte del cerebro concentrada en el sabor. De postre una onza de chocolate al 85% de cacao... Hay placeres tan baratos... Debería hacer una lista exhaustiva.

Tengo ganas de que lleguen las cerezas al mercado. Y las quince cero cero al reloj.

Ahora: descuento minutos. Lo cuelgo cuando ya hay gente poniéndose abrigos y apagando equipos... 20 grados en la calle y ganas de dar saltos.

Feliz fin de semana!

No son mariposas

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Ayer hizo algo muy pequeño. Minúsculo y perfecto. Algo que me tiene desde entonces con la sonrisa tonta. Probablemente este estado de "reatontamiento" me dure varios días.

Nunca supe y sigo sin saber cómo lo hace. Qué don tiene para las cositas pequeñitas. Los detalles decisivos. Lo pequeño termina siendo enorme y fundamental en estos casos: para bien y para mal.
La norma es guardarlo en una cajita si es bueno, atesorarlo, mirarlo relucir desde todos los ángulos.

Eso hago ahora. Repaso en mi cabeza eso tan pequeño que hizo y que de pronto es tan grande. Enorme. Tan grande que me coloniza entera la caja torácica y no me deja respirar.

No son mariposas en el estómago. Enamorarse, estar enamorado, querer así a alguien, el "ahora que..." de Sabina, no son mariposas, es un globo hinchándose dentro, ocupando el sitio de todas las vísceras. Tomando todas las decisiones.

Es sencillo, después de todo. Querer a alguien tanto es sencillo. Lo inevitable, lo que no depende de nosotros. Como el proverbio chino.

Es primavera. Oficialmente o no, diga lo que diga el termómetro, para mi ya es primavera. Lo de ayer fue definitivo. Otra vez definitivo, como cuando se&ntil