Universo Perpendicular |
![]() El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios) |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2008.
Las mismas locas que se toman dos susana bombón seguidos, encendidos, ardientes, descongestionantes La imagen Mi nevera está llenísima de cosas que no quiero poner aquí ahora aunque me gusten mucho. Que son demasiado personales. Alguien dirá que cómo pueden ser más personales que las cosas que ya pongo. Pueden. Supongo que la gracia está en el cómo y en el cuándo. Y básicamente es temprano para colgarlas. El problema es que mis post absurdos con listas tontas... no me apetecen. Tengo en la nevera cosas sobre: - El perfume de mis compis masculinos de curro - Una lista de signos inequívocos de que nos hacemos mayores (a pachas con Pi) - Algo sobre el chiki chiki (perrea, perrea) - Un post sobre Matchbox 20 - Uno sobre "hooked on a feeling" (momento revival) - Algo estúpido sobre mi crisis peluqueril/capilar/tirabuzonil Y así sucesivamente... ¿Les apetece alguno en especial? ¿Saco del congelador un viejo viejísimo post que guardé por ser demasiado personal y ya no lo es? ¿les cuento mis peripecias médicas? ¿me voy de vacaciones? (...) Hay segundos en los que un rayo lo destroza todo. Hace sol, y una nube veloz cubre el cielo. Se prepara una tormenta eléctrica sin avisar. Y un rayo parte en dos el tronco de la secuoya. De un arbol centenario, gigantesco y fuerte. Lo destroza. Punto. La vida tiene esas cosas. Y por eso los "de momento". Sólo por eso. Podría saltar todo por los aires. Por cosas que ni imaginamos o por las obvias. Podría pasar. (...) La imagen Ayer tuve todo el día un temblor desquiciante en la pierna izquierda. Ayer estaba nerviosa porque era la víspera de hoy. Día de consulta médica. Última oportunidad para dejar de tener dolores. Dormí muy pocas horas, tomé demasiada cafeína. Trabajé, por fin, a ritmo trepidante. Mientras, mi pierna seguía agitándose. Y mi mano derecha sin fuerza para agarrar el boli con una mínima eficacia. Mi caligrafía mal y empeorando. La melena descontrolada tapándome toda la cara, como a un perrillo de aguas. Mordiéndome los labios con saña. En la radio Sampedro y Fuster decían grandes frases que sólo oía pero no escuchaba. Yo temblaba, me retorcía de dolor, de nervios. Trataba de manejar el ratón, de vencer el sueño y la taquicardia, las dos a la vez, incomprensible. Me perdí cosas interesantes. En ningún momento dejé de pensar en el dolor que dura ya demasiado meses. Tantos que casi me he acostumbrado. Casi. Dicen que me operan, pero que tenga paciencia. Creo que paciencia tengo mucha. Soy una impaciente con muchísima paciencia... El cuadro, de Miró, claro. De 1969. Se llama "Mujer en trance por la huida de las estrellas fugaces" Hace ya lo suficiente del "the end" que empezó siendo un "to be continued". Pero a veces no hay nada que continuar. A veces la vida, esa cachonada, te da un sartenazo en las narices (no necesariamente un rayo partiendo nada), para que te enteres. A veces te pone la certeza delante de esas mismas narices de forma inesperada. Y lo que antes estaba bien de pronto pasa a ser mentira. Y tú, que eres de todoso o nadas, dejas algo por nada. Y estás feliz. Y te sientes mal por estarlo. Y sabes que has subido en una montaña rusa que ya conoces. Que corres riesgos, que tienes las de perder, pero estás viva. En ebullición. Aterrizajes forzosos. Despegues candorosos. Arriesguemos, hagamos las cosas lo mejor posible, aunque sea mal. Controlemos lo controlable, dejemos que nos pase lo incontrolable (pero por favor que no nos arrastre... al desastre) No nos arrepintamos aunque la química siga existiendo, aunque nada haya cambiado en el otro lado de la ecuación, porque todo ha cambiado en este lado. Y eso, ya sabemos, determina el resultado. "en días como ayer pienso que podría salir bien, después de todo y a pesar de todo" (25/01/08) Dicen los que me conocen que debería leerme mejor a mi misma, que se veía venir. Pero yo creo que las cosas inesperadas, a veces, lo transforman todo. El cuadro Nos quedamos hasta el último momento de la deliciosa sesión de sábado en el 69 pétalos. Yo había bebido mucho bourbon sin conseguir emborracharme, era el cumple de mi hermana y todas teníamos ganas de bailar y divertirnos. Bailar en ese "god is a dj" de las noches buenas, disfrutando de la variada música club, de esa especie de falsa religión con gogos en ropa interior, drags. Sudor y alcohol. Luces estroboscópicas y ritmos marcados con percusiones infernales. El cuerpo soltándose, la mente abandonándose, los brazos levantándose, el pelo (esta vez perfecto) revolviéndose. La purpurina de la piel transfiriéndose por contacto en pistas sin espacio. No pensar en nada. Sentir cosas. Sentir literalmente: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Y al salir, totalmente serena, aunque enloquecida, caminando derecha por las aceras, sudorosoa, brillante. Contenta. Llena de la energía que da el baile a los adictos. Con endorfinas a chorro. Al salir, como quien emerge del fondo marino, recuperando poco a poco los referentes, reacostumbrándose al mundo real, reocupando las neuronas en las cosas normales... al salir, una frase en la cabeza "oído barra". Y las ganas de seguir la fiesta. Y los churros. JJ y D haciendo su show. La noche del sábado alargándose hasta el centro de un domingo soleado. Más ganas de seguir bailando... Mi desastre me hizo creer que me habían robado la cartera el sábado pasado. En el metro, como a los guiris. La cartera tenía un total de 10 euros, osea nada. Cancelé la tarjeta de crédito y asumí la putada de tener que hacerme nuevamente el DNI y el carné de conducir, pedir una copia de las doscientas tarjetas de puntos que de todas formas nunca uso. Pero me molestaba no haberme dado cuenta. Yo, que me tenía por tan hábil, por tan difícil de robar. Yo, que estuve 10 días en Italia disfrazada de turista despistada y sin perder ni una sola de mis pertenencias a manos de los carteristas expertos con cuchillas de afeitar y otras leyendas urbanas. Yo, que me di cuenta en las Ramblas de que me estaban abriendo el bolsillo pequeño de la mochila dos veces, yo, que vi por el cristal del cercanías convertido en espejo en la oscuridad del túnel, cómo un hombre de uña del meñique larguísima manipulaba mi cremallera y me di la vuelta con cara de perro de presa para decirle un eficaz "oiga" que provocó su huída. Yo, que de espaldas a nuestras pertenencias, y en medio de una acalorada conversación de bar, tuve el instinto extraño, o la intuición (algo vio mi cerebro que yo no soy consciente de percibir) de que nos estaban robando y me di la vuelta para agarrar al ladrón del cuello de su polo andrajoso y decirle "donde vas" mientras los 4 hombres machistas del grupo se escondían y me dejaban "sola ante el peligro". El ladrón se disculpó con exquisita educación por haber confundido nuestro 8 abrigos con el suyo y yo le respondí "y mi bolso con qué lo habías confundido??". Yo, que si estoy sentada en una terraza y se cae una hoja de un árbol, agarro mis pertenencias como un acto reflejo... Esa misma, no había notado cómo quiensea metía la mano por el escaso hueco que dejaba mi bolso, rebuscaba en las profundidades la cartera y desaparecía. Ni siquiera tenía un sospechoso/a. Alguien que se me hubiese pegado demasiado. Alguien que hubiese hecho algo raro. Soy una mujer observadora, aunque parezca siempre tan acelerada y tan poco atenta a nada. Y estoy dispuesta a aceptar que me roben la cartera, pero no podía entender cómo no había nadie en mi cabeza que, a toro pasado, me pareciese el culpable... Y al llegar a casa ahí estaba. Intacta sobre mi cama. Con los 10 euros, la visa cancelada y las tarjetas de in-fidelidad de: - Carrefour - Repsol - Cepsa - Shell - Yves Rocher - Body shop - Marionaud (o como se escriba) Además de infinidad de tarjetas de visita de restaurantes que me gustan, tiendas que me llaman la atención en ciudades variadas y otras tonterías que convierten la cartera que me regaló mi hermana en un bloque compacto y pesado. He pensado en hacer limpieza. Pero ya lo he descartado. Las cosas se quedan donde están. Y a ver si cuando eche gasolina me acuerdo de pasar la dichosa tarjeta correspondiente, que creo que con un billón de puntos puedo conseguir un lapicero. O algo. Hoy iba una recomendación de un libro, pero se cae el cielo y lo veo en primer plano Hoy iba una recomendación pero parece un recado y no nació como un recado, así que me la guardo. Hoy iba un recado pero se cae el cielo y yo lo veo en primera fila. Hoy había doscientos post posibles y ninguno era este. Este en el que estoy frente a la ventana gigantesca viendo la nube gris, bajísima, pesada de lluvia, deshacerse en agua casi sobre nuestras cabezas. Quiero creer, aunque no sea así, que es la misma que me bañó ayer por la tarde justo al salir del trabajo. Los conductores de los coches del aparcamiento me miraban como si estuviese loca, ahí sola, sin paraguas, medio desnuda, con la cara mirando al cielo y los ojos bien abiertos. Pero yo sé que todos hemos hecho eso alguna vez. O hemos deseado hacerlo y no nos hemos atrevido. Quiero creer que es la misma nube que me empapó anoche, a las once y sin mi permiso. Esa que olía a tormenta de verano. Sé que esta es otra nube. Pero parece siempre la misma. La de los veranos cántabros e irlandeses. La de amanecer y no ponerse el bikini y marcharse a Santillana. A nada. Me sé Santillana de memoria, podría enseñártela con los ojos cerrados si quisieses, podría llevarte justo a los dos sitios que más iban a gustarte. Podría contarte un par de curiosidades de las que no vienen en los folletos de la oficina de información turística. Santillana es un parque temático que a mi me huele auténtico. Hoy hace día de comprar artesanía en esa tienda carísima. De mojarse menos de lo previsto y empaparse enteras las ganas de pelea. De embarrarse la piel con fines terapéuticos. De ver llover con la sonrisa, de atenderte como quien oye llover. De dejarme ganar y entender que dejarse ganar nunca es una derrota aunque lo parezca. De repetirme en la cabeza "oído barra" mientras espero un relámpago que cruce el cielo. Hoy hace un día de salir a bailar con la lluvia la misma canción de tantas veces o esa canción recién descubierta. De condenarme a la felicidad efímera del no saber lo de mañana. Lo de luego. Hoy ETA ha vuelto a asesinar, sin avisos. Hoy suben los muertos en Myanmar, en China. Las catástrofes artificiales y las naturales podrían alcanzarnos fulminantes mientras nosotros aquí, nos miramos el ombligo por diversos procedimientos. Cada uno el nuestro. (nuestro ombligo y nuestro procedimiento). No se puede vivir con tanto miedo. Me niego a vivir con toda esa rabia. No estoy dispuesta a enfadarme por casi nada. Cerrar la puerta. Bajar a la lluvia. Saldremos a la lluvia, dice Manolo García. Un disco cretense. Los cretenses pintaban delfines en las paredes de sus palacios y escribían unos signos aun no descifrados (dicen que silábicos). La civilización minoica disfrutaba del Mediterráneo, del vino, de la vida efímera, de las lluvias que podrían matarnos pero en mañanas como hoy nos acarician. Saldremos a la lluvia. Yo, por lo menos, ahora mismo. Con dos lágrimas redondas embalsadas en mis conjuntivas y la canción 9 sonando. La preciosa letra de la canción 9 martilleando. Sadremos a la lluvia. A la lluvia voy. Vuelvo, empapada, en un rato. Espérenme, no llevo paraguas. P.S. Ella, la del cuadro, sí lleva paraguas. Pero me encanta. Imaginen que soy yo, que se moja lluvia de colores. Se llama "rain princess" y es de Leonid Afremov Hoy toca jazz en discópolis. Hemos salido a comer como cada semana y la boca me sabe todavía a café de verdad, con restos de naranja. Esta es más festiva. Mediodía. Juegos tontos al borde de un mar calmo como las mañanas de verano. Paseos mirando puestos hippies sin comprar nunca nada pero tocándolo todo. Gente y más gente con telas casi transparentes, ligeras, claras, leves. Gente atestando un paseo marítimo lleno a ambos lados de puestos de bisutería que brilla falsamente al sol. Suenan las señales horarias, termina el jazz, termina el trance y no sé quién es la segunda ella ni qué le pregunta... Todas las ilustraciones de arriba son de Lisa Henderling Interior día. Arabian Biuti Centerrrr. Planta 1ª, departamento de estética. Madre con bata de guatiné, zapatillas de felpa y rulos. Niños sentados a la mesa del salón, comiendo. Una clienta espera pacientemente con la toalla sobre los hombros. - ¡Vamos, niños! Comerse las croquetas y pelar el kiwi que necesito dos rodajas para la señora - Jooo mamá, desde que pusiste el Arabian Biuti siempre comemos croquetas y kiwi... - Tanta queja, tanta queja, si yo lo hago por aprovechar el aceite. Dichosos niños. A ver, Marisa, túmbate en el sofá, así así con la cabeza colgando (Marisa se tumba) - Muy bien, cariño. Así estás perfecta. (La mujer de la bata se dirige hacia la cocina, de donde coge una sartén con aceite caliente y restos de haber frito croquetas) - Bueno, pues ya verás como se te queda la piel con nuestro peeling. Esto sí es dermoabrasión y no lo de "Corporación Dermoestética", y encima muchísimo más barato. Dónde va a parar. (mientras habla, rocía el rostro de Marisa con el aceite) - Si quema mucho me lo comentas, querida, no nos vayamos a pasar. - Hombre, yo ahora noto picorcillo - Nada, eso es que está haciendo efecto. A ver Yonatan, dale a esta señora las dos rodajas de kiwi para que se las ponga en los ojos. Que hacen el mismo efecto que el pepino, pero quedan mucho más bonitas... (Yonatan le coloca con cuidado las dos rodajas de kiwi en los ojos a Marisa) - Y ahora, bonita, te quedas así un ratito hasta que venga la siguiente clienta. Mientras, te informo de que además del "Eternal Flame rostro" tenemos el "Eternal flame rostro deluxe" sólo con aceite vírgen extra. Y como novedaz este mes te podemos ofrecer el "Eternal Flame cuerpo". En la bañera. Te deja la piel hidratadísima, eso desde luego, lo que pasa que es un poco sacrificao, pero ya sabemos lo que dicen "para presumir hay que sufrir". Mira, te voy a dar el folletito que hemos impreso, para que lo valores cómodamente en tu hogar. Como oferta de lanzamiento te ofrecemos el "Eternal flame cuerpo deluxe" al precio del "Eternal flame cuerpo". Yo que tú lo aprovecharía. Ofertas como estas poquitas. FIN DEL PRIMER ACTO Así nació el primer tratamiento Arabian Biuti Centerrr. Sonia y yo en medio de una bella acera getafense, entre resolución y resolución de dudas a viandantes tardíos. A las tantas de la noche. Dobladas de la risa la una con las idioteces de la otra. No sabemos cómo exactamente llegamos al delirio ni a quién se le ocurrió qué cosa: nuestros cerebros absurdos en sinergia. Ayer creamos unos packs interesantísimos de los que les hablaré en posteriores ocasiones. También tenemos un tratamiento anticelulítico "made in Arabian", se pueden imaginar... Llevamos con esta idiotez más de un año y sigue siendo un "esqueche" recurrente. La vecina del primero (esta vecina es verídica, no inventada) contabiliza los años que llevamos riéndonos a carcajadas escandalosas bajo su ventana. Y cuando nos mudamos yo creo que nos echa de menos, igual que los borrachos desorientados (mítico el grupo de coruñeses/vallisoletanos), los seres marginales (adictos, locos y c) las dos son correctas) y los pedidores de tabaco, cincuenta céntimos para llamar por teléfono, seres con dudas acerca de la ubicación exacta de la estación de tren, la farmacia de guardia, la comisaría de policía... Ya saben, Banqueta Enterprises: con vocación de servicio público. Ahhh que sería de la vida sin estas idioteces... Supongo que a ustedes no les hace gracia, pero les garantizo que yo lloro literalmente de risa cada vez que lo pienso. Y si acaban de conocer esta locura y no saben a qué viene, todo este absurdo está recogido en la etiqueta "Arabian biuti centerrr". Al norte del futuro hay una palabra Estoy de baja. Pero les dejo un par de versos y unos cuantos besos. La de arriba es Vega según "Google Sky" El viernes fui a trabajar encontrandome "francamente", que dirían gomaespuma. Y llegué a casa con ganas de tumbarme en el sofá y dormir y dormir hasta el lunes, osea hoy. Sin ninguna gana de ir al Valladolid Latino 08, que además amenazaba agua. Pero el sábado, con las mismas escasas ganas, conduje hacia Pucela con lluvia pertinaz, y a las seis de la tarde, justo cuando me estaba entrando un sueño hipnótico, subí al José Zorrilla con la cara verdosa sin una sola gota de ningún producto cosmético. Sin pendientes siquiera. ¡Cuánto me alegro de haber vencido la pereza y el cansancio! La cola fue la prueba de que ver tanta peli de espías termina sirviendo para algo, porque entramos rápido y con nuestros bocadillos como si fuesen contrabando a pesar del minucioso registro al que sometieron a los bolsos (y también muertos todos de la risa con las técnicas de ocultación usadas). Raul Quijano fue, sin duda, lo peor de las 8 horas de música: una estrellita absurda que pretendía obtener el mismo entusiasmo de un público que había ido allí a ver a otros. Alejandro Fernández, en cambio, que ni me va ni me viene, llegó con sus mariachis y su entusiasmo, encantado de ser el segundo y tocar a plena luz del día. Juanes, que tampoco me apasiona, es brillante en directo y tiene el plus de haber permanecido en la parte descubierta del escenario en los únicos 20 minutos en los que finalmente llovió. Mojándose como todo aquel público. Como las 30.000 personas que saltabamos y cantábamos y bailábamos y disfrutábamos de su guitarra virtuosa y su voz perfecta. Todos cantaron sorprendentemente bien el sábado. Después de Juanes salió Alejandro Sanz, única razón por la que yo fui al estadio. Ya saben que a mi me gusta Alejandro Sanz y no me importa en lo más mínimo reconocerlo abiertamente. Me gusta muchísimo desde hace muchos años. Sus canciones y su forma de cantarlas y sus ojos brillantes. Y no, no me importa que esté gordo, igual que nunca me importó que fuese bajito. Es un tío que me gusta en general. Ni siquiera es exactamente que me caiga bien, ni nunca he sido fan de las de "queremos un hijo tuyo". Sólo que me gusta. Volvimos a escuchar "la fuerza del corazón" que yo cantaba a gritos aquella primavera gloriosa del 95 ante la mirada atenta de unos ojos verdes que me preguntaban siempre "qué querrá decir lo de alguien ha bordado tu cuerpo con hilos de mi ansiedad ?" La fuerza del corazón es R. igual que "Y si fuera ella" es D. Hay muchas que son D. Hay infinitas canciones que son D. y los años de felicidad inmensa. Sin remedio. Vienen a la cabeza flashback de mi vida cuando las escucho. El sábado, además, D. andaba por el estadio con sus auriculares de jefe eficaz, moviéndose enérgico como siempre, sonriendo como siempre y siendo lo que siempre ha sido en mi vida. Me gusta volverlo a ver y seguir comprobando lo que ya predije, lo que los dos sabíamos de antemano: la química no muere, igual que el amor no muere aunque mute, aunque mueran otras cosas tan fundamentales para que el mecanismo funcione. Alejandro Sanz me emocionó, me hizo darme cuenta otra vez de lo rápido que pasa el tiempo, me hizo disfrutar con cada canción y con el brillo de sus ojos a través del monitor, como si no se hubiese acostumbrado a ver 30.000 personas cantando a la vez sus canciones. Me dio pena que llegasen El Canto del Loco, indudables triunfadores de la noche. Otros que ni me van ni me vienen. Pero me caen bien porque muchos los critican. Sí, serán unos niños pijos y lo que ustedes quieran pero se comieron el escenario, cantaron y sonaron perfectos canciones con letras que a mi me parecen pésimas y consiguieron eliminar el cansancio 6 horas después de que Raul Quijano se cogiese un monumental cabreo porque la gente no quería bises suyos. A mi Dani Martín (que me parece la definición de tío bueno, todo sea dicho) me resultó cansino con ese exceso de instrucciones al respetable: subid las manos, más arriba, cantad, cantad más alto... No soy partidaria de jugar al "simón dice" con el público. Pero a la gente parecía gustarle. Y luego Nek, al que me quedé por acompañar al resto del grupo, pero del que no puedo decir demasiado porque yo estaba aterida de frío, cansada y con dolor de todo. El sueño de Morfeo fué demasiado incluso para el resto así que nos marchamos, por fin, a casa. Y yo llevo desde el sábado cantando "dame tu corazón pequeño como un limón" y con muchísimo frío, pero contenta. La foto es de El Norte de Castilla. Hay 71 de la noche del sábado Una luna de scooby doo y una avenida vacía con semáforos que cambian incesantes de verde a rojo para coches que no terminan de pasar. P.S. El título, ya saben, verso de Quique González. La foto de la luna no es mía, está aquí "Podemos ser peligrosas si nos tocan lo suficiente las narices. Pero incluso entonces elegimos la opción menos sangrienta. Eso decíamos hace unos meses. Entonces ni siquiera intuíamos que los crímenes suaves podrían dar tan buen resultado. Nuestro profe de funky, también conocido como "el insoportable irascible", se marcha (o lo marchan). Es un cabronazo con pintas en el lomo. Un mal bicho impresionante. Ha hecho llorar y sufrir a quinceañeras (incluso a doceañeras), miente, insulta, maquina, es cabezota, inflexible, amargado cruel y antisocial. Como ya saben es la persona a la que más cerca he estado de odiar nunca. O a la que he odiado. El primer día llegó con sus aires de típico tío inseguro, fingiéndose un Nureyev del funky y resultando pésimo como profesor y como bailarín (es incapaz de contar tiempos, lo que es parecido a un conferenciante que no supiese hablar la lengua en la que diserta). Fuimos a pedirle, por favor, que se tomase con calma las explicaciones y que no nos enseñase 8 coreografías por día. La clave del baile es la repetición. Sin repetición no hay nada. Nada sale, nada funciona y no se avanza. Dijo que NO, que su clase era un casting. Todavía nos estamos riendo de su salida de pata de banco. Nos declaró la guerra abierta hace 3 años. "Si no os gustan mis clases os largáis". Respondimos que antes se iría él. Hemos ganado. Se va, nos quedamos. Tenemos una profe nueva, una técnica, que cuenta tiempos, que repite, que enseña, que es capaz de marcar un ocho entero. Una profesional, vamos. Volvemos a los orígenes del funky, cuando Flo nos hacía sudar y vernos divinas en el espejo. Disfrutar tantísimo. Hemos ganado jugando exquisito: vino su jefe a decirnos que le echaba, que estaba harto, que era insoportable, y nosotras hasta lo "defendimos" sugiriendo que coexistiese con otro profe que fuese más despacio, "para los que bailamos mal..." No bailamos mal. Bailamos bien, aunque en sus cláses jugábamos a tres cosas: poner cara de acelga revenida (porque dijo que en sus clases la gente no se reía), chistar cada vez que se iba de tiempo (todo el rato) y fingir una torpeza brutal en la ejecución de los pasos en lo que dimos en llamar "estilo pato borracho". Una vez hicimos un "homenaje revisitado a los juegos de infancia" modificando los pasos convirtiéndolos en un pilla-pilla absurdo. Esas eran nuestras armas contra sus gritos, sus insultos, su mala hostia, sus salidas de tono y su hijoputismo. Y hemos ganado: desaparece de nuestras vidas, nos hemos permitido el lujo de contener la alegría al enterarnos de la noticia, teniendo la tranquilidad de que nunca jugamos sucio a pesar de que él sí lo hizo demasiadas veces. Nos hemos despedido educadas pero frías con un "hasta luego" cortés. Ahora ya, es pasado. El funky vuelve a ser un baile y no una tortura. El karma, creo que es el karma. La imagen es de "Chill Phil" H. es un negro cubano de casi dos metros. Nos dio clase de salsa en los buenos tiempos. Salsa de la de verdad, no de salón. Creo que la única razón por la que canta los nombres de los pasos es porque a los españoles les suele encantar hacer ruedas cubanas (a mi ni me van ni me vienen). Así que él con sus "paseos", sus "princesas" sus "dile que no" con y sin "aspirina", sus "enchufla doble" y sus "85". Ironizando sobre la torpeza de algunos y alegrándose cuando alguien lo clava. Siempre atento a todo. H. además hace animaciones en discotecas y después de su show nadie se atreve a salir a la pista a bailar "merenhouse". Ayer me acordé del día que se le ocurrió llevarnos a Sonia y a mi de gancho. Yo soy un gancho buenísimo porque doy toda la sensación de no tener ni idea del asunto y siempre hay quien piensa "al lado de esta no puedo hacer el ridículo" del mismo modo que mi médico piensa que debería salirme colesterol en los análisis de sangre. Aquel día fue mítico porque hicimos la temida prueba cerocero: la discoteca en cuestión estaba en el fin del mundo a mano izquierda así que yo tuve que llevar el coche y Sonia, por solidaridad conmigo, decidió no beber tampoco. Éramos las dos únicas personas del lugar que no habían tomado ninguna droga legal ni ilegal, y sin embargo todo el mundo nos preguntaba cómo se llamaba lo que nos tenía tan eufóricas. Solo el baile. Bailarrr bailarrr que diría king áfrica. Dar vueltas sin parar. Los timbales. H. haciéndonos guiños. El aura fotografiada. La salsa tiene algo medicinal que pone de buen humor, que libera endorfinas a chorro en el torrente sanguíneo eliminando el cansancio. Una sólo puede concentrarse en mover todos los ejes en un aparente descontrol que nunca es descontrolado. Por muy enloquecidos que suenen los timbales y la sección de vientos siempre hay unas normas a las que atenerse y pase lo que pase, hagan con una lo que hagan, la lleven hacia donde la lleven y la giren como la giren, tiene que volver siempre con el pie correcto atrás. Y si no... el desastre. H. y su brazo potente son los únicos capaces de conseguir que yo haga 6 giros seguidos, con tacones y sin desequilibrarme, sostenida sólo a través de mi dedo corazón. Puro espectáculo. Con H. siempre doy la sensación de ser una salsera solvente. Y no es cierto. Todo el mérito es suyo, pero como todos los buenos bailarines deja que "la chica" se lleve los aplausos. P.S. Esta parece la semana del baile en "El Corte Inglés", así que mañana quizá saque de la nevera (del cajón de la verdura) algo de hace un mes. En torno a la danza oriental, esta vez. Ah, y el dibujillo es cómo se supone que hay que terminar después de los 6 giros vertiginosos. Es para estas cosillas para las que echo de menos la melena de león... P.P.S. Algo se cuece en las calderas del Bremen... aunque ayer tuviese que abandonar el barco antes de tiempo salí de allí convencida de que podremos hacer algo bonito de verdad... Y hasta ahí puedo leer Un instrumento de cuerda haciendo virguerías. El cielo gris de primavera recién estrenada. La maleta. Estoy de bajada de montaña rusa. Sabía. También sabía que iba a llegar la bajada. Entran la flauta y el yembé. Una voz de hombre canta con mucho aire. En árabe y francés. Toques de jazz. Eva me enseñó a bailar esto. Es una balada triste. Las baladas tristes hay que bailarlas con cara de llorar. Y yo tengo cara de llorar. Pero no exactamente ganas de llorar. No ganas reales de llorar. Ya vendrán. Vendrán y sé que vendrán pero todavía la prepotencia absurda de creerme capaz. De todo. Me cuesta no hacer círculos lentos con el pecho. Me cuesta seguir sentada con mi cara de llorar y mis manos apretando suaves las teclas. Me cuesta no sonreír imaginándote hacer virguerías, como las de ese instrumento de cuerda. Y contar sin contar nada. El flautista, ahora, casi se queda sin aliento. Hay una palabra. La clave de este código indescifrable. Una sola palabra que convertiría todo en algo obvio. Una que no pienso teclear. Pero que tal vez mencione de pasada un día de estos. Como si nada. Porque me gusta verte mirarte las manos y negar con la cabeza. Negar insistentemente con la cabeza. Como si pudieses convencerte. Necesito verte negar para convencerme yo. Supongo que es solo eso. Convencerme de que no cuando todo el cuerpo me grita sí. Porque sigue aquí, en el fondo, el instinto martilleando, la certeza, el pensamiento mágico. Cualquier estupidez que me permite creer que a veces todo funciona de un modo absurdo y extraño y erróneo, y ridículo. Pero funciona. Bien. Mejor que esos relojes tan perfectos que terminan siempre atrasándose un segundo por año. La imprecisión gigantesca haciendo que todo encaje. Es otra forma de verlo. Como aquellos cubos de EVA que montábamos de pequeños. El morado se podía hacer de dos maneras, al menos. Y era el más difícil. La forma más bonita de resolverlo era la menos obvia. El hombre empieza otra balada. Como un lamento de dolor. Y ya no sé poner cara de llorar. Pero sin darme cuenta estoy, por debajo de la mesa, haciendo círculos hacia dentro con la pierna. Y el ocho maya anunciándose en mis caderas. Mientras el yembé... se acelera. Es magia. Otra vez. El lamento ha dejado de ser un lamento. Y la canción suena alegre y sale el sol, y entra el sol por la ventana. Y ahora, definitivamente, las caderas piden "vuelta africana" P.S. Eva (la mujer, no el material) sigue de baja. Estamos preocupadas por ella y la echamos mucho de menos con su dulzura. Consiguió enseñarnos, incluso a nosotras, los pasos básicos de la danza oriental. Y seguimos acordándonos. Y nos siguen saliendo sin querer cuando suena una "tabla" o una balada triste, o folcklore egipcio... Tiene mérito. El texto no existiría sin ella, bien mirado... P.P.S Los dibujos no sé de quién son, los he ido encontrando por ahí. Lo siento por sus autores (si casualmente alguno pasase que se identifique) |