Universo Perpendicular |
![]() El microcosmos de vega
(vega es la quinta estrella más brillante del firmamento. En el año 14.000 sustituirá a la estrella Polar como la estrella del norte debido a pequeñas variaciones orbitales en los equinoccios) |
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Tenía la puerta verde aquel piso de techos altos en el que se metían los niños de mi ciudad de provincias al salir de clase. Era de una asociación cívica. Todos mis amigos iban, mis padres no me dejaban, vaya usted a saber por qué. En el club sherpa empezaron muchas cosas. No sé si por el club o porque ya estaban ahí sumergidas y era el momento de que salieran a flote... Me empeñé en conseguir aquel permiso. Insistí hasta la extenuación con todas las cartas sobre la mesa: quiero ir, van todos mis amigos, luego me aburro en la plaza en invierno y mamá me riñe porque me acatarro, total qué os cuesta, si son dos horas 3 días a la semana... Sólo me guardé una carta. Sólo una. Una que no puse sobre la mesa y nunca enseñé. El barro. En el club de la puerta verde y los techos altos había un taller de arcilla y uno de pintura. María me lo contaba los viernes por la mañana. No sé por qué quería hacer barro. Pero sabía que quería: me gustaba la plastilina y pensaba que sería igual. Luego aprendí que era muchísimo mejor. Que el barro está frío y húmedo y pone las manos y los antebrazos color indio apache. Y supe también que no me gustaba el torno. Que prefería coger el trozo de arcilla, humedecerlo, darle vueltas en las manos, en la mesa, pensar. Y empezar a modelar cualquier cosa. Mi obra faraónica fue un busto. Una niña de 8 años modelando un busto para el día del padre. Uno con una nariz enorme. Una niña de nariz chata como la de un cerdito, modelando un busto así. Los ojos eran el agujero de mi pulgar. Agujeros muy profundos. Era tan grande y pesaba tanto que la profe tuvo que vaciármelo por debajo y hacerlo hueco. Sigue pesando un montón, aun así. Me negué a pintarlo de colores. Accedí a barnizarlo porque me garantizaron que así se conservaría mejor. En una mudanza se le rompió la oreja y mi padre se la pegó con pegamento. Me gusta que esté allí, en la balda, entre libros, porque sé que en algún momento de mi vida volveré al barro. A veces, cuando me hace falta, compro plastilina para quitarme las ganas (mancha mucho menos), y es por eso que me gusta también dar masajes, porque tiene cierta similitud con trabajar el barro... Además de descubrirme que me gustaba la arcilla, el club me enseñó también el “feminismo”. Entonces yo no sabía que se llamaba así a la sensación de injusticia, de no poder hacer algo por ser “niña”, de no entender cuál era la diferencia, de pensar que no había diferencia y querer que no la hubiese. En el sherpa había dos cuartos de juegos: uno para los niños y otro para las niñas. Con juguetes diferentes. Los de las niñas eran un coñazo, la verdad. Y yo envidiaba aquel fuerte y los juegos de indios y vaqueros. Así que me colaba en el cuarto incorrecto y las primeras veces me decían que no podía estar allí (los monitores, claro, a los niños les daba igual y además yo siempre quería manejar a los indios, con lo que cumplía una función necesaria). Luego me dejaban, hacían la vista gorda. Finalmente desapareció la separación de juguetes y cuartos por sexos. Fue una victoria rápida e incruenta. Al acabar aquel curso trasladaron a mi padre, nos mudamos. Volví a empezar. Sin club sherpa, sin luchas por ser igual (esas volverían pronto, la verdad) y con una mesa de terraza manchada de arcilla. Otra mudanza, me dejó sin la mesa para el barro, pero entonces hacía mucho tiempo ya que el diario con un “popple” que mi tía me regaló a los 7 años se convirtió en otra cosa. Y aquí estoy, con el diario del popple (no recuerdo de qué iban estos dibujos, pero sí la canción...) que perdió en alguna de mis propias mudanzas su candado de los de abrir con horquillas. Y todos los demás diarios que escribí hasta que dejé de llamarlos diarios. El último lo compré en “ya es china en el corte inglés”. Fue un capricho. Es precioso, pero sólo escribí 15 páginas, aquel mes de febrero en que tachaba días en un calendario en mi particular Cabo Cañaveral. P.S. El título es una canción de Jaimie Cullum Maulla si le acaricias y come el filete si se lo das, también se sienta y se levanta y da la patita. Es un tigrecito domesticado. Los de esta noche son indomables: “y ahora soy fiero y muerdo soy como un tigre suelto, en medio de esta ciudad...” (Alejandro Martínez) Como nos decía mi ex profe de salsa: “ustedes están sueltas y sin vacunar”. Pues eso: tigres sueltos y sin vacunar!! Warning!!! Nos vamos de aniversario!! Tigrecito está abajo, claro, ha sustituido momentáneamente a Burbon. Pero mi monito volverá cuando pase el finde tigrés!! Besos felinos!! Kika ya lo contará en condiciones para Central Musical. Yo voy a contar lo que me de la gana “quieren patos, quieren patos” y “no te pega nada un bluetooth” son cosas que no deben decirse a un duende. Háganme caso. Luego el duende piensa que eres tonta... Pero casi todo tiene arreglo, y más si el cumpleaños del duende es el 8 de noviembre (dato q me pasa mi hermana, desde la optimización de su memoria). La mía es un desastre así que me tengo que apuntar mails, fechas y teléfonos. Pero en cambio no olvido las diversas borderías que voy soltando a diestro y siniestro, casi sin darme cuenta. Defectillos que tiene una... Ayer era un día muy bueno para hacerme confesar. No necesitaba ni foco, ni a Harry el Sucio pisándome con su bota, ni siquiera que me metiesen en un cuartucho de falsos espejos. Por no hacer falta, ni hacía falta preguntarme nada. Sólo pararse a mi lado más de 15 segundos y habría confesado casi cualquier cosa... No estaba borracha. Estaba feliz. Que es diferente. Es marzo, segundo aniversario. Y salen los tigrecitos-hologramas a dar su versión de los hechos: no me queda muy claro si la especialidad de Cifuentes es el pollo con arroz o el pollo al chilindrón. NO es asunto baladí. Porque yo hago un pollo con arroz de puta madre, pero en cambio no tengo muy clara la receta del pollo al chilindrón... Conceptos claros de los orígenes: calle Granada y Raul Martín aguantando marea de los vecinos. Iba de vecinos la cosa: la apasionada pareja que comparte tabique con Kiko Tovar no le deja dormir de tanto golpeteo del cabecero y tanto gemido. Se queja... es muchísimo peor mi vecina: un bebé llorón y ella que en cuanto suena un muelle más tarde de las 12 llama a la policía o aporrea las paredes, en función de su nivel depresivo... Me comentan que hay gestores de vecinos muy buenos, que incluso podrían llegar a la optimización. En fin... no estoy siendo muy ordenada en la ... ejem... narración?? Del concierto aniversario. Empecemos por el principio Había diseñado mi preparación para el Segundo Aniversario de los Tigres como la entrega de los oscares para las actrices, aunque no opten a ningún premio: con una sesión de relax acuático pero sin rotura de cremallera de vestido de alta costura. El plan original era salir de la clase de jazz (el baile, que no tiene nada q ver con la música), meterme 15 minutitos en el jacuzzi de mi gimnasio-spa de barrio, volver caminando/flotando tranquilamente a mi casa, darme una ducha de 20 minutos oyendo buena música (nada de los protagonistas de la noche, para no saturarme), vestirme tranquilamente y salir serena, zen y bella de casa hacia la sala galileo-galilei. Pero la cosa se empezó a torcer desde primera hora de la mañana. Imposible imprimir las puñeteras entradas en el cajero correcto lo que me obliga a ir a la hora de comer tres paradas de metro más allá buscando una sucursal en la que la impresión de entradas funcionase. A las 3 por fin las tuve impresas y en mi poder. Justo entonces me di cuenta de que hacía una tarde de primavera preciosa: me sobraba el abrigo. Calculé muy rápido y decidí que prefería tardar más en llegar pero ir paseando. Eso hizo que comiese a la hora de la merienda, pero mereció la pena... perderme jazz y el jacuzzi y todo. Fregar los platos con el Black Coffee de Billie Holliday y la sensación del sol en la cara todavía reciente. Llegar a la sala y colarme. Directamente. Saltar el cordoncito como si llevase haciéndolo toda la vida: saludar a gente que no conocía de nada con pinta de saber a donde iba. Ver el final de la prueba de sonido y tener la sensación de que el aniversario es este año, también un poquito nuestro: que hemos sido fieles a los tigres mes a mes, como si nos diesen comisión. Pero no nos dan comisión, sólo un show mensual de cantahumor. Ni más ni menos que un show mensual de cantahumor. Esperaba muchísimo de este aniversario y ya se sabe lo que pasa cuando se espera mucho... fue un conciertazo pero me supo a poco. Me divertí, me reí, bailé, me reí más, me divertí más, bailé más, canté (o cantuve, o lo intenté) Abrí la boca con ese vestida de domingo espectacular. Con la espectacular voz de siempre: dice Raul Melgar que se nos ve el plumero cifuentista: y yo le respondo que yo voy con el plumero por delante, enseñándolo. Hay cosas que son imposibles de esconder, y yo no pierdo el tiempo en imposibles... Chaouen volvió a salir a cantar corazonada como si no la fuese a cantar en realidad pero acabando por bordarla de un modo extraño, con la desgana de los buenos... no sé como explicarlo. Luis Ramiro poco brillante en Poltergueist. Él puede hacerlo mejor y nosotros lo sabemos, así que no nos vale... Kiko con un bozal comprado para la ocasión siendo un cruce perfecto entre Hanibal y nuestro loco de atocha (ya buscaré el enlace). Me encanta el “quién ha dicho eso, quien ha dicho eso”. Y claro: lo importante: el 5º tigre definitivo, el fichaje: José Luis Manzanero, que el año pasado vino como pegado a Diego Cantero y este año era el prota del aniversario. Nos gusta el fichaje, nos gusta mucho, lo llevamos diciendo mucho tiempo. Lucía Caramés con su voz de llenar espacios grandes llenando espacios grandes. Y haciendo nuevas “fanes”. Mesa compartida con Ro y Marta directitas desde Sevilla (la ciudad, no la parada de metro) a una mesa en Galileo Galilei y con un regalo: la primera maqueta de Joaquín Calderón para mi uso y disfrute. Así da gusto que le hagan a una visitas!! Tecleo esto sin haber escuchado nada pero intuyendo que me va a encantar. Y veo y es tan largo y quedan tantas cosas en el tintero y se supone que dentro de 6 horas tenemos que estar en La Latina... Menos mal que la encargada de la crónica es Kika... Besos felinos a los que habéis llegado hasta aquí. Si sabéis como es un concierto tigrés habréis entendido algo... Si no, deberías ir y disfrutarlo. Ayer fue el día del musical. Todo empezó de la forma más tonta (nosotras todo lo empezamos de la forma más tonta). Llegamos a casa a las tantas el viernes por la noche y yo, para variar, no podía dormir. Encima a la mañana siguiente había que madrugar para ir de extras a la grabación de un videoclip. Con la intención de convertirnos en protagonistas absolutas, claro, y preocupadas por las ojeras... Total que a las 10 y media de la mañana arriba todo el mundo, cambiar los planes para la hora de comer por un tapeo clásico en La Latina. Desayunar ya muertas de la risa, las 3 en el salón. El móvil en marcha. Café caliente. El viaje en tren fue surrealista: todo el vagón riéndose de nuestras risas. Con público agradecido da gusto... Nos preguntan qué pastillita tomamos: se llama endorfinas. En los tiempos en los que trabajo mucho y duermo muy poco todo me da mucha risa. Luego leí no sé donde que cuando te ríes mucho la descarga de endorfinas da energía al cerebro y a los músculos para seguir en marcha. Es como tomar un complemento vitamínico. A mi la risa me funciona mucho. Y la primavera más. El videoclip no se grabó por falta de luz, pero pronto salió el sol: terracita, cañita. El día del musical quiere decir que hay que ponerse a cantar en medio de la conversación como si fuese lo más natural del mundo. Estás diciendo: estoy cansadísima y de pronto empiezas “hoy no me puedo levantar, el fin de semana me dejó fataaal...” si estás de pié lo acompañas de pasos de baile de musical: ya saben cuerpo en diagonal y muchos brazos... Y así sucesivamente. Una vez que uno empieza todas las palabras le remiten a alguna canción... Tonterías... Todo tonterías... pero tapas divinas, postre divino (brownie con pasas!!!) en ese lounge donde se puede comer tumbado (no es el laydown, no, pero les llevaremos un día, si quieren...). Todo esto cantando (desafinando) por las aceras y llorando de la risa. Y en manga corta, y tomando el sol. Viviendo en una primavera sin dictaduras ni preocupaciones (eso dentro de un rato) Sale el sol con fuerza. Huele a polen, a vida despertando del letargo. Las parejas se pelean y se reconcilian en los bancos de los parques, bajo cielos despejados, estrellados por las noches. Incluso en las grandes ciudades las luces artificiales nos dan una tregua. Y hay eclipses totales de luna llena. El mundo suena diferente: los niños corretean y se ríen bajo mi ventana, el tiempo parece detenerse y las prisas se relativizan. Paréntesis al invierno, que bebemos con el ansia de saber que durará poco, quizá sólo un par de días más. Pero también con la certeza de que queda menos para las sandalias. Paseo, camino todo lo lento de lo que soy capaz, sin música: mirando, escuchando, oliendo... Ella está enfadada, mucho, él parece más divertido que enfadado, sin ganas de enzarzarse, sin necesidad de enzarzarse. Ella lo acusa de egoísta, él no se defiende exactamente, ni se justifica. Como si supiese que el arranque de ella pasará pronto. Son guapos, mucho, hacen lo que se llama una “buena pareja”, podrían protagonizar un reportaje de moda primavera en cualquier revista. Son tendencia. Hablan de viajes para dos y de viajes separados, de hacer otras cosas, de no estar todo el día el uno con el otro y tengo la certeza de que les encanta estar juntos, mucho tiempo, casi todo el tiempo... Sigo paseando, caminando todo lo lento de lo que soy capaz, sin música: mirando, escuchando, oliendo... Notando el sol. Hoy no he escrito nada. Por primera vez en muchos días no he escrito nada decente. He tirado muchas cosas a la basura. Directamente. He dejado muchas otras en la carpeta de trozos y descartes. Me he atascado en el relato ambicioso (vuelve a ser solo uno). Tengo jaqueca y eso empeora el insomnio. Suele limitarse a no dormir. Pero es mucho peor cuando consigues conciliar el sueño y te despiertas a la media hora, y eso es todo. Vuelvo por mis fueros. Pero, tiene la culpa mi estado semicatatónico de la absoluta sequía?? No he tenido ni una sola idea interesante. Nada ha interrumpido mi investigación sobre los archivos universitarios (apasionante tema), he rendido como hace siglos, a pesar de todo. No se me ha ocurrido nada camino del super. No he echado de menos un bolígrafo y un papel en el pasillo del atún enlatado. Ágata Christie no ha venido a rescatarme (ella decía que cuando se atascaba fregaba los platos). Toda la música del mundo (incluido el cansino recopilatorio de Francia que me ha pasado mi padre) en orden aleatorio no me ha sacado del agujero negro... Nada. Y esto tampoco sirve de nada... Que asco... Les voy a contar la historia (larga) de nuestro show de funky. Se lo advierto desde ahora para que los que no estén interesados abandonen ahora mismo la lectura. Es un show de verdad: con escenario y público, y bailarines (nosotros) intentando bailar. Los problemas empiezan desde el principio. Seamos sinceros: mi profesor de funky es una persona muy difícil de tratar: para empezar no entiende el castellano y lo digo en serio. Ahora alguien estará pensando que tenemos como profesor al coreógrafo de Beyonce. Pero no: es de Móstoles el tío. El otro día me pasé 3 minutos en una conversación circularmente absurda: - Haz el paso - No puedo, me duele el tobillo - Esque dejas el pie recto hasta el final y lo giras en el último momento por eso te duele - No, no, hago eso con el pie porque me duele - Ya, pero que yo lo que te quiero decir es que tienes que girar el tobillo antes - Ya, pero es que si giro el tobillo me duele y el propio instinto de evitar el dolor me hace girarlo lo más tarde que puedo, cuando no queda más remedio - Que sí, que sí, pero que yo lo que te digo es que tienes que girar el tobillo antes Y así sucesivamente. Al final me rendí yo y dije: "vale". Imagínense las explicaciones que puede dar un hombre tocado con semejante don de palabra y comprensión. Problemas de la coreografía (que llevamos ensayando 3 semanas): En definitiva: llevo tres semanas con esto. Cara de acelga en las clases... Vengo cabreada, con el tobillo dolorido y sin haber sido capaz de hacer ni medio paso decente. Hay montado medio minuto y queda un mes para el “debut”... Nunca me he subido a un escenario a hacer el ridículo a no ser que el show consistiese en hacer el ridículo. Conclusión: que baile rita. La primera semana alguien (no, no fui yo, no tengo muchas ganas de “conversar” como podrán comprender) le sugirió que simplificase los pasos para no quedar fatal el día D. Dijo que no. Peor para el sol. Aunque hoy, quizá viendo el desastre que se avecina, le he intuido recular, empieza a platearse cambiarlo todo... Lo que me cabrea un poco más, porque si lo cambia llevaré 3 semanas perdiendo el tiempo... Está siendo una semana muy poco optimizada: necesito días más largos. Getafe está invivible por culpa de las obras que han cortado las calles que rodean mi bello hogar y han transformado el hueco donde logré aparcar en la nueva parada de taxis. Eso hizo que la amable grúa municipal me llevase el vehículo al recinto ferial y me obligó a dar un paseo de media hora para recogerlo. Ya puestos fui al carrefour a por leche, y estando allí se me antojó hacer trucha asada. La trucha me recuerda a mi abuelito (bendito navarro, que diría Miguel Dantart): a él le encantaba asalmonada y a la navarra, claro (con panceta por dentro). Y daba gusto vérsela comer, limpiando las espinas con precisión, disfrutando, con los ojos grises de niño chico que siempre tuvo, con la risilla traviesa bailando al fondo. Yo la he comprado asalmonada también, pero la voy a asar con tomillo. Mañana para comer... salivo cual perrillo de Pavlov con solo pensarlo. Debo estar incubando algo y me duele mucho el tobillo y sigo cabreada (pero menos) con mi profesor de funky que consigue borrarme la sonrisa con cada ¿¿¿ensayo???.(hoy hemos probado 4 coreos nuevas!!!!!!!!). Aunque ya en el vestuario vuelvan las risas a carcajadas... pero en las demás clases sonrisa perenne (sonrisa de bailar). Mañana Patri y sus coreos divinas!!! Mañana promete, ahora que lo pienso: Trucha asada y clase con Patricia!!! Besos a los que leéis hasta mis post más insulsos!! Ah por cierto: Este post no entra en la categoría de los insulsos, no porque sepa a trucha asada, sino porque os voy a presentar “La veleta imprecisa”: el blog de MoMe. Que por fin se ha decidido a abrir una ventanita virtual para que nosotros también podamos mirar por ella cuando nos cansemos de trabajar. Está recién nacidito, pero ya promete mucho... Lo he incorporado también a los enlaces superando mi tradicional pereza P.S. La imagen es una trucha, pero una vivita y coleando (nunca mejor dicho). La mía es de piscifactoría, que lo pone en la etiqueta de trazabilidad, esa, así que seguro que no es la de la imagen... Me planteo dejar de leer periódicos (virtuales y en papel), dejar de ver telediarios y escuchar la radio. Me planteo dejarlo porque me cojo unos cabreos monumentales con algunos argumentos y algunas acciones-reacciones y la sensación de que lo único que les importa a algunos es ganar las puñeteras elecciones, sea como sea. Me gustaría que el caso De Juana fuese un libro de esos que leíamos de pequeños: “elige tu propia aventura”. Si quieres que De Juana tenga prisión atenuada pasa a la página 25, si quieres que permanezca en la cárcel a pesar de todo sigue leyendo. Para poder comprobar qué habría pasado si hubiese muerto encarcelado, porque a mi no me cabe ninguna duda de que habría llevado su huelga de hambre hasta las últimas consecuencias: es un asesino, un sanguinario con una fuerza mental que suena a locura. Sólo los locos son tan rígidos en sus creencias. Imaginarme a ese hombre muriéndose en una cárcel “estatal” como él diría y las consecuencias de esa muerte me da un miedo atroz, probablemente el mismo que ver a Rajoy convocando manifestaciones, a Pío García Escudero en uno de esos debates sosegados Gobierno-oposición que tanto nos gustan a todos y a Esperanza Aguirre, Ana Botella y su marido llevando flores adornadas con lazos rojigualdas a guardias muertos a los que nunca les habían llevado flores. Desde el centrismo y el pacto antiterrorista, supongo. Estoy segura de que si De Juana Chaos hubiese muerto a consecuencia de la huelga de hambre ellos mismos habrían pedido la dimisión del Ministro por permitirlo. Qué amenos están siendo los fines de semana de esta legislatura: con ese trasiego de autobuses y bocadillos, pancartas y banderas... Y la Comunidad de Madrid y la Delegación del Gobierno coincidiendo absolutamente en las cifras... Yo voy a hacer mi porra (no para el partido, precisamente) digo que casi dos millones 1.800.000 es una cifra bonita, ¿no? Para más contradicciones documentadas lean a Ignacio Escolar. Insisto. Las hemerotecas tienen muchísima memoria. Esta ciudad me huele a humo pero también a noches de luna, a sol calentando, a risas. A cervezas en terrazas. A lluvia mojándolo todo. A mañanas amaneciendo. A carreras de coches. Y me sabe a chicles de menta, a tapas, a bocadillos comidos a toda velocidad yendo de un lado para otro, a whisky americano, a desayunos de domingo sin chocolate ni churros, a buena compañía. A café frappé. Madrid me huele y me sabe a las cosas que me gustan. Hoy a eso porque soy feliz, entra el sol por las ventanas y el viento sopla más suave (remitiendo los temporales). Y mañana empiezan las celebraciones anticipadas!! Y cuando no soy feliz del todo también me huele y me sabe bien. No sé por qué. Sentirse en casa huele y sabe bien. Mañana me voy de Madrid como si no me fuese. Como si siguiese paseando por las aceras, corriendo a coger los autobuses, observando los escaparates, esperando en los sitios de esperar, encontrándome con gente por azar, hablando por teléfono, haciendo colas, mirándote a los ojos... Porque volveré antes de que nadie me eche de menos y marcharse así es casi igual que quedarse, que seguir estando. P.S. Parece ser que les están preguntando a diversos personajes como Boris Izaguirre o Urdaci (ignoro cuál es el criterio de selección) a qué huele y a qué sabe Madrid. Y por lo visto Urdaci ha respondido algo que ha sentado mal a la gente (sorprendente). P.P.S. La imagen es "Yellow, Red, Blue", una de las obras más conocidas de Kandinsky. Está en el Centro Pompidou (Paris). Lo he puesto aquí porque siempre me ha sugerido olores: soy la única que ve un frasco de perfume?? Y una cara de perfil???. Si alguien se aburre le puedo contar todas las cosas que me sugiere este cuadro. P.P.P.S. Vuelvo a mis andadas eh?? Feliz fin de semana!! Estoy viendo TeleMadrid (o EspeMadrid como diría aquel...), acabo de venir de una comida de celebración, de un humor excelente. Ahora tengo miedo. Tengo muchísimo miedo cuando veo tantas banderas de España, cuando escucho a Rajoy hablar desde un púlpito diciendo “id a vuestras casas y contad lo que habéis visto” como si fuese Jesucristo curando leprosos. Cuando escucho a otros cantando “nuestro” himno que no es “nuestro” igual que no es “nuestra bandera” porque siguen representando cosas que aterrorizan. Acaba de terminar el Especial "informativo": ahora anuncian Bezoya, agua para que tu cuerpo elimine toxinas... Esto es como lo de los anuncios de año nuevo?? No sé. Esto no es un análisis (obvio), es que estoy tiritando y no de frío. En serio que tengo miedo. Y ahora voy a apagar la tele, voy a poner buena música muy muy muy alta, voy a cantar por toda la casa. Me voy a meter en la ducha, voy a elegir qué ropa ponerme con qué pendientes, con que zapatos. Voy a hacer cosas banales a ver si consigo salir de casa como si no pasase nada. Seguir celebrando. Mañana ya leeré los periódicos: los análisis de los que pueden y saben analizar... A ver si por lo menos gana el Barça, aunque como me temo lo peor NO voy a ver el partido. P.S. La imagen es de El País Volver a casa de mis padres es como retroceder en el tiempo. Mi madre entra sin llamar en mi cuarto. Me estoy vistiendo para salir, poniéndome la media derecha. Llevo ya el vestido. Ella cree que es una combinación. Yo nunca he usado una combinación: era para mi una palabra graciosa referida a un trozo de tela rosáceo que usaba mi abuela bajo la falda. Pero no sé, nunca supe, para qué servía, ni con qué combinaba. Cuando le informo de que es un vestido y no voy a ponerme nada encima pone el grito en el cielo. Como si tuviese 14 años, como si no se diese cuenta de que vengo de visita, como si no comprendiese que hace 9 años que ni siquiera le enseño la ropa que me compro. Como si no me hubiese puesto siempre lo que me daba la gana. Me dice también “¿qué dirías tú si le vieses esto puesto a otra?”. Y yo pienso que diría “mola ese vestido” que fue exactamente lo que pensé cuando lo vi en el maniquí de la tienda donde lo compré hace casi 4 años. Luego empieza un interrogatorio sobre dónde voy, con quién voy, si voy a llevar el coche... etc. Cuando se lo cuento a Oli me dice: “parece mentira que tu madre no te conozca ya a estas alturas...” Le respondo que a lo mejor se le ha olvidado... Y recuerdo el “affaire” de la falda de pana roja. Era una falda horrorosa. A mi la pana me tenía hartita en aquellos tiempos (yo tenía 9 años), no sé por qué, pero me recuerdo aborreciéndola. Valía 500 pesetas de la época en las rebajas de Galerías Preciados, la falda en cuestión. Me quedaba como un saco y se me daba vueltas al andar. No la quería. Mi madre insistió en que era muy barata y yo le dije que hiciese lo que quisera pero que jamás iba a ponérmela. Ella tenía cara de pensar que acabaría obligándome a hacerlo. Yo fruncía el ceño en el probador. Dijo algo de unos tirantes y ahí si que me negué: casi le grité que no pensaba ponerme una falda con tirantes de ninguna de las maneras, bajo ninguno de los conceptos. Compró la falda y unos tirantes carísimos. Jamás me puse ninguna de las dos cosas. Por más que insistió. Por más técnicas de manipulación psicológica que utilizó. Por más amenazas. Y mi padre le decía siempre: “te lo dijo bien claro en el probador y te empeñaste”. Creo que fue la única vez que la desautorizó delante de mi, supongo que a él lo de la falda de pana roja y los tirantes tampoco le convencía nada... Ha sido un buen fin de semana de todas formas. Tres celebraciones por adelantado. Poco descanso y mucha diversión. Dicen que da mala suerte, pero las celebraciones no pueden dar mala suerte... Sólo una cosa no estuvo bien: el pelo en uno de los platos de la cena!! (o bueno, tampoco tan grave y una anécdota para dentro de muchos años: te acuerdas de...? ayer muchos "os acordáis y darnos cuenta de que al final las cosas importantes no han cambiado tanto y seguimos sin arrugas, ya llegarán (esperemos) Voy a hacer como la realeza de los países exóticos, como hago siempre: voy a pasarme una semana celebrando mi cumpleaños: cada día con unas personas diferentes (mi hermana repetirá, eso sí). Si me aprecian en lo más mínimo reserven un huequito en sus agendas!! Nadie me eligió una canción esta vez. Ni siquiera la casualidad como cuando empezó la tradición, en el año 96: aquella mañana mi radio despertador se puso a funcionar con “burbujas de amor” a las 7 en punto de la mañana. Así que esta vez me la elegí yo. El domingo durante el viaje de vuelta iba cantando por dentro “She makes my day” de Robert Palmer. Por la noche ya casi en lunes una microamenaza de microcatástrofe me hizo temer lo peor. Y pensar: “otra vez no” yo seguía canturreando “She makes my day”. Decidí que quizá fuese una señal: “Que nada me estropee el buen humor” y me puse de frase de messenger “make my day”, quedó un poco Harry el Sucio, la verdad. Me he elegido una canción muy bonita y aunque tendría más gracia que alguien la hubiese elegido para mi... sigue sonándome por dentro aun hoy. Ah y la agenda de Libertad 8 me regala, por casualidad, por azar, como aquel año 96 (aunque con un día de retraso) un concierto con canciones de esas que te tocan. Y me da excusas para seguir celebrando!! Como ayer haciendo la compra con el carrito por el super, y los cascos puestos. A la hora de comer, corriendo por los pasillos vacíos, pensando en piruletas de corazón para llevar a clase. Como ayer hablando por teléfono con todos los que se acordaron y estaban lejos. Como ayer leyendo los mails y los mensajes. Y caminando bajo un sol primaveral. Y riéndonos de los absurdos pasos en funky, y saliendo tardísimo. Inventando una nueva ensalada, probando una nueva receta (éxito de crítica y público, benévolo eso sí), horneando cosas, bebiendo vino muy frío, esperando a que las cosas de comer se horneasen. Riéndonos tanto. Cenando en pijama (hay que estrenar los regalos y además no parece un pijama...) Riéndonos más (la culpa a estas alturas ya se la echábamos al vino). La vecina ni siquiera acudió a quejarse (iba a poner vino a quejarse, pero hay mucho vino ya...). A veces las cosas salen bien. No hicimos fotos, a mi ni se me ocurrió, lo pienso ahora. Soplé las velas, pedí un deseo, uno muy ambicioso esta vez... no como los de andar por casa que pido cuando empieza el año. Desvarío. He dormido poco y como ya soy mayor eso se me nota por fuera y por dentro... ya lo dicen las top models: hay que dormir ocho horas y beber mucha agua, y yo he bebido mucho vino y he disfrutado muchas horas!! Gracias a los que hicieron el día de ayer tan bueno! Hoy ha venido un hombre a danza del vientre. Un alumno. Se acabó bailar esa variante de folcklore tradicional que hacen las mujeres solas antes de una boda (una especie de despedida de soltera) y que curiosamente tiene los pasos más eróticos y más exagerados rozando la parodia, incluso, con la sonrisa coqueta. La danza oriental es mucho más rica y variada de lo que parece en un primer momento (o de lo que me parecía a mi cuando la probé hace dos años, quiero decir). Hoy hemos empezado a hacer baile en el suelo. Es precioso (cuando te sale, claro). Pero yo creo que la profe no quiere que el chico vuelva: se ha puesto a hacer ejercicios de pecho (denominados por nosotras “quiero ser shakira”) y el pobre hombre directamente no hacía nada... No he dormido esta noche y tengo la nariz taponada. Tampoco he hecho todo lo que tenía que hacer, así que el retraso es ya inconmensurable. Estoy cansada. Mañana pongo algo menos insulso, lo prometo. Esto ni lo voy a meter en ninguna categoría (debería crear una que fuese “sin categoría de post” ahora que lo pienso) Suena Jazz. Con mayúsculas. Art Blakey. Baterista. Me ayuda a pensar. No sé por qué. No entiendo muy bien el proceso: debe ser que sugiere palabras, pero no dice palabras. No me entretiene. Pero no lo sé... Pienso. Estoy viendo una película en mi cabeza, una muy larga, volviendo atrás en los momentos precisos. Estoy recordando. Intentando recordar sin añadirle nada. Entender las cosas que medio entiendo. Con la sensación de que el detalle clave se quedó enganchado en algún lado de mi cerebro y saldrá a flote cuando sea necesario. Una trompeta hace dibujos en el aire y las notas se me cuelan. Hoy no he escrito nada decente. Nada de nada. Ninguna cosa salvable y la sensación de que hay algo que debería salir me inquieta. Es difícil de explicar. Hay algo que tengo que decirme a mi misma y no encuentra el camino. Una opresión casi física en un lado que no conozco y al que ahora mismo no puedo llegar. Pero suena Jazz y ya llegará. Esperar. Hay que saber esperar. Con los dedos preparados y un bolígrafo a mano. Por si acaso. La reproducción aleatoria otra vez bromea conmigo. Paolo Nutini empieza a cantar “rewind”. Voy a avanzar (siguiendo con la autobroma): quiero saber qué opina el destino que tengo que escuchar ahora. Lo crean o no “Sure thing” de Saint Germain. Lo interpretaré como una señal. Porque lo que me oprime está justo donde resuena esta música electrónica y mi respiración vuelve a cambiar y a hacerse más pesada. Me recuesto en la silla giratoria, casi tumbada. Voy a cerrar los ojos. A esperar. Black Coffee ahora, pero la versión de Patricia Kaas. Un poco menos oscura un poco más cabaretera. Estoy sonriendo irónica. Es tarde ya. P.S. Esto era el 4 de marzo. Un día tengo que hablar de las cosas que se quedan enganchadas, como jirones de tela, en algún lado que no controlamos muy bien, dándole trabajo a nuestro subconsciente o la intuición (recordad lo que dicen los científicos de la intuición: es una forma del cerebro para ahorrar energía...). A vosotros no os pasa?? (lo de las cosas enganchadas, quiero decir) P.P.S. Ves?? otra vez. Mientras editaba el post. Me pregunto ahora por qué un animal de costumbres cambiaría de pronto su proceder y dejaría de hacer lo que hace siempre, invariablemente del mismo modo y en el mismo orden, sin razón aparente... Voy a sacar las agujas de hacer punto otra vez mientras medito. P.P.P.S Lo han adivinado: el título es de una canción de quique gonzález y yo soy la pesada de las P.S.!! La cita de Fraga es textual y la he sacado de libertad digital... Leo Minax me enamoró en agosto. Una tarde de domingo en agosto, con un Madrid casi vacío, un calor sofocante, y el Buho Real lleno. Ya conté entonces que había ido acompañando a mi hermana. Era una novedad interesante. Ella lleva más bien la división internacional en lo que a música se refiere y suelo ser yo la que le presenta a los músicos del panorama nacional. Aunque ahora que lo pienso, Minax es brasileño. Mi favorita de “aulanalua”, su último disco, es “Tempo de samba”. Ayer empezó el concierto con “Tiempo de samba”, la versión en español de esa canción. Como si supiese algo de mi teoría de los buenos principios. Sin saber lo muchísimo que me gusta esa canción, lo bien que me hace sentir. Y yo pensaba en el parquet de mi salón, mi pista de baile privada, en su disco sonando a todo volumen por mi casa, en mi bailando por el pasillo con esa sonrisa que hace brotar. La sonrisa que la voz de Minax produce es una dulce, tranquila y apacible. De tiempo detenido. Y ventiladores de palas girando. La sala llena en un día en que en Madrid había competencia estelar: Ruibal en Clamores. Esta vez no tuve duda. No tuvimos duda. A veces el público puede ser maravilloso: canta, baila, hace coros y entra a todos los trapos. Viendo las diferencias creo haber encontrado la clave. Es la masa. Cuando la sala está llena nos sentimos protegidos: nadie nota lo mal que cantas, nadie nota que te confundes en la entrada al estribillo... nadie lo nota. Fue un concierto interactivo (pienso interativo, que es como probablemente Leo Minax pronunciaría esta palabra) con el “cacharrillo” como él lo llama (no sé como se llama en realidad) para hacer loops y grabar pistas y repetirlas mientras por encima suenan otras cosas. Y claro, el anuncio de la baba de caracol, el inglés en mil palabras, la alineación de Frade para que el Madrid salga de la crisis... Y una música de macrodiscoteca sobre la que acabamos gritando “Es un sabotaje” con gran convicción. Fue un concierto muy divertido, y la versión de “oídos sórdidos” quedó fantástica con la ayuda de Tony (el lagarto educado y simpático que le cae bien a todo el mundo y nos daba la entrada para cantar a nosotros, los gatitos de escayola) y sin la ayuda de Mariano Do (el lagarto que suelta fuego por la boca). Y tuve todo el rato la sensación de estar en un paraíso tranquilo, un paréntesis maravilloso y en mi cabeza todas esas cosas que la música de Minax hace aparecer, todas las imágenes, las promesas de felicidad, los hilos de sedal tensos pero resistentes... En “labios de sal”, la última, un verso de Luis Pastor, uno que ya había oído, pero quizá nunca escuchado hasta ahora, disparó el botón: robando papel y boli para escribir algo. Esa necesidad imperiosa, el ahogo, escribir algo. La urgencia. Salir de allí, del paraíso, del paréntesis que Leo crea siempre, meterme en la cueva pero queriendo volver pronto a la superficie porque el paraíso se acababa, era la última canción. Minax me baja la tensión y me deja en una especie de duermevela. Hay muchos estados alterados de conciencia o a lo mejor todos son el mismo... P.S. Muy interesante el pre-concierto con Kika, su madre y una amiga de su madre. Hablando de política, de cuotas, de relaciones internacionales, de huelgas, manifestaciones, películas y libros que te cambian la vida y te rompen los esquemas. Hace un rato he tenido un ataque de paramnesia. Hacía mucho que no me pasaba. La paramnesia son falsos recuerdos. Esos momentos en los que uno dice “esto ya lo he soñado o ya lo he vivido”. Un déja vù, vamos. En francés suena muchísimo mejor. Pero desde que lo estudié en psicología yo prefiero llamar paramnesia a los falsos recuerdos intrascendentes, a esas escenas absurdas. Y dejar déja vù para lo más... “poético”?? En fin: Estaba leyendo, con la tele puesta. Y de pronto sabía lo que iban a decir, y mi mente parecía ir un segundo antes que las imágenes y yo tenía la certeza de que alguien iba a pronunciar “traumas de la infancia” de un momento a otro. Cuando eso pasó se acabó la sensación... Es una tontería, pero le deja a una en un estado extraño... irreal. Y busqué “paramnesia” en Google. Descubrí un artículo de hace unos cuatro meses que informa del descubrimiento de que los ciegos también tienen esta sensación. Nunca he vinculado el déja vù o la paramnesia con el sentido de la vista. No sé por qué. Ni siquiera con el del olfato, que tengo más desarrollado que la media, según parece. En mi caso es más bien auditivo: un ruido, un sonido, una palabra lo activa y otro ruido, sonido o palabra lo desactiva: durante mucho tiempo la sensación terminaba justo cuando yo decía “esto lo he soñado antes”. Pero hace unos años decidí dejar de pronunciar esa frase en los ataques, para evitar precipitar el final. Igual que precipito el final de una pesadilla algunas veces diciéndome a mi misma en el sueño: “esto no es real, tengo que estar soñando” y justo entonces me despierto... Leyendo el artículo no me queda más remedio que pensar que mis episodios de paramnesia son más parecidos a los de los ciegos que a los del resto de personas videntes. Otra vez había dado por sentado que a todo el mundo le pasaba como a mi, pero según los investigadores de Leeds lo raro es lo mío... Y todo esto porque alguien dijo “traumas de la infancia” y yo sabía que lo iba a decir, o creía saberlo... P.S. La imagen es una para-paramnesia. Me estoy creando recuerdos de cenas bajo las estrellas y sobre el agua. Como si hubiese estado. En las Maldivas está el sitio. 3000 euros la noche. Seguiré poniendo aquí alguna fotito porque soñar sigue siendo gratis. No os huele a vacaciones mirarla?? No creía nada en esto de los sorteos enviando códigos de barras, sólo mandé los de los cereales porque me encantaba aquella taza y luego recibí un bol sosísimo y una camiseta... Pero claro, 15 días en un paraíso merecían el pequeño riesgo de la decepción. Al final gané: una quincena en las Maldivas, en un hotel de superlujo y con mucha compañía, mucha y buena compañía. Mome también vino, salimos por fin de los despachos sin ventanas y las ventanas con vistas a carreteras... Ni Iberia nos perdió las maletas, ni un tifón devastador hizo que nos evacuasen, ni nada. La única catástrofe fue un fallo conjunto de las cámaras de fotos... Simplemente llegamos al hotel el día y la hora previstos. Todos felices, sonrientes y muy nerviosos, con los nervios de los niños la noche de reyes. Ocupamos casi todas las habitaciones. Yo, por supuesto, me quedé con la que tenía el ventilador de palas sobre la cama. Y no tuve que pelear mucho por el lado izquierdo (esta vez) de esa cama. El armario era tan gigantesco que hasta deshicimos las maletas y enviamos cosas al servicio de plancha, y llamamos al servicio de habitaciones y pedimos cava muy frío y fruta (menos fresas, fresas no, que sonaba muy pretty woman) y chocolate. La primera hora nos llamábamos unos a otros continuamente, como si de una party-line se tratase comentando los lujos que íbamos descubriendo en nuestra exploración, tocándolo todo, mirándolo todo. Luego nos dieron una cena de bienvenida en un restaurante submarino, con los peces nadando sobre nuestras cabezas. Para entonces yo ya andaba achispada de las burbujas del cava y recuerdo que Mome y yo hablamos de los lados de la cama que preferíamos y yo le expliqué que estos quince días el izquierdo, porque el derecho estaba demasiado cerca de la cristalera. Luego nos fuimos todos a la playa, y la llenamos con más gritos y más carreras y juegos tontos, y las copas con la base enterrada en la arena. No todos nos metimos en el agua, yo sí, claro, yo siempre me meto en el agua, sea la hora que sea... Hacía un calor húmedo pero no sofocante y yo imaginaba ya el ventilador sobre las sábanas. El segundo día amaneció soleado y delicioso. Cada uno hizo sus planes, hasta la cena, en aquella terraza sobre el agua, donde volvimos a juntarnos más bronceados, más descansados, más felices aun que la noche anterior. Alguien había ido de compras en un barquito a nosedonde y había traído telas brillantes y suaves, de colores alegres y favorecedores, alguien había probado el spa del hotel, otros habían elegido la sesión de masaje: digitopuntura, y no sé qué de unas campanas tibetanas. Entonces decidimos investigar la discoteca del hotel. Acabamos todos bailando la conga, como si fuese nochevieja. La conga es aburridísima bien pensado: uno se dedica a ir agarrado a la cintura del de delante dando saltos al ritmo de la música durante un número excesivo de minutos, pero no puede evitar reírse tanto... Eran las vacaciones. No les voy a contar lo que hicimos el resto de los días, ya se lo imaginan: disfrutar, descansar, molestar al servicio de habitaciones, apuntarnos a excursiones por la zona, a un cursillo de iniciación al buceo (vaya usted a saber por qué si yo nunca he tenido ningún interés particular en el buceo), navegar, bañarnos en aguas cristalinas, siestas en la cama con mosquitera de la piscina privada de las suites. Esas cosillas que se hacen cuando uno está de vacaciones en un paraíso, y a su derecha está justo quien tiene que estar y en las habitaciones contiguas todo el mundo es feliz también y se divierte. Y no hay atascos, problemas de aparcamiento, cuentas corrientes tiritando, periódicos dando malas noticias, y el lunes o el martes o cualquier día de la semana son igual de interesantes, de ociosos y de divertidos. Pero saben qué?? Al final queríamos volver a la rutina: tanto ocio cansa. Se lo digo yo, que me he pasado 15 días en un hotel de superlujo en las Maldivas sentada en un queso y comiendo de otro. P.S. La imaginación es maravillosa... y nunca iremos a este paraíso, pero nos crearemos paraísos propios: para dos, para tres, para 20 personas, todo depende. Aunque las vacaciones de Semana Santa sean tan breves que parecen más un puente, aunque este verano vayamos solo a Benidorm... porque encontraremos la manera de convertirlo en algo exótico y perfecto! P.P.S. Tranquilo todo el mundo que no iremos a Benidorm, es un decir... No volvió el hombre a la clase de danza oriental, claro. Así que nosotras retomamos eso de las despedidas de soltera. Ha sido muy interesante vernos a todas agitando las melenas, bailando, disfrutando. Hay cosas que empiezan a salirme bastante bien mirándome en el espejo. La coreo de grupo nos queda incluso aceptable. El baile en el suelo es taaaaan sexy... Ya empieza a ser sobre todo divertido, eso quiere decir que algo hemos conseguido interiorizar. Me gusta mucho bailar. Y bailo muchas cosas diferentes. No tengo talento para ninguna de esas cosas que bailo, pero consigo aprender aceptablemente todos los tipos... Tengo pocas pretensiones, la verdad. Cuando empiezo a bailar algo nuevo salgo muy frustrada de las clases, siempre se me olvida que se tarda más de un año en asimilar lo esencial para divertirse mucho y sentirse bien. Pero me cuesta muchísimo rendirme y encuentro excusas para seguir insistiendo, hasta que consigo salir de las clases con las endorfinas bombeando a chorro y la sonrisa luminosa. Por eso me molesta tanto lo que pasa en funky. El lunes montó una coreo nueva, no es que fuese espectacular pero nos salía bastante bien a todos ya el primer día. Con una canción horrorosa de Justin Timberlake, por cierto. Luego pretendió que la hiciésemos con unas 7 músicas distintas. Los mismos pasos. Eso para mi es un contrasentido absoluto: aun así el ritmo es nuestro fuerte, así que incluso conseguimos adaptarla aceptablemente. Hoy ha decidido cambiarlo todo otra vez. Tengo una mezcla horrible de coreos en la cabeza... y la sensación de que esto no es bailar. Pero el funky es mi favorito y no nos vamos a rendir. Aunque sigamos echando de menos a nuestro antiguo profesor y sus coreos mensuales. Y la perfección, y la sensación de verte en el espejo y gustarte tanto... Menos mal que he vuelto a clase de M.: puñetazos en el aire para desestresar, a ritmo de salsa, además. Este hombre sí que sabe lo que es el ritmo... Por si éramos pocos estiramiento con Ricardo Arjona. Tengo que hablar de Ricardo Arjona (nota mental). M. es un experto en tonteo intrascendente y otras técnicas de mejora del humor... así que hoy ha vuelto a ser un buen día. Ha empezado la primavera, a pesar del viento huracanado y gélido!! P.S. Siguiendo con las imágenes artísticas y vistas las críticas recibidas por el Klee, he decidido dejar las bailarinas de Miró y Klimt (las de Degás son demasiado clásicas) y elegir esta lámina de Rodin. Una de sus bailarinas camboyanas. A ver si Jota le da el aprobado. Por cierto que esta también está en el MOMA, esta y el resto de la serie. Hace mucho tiempo que me despido de algunas personas en concreto, de esas con las que puedo tener toda la guasa del mundo, con las que me río a carcajadas, que me ven la gracia y con las que tengo la confianza suficiente, diciendo “Arrivederci, pollo” Así se titula la comedia ligera que aparece en la novela de Eduardo Mendoza. Obra del protagonista, un autor teatral bastante simple, que tiene amantes a tutiplén de absurdos nombres como “Marichuli Mercadal” o “Lilí Villalba”. Claro que su mujer se llama Martita, siempre en diminutivo. También tiene un lío con la célebre actriz “Mariquita Pons”. Durante todo el libro se dice “la célebre actriz”, es un recurso muy interesante... No les suena a prensa rosa??. También hay un "eminente cirujano". Es una novela absurda. Aparentemente muy simple. Pero describe mediante el humor la sociedad de la posguerra española, la falta de libertad, la pobreza, los bajos fondos. Habla también de la pelea cine vs. teatro que se vivió en aquellos momentos y de los cambios en los gustos teatrales desde la comedia burguesa de entretenimiento hasta el teatro comprometido. Tiene un poco de folletín romántico y otro poco de novela policíaca: el protagonista, ese seductor que las vuelve locas, se ve envuelto en un asesinato y en su resolución: sin comerlo ni beberlo, como se ve envuelto en todo... Me divirtió mucho. Andaba yo riéndome a carcajadas y leyendo fragmentos entre risas a quien me preguntaba ¿pero qué es tan gracioso?. Eso fue la primera vez. Ahora que acabo de releerla para contarlo aquí (o quizá esa fue mi excusa y mi coartada), también me he reído, aunque no tan estrepitosa, ya me lo esperaba... Y me he acordado del verano que mi padre se pasó con la carcajada permanente por aquello de “subo al monte Montjuic a digerir la comida”. El verano en el que publicaron “Sin noticias de Gurb” por entregas en El País. Y él nos las leía entrecortadas en la playa, por la mañana, luego se iba a pasear y cuando volvía se le escuchaban las risas desde lejos. A mi me hacía casi tanta gracia verlo a él que el texto de Mendoza. Después, cuando empecé la Universidad, encontré “Sin noticias de Gurb” por casualidad en una estantería de la biblioteca de mi facultad, lo saqué y tuve que salirme de una clase de prácticas llorando de la risa, algo de un ascensor creo recordar que fue la causa... También leí en la playa “La ciudad de los prodigios”. Las demás novelas de Mendoza entre el transporte público y una esquina de las camas en las que dormía en cada momento... Es un don eso de poder decir cosas interesantes, y hacerlo con humor inteligente... Es un don que Eduardo Mendoza tiene, o me parece a mi que tiene. Un don que él tiene y yo disfruto... Sobre el lenguaje burocrático-judicial hay un momento en el que se está tomando declaración y la taquimecanógrafa se confunde escribiendo NO en lugar de SÍ, para corregir el error escribe: |