
Odio las pelis de Disney. En realidad odiar es una palabra tan excesiva como yo, pero no me gustan nada. Por cosas que no vienen al caso.
En cambio hay una a la que le tengo muchísimo cariño, la única que he visto por voluntad propia.
Fui a ver "La dama y el vagabundo" en febrero del año 1995, enamoradísima del chico de los ojos virgen extra. Fui con él, claro, a una proyección con motivo de la pomposa "Semana Cultural" que celebraba nuestro instituto y que básicamente consistía en pasarse una semana sin clases y jugando mucho al mus. Muchísimo y legalmente.
La dama se llama reina y el vagabundo golfo. Y se enamoran. A él le recordaban a nosotros. A mi también.
El golfo de chupa de cuero y melena color vino tinto. Fumador empedernido ya entonces, tipo duro, pero buen tipo. Muy buen tipo todavía ahora. El golfo que me miraba con ternura y me cuidaba y se dejaba cuidar y se dejaba perseguir por todas para volver siempre al punto de partida.
La dama que siempre hacía los deberes y se negaba a aceptar que el mundo fuese un sitio tan hostil.
Y la dama se pasaba horas jugando al mus en la freiduría y el vagabundo golfo sacaba sobresaliente en física y decía "a lo mejor este viernes te doy una sorpresa y madrugo para ir a literatura". Y madrugaba para ir a literatura porque decía que era más divertido que el bar sin mi.
Todo esto me ha venido a la cabeza porque sesiongolfa ha hecho un vídeo sobre Quique González en el que él dice que ve la palabra sin connotaciones negativas: un hombre al que le gustan el juego, las mujeres y la noche.
Y a mi me molesta no poder decir golfa en la mismita acepción. ¿Cómo se nos llama a las chicas a las que nos gustan el juego, los hombres y la noche??
Reinas, supongo, princesitas.
Porque las chicas jugadoras, apostadoras y nocturnas aprendimos o siempre supimos cómo parecer inocentes criaturas envueltas en tules rosas, sobreviviendo contra todo pronóstico en ambientes hostiles.
P.S. De la nevera...