
Recorríamos la Castellana desde las Torres Kio con las ventanillas bajadas y la Ser a todo volúmen, entre sonidos de claxon, gritos, bocinas, silbatos, cánticos, gente y más gente vestida de rojo y amarillo, con la cara pintada y la ilusión en los ojos.
A mi se me ponía la carne de gallina y una emoción bobísima.
Llegué al Quiet Man siendo lo contrario al nombre del bar. Muy muy muy nerviosa. Con los nervios que conozco de cuando ganar es posible. Y repetía "yo estoy muy nerviosa", Marina me preguntaba las razones y yo, desde la superstición absurda, me lo callaba. "No sé, pero estoy muy nerviosa".
Y comía ganchitos rojos como si llevase un mes sin probar bocado, y bebía compulsivamente y me aguantaba las ganas de fumar porque ya me dolía la garganta.
A estas alturas casi no puedo hablar, España es campeona de la eurocopa siendo el mejor equipo, pasando por encima de todos sus rivales. Sin suerte, sin juego sucio, sin picardías a lo Maradona, sin penalties a favor en el último minuto. Fútbol del bueno: pases al hueco, velocidad, inteligencia y confianza.
Hacía mucho que no disfrutaba tanto viendo fútbol. Con los partidos, no con lo que rodea a los partidos. Puro juego. Habilidad.
Marcó Torres, el protegido de mi hermana y yo no me lo podía creer y a la vez pensaba que era lo evidente: ganan los que mejor juegan. Y daba saltos con los pantalones cutrosos de la piscina, agarrándome la cinturilla para no perderlos en la emoción de las jugadas a velocidad supersónica y los tiros a puerta sabiendo que el portero alemán no era, ni mucho menos, Casillas.
Ellos no tiraron. Ballack seguía con la mirada de ganador acostumbrado, de fiera semi domesticada. Ballack era el más guapo de todos los jugadores incluso con la ceja rota, pero mi favorito sigue siendo Xavi, porque a mi, de toda la vida, siempre me han gustado los hombres inteligentes con ese punto de picardía. Y Xavi hace honor al número que llevaba en la espalda: es más chulo que un ocho. Nunca será el más guapo, ni el más alto ni el más nada, pero siempre hay un momento en el que pisa la bola, levanta la cabeza y casi puedo oir el engranaje de su cerebro funcionando y el balón en el mejor sitio posible. A veces en el único posible.
Me gusta el fútbol: el césped, los 22 hombres y la pelota. Pero lo de ayer fue más que eso: fue abrazarme a mi hermana, fue mi padre por teléfono, emocionado. El mismo padre barcelonista y pesimista, acostumbrado a la derrota, que me decía en los años de Cruyff: "hija mía, abre bien los ojos porque esto no vas a volver a verlo en tu puta vida. Escucha bien lo que te digo". Pero a mi me tocó la mutación genética del optimismo desbordante, y ya recuerdo dos Copas de Europa del Barça, me permito el lujo de pensar que veré unas cuantas más. En cambio he heredado el gen materno: mi abuela era una madridista histérica que se ponía malísima de llamar al médico en los partidos importantes, ayer mi madre no pudo ver el fútbol porque estaba de los nervios encontrándose fatal y yo intuyo que dentro de 20 o 30 años los kilos de panchitos revueltos con litros de líquido podrían llegar a sentarme fatal.
Pero aun soy joven, sana y fuerte: subimos entre la marea por la gran vía, con los ojos brillantes, alucinamos con la Cibeles llena, la puerta de Alcalá llena, la marea llegando también desde Atocha. Condujimos a dos por hora en un mundo sin carriles (sin disciplina de carriles, que diría el otro), semáforos ni prisas, respondimos a los saludos, nos reímos con los chicos del jamón, llegamos a Getafe con el centro cortado, la fuente casi vacía de agua, pero llena de gente. Seguían los gritos y los cánticos. Nos fuimos, por fin, a la cama, afónicos, cansados. CAMPEONES.
Y hoy repito ese verso de Sabina sobre venir sin dormir al currelo. Me duelen la garganta, la cabeza, las piernas y los ojos. Tengo sueño de bebé que necesita siesta, ganas de seguir celebrando que esta vez sí supimos, una clase de funky a última hora de la tarde y la certeza de que no aguantaré hasta entonces, pero las ganas de intentarlo.
No sé si se lo he contado alguna vez pero a mi me encanta el fútbol!
P.S. Me dicen que cómo he podido olvidar la frase de ayer: "El fútbol ha dejado de ser ese juego de 11 contra 11 que siempre gana Alemania". Pues hala, lo añado!!