Universo Perpendicular |
![]() El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios) |
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Se reía con carcajadas estruendosas, pero inertes. Con una risa de loca. Incomprensible e inexplicable. P.S. El título parafrasea una obra de Chomsky que se llama “Dos horas de lucidez”. Y el cuadro es de Carlos G. Domínguez. Se titula “Histoire 06” La razón por la que he visto este hermoso programa de telerealidad, rama CEAC (Cursos de Enseñanza Ante Cámaras), es ni más ni menos, que la presencia en el casting de nuestro insoportable profesor de funky.Vaticinamos su fracaso. Que fue en noviembre, un domingo, para más señas. Al día siguiente vino más cabreado de lo que suele y nos soltó un discurso sobre lo difícil que es aprenderse coreos ajenas (que es básicamente lo que hacemos nosotros en sus clases desde hace casi tres años sin que hasta la fecha haya sido capaz de reconocerle ninguna dificultad al asunto) y que él, sin ir más lejos, ayer fue el último en aprenderse los pasos de una, pero porque él lo hizo bien, y no cogió guías.Coger guías quiere decir fijarse de los de al lado. Concretamente de los que se la saben. Y Sonia y yo adivinamos el fracaso con absoluta exactitud: “a este lo que le ha pasado es que se ha perdido completamente y como es tan autosuficiente no ha sido capaz de saber a quién tenía que mirar para ayudarse” Y supimos también que no había pasado el casting.Ahora hemos visto confirmadas nuestras sospechas en prime-time. Allí estaban el coreógrafo locaza (atentos a la palabra trendy de la temporada “energy”) la jurado-institutriz nazi, un impecable Victor Ullate, una de las bailarinas de Sardá y no sé cuánta gente más, viendo frente a ellos a nuestro autosuficiente y antisocial profe de funky que no aparece jamás en todo el casting hablando o interactuando con nadie, que cuando el coreógrafo marca por primera vez los pasos asiente como si ya se los supiese, que comete el error de ponerse delante del todo, con lo que le fue literalmente imposible “coger guías” porque la sala no tenía espejos... Y no pasó, claro. Y me jode. Porque yo quería que pasase, y nos trajesen a otro profe. Uno que vuelva a poner el funky en el número uno de la lista de nuestros bailes favoritos... Donde estaba hasta que él llegó. Ayer no tocaba funky. Fueron dos horas gloriosas de coreo con mucho público (la de gente que tiene voluntad de bajar el turrón en navidades). Me gusta bailar por bailar. Sin presiones. Con público entregado que pasa por alto mis descomunales lagunas técnicas y se limita a aplaudir y a mirarme desde abajo con ojos golosos. Ha vuelto Patri de su baja-vacaciones y la coreo nueva tenía una parte complicada en la que me atasqué tontamente, luego me desatasqué y entonces empezó todo a funcionar, pura “energy”. En fin, otra ventaja de las navidades raras es poder ir a bailar una tarde de jueves con los reyes terminados de comprar en una mañana libre... A lo mejor me pasa sólo a mi, quizá porque tengo el “síndrome merengue”, porque él está en el Pirineo, y yo en la meseta. O a lo mejor cantar bien es otra cosa. A lo mejor ese susurro rasposo emite en la frecuencia de los escalofríos. Sí, a lo mejor cantar bien es otra cosa: basta con no chirriar, pero necesita a cambio transmitir, sentir o hacer sentir. Disfrazar, jugar, interpretar. Ponerle algo. A lo mejor lo que me engancha me engancha porque siempre me hace querer saber más y lo que me desengancha es eso que empieza a sonar acartonado. Sin alma, como él diría. Sin alma aunque sea de mentira. Heny J sabe añejo, huele añejo. Como el whisky bueno. Escúchenlo . A mi me gusta. P.S. No tiene nada que ver su llamada a George, conste. Mis excesos no se venden. Son o no son. Y esta vez son. P.P.S. Lo escribí en el puente de diciembre, pero faltaba algo: la foto. Hice un encargo, pero ayer, alguien, sabiendo de mi falta de tiempo, sabiendo de mi impaciencia y sabiendo en definitiva cómo soy, vino con esta foto, que está sacada de aquí. Es un regalo de esos que me gustan tanto... (está dentro de la novedosa campaña 12 días, 12 cosas, que ha llenado de sorpresas estas Navidades en Madrid.) Así que no queda más que darle a publicar. Hoy he tenido algunos regalos que me gustan mucho... Actualización: Web nueva. .. con dos canciones para descargar. Leí “El Invierno en Lisboa” por primera vez hace años. En vagones de metro, bancos de estaciones, trenes regionales y el lado derecho de un colchón demasiado blando. Blandísimo. Me gustan las atmósferas, los tugurios oscuros con humo y ventiladores, la luz indirecta y tenue que favorece el brillo de los ojos y del metal de los saxos y trompetas...Y me encanta Lisboa. Como ciudad y como decorado. Me gustan los olores, los recuerdos y los sabores que Lisboa me dejó en la boca y en el cerebro. Me absorbía, me transportaba dentro de esa irrealidad donde Lisboa es casi siempre una palabra, apenas el recuerdo de un pasado (o un futuro) y el jazz en cambio está por todas partes y San Sebastián es la protagonista húmeda, hasta que se produce el giro y Lisboa empieza a ser todo y el jazz se diluye en la ciudad que Biralbo recorre obsesivo hasta llegar a Burma. Nunca habría apostado que a mi pudiesen gustarme tanto algunas novelas de Muñoz Molina, con ese exceso de símiles, con ese abuso de símiles que se subordinan o se encadenan y caen en cascada por los párrafos. Nunca habría apostado que pudiese gustarme tanto esa tristeza desencantada que a la vez me hace sonreír de un modo extraño. El narrador omisciente que a veces parece ser la voz del protagonista y otras estar muy lejos de él, se desliza en el tiempo, va y viene por las ciudades de Europa, por los acontecimientos, los personajes, los antros, las canciones, la música, el amor, la tristeza, la esperanza, la desesperanza... como si fuese sencillo. Hay fragmentos que se pegan al paladar como las obleas al deshacerse y dejan luego el tacto áspero que se resigue insistentemente con la punta de la lengua. Hay fragmentos que quisiera envolver para regalo y entregar a algunas personas. Hay un trocito que pondré en Las Playas de Siberia en cuanto pueda. Este post es una especie de promesa y esa especie de promesa fue la excusa para estos días de recordar todas las palabras que se me habían olvidado. Hasta acabar la relectura con la sensación de que llegué pronto a esta novela, y he vuelto justo a tiempo. Va a hacer 20 años que la escribió. Y está nuevecita porque ni San Sebastián ni Lisboa, ni el jazz, ni la tristeza, ni los amores cerrados en falso, ni el bourbon pasarán nunca de moda. Y ese ascensor seguirá en Lisboa llevándonos a la parte alta de la ciudad, salvándonos la vida. Posponiendo lo dramático hasta que no quede más remedio Dice en un momento: A lo mejor hasta podría apostar cuál en concreto... eso depende de si nos conocemos nada, algo o mucho... P.S. La imagen es "Jazz Reflections" de un tal Barksdale... Y el libro "El Invierno en Lisboa" de Antonio Muñoz Molina, Premio de la Crítica y Premio Nacional de Literatura en 1988. Eso dijo mi padre el año de mis 17. Y eso sin saber todas las cosas que tenía entre manos. Saben qué? Al volver a casa, en la radio del coche sonaba esa de Bisbal que dice "premonición" y va (por lo visto) de que una bruja le pronosticó su ruptura con Chenoa y la llegada de Tablada. No te veo y lo nuestro me resulta virtual y agónico. Con Páter fuera de la ciudad (o del universo), ajustar la agenda del sábado libre a la de Alex Martínez parecía más sencillo. Y también diche "cholula" que en lunfardo significa fan. (acabo de consultar con mi asesor personal, google, porque ayer, sin google no me atreví a hacerme la listilla... soy una cobarde: voy de listilla pero sólo respaldada por fuentes fidedignas) P.S. La foto de Alejandro está sacada de su blog (el enlace al lado izquierdo de sus pantallas) Ya saben como soy: sería incapaz de recomendarles un libro que no me ha gustado. Así que les voy a recomendar “Cuando las cosas dejaron de tener sentido” de Guillermo Ortiz. Porque lo he disfrutado mucho. Simplemente. Pero no les voy a ofrecer mi ejemplar en préstamo como suelo hacer, porque Guillermo es colega del taller, porque su libro no tiene ni el "marketinj" ni la distribución que se merece, porque tiene que funcionar el boca-oreja-compra, para que las cosas vayan bien (tengan sentido) y detrás de este vengan todos los demás que tengan que venir. Dijo Lara Moreno, quien presentó el libro en su momento, que era para leerlo de un tirón a pesar de que recoge entradas de un blog. Y tenía toda la razón. Lo he leído de tres tragos disfrutando de sus contradicciones y sus coherencias, de las frases lapidarias y perfectas, de sus dolores de garganta, sus idas y venidas, sus nombres en clave, las canciones de su I-pod, su vida enmarañada... Disfrutando del libro, supongo. Cómprenlo aquí y tengan cuidado, porque engancha. ¿Quién dijo que Rajoy era moderado, dialogante y nada parecido a Ansar? Ahí lo tenemos: tomando decisiones que yo, por lo menos, no entiendo. Quizá sea corta de miras, pero no veo la inteligencia política en dejar a Gallardón fuera y así. Si el día que se ofreció le hubiese respondido: “mira, pues de momento no va a poder ser, ya si eso en las próximas”. El golpazo no habría sido el que ha sido y el tiempo para olvidar habría sido suficiente. Es verdad que la gente olvida (olvidamos) pronto. ¿Pero tan rápido? Han sido crueles con Gallardón, han demostrado que su “proyecto” es de derecha rancia, y que están tan preocupados por quitarse rivales que se han olvidado de que las rivalidades disminuyen si hay poder que repartir.Sosomán le dio un pedazo de cargo a su enemigo José Bono para desactivarlo, y para dar una sensación de cierto “centrismo” y parece ser que funcionó. Yo me pasé todo aquel tiempo preguntándome por qué concretamente aquel hombre era el ministro mejor valorado. Soraya Sáenz de Santamaría está acorralada por la realidad (que no por Pepa Jiménez) en los desayunos de TVE. Es una mujer muy guapa, que interrumpe a los periodistas para no dejarles decir lo que pensamos todos, que habla muy mal con tanto “ehhhhh” entre las frases, aunque quizá se deba a que no hay mucho que decir, y lo que queda es parar los golpes.Dice que en el PP lo importante no son las personas, sino las ideas, el proyecto. Y sus ideas, las de sus dirigentes, son precisamente lo que me preocupa a mi. Pero luego dice que Pizarro es un fichaje, una persona que puede aportar mucho, un adalid del libre mercado, muy preocupado por la defensa de los pequeños accionistas.Y yo ya no entiendo nada: si lo importante son las ideas y lo de Gallardón es lo de menos, ¿por qué una persona como Pizarro es “lo de más”?. Lagunas veo en el argumentobarrarazonamientobarraexcusa. Y lagunas en Pizarro: no que sea multimillonario, eso en cambio a mi me tranquiliza. Me imagino que alguien tan forrado no meterá la mano en la caja, tendrá menos motivación.A mi lo que me preocupa de Pizarro es ese integrismo que demostró en el asunto ENDESA. Aunque en aquel asunto hubo varios en todos los “bandos” haciendo ese tipo de demostraciones. Y siguiendo con mi campaña electoral, que es similar a la de los aficionados al fútbol antimadridistas, les diré que si yo fuese el primer ministro finés, esloveno, argelino... llamaría a Rajoy para comentarle un par de cosillas.Porque una cosa es que en el Foro de Civilizaciones falte tanta representación que resulte absurdo, deslavazado y quizá ridículo y otra es que haya que menospreciar a los dirigentes de los países que no “manejan el cotarro”. Hago ahora mismo la firme promesa de no saturar el blog con entradas políticas por muy en campaña que estemos... Prometo tratar de controlarme... pero lo de hoy es un bombazo, no me negarán... La foto está sacada de Escolar.net NO se lo digan a nadie pero me gusta Mónica Naranjo. Vamos a ver, nunca la pongo en casa (ahora que lo pienso ni siquiera la tengo). Nunca decido voluntariamente escucharla y nunca me acuerdo de ella o de alguna de sus canciones de forma espontánea. Pero me trae muy buenos recuerdos y sus gritos potentes, descontrolados y sin sentimiento me ponen de buen humor. De un delicioso buen humor. Del buen humor de los buenos recuerdos y la juventud divinotesoro y esas cosas. Creo que cualquier canción de Mónica Naranjo me recuerda a los años felices: del 99 al 2001 cuando nada empañaba el estado efervescente y las obligaciones eran llevaderas (además de escasas) las semanas laborales duraban 3 días y medio y los fines de semana todo el resto del tiempo. Pero sobre todo me recuerda nuestras segundas vacaciones “de chicas”. Nosotras tenemos una tendencia a armarla en los hoteles, una tendencia muy acusada que empezó el verano de 2000 en La Manga del mar "Menó". Destino elitista donde los haya al que llegamos cual elefante a una cacharrería en aquel glorioso mes de septiembre. El viaje que nos llevó hasta allí cuando ninguna teníamos coche fue épico y tuvo de banda sonora a Mónica Naranjo (“la naranjas” para nosotras) y a Raul (hace tanto que sueño su boca etc). Nivelazo. Todo empezó un viernes a las 22.00, hora zulú. Momento en el que dejamos nuestras maletas en la consigna de la estación de tren y nos lanzamos a la noche pucelana como condenadas a muerte. Yo iba entera de blanco. Lino blanco, para más señas. Y él se reía pensando en nuestro viaje borrachas y en el peligro que suponíamos para la población murciana. Fuimos donde siempre: a “nuestro bar” aquel en el que cuando entrábamos por la puerta I. paraba la música y ponía “completamente loca” de Alejandro Sanz. Luego iban cayendo las canciones para bailar como un rosario de peticiones telepáticas, la sidra se adornaba con otros licores y las copas se rellenaban sin pedir, sin pagar, sin parar. Aquel sitio era la gloria. Nuestro momento cumbre llegaba en la coreografía de Mónica Naranjo. Esa que decía “paraíso extraño, donde no estás tú, y aunque muera quiero libertaaaaaaad”. A las 5:00, hora zulú, volvimos a la estación y nos subimos en un tren nocturno con destino a Madrid. Borrachas de alcohol y de tontería. Simpáticas y a la vez insoportables. El asunto era tan grave que el revisor nos invitó a viajar en un compartimento de primera clase, a nosotras solas. El tren llegaba a las 8:00, hora zulú, en un alarde de nulavelocidad, por algo muy inconexo sobre que Madrid abría a las 8. Hicimos bromas durante muchos años sobre el horario de apertura de las ciudades. Otro tren nos llevó a Murcia, un autobús a Cartagena y otro a La Manga pasando por todos los pueblos, andurriales, hoteluchos, casuchas y similares que hay en medio. Estrené la piscina, deshice la maleta, bajamos a cenar, bebimos mucho vino, nos pasamos a las copas quizá demasiado pronto. Reventamos una actuación a un pobre hombre apellidado Salamanca que no tenía ninguna culpa de nuestra suprema y etílica idotez. Luego fueron 5 días de vacaciones locas. Loquísimas. Como para escribir una novela. O dos. Y durante todo aquel tiempo sonaba “Sobreviviré” a grito pelao. Hoy, en el camino al trabajo, la han puesto en la radio. Y no he podido evitar reírme mucho. Muchísimo. En mi cabeza nuestros “numerazos”, las luces fluorescentes, el lino blanco… y tantas cosas… El último numerazo con la Naranjas fue en nochevieja… no hace tanto. Es una especie de ritual que nos recuerda todos los buenos momentos juntas y nos hace pensar que dentro de 9 años habrá recuerdos nuevos cuando suene esa canción, o cualquier otra. Quizá ya lo hayan visto. Ayer el informativo nocturno de Telecinco arrancó con una exclusiva en la que no había noticia: "nuestro equipo grababa momentos antes de las detenciones en el interior de la mezquita del Raval". Interesantísimo: no sabemos qué es para ellos momentos antes (minutos?, horas?) y lo que grabaron es básicamente un hombre quitándose los zapatos. Revelador. Después un permanente anuncio de "Madrid Fusion"... Hoy iba a escribir sobre “Los crímenes de Oxford” (la peli). Pero no. No, porque hace sol, hace avance de primavera. Porque he comido una ensalada deliciosa, porque he salido corriendo, con una onza de chocolate negro entre los dientes, porque he venido conduciendo en un atasco con las ventanillas bajadas, escuchando a Danza Invisible en la radio, porque el chocolate se me deshacía en la boca. Porque Jorge, el camarero de la cafetería al que hacía dos años que no veía, se ha sorprendido cuando he pedido el café con leche en lugar de cortado. Porque mis alumnos están en un descanso (pausa para publicidad), porque les acabo de soltar un rollo sobre correcciones a su práctica y me escuchaban atentos y motivados, lo que le permitía a mi ego pensar que hago un buen trabajo (aunque la experiencia me dice que ellos son buenos alumnos). Porque he pensado que son ocho grupos ya. Ocho grupos de 15 personas a las que he intentado enseñar algunas cosas. Algunas de las pocas cosas que sé. Me gusta muchísimo dar clase a adultos. Y eso, cuando doy clases, se me nota. Porque anoche fue una noche estupenda. De planes, de risas, de él y su nuevo corte de pelo igual de bandarra que el anterior y sus maneras de siempre. Porque el jueves pinta cada vez mejor (aunque cada vez me de más rabia perderme el taller). Porque mi horario es un caos, mi sistema de coladas ha dejado de funcionar y exige un cambio si no quiero quedarme sin calcetines de alegres colores para la clase de body balance, porque voy como una loca a todas partes pero hoy estoy contenta, tranquila, en una paz como de salir de una piscina después de nadar 2 kilómetros… Solo por eso. P.S. Tengo respuestas a comentarios pendientes… no me olvido. Pero necesito TIEMPO (siguen sin venderlo en El Corte Inglés, ¿verdad?) Y la imagen... la improvisación 31 de Kandinsky... Todo empieza tan bien que es difícil mantener el nivel. Empieza con un juego de espejos entre la sala de conferencias y la sala del cine. Empieza con un guiño a los espectadores. Puro cine. Y un profesor dramatizando en medio de una conferencia. Y un alumno recién llegado tratando de llamar su atención. Todo empieza bien y todo avanza con bastante fidelidad al libro. Con una fidelidad sorprendente algunas veces. Ese no es el problema. Pero hay un problema (yo veo un problema). Supongo que es cierto, pero no soy capaz. Sé que sólo se basan en los libros, que no tratan ni de mejorarlos ni de reproducirlos. Pero no puedo evitarlo. Y hay algo sutil, como polvo sobre muebles, que convierte al personaje de Leonor Watling en mucho menos relevante en la peli que en el libro. Ella, Lorna, la enfermera, era la mujer vitalista, la hedonista, la terrenal, la que mantiene al estudiante pegado a la tierra, la que le da razones suficientes como para dejar el teorema de Gödel. Y eso no está en la peli, o yo no lo veo, a pesar de que sí pretendían que estuviese si tenemos en cuenta lo que la propia Watling decía sobre la película. Yo la prefiero en su faceta musical, supongo. De todas formas me gustó como película y me alegro del éxito de Alex de la Iglesia, uno de esos hombres con los que me encantaría irme a cenar. Era mi día libre. Ayer era mi primer día libre desde el 7 de enero. O mejor era “nuestro” día libre. El miércoles tuvimos un microenfado. El más breve de la historia. Se puso irracional y yo me puse “tú mismo” que es, probablemente, mi peor estado. Y cuando estaba a punto de salir por la puerta por primera vez enfadada de verdad, replanteándome por qué demonios había renunciado al taller por él... justo en ese crítico momento vino corriendo como un loco. Histérico. A arreglar la avería. P.S. Todo esto de los mecanismos me recordó a la fuente junto al Centro Pompidou de París. Y resulta que está hecha por dos artistas que eran pareja: Jean Tinguely y Niki de Saint-Phalle y que juntos tuvieron mucho más éxito que trabajando separados... él con sus engranajes y sus esculturas en movimiento y ella con sus diseños coloridos y naïf. El dibujo de arriba es de Jean Tinguely, también. Algunas obras suyas estuvieron el año pasado en el Reina Sofía, en una exposición sobre artistas cinéticos. El Galileo de Brecht es, probablemente, el libro que más me sorprendió aquel año. En el sentido más estricto del término sorprender. No sé qué exactamente me esperaba pero desde luego no esa claridad, ni esa sencillez, ni esa inteligencia. Lo vi en la estantería de una biblioteca, mal colocado, junto a libros de gran formato y edición lujosa sobre fotografía. Así que lo cogí para devolverlo a su sitio y terminé llevándomelo en el bolso y leyéndolo rápidamente. Después vinieron otras obras de Brecht. Hace unos días volvieron a impresionarme un par de sus piezas en un acto. Escritas entre 1919 y 1939. Sospecho que estas dos de las que hablo más bien en el 39. Son metáforas del nazismo. Metáforas frías, descarnadas, limpias e higiénicas, quizá por eso tan escalofriantes (algo parecido a lo que me pasó con “Paradero desconocido”). Porque no creo que trate de impresionar, de removernos la conciencia con truquitos. Trata de entender. De que entendamos. De pasar a limpio lo evidente que parecía no ser tan evidente entonces. Hay un libro que se llama Vecinos y cuenta la aniquilación de todos los judíos de un pueblo polaco por el resto de sus habitantes. Y en ese libro, en un momento, dice que todos fueron culpables: directa o indirectamente. Los que miraron para otro lado, los que colaboraron activamente, los que no hicieron nada (ni siquiera girar la cabeza) y los que permitieron, con su ayuda indirecta que la situación (por llamarle algo) se mantuviese o empeorase. Dansen, que es también como se llama una de las piezas, es un comerciante austríaco, tiene un trapo blanco con una cruz roja en el centro, todo lo resuelve pacíficamente firmando tratados, formando parte de una asociación que juega a las cartas, a la “no intervención”, hasta que llega “el extraño”, asesina al dueño del estanco, miembro de la asociación, firmante de los tratados. Lo asesina delante de sus narices, y Dansen tiene que tomar una decisión sobre cómo enfrentase a la situación. En “¿Qué cuesta el hierro?”, Brecht piensa en una astracanada: pelucas, zapatones de payasos... para vestir/disfrazar al vendedor de hierro (que permite hacer armas), el vendedor de tabaco, la vendedora de zapatos y el cliente que paga religiosamente mientras no le queda otro remedio pero busca maneras más baratas de conseguir la mercancía. Y el vendedor de hierro se beneficia de la situación hasta que la situación deja de beneficiarle... Y es algo que se ve venir desde el principio, que incluso él puede intuir. Todo esto para aconsejarles que lean estas dos piececitas. Son menos de 50 páginas y a mi me parece que merecen mucho la pena.Y si no lo han leído disfruten también de Galileo Galilei. Alianza Editorial ha publicado las obras completas de Bertolt Brecht en bolsillo. Hay un librito que incluye sus “Piezas en un acto” donde están estas dos. (si lo quieren está disponible al préstamo) No es una cuestión de temperatura. No principalmente. Es cuestión de horas de luz. Fotosíntesis de vitamina D. A las 11:51 de la mañana la oficina se llena de luz. De luz natural colándose por los dos lados de la mesa. Por las dos hileras de gigantescos ventanales que un hombrecillo limpia subido en una cesta metálica.Y me llegan a la pituitaria olores que no están nada más que en mi cabeza, y a los labios sonrisas que reflejan el brillo del sol de las 11:51. Necesito formar parte de la luz, que diría Chaouen. Necesito que las noches sean cortas. Que las noches tengan la magia de lo breve que termina pero no se acaba. Sé que volverá el frío (quiero que vuelva el frío para que su temporada se alargue y pueda seguir deslizándose por pistas peligrosas). Sé que volverá a hacer frío, mucho, incluso. Alertas rojas. Pero lo peor ya ha pasado. La primavera juguetea y a mi me encanta seguir su juego de luz radiante y días que se alargan. Y estoy muy contenta esta mañana. Igual que estaba muy contenta ayer. Hoy veré la luz de las 11:51 desde otra ventana... Corrigiendo ejercicios en pijama. P.S. La foto de aquí Pongo pasas sultanas en el café con leche después de comer. Algunos días lleno la taza dos tercios de su capacidad, con el líquido humeante, casi hirviente, y pongo en práctica el principio de Arquímedes, sumergiendo las pasas suficientes para que la taza casi rebose. Casi. Entonces espero que el café deje de abrasar la lengua y las frutas se hidraten. Recuperen parte de su tersura, se hinchen, se estiren, se alisen un poco. Bebo el café de dos tragos, antes de que se enfríe demasiado y luego voy comiendo las pasas una a una, masticando lenta, batiéndolas con la lengua para que se mezclen y se decanten a la vez todos los sabores. No sé porqué me gusta tanto el ritual del café con pasas… La imagen es de aquí Hoy ha sido un día muy raro. Rarísimo. Y estupendo. He dormido prácticamente nada (no era insomnio, era dolor de espalda) y me he levantado del mismo estupendo humor con el que me metí en la cama. Un buen humor quizá absurdo, quizá ñoño, quizá ridículo o puede que poderoso. Me da igual. Siempre es mejor el buen humor absurdo que el mal humor cargado de razón. O a mi me lo parece. He ido a trabajar deseando que Eme estuviese soportable.Eme es un compañero de trabajo insufrible, consigue agotar mi gran paciencia. Y claro, él se ha levantado de muy malísimo humor, el mismo del que se había acostado, supongo. Ya andaba enfurruñado a las 8 de la mañana, seguía enfurruñado a las 12 cuando nos han anunciado una subida salarial. Él estaba entre los más beneficiados y se quejaba. Mientras tanto mi móvil no paraba de sonar y yo mantenía larguísimas conversaciones en el hueco de la escalera mientras una mujer de tacones imposibles me impedía oír bien los susurros al otro lado de la línea y mi coordinadora cronometraba pero callaba. Aun así he trabajado más de lo imprescindible y me ha dado tiempo a ver las coreos de Fama. La M-40 se despejaba para mi, los semáforos se ponían en verde, mis alumnos me esperaban. Los 15. La abuela de P. sigue viva a sus 104 años, el padre de M.J. todavía no tiene fecha para su operación. M. parece encontrarse mejor del estómago. P. no sabe nada de su nota. Pienso que somos una especie de familia. Durante 3 meses, al menos. Entonces vuelve a sonar el teléfono: el trabajo que me gustaba, el de la entrevista del jueves pasado, es mío.Y cuando vuelvo a clase C. lee un resumen perfecto y a mi me entran ganas de llorar. Como una tonta, se me encharcan los ojos pensando que me voy en 15 días, que los dejo colgados, que se van a librar de mi discurso de clausura. Que me voy a perder el vino del último día, ese momento en el que ya no soy su profesora y puedo decirles a G, M, A, C, la otra C y la otra M que son maravillosas y que les va a ir bien. Porque son listas, trabajadoras, rápidas y entusiastas. Todavía no saben que me voy y siento que las engaño. Antes de volver a casa una parada técnica para verle a él, para compartir con él el éxito, la suerte, lo que sea. Para mirar esos ojos que parecen mucho más oscuros de lo que son, que hacen mi vida mejor. Muchísimo mejor. Mañana tengo la tarde libre. El jueves está convirtiéndose en mi día favorito de la semana. Mañana celebraremos, nos contaremos el secreto, nos reiremos, retozaremos, juguetearemos... Mañana que es ya. En 18 horas! Dicen que los años bisiestos permiten recoger lo que se siembra, ya lo puse por aquí hace un mes. Un mes después pienso que quizá recojo demasiado. Sólo es enero... Y quiero que todos los días sean como hoy. Así de generosos. Y sé que no es posible... Pero es lo que quiero. Y ganar una cena que me aposté anoche con un chico seguro de sus inseguridades, deslumbrante con su sonrisa telefónica que me hubiera gustado ver en directo. Y que todo siga mejorando. Todo. Los chicos del taller publican libros, ganan concursos, triunfan, están radiantes, enamorados, hipotecados, comprometidos.Mis amigos ascienden, mejorar sus salarios, se van a California, se reconcilian, ponen cheques con imanes en la puerta de la nevera, como esa chica de Anatomia de Grey. Mi hermana me abraza muy fuerte y huele a sugus de fresa y está guapa con sus gafas naranjas, enganchada como una yonki a un jueguecito lógico de bolitas de madera que se saltan unas a otras. Suena un mensaje ahora mismo. Tres palabras. Las exactas. Y vuelvo a llorar. No estoy premenstrual. Estoy emocionada. Definitivamente soy una ñoña. Hoy es mi día de suerte, a ver si hoy no se acaba nunca... La foto soy yo con cara de "no irás a hacerme una foto ahora". Luciendo esas ojeras marcadas que dice él me hacen fea. Pero le gusto aunque esté fea... |