Universo Perpendicular |
![]() El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios) |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes al tema Hoy/hay. El Central es uno de mis sitios favoritos de Madrid. Uno de mis rincones favoritos, si pensamos en Pereza. El ambiente me recordó al antiguo Cocolúa, aquel garito ibicenco como transplantado mágicamente a uno de los lugares más bonitos de la costa Cantábrica. Ese remanso de paz y el "perfecto amor", licor color morado pasión, con supuestas propiedades afrodisiacas que no sabía ni la mitad de bueno que sonaba. Pero seguía pareciendo, en los vasos, un filtro con poderes mágicos. El Cantábrico me suena ya, potente en los oídos. Sin caracola. Bebo agua con hielo y miro la programación: Javier Colina en trío del 18 al 25. Los aficionados al jazz fuera de la ciudad y mis ganas de niña caprichosa de convencer/engañar a alguien para escuchar en directo, una noche pegajosa de agosto, al (posiblemente) mejor contrabajista de jazz de España. Miro la hora. 18:00 en el reloj. Time to go. Batman y el batallón de caballeros oscurofriquis me esperan. P.S. En unas horas me marcho al norte (de mis dudas) a recoger un par de certezas y tomarme, si es posible, lo más apetecible de la carta de la Villa Santillana. Pero antes de irme, en un rato, les cuento sin contarles "El Caballero Oscuro". NO me echen de menos, no les va a dar tiempo! El título. Se estarán preguntando qué coño tiene que ver. Verso de "mi rincón favorito de Madrid". Canción que cualquier madrileño de nacimiento o adopción puede hacer suya sin problemas. No se ganó en una hora. Eso repite mi cabeza todo el viaje de ida mientras canto canciones que el azar y las radiofórmulas eligen para mi. Mira qué hora es. Y yo aquí en un hotel de cuatro estrellas, en una ciudad en la que podría no habérseme perdido nada. Y sin embargo... El viernes era la fiesta de cumple de Aroa. Su casa llena de gente. Muchos "bremenistas", algunos Cordobeses de México recién llegados para la ocasión, amigos del instituto de Aroa. Una mezcla interesante. Muchos ya me sonaban de la fiesta de inauguración de su casa. Me voy de vacaciones. Por primera vez en tres años vacaciones de verdad. Una semana completa de total abandono de cualquier función que no sea puramente vital o placentera. P.S. El collage está nuevamente formado por ilustraciones de Lisa Henderling! A mi el spinning me daba miedo. Los veía al pasar de mis clases de baile al vestuario y me daban miedo. Ese salvajismo, esa manera de sudar todo el mundo a chorro. Las caras desencajadas de algunos. No suelo participar en concursos. Tengo muy poca fe, muy poca suerte y muy pocas expectativas. Pero el otro día recibí en mi correo (postal, no electrónico) un paquetito verde, acolchado. Y yo en el portal (real, no virtual) como una niña chica: ¡qué será qué será, qué será!. Nerviosa, desgarrando el sobre. P.P.S Este juego es una canción de "la musicalité" que me encanta... Durante unos cuantos años mi despertador ponía cada día una canción. Por la noche la elegía con cuidado, sabiendo que eso podría, hipotéticamente, condicionar mi humor de todo el día. No suelen creerme. Porque las cosas se me van pasando, y rápido (a veces incluso tengo que exagerar los enfados, siempre hay un punto en el que ciertas cosas me dan igual y sé que deberían importarme, pero en general lo que me cabrea depende de mi nivel de hartura más que del hecho en sí y sé que eso no es justo, aunque sea lógico: la primera vez que te pisan el callo te quejas menos que la enésima). He aprendido a decir "esto me molesta, podría llegar a cabrearme", aun así sigue resultando sorprendente comprobar que un día me harto. Me harto y ya está. La literal gota que colma el vaso. Sin aspavientos. Total, que me voy de tema. Mi despertador. Mi humor del día. Selección cuidadosa. Luego llegaron los teléfonos móviles. Primero sonaba un pitido horrible, aunque el alcatel-ladrillo ya permitía poner la melodía robótica como despertador. Después los Nokia la radio. Ahora ya, cualquier cosa. Así que desde enero de 2006 me despertaba Belle de Jour. Primero la parte que decía "boca de rosa al despertar". Después el principio de la canción, antes de que empiece la letra. Pero un día Najwa y Carlos Jean presentan su segundo disco juntos, "till it break" y en él hay una canción que se llama "Crime" que me resulta preciosa, que le pega mucho a este momento de mi vida, que me sugiere despertares desperezantes. Y ahora marca el ritmo de mis desperezos. Y le doy al botón para que suene cada 10 minutos y coincida con el momento justo en que termino el café, y vuelva a coincidir con el segundo exacto en que salgo de la ducha y decido qué ponerme. Para pararlo definitivamente cuando cierro la puerta con las llaves tintineando en las manos, el bolso atestado de cosas, la comida en envases plásticos y la sonrisa. Todo un mérito a las 06.45 de la mañana. Justo una hora después de que la voz extrañamente dulce de Najwa, que siempre me ha gustado infinitamente más en su faceta musical que actoral, me despierte y yo abra los ojos registrando el grado de hormigueo de mis manos y olfateando los restos de champú y perfume en mis sábanas, y sonriendo medio dormida, frotándome los ojos pensando que la vida sería perfecta si cambiasen tres pequeños detalles: la hora a la que suena la canción, el hormigueo en mis manos y la mezcla de olores de mis sábanas... P.S. De la nevera (pero todo es igual excepto la hora a la que suena el despertador, que ahora es humana y no inhumana). Pero me voy pitando a una reunión (dios sabe si durará 30 min o 3 horas) y me he dejado el pinchito con lo que quería colgar hoy en casa... Estoy contenta con el cambio de trabajo. P.S. Me encanta mi trabajo pero me gusta más no trabajar. Infinitamente más... Y hoy, por si no se habían dado cuenta, es viernes. Disfruten del finde veraniego y pónganse cremita, no vayan a quemarse! La foto es de David. Y no es mi oficina nueva, pero me gusta... Con el fin de semana convertido en un capítulo inicial de Gossip Girl, la cabeza hecha un lío, y el mundo colocándose poco a poco como un engranaje que gira, quizá debería dejarlo y hablar de Nadal, de Alonso, de la transformación de Bea, de Pedrosa, del arranque de la eurocopa, la zona cuatro y la marea roja. De cualquier cosa. Quizá, porque de otra manera terminaré autocensurándome. Guardando en el sobre las palabras, esperando que llegue el momento en que sacarlas no haga daño a nadie, no complique lo complicado. La fiesta "sexy chic" fue transformada por nosotras en "cheap and chic" porque se trataba de ir vestidas de alfombra roja pero sin un presupuesto ilimitado en alta costura y diamantes. El aura se alió con zara. Elegimos el negro que más que un color es una apuesta segura, volvimos a ser "par negro pasa" o "chic and chic", jugando a nuestro nuevo juego: "el margen de mejora". Mi madre se ha pasado la vida repitiéndome eso de "no hay una segunda oportunidad para causar una primera impresión" y yo me he pasado la vida mostrando mi desacuerdo con la filosofía que implica esa frase. Muchas chicas van al gimnasio maquilladas, arregladas, llenas de complementos, peinadas de peluquería... No les queda márgen de mejora. Y es una pena no poder sorprender a gente que te ha conocido en el gimnasio. Nosotras vamos en chandal, con la cara totalmente lavada, camisetas de 3,90 del carrefour, sudamos a chorro y nos ponemos rojas como cangrejos. Luego, cuando nos ven fuera de allí, se produce el conocido como "efecto brazo de mar". Que se basa en lo erróneo de pensar que una va en chándal a cualquier parte. Así que en la fiesta todo fueron sorpresas, halagos, caras de admiración, ojos como platos... Y aun nos queda margen. Lo guardamos para la próxima y todavía una uña más para la siguiente, y así sucesivamente. La próxima, que se llamará sexy-algo. Porque todas las fiestas del Wasabi tienen un nombre similar. De todas formas, volvimos a comprobar cómo, al final, lo importante es otra cosa, porque hubo quién confesó llevar tres años observándonos. Saber nuestras rutinas, nuestros horarios, nuestras clases favoritas... Todo. Y a nosotras ni siquiera nos sonaban algunos de esos atentos observadores. Apostar contra el encargado que tiene ganas de dejarse ganar una botella de cava, salir de allí los últimos, siempre los últimos, midiéndonos las ganas. Aguantándonos las ganas. Caminar con los tacones en las manos por las aceras. Cruzarnos las sonrisas y los pasos. Dejar que vuelvan a calcularnos 23 años a cada una, justo el día en que celebramos el 31 cumpleaños de la otra pata de la banqueta... Y averiguar que nos llaman "las flamenquinas" porque si nos ponen taranto, aunque sea sobre una bici, nosotras damos palmas. Lo que no le contamos a nadie es que ese paso lo enseñan en Batuka (batuka flamenc, claro, aunque esa variedad no exista) y que a nuestra forma de "bailar" taranto sobre una bici nosotras la llamamos "esperpento". P.S. La ilustración es de Lisa Henderling, otra vez. Nos quedamos hasta el último momento de la deliciosa sesión de sábado en el 69 pétalos. Yo había bebido mucho bourbon sin conseguir emborracharme, era el cumple de mi hermana y todas teníamos ganas de bailar y divertirnos. Bailar en ese "god is a dj" de las noches buenas, disfrutando de la variada música club, de esa especie de falsa religión con gogos en ropa interior, drags. Sudor y alcohol. Luces estroboscópicas y ritmos marcados con percusiones infernales. El cuerpo soltándose, la mente abandonándose, los brazos levantándose, el pelo (esta vez perfecto) revolviéndose. La purpurina de la piel transfiriéndose por contacto en pistas sin espacio. No pensar en nada. Sentir cosas. Sentir literalmente: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Y al salir, totalmente serena, aunque enloquecida, caminando derecha por las aceras, sudorosoa, brillante. Contenta. Llena de la energía que da el baile a los adictos. Con endorfinas a chorro. Al salir, como quien emerge del fondo marino, recuperando poco a poco los referentes, reacostumbrándose al mundo real, reocupando las neuronas en las cosas normales... al salir, una frase en la cabeza "oído barra". Y las ganas de seguir la fiesta. Y los churros. JJ y D haciendo su show. La noche del sábado alargándose hasta el centro de un domingo soleado. Más ganas de seguir bailando... Ayer tuve todo el día un temblor desquiciante en la pierna izquierda. Ayer estaba nerviosa porque era la víspera de hoy. Día de consulta médica. Última oportunidad para dejar de tener dolores. Dormí muy pocas horas, tomé demasiada cafeína. Trabajé, por fin, a ritmo trepidante. Mientras, mi pierna seguía agitándose. Y mi mano derecha sin fuerza para agarrar el boli con una mínima eficacia. Mi caligrafía mal y empeorando. La melena descontrolada tapándome toda la cara, como a un perrillo de aguas. Mordiéndome los labios con saña. En la radio Sampedro y Fuster decían grandes frases que sólo oía pero no escuchaba. Yo temblaba, me retorcía de dolor, de nervios. Trataba de manejar el ratón, de vencer el sueño y la taquicardia, las dos a la vez, incomprensible. Me perdí cosas interesantes. En ningún momento dejé de pensar en el dolor que dura ya demasiado meses. Tantos que casi me he acostumbrado. Casi. Dicen que me operan, pero que tenga paciencia. Creo que paciencia tengo mucha. Soy una impaciente con muchísima paciencia... El cuadro, de Miró, claro. De 1969. Se llama "Mujer en trance por la huida de las estrellas fugaces" Salamanca. Una ciudad llena de gente, de vida, De garitos a los que querría llevar a ciertas, determinadas personas. Pero con el tamaño justo para encontrarte todo el rato por la calle con alguien. El viernes estuve en la sala de conciertos más pequeñas de la ciudad. Cuatro focos apagados en el techo, una luz rojiza tras ella. Ella, siento no saber su nombre pero lo averiguaré. Averiguaré todo lo posible sobre ella y se lo contaré por aquí. Me encantaría verla en Libertad 8. Una mujer joven, con una voz llena de aire, de intención, de emoción. La carne de gallina. Todo el público en silencio, atento a sus manos pequeñas sobre el mástil. Llegará donde quiera llegar y yo revolveré Roma con Santiago hasta encontrarla. A ella y sus ojos profundos. A ella y su voz preciosa, a ella y sus letras que son poesía. Luego Fernando Álvarez, nacido en Santander, criado en Pucela, afincado en Salamanca. Con "fanes" que toman notas en sus conciertos, canciones geniales, letras demasiado exactas. El 17 de mayo toca en Zanzíbar, y yo anoto la fecha en la agenda, para que me desatornille como él sabe. El sábado por la tarde, bien morenas ya, nos lo encontramos en el H&M, donde yo buscaba una camiseta que no dejase marcas. Demasiado tarde. Dos horas de solazo me dejaron morenísima a trozos. Fumo en el birland mientras espero al camarero. Suena latin. Agito los hombros al ritmo de un contrabajo, y él, uno que no es él, que ni por asomo es él (que quizá seas tú) me mira sin sus ojos a través de un espejo. Me halagan sus maneras exageradas de impresionado por nada. La fierecilla y yo hablamos mucho rato, del futuro, de vocaciones, de médicos sin fronteras, de banalidades. Hablamos hasta que se nos van cerrando los ojos. Y yo sigo sin entender cómo se puede follar con esa canción de Sidonie de fondo. Está más guapa que en noviembre, más fuerte, más reluciente, más barnizada, y contra todo pronóstico más joven. Dos niñas caprichosas en chanclas y bailarinas, paseando Salamanca con el ritmo de reirnos de la vida soleada y los fines de semana que parecen vacaciones. Comemos Camembert con mermeladas. Casi-orgasmo con la reducción de módena y las virutas de foie sobre la ensalada. Rissoto. Vino fresco a sorbos cortos, para que dure. Fresas y tiramisú en un patio interior y luminoso, que nos da aun más la sensación de oasis. Luego café o sus derivados, Plaza Mayor, risas. Mus que no es mus. Punto y nada de miedo. Cena casera. Revuelto con arroz inflado. Tres locos a carcajadas. Valerie de fondo mientras cocina y yo escribo. Escribo mucho últimamente, desde que mi vida se volvió loca. Fotos de mis piernas elásticas haciendo equilibrios. Brillo en la piel. En las pieles. Noche con "sabor" pero no en el "savor". Historias de residentes, de agujeros, carcajadas, gente genial que se reconoce, teorías del sexo en el tercero: animal vs. racional. ¿se puede trazar la línea y dónde entre unas cosas y las otras? eso que dice Drexler: cuánto de esto es amor, cuánto deseo... Filosofía barata con no tanto vino de por medio. Otra noche salmantina con sonido de guitarra y canciones buenas. Una casa que es casi como mi casa. Conducir de vuelta el domingo con una sirena dibujada en un folio, gafas de sol nuevas, un moreno a trozos, una sonrisa completa y una estrella que hace "clin clin". El próximo en Madrid. Las tapas en Latina. Lo demás irá tomando forma. Un mes después y tantísimas ganas de este mundo luminoso, de este año raro. Bueno y puede que mejorando. Seguro que mejorando. Fin de semana con una fierecilla que posa en todas las fotos y es más guapa cuando no sabe que la miran... P.S. Hay fotos nuestras, claro, pero esas nos las guardamos. Esto de arriba es un collage del Birdland... Ayer fue un buen día. Llegué a casa tranquila y contenta pero todavía no sé muy bien por qué. Me aburrí mortalmente en el trabajo porque me pasé la jornada esperando a que un determinado individuo dijese "ok" (además aquí dicen oká) a la fase uno para poder seguir desde ahí. Totalmente ociosa. Harta de leer y leer la documentación que, de todas formas, ya había leído demasiadas veces los días anteriores. Salí especialmente temprano de trabajar por causas medico-administrativas. No encontré aparcamiento. Me empapé varias veces, se me olvidó comprar atún en el super lo que me obligó a cambiar mi plan de comida de hoy. Pero luego me alegré porque me ha quedado un plato riquísimo. Tuve que correr para llegar a tiempo al gimnasio y empezamos el body balance 40. Resulta que es precioso. Ahora tengo algo parecido a las agujetas en algunas partes de mi cuerpo, pero merece la pena: las aperturas de caderas nos siguen pareciendo facilísimas a Sonia y a mi a pesar de que la mayoría de gente de la clase (la profe incluída) no son capaces de hacerlas. La fuerza de piernas también nos resulta sencillísima, gracias al ciclismo (todo cuádriceps), sigo pegándome con el equilibrio y la espalda hizo crack colocándose por completo. La relajación es larguísima y deliciosa, con una vuelta a los orígenes vibratorios-cuenconepalíes que me curaron el insomnio allá por septiembre. 9 minutos de oscuridad, silencio y cerebro entrechocando. Es rara la sensación. Y agradable. Ir quedándose dormidita, hecha un ovillo en la colchoneta, con la capucha de la sudadera tapándote la cara, y las manos en el bolsillo central. Y la mente casi en blanco. Desperezarte poco a poco y mirarte en el espejo para comprobar que las ojeras, el cansancio y la pátina mate de los ojos han desaparecido como por arte de magia. Debería recetarlo la seguridad social. Lo digo en serio. El bienestar, algunas tardes de martes, es baratísimo y sencillísimo. Con la simpleza de las cosas buenas. Me voy a tomar un café y a ver qué tal anda la chica del puestecito, que ayer iba al dentista. Se acuerdan que les hablé de la chica del puestecito? Sigue siendo una mujer dulce y encantadora y tranquila... Siempre sonriente, como si ella también tuviese un cuenco nepalí en casa. Tregua. La tregua significa no negociar, no discutir, no pelear. La tregua significa verle algo parecido al miedo en los ojos. Notarle recular, aflojar la presión. Apretaba tanto porque creía que podía. Ese es un problema conmigo. No se me puede apretar demasiado pero parece que se puede. Aguanto mientras puedo. Soporto la presión hasta que un día, de pronto, dejo de poder. Ese es un problema. Hay que avisar. He aprendido a avisar, a quejarme cuando me pisan el callo. El viernes llevaba planeado desde antes de la tregua. El viernes era mío, porque pater trabajaba el sábado. Así que fuimos a ver a Alex Martínez. Disfrutamos con su concierto orgásmico, moderno. Con músicos de calidad y un público en el que había mucha gente conocida. Después del concierto dejé dos copas enteras en la barra porque me lié a hablar del mar y de los peces. Aprendimos el duro trabajo de azafata-florero-portero haciendo prácticas de calidad en los servicios de chicas de Costello donde, entre frase y frase, (telegramas de las vidas) entraba alguien que realmente quería ir al servicio, y no charlar. Así que nosotras señalábamos profesionales las puertas e indicábamos cuál estaba vacío y cual lleno. El sábado fue la prueba evidente de que ya no soy insomne. Ni tengo apenas trastornos del sueño. Me levanté a las cuatro. Sin resaca, con la garganta como si me hubiesen pasado una lija del cero por las cuerdas vocales. Y una llamada de teléfono. Vete. Tienes que ir. La percepción de lo provisional y otras obsesiones. El viernes por la tarde, encontré en archivos de word unas de esas cosa que yo escribo algunas veces, como premoniciones que incluyen números ganadores de la lotería. No tengo poderes paranormales. Supongo que es la intuición (a secas, no femenina). La intuición que nos permite ahorrar energía cerebral. El sábado fui al cumple de Virginia, a sus jardines privados abiertos al público. Ella con su vestido de Custo y sus piernas de patinadora sobre hielo. Guapísima y feliz. Fui sólo un rato, sin regalo, con la genuina falda tubo de aquel mítico 3 de diciembre. La noche que vivimos peligrosamente. La noche en que golden lady me retó a una pelea en el barro. Hacía mucho que no me la ponía.Mi garganta se rindió prontísimo esta vez. El domingo F1, ensalada de tomate “kumato” y ducharme a la hora a la que las sombras son largas para salir a una ciudad/pueblo con equipo en primera división. Un sol de atardecer, viento que anuncia lluvia, nubes grises. Y otra vez la vieja historia que quizá es el origen de todo lo otro. “Tú lo que tienes que hacer”. No soporto las frases que empiezan por “tú lo que tienes que hacer”. Ayer fue un día muy raro. O quizá debería decir hoy, porque todavía no me he acostado. Llegué a casa a las 4:12 según el reloj de mi móvil. A esas horas no merecía la pena dormir. Es peor dormir muy poco que nada. Por lo menos para mi es peor. Ayer fue un día raro en general. Volví a charlar con Kika como hacía tiempo sobre preparadores que se marchan en el peor momento y lo imposible de compatibilizar una jornada laboral con la rutina espartana del opositor. Yo ya no soy opositora. Espero no volver a serlo nunca. Estudiar con presión es una mierda. Ahora soy estudiante con calma: ando aprendiendo CSS y dando la coña a mis compañeros con mis preguntas de principiante. En realidad ellos no quieren que aprenda. Si aprendo más de CSS no podrán decirme "no se puede" con la alegría que me lo dicen ahora. Mi única respuesta posible en este instante es "yo lo he visto, luego se puede", pero denme dos meses y seré una tía insoportable (no quiero risitas maliciosas): seguiré sin saber demasiado pero creeré que sé. Ayer pregunté muy seria si realmente se me veía tan ingenua. Pero la palabra que buscaba era "crédula". Alguien descubrió "desmadejada". Otra palabra. El chico escritor y yo nos convertimos en seres antisociales. Hablando durante demasiado tiempo. Eso hizo que le dijese a Magapola a la vez "qué tal todo" y "adios". Eso me impidió contarle a Javier dos cositas y le obligó a explicarme la "escolástica angelical" demasiado rápido, como en un hueco. El camarero jovenzuelo de la tetería nos miraba raro al chico escritor y a mi cuando escuchaba nuestras frases grandilocuentes y nuestras idioteces. Supongo que pensaba que éramos sólo dos imbéciles con todo aquello de la "táctica y estrategia" que estaba lejísimos del poema de Benedetti. Benedetti tiene un don casi divino para explicarme cosas o inquietarme. Anoche abrí su tercer inventario por cualquier lado y el resultado me dio miedo. Da igual. El chico escritor y su teléfono móvil que se quedan y luego se van, así que les espero a los dos parada en la esquina de una calle donde una china ofrece "sevesa" a todo el que pasa. En la puerta de su casa, dentro de mi coche, horas y horas de conversación sobre "política". Izquierdas/derechas. Ellos/nosotros. Susceptibilidades, ofensas. La verdad, la mentira. Algo de Maquiavelo, del padre Rivadeneira, aquel jesuita que me cae tan mal aunque hayan pasado siglos, Habermas y la diferencia entre "entendimiento y acuerdo". Las peras y las manzanas. Foucault. Iusnaturalismo vs. consuetudinarismo. Pero por supuesto sin decir ninguna de estas cosas. Sin citar nada de esto. Me repatean las conversaciones con citas como de "mira cuantas cosas sé" cuando en realidad cada uno sabemos lo que sabemos que siempre es muy poco (y a veces menos). Me gusta hablar de política con Guillermo porque jamás llegamos a ninguna parte pero jamás se enfada tampoco. Y esa es una novedad agradable. Pero lo raro de ayer/hoy no fue nada de esto. Fue o es que algo se me quedó enganchado como un jirón de niebla entre los árboles. Algo anda flotando aqui dentro, revolviéndome. Algo que no consigo identificar, de momento, pero que ya me preocupa. Porque a lo mejor sí lo identifico pero no quiero nombrarlo. Voy a dejarlo estar. A ver qué pasa. Pero se parece al vértigo. Hoy voy al médico (y no es eso) La foto es de David y está aquí Mis jefes se acordaron de mi para la clausura del curso que dejé a medias. Y a mi me hizo mucha ilusión que me invitasen al acto, pero me hizo todavía más ilusión que mis alumnas me enviasen un mail pidiéndome que fuese a verlas a la despedida. Así que no me quedó más remedio que ir. Muchas veces me han preguntado la razón por la que daba esas clases y yo decía siempre “está muy bien pagado”. Es verdad que está muy bien pagado, que las temporadas de curso me permiten vivir bien unos cuantos meses. Pero como me dijo alguien que resulta conocerme muy bien, “no estás en esto por la pasta”. Porque dar las clases también significan jornadas laborales interminables, ir corriendo a todas partes... Pero me encanta. Hago mis numeritos tontos de escribir con las dos manos en la pizarra, mis monólogos malos tipo club de la comedia, les regaño un montón, nunca mando deberes para casa, pero les obligo a trabajar duro porque parto de la base de que todo el mundo puede aprender las cosas que yo enseño. Y en todos estos años todo el mundo aprendió. Todos y cada uno de mis alumnos (que ya son más de 120) consiguieron entender(me). Cuando entré por la puerta mi coordinadora casi me gritó “ay hija, menos mal que has llegado, me han puesto la cabeza como un bombo preguntando por ti”. Y mis alumnas me abrazaron así muy fuerte, como si me apreciasen de verdad. Y me dijeron que se habían aburrido el mes sin mi. Yo, claro, supe que era cierto y me emocioné. Luego los insufribles discursos de rigor, la entrega de diplomas. El café y las pastas. Y un libro de regalo. Uno escrito para lectores, para personas que aman los libros y la literatura. Porque lo vieron y se acordaron de mi. Esos son los regalos que más me gustan en el mundo. Lo leeré pronto, saltándome la pila de “pendientes” y ya les contaré si me gusta. La imagen es una ilustración de la biblioteca de Alejandría, cuando los libros tenían forma de rollo de papiro y olían diferente, y se leían diferente. Pero ya eran libros. P.S. Dicen que para el próximo cuentan conmigo... "He visto tus rizos saltar allí delante, pegada al escenario". Cuando Quique canta se me hacen los tirabuzones. No sé que pasa. Ha sido un finde estupendo. Con los chismes en las muñecas. Lesionada para el aplauso. Recibiendo regalos adelantados. Al entrar me dio un vuelco al corazón porque me acordé de mi abuelo. La última vez que comí con él fue allí y´la última vez que comí allí fue con él. También celebrábamos un cumpleaños. Y se puso morado de jamón del bueno. Mi abuelo comió ratas en la guerra y eso le convirtió en un hombre capaz de apreciar cualquier cosa y de disfrutar con las delicias. Con sus ojillos azules-grises brillando como los de un muchacho travieso. Después la tarde de paseo, correr a casa a cambiarnos para el concierto. La historia de la canción duró un rato, se hizo importante con el paso del otoño, con el poso del otoño en los recuerdos, cuando nos es posible comprender que algunas personas nos cambian solo con rozarnos, con dejarnos entrar de forma provisional en su vida, con dejarse pasar por encima. Me saca de mis casillas. Y punto. La ley del embudo es esa que dice: lo ancho para mi, lo estrecho para ti. Es esa por la que tú te permites a ti mismo cualquier tipo de comportamiento y en cambio exiges a los demás un grado de exquisitez que no se aproxima ni por asomo a la que practicas. Me cabrea y me ofende. Se basa en ese principio por el que la gente la mayor parte de las veces prefiere callarse la boca para no liarla. Y oye, cuando uno decide sacarse el embudo de la garganta, hartito de parecer una oca de las de hacer foie, siempre está ese bobo que se sorprende y tiene la infinita desfachatez de decirte: “hay que ver como eres”. Y es justo en ese momento cuando yo personalmente trago saliva y me callo todas las veces en las que pude haber dicho “hay que ver como eres” y no lo hice. Eso si soy capaz, claro. Y tomo nota, y obro en consecuencia. Arrieros somos... P.S. Esto es de hace tiempo. Un día que andaba yo muy cabreada. Creo que se nota. La ley del embudo es una de las cosas que más me molestan en el mundo. Porque es la ley del egoísta venido a más. Del que nunca, jamás, bajo ningún concepto se pone en el lugar de nadie que no sea él mismo. Ahora no estoy enfadada. Pero lo he leído y mantengo cada cosa Nota: Este era el post original. Del último día de marzo de 2007. Escrito para una especie de compañero de trabajo (por llamarle algo). Pero ayer fue el día de la recurrencia a las frases hechas y la total falta de originalidad. Y podría insertar aquí el título de un poema. Y unas páginas de una novela. Pero eso vamos a dejarlo para cuando quede demostrado el movimiento. Porque los test en laboratorio siguen dando fallos. Y podría escribir sobre la derrota del Madrid pero los del Barça sabemos de sobra que la procesión va por barrios. Así que yo me callo. Y seguro que debería recomendarles la maqueta que Menso ha puesto gratis a nuestra disposición y que disfruté ayer antes de comer, pero su web está en obras y yo no sé si tengo permiso para poner el enlace (MensO, si nos lees manifiéstate) También habría que dirigirles amablemente a la tercera para escuchar la segunda de Alex, osea “Primero” (pillan el tronchojuegodepalabras?) Y seguro que podría contarles la sensación de llegar a casa y su piel caliente y su cara de preocupación. En fin, hay doscientos post posibles esta mañana. La luz nos coloniza por las ventanas. Suena el teléfono, recibo un mail. Nadie duerme esta mañana de jueves. Tengo muchísimo sueño. Francino me susurra en la radio y pienso que pagaría por irme a cenar con él. Y sus ojos pequeñitos y sus eses que cosquillean y burbujean como su sentido del humor. Otro mail. Definitivamente esta mañana nadie duerme. Buenos días. Buen día. |