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04/07/2008
 Lo que no sabes de mí cuando ya crees saberlo todo, conocerme todos los rincones, los trucos y los botones. Lo que ni imaginas de mí cuando me imaginas desnuda, descuidada frente a la ventana. Lo que nunca me cuentas pero te vela la mirada a pesar de la risa, eso espeso, ese secreto vicio al que tratas de encontrar una manera de arrastrarme. Lo que esconde y medioenseña la cortina. Ese trozo de mi piel que ya conoces con los cinco sentidos pero que te parece otro cuando lo ves a través del tejido transparente de la tela. El fragmento de piel blanca que deja el bikini en el culo. Esa parcela única de la que eres entero el dueño. De la que sólo tú disfrutas, por lo menos esta tarde de verano. El masaje con aceite que no tiene nada de curativo ni terapéutico. Cuando cocinas para mi y me das de comer y las yemas de tus dedos en mis labios. La sed, el sudor y la saliva. Algunas palabras dichas casuales, cayendo suaves sobre los poros, abriendo los poros, llenándome de ganas. Tu forma de beber vino. Cuando me escoltas por los pasillos y me guardas la espalda y los sentidos se me vuelven felinos olfateándote, escuchándote respirar, tratando de averiguar cuánto vas a tardar en abrazarme. Esas horas intempestivas en las que tu llave no acierta a entrar en la cerradura y yo respiro con la nariz pegada a tu nuca y te manoseo retrasando un poco más el momento del portazo y el peso desplomándose contra la pared maestra del recibidor. El sonido amortiguado de una ducha contigo dentro. O Marvin Gaye sonando demasiado alto. Cuando me miras a través de los espejos. Tus manos morenas. Colgarme de tu quicio, lamerte la oreja, reirnos a carcajadas en la cama. Que me cuentes entre susurros cosas con dobles sentidos. La caricia de la seda. Balancearme sobre ti, abrazarme a tu cuello, desplomarme en ti Abrazarte desde dentro. Escribir esta lista a intervalos calmos de anochecer a cuarenta grados. (contigo a ese lado)
03/07/2008
Así lo llamaría El Corte Inglés. Vicky puso el tema al taller. Después de mi absurdo, una complicación de otra manera. Cómo no repetirme o caer en el tópico, o cómo tratar los tópicos de otra forma. Eso era lo que daba vueltas en la cabeza. Desde que Lara viene sólo de vez en cuando soy la única a la que un censor franquista le pondría alguna que otra vez algún rombo. Pero ya sabemos cómo se las gastaban los censores. Para mi lo erótico, lo pornográfico, lo sexualmente explícito, lo gimnástico... las versiones, visiones y sensaciones del sexo, son una forma de contar algo. Nunca el objetivo es poner cachondo a nadie. La quincena del erotismo me pasaron un montón de cosas raras por las aceras, en la oficina, en servicios públicos, colas de supermercado y etc. Deben ser las ondas cerebrales. La quincena del erotismo descubrí exactamente cuál es mi target. Qué público compra mi producto, que diría Risto. Fue gracioso. De momento se cumple siempre... La quincena del erotismo empezó junto a Vicky en un taxi, conducido por un hombre que se iba poniendo progresivamente más nervioso a medida que la conversación avanzaba. Y terminó anoche en otro taxi, con un eslavo haciéndome preguntas rarísimas y mirándome rarísimo por el retrovisor. Mientras yo ponía cara de indiferente, fingiendo mirar por la ventanilla y pensando: si vuelve a estirar la mano hacia atrás me tiro en marcha... Y escribí un relato erótico de 9 páginas que no leí en el taller para evitar ser llevada ante el tribunal de Derechos Humanos y que no podré presentar a la sonrisa vertical por malo y por blando. Y escribí un montón de escenas, trozos, fragmentos, frases, ideas etc que pretendían intentar ser eróticas. No sé si lo consiguieron. Le voy a poner medio rombo al Universo Perpendicular, de vez en cuando. Hay tantas cosas que colgar... tantos textos con formato post, aunque no siempre tengan nada que ver conmigo... Voy a ponerle medio rombo de vez en cuando, hablando de erotismo y alrededores. O tal vez no. Porque a veces al hablar de algo terminamos hablando de otra cosa... Espero, en cualquier caso, que les guste.
P.S. En cuanto lo mecanografíe, el primero de la serie.
02/07/2008
 Los chistes de Forges responden al siguiente mecanismo "no sé de qué te ríes, lo digo en serio". "por eso". Freud, el mismo que decía que las mujeres queríamos tener un pene propio, hizo un sesudo estudio sobre "el chiste y su relación con el inconsciente" donde grosso modo y a grandes rasgos venía a concluir que nos reímos de las cosas que nos inquietan o nos preocupan de alguna manera. Que el chiste es una forma de liberar el inconsciente: eso, supuestamente, explica los chistes crueles sobre Biescas y similares. Yo, que no hago estudios sesudos y tengo vocación de tertuliana (ya saben, opinar a troche y moche sin un criterio claro) considero que a cada tipo de persona le hacen gracia unos tipos de chistes. A mi Forges me encanta. Por la ironía. Creo. Sonia y yo tenemos un toque "forgiano" pero sin su calidad. Así que llamamos "euro-jitanic" a la clase de "aerosalsa" y nos inventamos modalidades como "batuka-flamenk". Leer este chiste me ha hecho la gracia de siempre del "qué razón tiene" y la otra, la de "mira que monas nosotras, pareciéndonos un poquito al maestro...." Aun recuerdo aquel verano (tranquilos no voy a recitar el diálogo de Groucho Marx que sigue "en la riviera francesa") digo que aun recuerdo aquel verano del chiste sobre el aire acondicionado "ande yo fresquete, jódete majete". Pues eso, Forges. Sus chistes y la relación con mi inconsciente...
01/07/2008
 No suelo participar en concursos. Tengo muy poca fe, muy poca suerte y muy pocas expectativas. Pero el otro día recibí en mi correo (postal, no electrónico) un paquetito verde, acolchado. Y yo en el portal (real, no virtual) como una niña chica: ¡qué será qué será, qué será!. Nerviosa, desgarrando el sobre. Vi el remite y supe que era mi premio. Un cd recopilatorio con música para masajes (+ a g). Especialmente grabado para mi, único en el mundo mundial. No se imaginan la ilusión que me hacen esas cosas. No se hacen una idea de lo contenta que me puse, de la felicidad infantil escuchando el CD mientras leía los títulos de las canciones y los autores (creo que conocía a uno: Bach) Y aunque hace muchos meses que trato de mantener mis contracturas alejadas del masajista profesional, sé qué le encontraré un uso interesante al disco-regalo-exclusivo que me gané por acertar que, la de arriba, era la foto de las escaleras del Guggenheim de Nueva York. Jugaba con ventaja porque hace 10 años que quiero ir a Nueva York con todas mis fuerzas. Y sé también con quién quiero ir. No me refiero a que sepa el nombre, apellidos y DNI de los que quiero que me acompañen. No es eso. Es que quiero ir con alguien que fuese capaz de soportar una mañana entera en el MOMA, y otra en el Guggenheim y a mi parada 5 minutos delante de un cuadro, y mis peregrinas interpretaciones de las improvisaciones de Kandinsky. Esos cuadros en los que quizá no haya nada pero yo veo tantas cosas y todas tan bonitas. Bonitas en mi sentido. Ya saben que yo creo que viajar con alguien puede ser un desastre o una delicia. Que un viaje puede estropear una amistad de años, hacer fracasar un amor. Pero puede también demostrar que la amistad resiste y el amor existe. Así que Nueva York ha pasado a ser un símbolo: un sitio al que quería ir con él y sólo con él y al que un día dejé de querer ir con él pero seguí queriendo ir. Quizá debería desnudar a la ciudad de tanta tontería y aprovechar la "fortaleza" del euro, y marcharme yo sola, 4 días con una cámara que me permita hacer fotos pésimas y un bolígrafo que me permita escribir fotos que se parezcan mínimamente a lo que yo veo. Quizá debería hacer eso, pero, ¿saben qué pasa? Que sigo creyendo en los símbolos. En las cosas que significan cosas debajo de las cosas. En las capas de barniz y las vetas de madera. En el braille imaginario. Y en que las cosas hay que intentar hacerlas como queremos. Pero sobre todo sigo pensando que aun queda algo de tiempo. Quizá el suficiente como para no necesitar rendirme en esto. Puede que el suficiente como para rendirme más tarde. La resistencia es, también, una forma de victoria. Una menor. Pero la rendición es siempre la peor de las derrotas: la de cuando no queda ninguna esperanza. Y para mi, perder la esperanza es ser viejo. Hace un año me enseñaron que seguía siendo joven, que a pesar de mi cinismo, de la cicatriz que atraviesa la piel y la recorre, a pesar de todo eso, aun soy capaz de apostarlo todo a un número. Y arriesgarme a perder. Y perder. Y volver a empezar el juego. Seguir jugando. Vivir es un juego con normas cambiantes. Vivir es un juego con fecha de caducidad y un alto grado de incertidumbre. Quedarse quieto en una casilla es absurdo, moverse por el tablero sin ningun sentido es absurdo. Jugar a lo suicida es a veces necesario. Ganar la partida nunca está garantizado. Terminarla sí. Eso es lo único seguro. Puede que muera mañana. Sin haber ido a Nueva York. Pero de lo que no hay duda es de que puedo reconocer las escaleras del Guggenheim en una milésima de segundo y que quiero ver el único Monet según mis reglas. Y ese Pollock tan poco Pollock. Hoy juego así. Mañana, quizá, cambien las normas, cambie las normas o me trastoquen las normas. La vida, ya saben, es un juego mutable y deliciosamente divertido. Como las adivinanzas de Rub.
P.S. Todo este rollo pretendía darle las gracias a Rub por sus 40 formas de intimidad, sus adivinanzas, sus premios, sus fotos y todas las cosas que cuelga por allí. Ahora tiene proyecto nuevo. Tengo muchos link pendientes. Este es uno de ellos. Mientras tanto sigue donde siempre, y hay concurso nuevo... Aviso! P.P.S Este juego es una canción de "la musicalité" que me encanta...
30/06/2008
 Recorríamos la Castellana desde las Torres Kio con las ventanillas bajadas y la Ser a todo volúmen, entre sonidos de claxon, gritos, bocinas, silbatos, cánticos, gente y más gente vestida de rojo y amarillo, con la cara pintada y la ilusión en los ojos. A mi se me ponía la carne de gallina y una emoción bobísima. Llegué al Quiet Man siendo lo contrario al nombre del bar. Muy muy muy nerviosa. Con los nervios que conozco de cuando ganar es posible. Y repetía "yo estoy muy nerviosa", Marina me preguntaba las razones y yo, desde la superstición absurda, me lo callaba. "No sé, pero estoy muy nerviosa". Y comía ganchitos rojos como si llevase un mes sin probar bocado, y bebía compulsivamente y me aguantaba las ganas de fumar porque ya me dolía la garganta. A estas alturas casi no puedo hablar, España es campeona de la eurocopa siendo el mejor equipo, pasando por encima de todos sus rivales. Sin suerte, sin juego sucio, sin picardías a lo Maradona, sin penalties a favor en el último minuto. Fútbol del bueno: pases al hueco, velocidad, inteligencia y confianza. Hacía mucho que no disfrutaba tanto viendo fútbol. Con los partidos, no con lo que rodea a los partidos. Puro juego. Habilidad. Marcó Torres, el protegido de mi hermana y yo no me lo podía creer y a la vez pensaba que era lo evidente: ganan los que mejor juegan. Y daba saltos con los pantalones cutrosos de la piscina, agarrándome la cinturilla para no perderlos en la emoción de las jugadas a velocidad supersónica y los tiros a puerta sabiendo que el portero alemán no era, ni mucho menos, Casillas. Ellos no tiraron. Ballack seguía con la mirada de ganador acostumbrado, de fiera semi domesticada. Ballack era el más guapo de todos los jugadores incluso con la ceja rota, pero mi favorito sigue siendo Xavi, porque a mi, de toda la vida, siempre me han gustado los hombres inteligentes con ese punto de picardía. Y Xavi hace honor al número que llevaba en la espalda: es más chulo que un ocho. Nunca será el más guapo, ni el más alto ni el más nada, pero siempre hay un momento en el que pisa la bola, levanta la cabeza y casi puedo oir el engranaje de su cerebro funcionando y el balón en el mejor sitio posible. A veces en el único posible. Me gusta el fútbol: el césped, los 22 hombres y la pelota. Pero lo de ayer fue más que eso: fue abrazarme a mi hermana, fue mi padre por teléfono, emocionado. El mismo padre barcelonista y pesimista, acostumbrado a la derrota, que me decía en los años de Cruyff: "hija mía, abre bien los ojos porque esto no vas a volver a verlo en tu puta vida. Escucha bien lo que te digo". Pero a mi me tocó la mutación genética del optimismo desbordante, y ya recuerdo dos Copas de Europa del Barça, me permito el lujo de pensar que veré unas cuantas más. En cambio he heredado el gen materno: mi abuela era una madridista histérica que se ponía malísima de llamar al médico en los partidos importantes, ayer mi madre no pudo ver el fútbol porque estaba de los nervios encontrándose fatal y yo intuyo que dentro de 20 o 30 años los kilos de panchitos revueltos con litros de líquido podrían llegar a sentarme fatal. Pero aun soy joven, sana y fuerte: subimos entre la marea por la gran vía, con los ojos brillantes, alucinamos con la Cibeles llena, la puerta de Alcalá llena, la marea llegando también desde Atocha. Condujimos a dos por hora en un mundo sin carriles (sin disciplina de carriles, que diría el otro), semáforos ni prisas, respondimos a los saludos, nos reímos con los chicos del jamón, llegamos a Getafe con el centro cortado, la fuente casi vacía de agua, pero llena de gente. Seguían los gritos y los cánticos. Nos fuimos, por fin, a la cama, afónicos, cansados. CAMPEONES.
Y hoy repito ese verso de Sabina sobre venir sin dormir al currelo. Me duelen la garganta, la cabeza, las piernas y los ojos. Tengo sueño de bebé que necesita siesta, ganas de seguir celebrando que esta vez sí supimos, una clase de funky a última hora de la tarde y la certeza de que no aguantaré hasta entonces, pero las ganas de intentarlo. No sé si se lo he contado alguna vez pero a mi me encanta el fútbol! P.S. Me dicen que cómo he podido olvidar la frase de ayer: "El fútbol ha dejado de ser ese juego de 11 contra 11 que siempre gana Alemania". Pues hala, lo añado!!
27/06/2008
 Goya no sabía dibujar caballos, ni piernas, ni niños. Le salían deformes. Goya no era un gran dibujante. Pero pintaba con alma. Y eso es lo que marca la diferencia entre los grandes y los que no lo son. Igual que Velazquez era capaz de reflejar la maldad, la idiocia, la personalidad más profunda de sus retratados. Igual que Velázquez tenía una infinita paleta de grises bellísimos y un don único para pintar la luz, Goya tenía una sensibilidad extrema que filtraba la realidad y la convertía en obras inquietantes. La Guerra de la Independencia lo trastocó, le afectó terriblemente (dicen que también su sordera). Los fusilamientos del 3 de mayo, la cara de horror del hombre de la camisa blanca con la certeza de su muerte inmediata. La luz de esa camisa deslumbrante. El dos de mayo. Otra vez los caballos con ojos inteligentes y humanos mientras los hombres se acuchillan como "animales". Sus caníbales. Su rechazo al toreo, a cualquier forma de violencia o salvajismo. Y luego, claro, cómo no, por supuesto, la modernidad de sus brochazos pre-impresionistas. Ese pintar rápido de quien no quiere perfección y busca sólo la sensación. Viendo los cuadros de Goya, una interpreta que aquel hombre necesitaba pintar igual que el resto necesitamos respirar. Necesitaba pintar como un proceso mental, como una manera de tamizar, entender o razonar un mundo que veía pero no podía oir. Y por eso no le hacía falta perfeccionar los trazos. Ya está fuera lo que tenía dentro. Siguiente. Lo que más me gustó de la exposición de El Prado, fue precisamente poder ver los minúsculos bocetos de sus grandes obras. Poder comprobar en directo la perfección de sus telas y la imperfección de sus líneas. El Prado es totalmente inabarcable. La mente se satura. Pero cuando ya buscaba la salida como si se agotase el oxígeno allí dentro, cuando pensaba que ya no distinguiría un buen cuadro de uno normalucho, me di de bruces con el lavatorio de Tintoretto y la sonrisa involuntaria de pensar que algo tiene el agua cuando la bendicen... aunque yo no sepa exactamente decir qué.
P.S. Como dirían Tip y Coll: "el lunes hablaremos de la selección". Hoy no tengo nada que decir de fútbol: lo pasé mal en el primer tiempo, muy bien en el segundo. La selección está en la final y yo, desde aquí se lo digo, no tengo ninguna fe en su victoria. Pero tengo muchas ganas... Feliz fin de semana. Disfruten (vuelve a ser una orden)
26/06/2008
 No sé cómo conocí a Margaret Atwood. O más que a ella su literatura espesa, inquietante y sugerente. Sé que fue, otra vez, un flechazo. Y que ayer, cuando escuché que era finalista del Príncipe de Asturias, tuve una reacción muy parecida a la del otro día con la selección: de hincha irracional. "Me da exactamente lo mismo quienes sean los otros, quiero que gane ella". Punto. Ha ganado. Y me alegré como si fuese yo la galardonada (o bueno, puede que un poco menos). Kid Chocolate se quedaba con Margaret y yo siempre añadía Atwood. Porque Kid Chocolate es un personaje que cabría en los relatos de esta canadiense que también es poetisa. Hay junto a mi cama un collage con fotos mías y de la gente a la que quiero, un chiste de "el roto", una tarjeta de un garito parisino, una foto del Ponte Vecchio al atardecer, el dibujo que inauguró oficialmente el biplacismo, unos cuantos bocetos de vestidos imposibles, y una ciudad futurista dibujada con bolígrafo. También hay frases que me gustan o me chocan o me interesan o me trastocan. Hay 3 de la Atwood. Una de ellas dice que la cordura es una convención sobre el contenido de la realidad. Las otras me las guardo. Ayer Peter me preguntó títulos de sus libros y no recordaba ninguno. Soy así de desastre. Pero hoy he mirado en google. "Chicas bailarinas" es el primer libro suyo que leí. Relatos breves.
Oyes ladrar perros distantes. La puerta está entreabierta o entrecerrada: así permanece y tú no puedes despertar.
Léan lo que escribe. Háganme el favor...
P.S. Los versos son de su poema "Sin nombre". Ah, y el cuadro de arriba es un Tapies. Se titula "Composición".
25/06/2008
 Durante unos cuantos años mi despertador ponía cada día una canción. Por la noche la elegía con cuidado, sabiendo que eso podría, hipotéticamente, condicionar mi humor de todo el día. Lo cierto es que suelo levantarme de buen humor, incluso cuando madrugo horriblemente. Y los días cruzados de principio a fin son poquísimos. Soy más mujer-gaseosa. O aparento serlo. Lo que pasa en realidad es que tengo muchísima paciencia y bastante buen carácter. Alguien, un hombre, dijo una vez que mi paciencia era infinita. Yo respondí que era absolutamente finitia, pero no me creyó. No suelen creerme. Porque las cosas se me van pasando, y rápido (a veces incluso tengo que exagerar los enfados, siempre hay un punto en el que ciertas cosas me dan igual y sé que deberían importarme, pero en general lo que me cabrea depende de mi nivel de hartura más que del hecho en sí y sé que eso no es justo, aunque sea lógico: la primera vez que te pisan el callo te quejas menos que la enésima). He aprendido a decir "esto me molesta, podría llegar a cabrearme", aun así sigue resultando sorprendente comprobar que un día me harto. Me harto y ya está. La literal gota que colma el vaso. Sin aspavientos. Total, que me voy de tema. Mi despertador. Mi humor del día. Selección cuidadosa. Luego llegaron los teléfonos móviles. Primero sonaba un pitido horrible, aunque el alcatel-ladrillo ya permitía poner la melodía robótica como despertador. Después los Nokia la radio. Ahora ya, cualquier cosa. Así que desde enero de 2006 me despertaba Belle de Jour. Primero la parte que decía "boca de rosa al despertar". Después el principio de la canción, antes de que empiece la letra. Pero un día Najwa y Carlos Jean presentan su segundo disco juntos, "till it break" y en él hay una canción que se llama "Crime" que me resulta preciosa, que le pega mucho a este momento de mi vida, que me sugiere despertares desperezantes. Y ahora marca el ritmo de mis desperezos. Y le doy al botón para que suene cada 10 minutos y coincida con el momento justo en que termino el café, y vuelva a coincidir con el segundo exacto en que salgo de la ducha y decido qué ponerme. Para pararlo definitivamente cuando cierro la puerta con las llaves tintineando en las manos, el bolso atestado de cosas, la comida en envases plásticos y la sonrisa. Todo un mérito a las 06.45 de la mañana. Justo una hora después de que la voz extrañamente dulce de Najwa, que siempre me ha gustado infinitamente más en su faceta musical que actoral, me despierte y yo abra los ojos registrando el grado de hormigueo de mis manos y olfateando los restos de champú y perfume en mis sábanas, y sonriendo medio dormida, frotándome los ojos pensando que la vida sería perfecta si cambiasen tres pequeños detalles: la hora a la que suena la canción, el hormigueo en mis manos y la mezcla de olores de mis sábanas... P.S. De la nevera (pero todo es igual excepto la hora a la que suena el despertador, que ahora es humana y no inhumana). Pero me voy pitando a una reunión (dios sabe si durará 30 min o 3 horas) y me he dejado el pinchito con lo que quería colgar hoy en casa...
24/06/2008
 ... la felicidad consiste simplemente en que te besen en secreto y a escondidas en un rincón de la cocina, mientras el agua hierve y se rebosa, indiferente a los cambios en las leyes más elementales de la física. P.S. De una de mis libretillas para bolso. Fue Sonia, hace tiempo (no recuerdo cuanto y no puse fecha), hablando conmigo la que dijo "kisses in the kitchen" (tampoco sabemos por qué...) Pero yo anoté la frase y salió esto. Como aquella vez de la cordura en el frasco. Siempre "plagio" o utilizo lo que dice Sonia cuando habla de cocinas... Y la foto
23/06/2008
 Porque a veces Turquía saca la garra y la fe y la suerte y todas las cosas que hacen falta para triunfar en la vida. La convicción. Y Hamit Altintop, sus pases con tiralíneas. Su visión del juego. No sé si casualidad, me da igual. Partidazo y emociones que retrasan la boda ficticia de Bea y el chico guapo. ¿Y por qué me gusta el fútbol? Porque ayer el único hombre (u hombra) tranquilo era el que daba nombre al irlandés donde nos juntamos a verlo. Porque grité, me emocioné, me quedé afónica, hice chistes tontos, le corté un traje a medida al árbitro, porque visualizamos los penaltis. Porque Italia no jugó una mierda, y Villa estaba pasado de rosca, pero fuimos mejores y pasamos. Y al llegar a Getafe "La Cibelina" parecía la piscina municipal. Porque Iker Casillas es, después de lo de ayer, el mejor portero de Europa. Que sí, que me gusta el fútbol aunque hoy no pueda hablar. Y les voy a contar un secreto: si España gana a Turquía en esta eurocopa un centro comercial le regalará a una amiga mía todo el importe de su compra. Por eso se pasó una semana entera "cuando jugamos contra Turquía??" Y nosotros decíamos "nunca". Estrictamente no es cierto: podrían enfrentarse en la final. Quiero que se enfrenten en la final. Estoy visualizando a Turquía ganando a Alemania, ayúdenme, anda. En los penaltis de ayer funcionó...
P.S. La foto es de El País.
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